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Por
Daniela Cabrera
Redacción Quito
Wilson Merino (25 años) creador de la
Fundación Cecilia Rivadeneira y de la empresa
Publicidad Ecuador: 'Lo más valioso de mi país
es su gente solidaria y alegre'
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considera que con la reformulación de la
política se puede engrandecer al Ecuador |
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Norte de la capital. Casa
de apariencia campestre, tres pisos: la residencia
de Wilson Merino, un joven quiteño de 25 años.
Vestido con traje formal, lo que se destaca
de su persona es su mirada, que al parecer está
alerta de cada movimiento del escenario. Se
