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El país vuelve a confiar en la banca después de la hecatombe del año 1999

 

Por Santiago Ayala
Editor de Dinero

La historia brinda una segunda oportunidad a un sector que quedó en deuda con los ecuatorianos. Hoy, el sistema financiero goza de una buena salud

El Banco del Pichincha cumplió un siglo de vida en 2006. Ahora, lidera el escalafón de instituciones nacionales

Eran las 07:10 del 7 de octubre de 1999. El ánimo de los ecuatorianos estaba por los suelos. Habían transcurrido 10 meses de un año terrible para las finanzas familiares y la gente caminaba por las calles con la cabeza gacha. Transcurrían los días en medio de noticias del cierre de los bancos. En total, 16. Y los ahorros de toda la vida, de muchos, se evaporaban. El futuro se veía gris. Hasta esa mañana, cuando el perfecto hongo de ceniza volcánica dibujado por la erupción del Guagua Pichincha en el azulísimo cielo quiteño obligó a todos a levantar la mirada. El volcán también se sumaba al descontento, brindando un espectáculo inolvidable...
Tan inolvidable como resultó la pérdida de millones de dólares de miles de depositantes, que habían confiado sus depósitos al sistema financiero.
Antonio Cerón tiene 60 años y aún lo recuerda todo. “Tenía mis ahorros de toda la vida en el Banco del Progreso. No recuerdo cuánto era, porque eran en sucres y ya ha pasado tanto tiempo. Pero en ese entonces, era mucho y era tan bueno tener un capital así porque me permitía vivir de los intereses. Estaba de moda, ganancias con el mínimo esfuerzo. Pero cuando se vino la crisis, lo perdí todo. Me deprimí mucho y hasta quería matar a los banqueros. Quise vender el carro, pero luego, con la dolarización, la cantidad era muy pequeña. Así que le pinté de amarillo y le hice taxi. Con eso he logrado sobrevivir. Ahora, la cosa está mejor. El taxi lo doy a un chofer porque ya estoy cansado de manejar. Otra vez mantengo mis ahorros en un banco. Eso sí, cuando oigo algún rumor corro a sacar la plata. Claro, no es mucha, pero por si acaso, jaja...”.
Decenas de publicaciones aparecieron tras la crisis bancaria de 1999, sobre las causas que la provocaron. La mayoría coincide en señalar que se debió, principalmente, “a los gigantescos préstamos a empresas vinculadas con los dueños de los bancos y al Impuesto a la Circulación de Capitales (ICC) que incitó a retiros masivos de los bancos ecuatorianos para ser depositados en bancos extranjeros”. La ley promulgada por Sixto Durán Ballén, en 1994, fue la punta del ovillo.
Un informe de Ruth Plitman Pauker, de la Fundación Friedrich Ebert, sentencia: “La Ley de Instituciones de 1994 provocó una desregularización del sistema bancario. La Superintendencia de Bancos quedó con muy poca influencia sobre el mercado financiero, lo que permitió una concentración muy alta de créditos para pocas personas o para empresas vinculadas con el banco. Las agencias off shore (una sucursal de un banco nacional, legalizada a trabajar en todo el mundo excepto en el país de la sociedad matriz) fue legalizada, con la consiguiente consecuencia de fuga de capitales y evasión de impuestos”.
Tras varios años de operación de esta Ley, la burbuja finalmente estalló en agosto de 1996 con el cierre del Banco Continental. Dos años más tarde, el 15 de agosto de 1998, cuando el Banco de Préstamos (al igual que Solbanco y Banco del Tungurahua) entró en liquidación por insolvencia, la crisis se desató. El Gobierno de Jamil Mahuad, a través de la Superintendencia de Compañías, ordena el cierre temporal de la actividad bancaria, del 8 al 12 de marzo de 1999, para evitar una corrida de depósitos y divisas. Llega el famoso congelamiento, lo que provoca el rechazo popular. Caen Mutualista Previsión y Seguridad, Banco del Tungurahua, Financorp, Finagro, Banco del Azuay, Amerca, Finanoba, Bancomex, Banco del Progreso y Banco Popular; se fusionan el Pacífico y Continental, Filanbanco y La Previsora. Por último, caen Valorfinsa, Finibert y Necman. El Estado, en un afán de salvar al sistema, empieza a prestar dinero a los bancos en problemas. Hoy, las estimaciones calculan que en dicho salvataje se utilizaron entre $5 000 millones y $8 000 millones. La cifra exacta de esta acción continúa siendo un enigma...

El nivel de depósitos y la cartera de las instituciones crecen a una tasa promedio anual de más del 20%

El huracán termina su devastación en enero de 2000, con la orden del entonces presidente Jamil Mahuad de poner en marcha la dolarización. El sistema financiero, con una imagen muy deteriorada, empieza a vivir un nuevo ciclo, tratando de reacomodar las fichas para “conquistar” nuevamente al público, la razón de ser del negocio financiero. “Fueron años muy duros. No sucumbimos porque éramos un banco sólido. Nuestra seriedad y responsabilidad nos mantuvo a flote. Siempre fuimos innovadores y apostamos por la tecnología para hacer aún más eficiente a nuestra institución. Hoy somos el primer banco del país y ya hemos cumplido 100 años de una gran trayectoria”, señaló Antonio Acosta, en uno de los tantos agasajos recibidos por el banco en su centenario.
Según el diputado Segundo Serrano, “actualmente, el sistema financiero nacional, está conformado por 77 entidades privadas y cuatro instituciones públicas dedicadas a la intermediación financiera”.
Poco a poco, el sistema financiero ha recuperado la confianza del público. Entre otras cosas, el resurgir del sector se debe a la estabilidad general de la economía gracias a la dolarización, a la aplicación de las recomendaciones del Comité de Basilea para la determinación de la solvencia y nivel de capital de las instituciones financieras. Pero también el sistema financiero nacional está impulsado por una tendencia regional de crecimiento. En su informe especial sobre los bancos, América Economía asegura que “los activos de los 250 mayores bancos de América Latina suman $1,35 billones, lo que representa un 21% más de lo registrado en 2005”. Esa cifra va de la mano con los niveles de crecimiento registrados en el sistema financiero ecuatoriano en los últimos años, tal como lo registran las cifras de Market Watch (ver cuadros adjuntos).
Mientras en 1998 el nivel de depósitos cayó 11,06% y en 1999 el descalabro fue mayor, 38,92%, en 2000 la captación de recursos saltó positivamente un 31,08%, y en los años siguientes solo se registraron subidas: 13,14% en 2001, 14,96% en 2002 , 20,60% en 2003, 26,38% en 2004, en 2005 un 20,92% y hasta noviembre de 2006 se mantenía la tendencia en un alza del 15%, a pesar del nerviosismo preliminar por la victoria presidencial de Rafael Correa.
Adicionalmente, la consultora resalta que del total del pastel del mercado nacional, en 1996 los bancos se llevaban el 93,49%. Y 10 años más tarde, tienen el 86,95%, cediendo un poco de espacio ante las cooperativas, que logran ahora disponer del 6,31% de la clientela (1,37% en 1996) y ante las mutualistas que captan el 3,60% del mercado (1,95%, en 1996).
Estas cifras también están sostenidas por el registro de utilidades, que a octubre de 2006 registraron aproximadamente $228 millones, lo que significa un repunte del 31% con respecto a 2005, según las últimas estadísticas manejadas por la Superintendencia de Bancos.
Para Mauricio Pozo, ex ministro de Economía, las cifras solo demuestran que el sistema financiero ha hecho bien las cosas desde la crisis de 1999. “Haber recuperado la confianza de los depositantes y mantener indicadores positivos es algo para estar satisfechos. Queda siempre el desafío de mejorar cada día y de consolidarse en el ámbito regional. Hacia allá apunta la renovada banca ecuatoriana”.
Por otro lado, en cuanto a la evolución de la cartera del sistema, esta también ha crecido a tasas promedio del 20% anual, salvo la caída experimentada en los años de la crisis (5,51% en 1998 y 25,97% en 1999) y en 2002 con una tasa negativa de 7,41%.
Cabe indicar que en los últimos años, la cartera por microcrédito ha tomado especial importancia y es así que el Ecuador es uno de los países con mayor expansión en este ámbito dentro de la región. Según Market Watch, en 2005, la cartera del microcrédito alcanzó los $660 millones y en 2006 superó ampliamente los $800 millones, lo que representa un crecimiento del 20% anual. El incremento ha sido más importante si se compara con años anteriores. En 2003, el microcrédito representaba el 3,8% de la cartera total entregada por el sistema financiero privado y en la actualidad ha llegado al 10,1%.
En este campo, el Banco Solidario ha sido uno de los que más se ha fortalecido. Su titular, Santiago Rivadeneira, afirma que “somos una institución que cree en los ecuatorianos. Por eso, tenemos más de 200 mil clientes y nos hemos convertido en el sexto lugar en cartera de microcrédito a nivel de toda América Latina”.
Pero a pesar de todo el vigor del sistema financiero, quedan aún cosas por hacer y no todos están contentos con el sistema financiero actual. Para Luis Torres Rodríguez, presidente de la Fundación Avanzar, “los 23 bancos del país aportan con un capital que significa el 6% de lo que manejan, mientras que el 94% pertenece a los depositantes. Es decir, $548,5 millones pertenece a los banqueros, mientras $8 699,1 millones pertenece a los depositantes”.
Asimismo, bajo el título, “Las tareas pendientes”, América Economía señala que “la evaluación de los clientes ecuatorianos por la calidad del servicio recibido es considerada casi pésima; la percepción de cobros incorrectos es alta y el cobro de comisiones es excesivo”. De cualquier forma, la publicación realiza una clasificación por países de los bancos con mejor imagen de servicio. En su orden, aparecen Produbanco, Pacífico, Pichincha y Bolivariano. América Economía apunta: “El orden macroeconómico, la estabilidad política, la eficiencia operativa y la apertura a competidores externos hacen crecer el sistema financiero de un país. Habrá que ver si el Ecuador aprende la lección”.
Y habrá que esperar que el cierre del Banco de Los Andes, por falta de liquidez, en la primera semana de diciembre y de Serfin sean solo “casos aislados”, como lo ratificó la autoridad bancaria. Pero queda en el ambiente la duda de cómo se manejan los controles ya que la Superintendencia de Bancos sabía del problema meses antes y no puso cartas en el asunto.


EL DATO

Los efectos negativos del fenómeno de El Niño, la continua pérdida del valor del sucre y el déficit fiscal cada vez más grande, sumados a la alta concentración de créditos vinculados y a la legalización de la operación de las famosas off shore en el sistema financiero, fueron los ingredientes justos para que detonara la burbuja bancaria que hizo perder mucho dinero a miles de ecuatorianos

El sistema financiero ecuatoriano maneja una tasa de crecimiento anualizada del 20%, tanto para sus activos como para sus pasivos. Asimismo, sus niveles de utilidad superan los $200 millones, lo que da muestras de un sector fortalecido. En este escenario, los microcréditos han cobrado una mayor importancia en los últimos años

ECUADOR SÍ, ENERO 2007

 
 
 
 
 
 
 
 
 

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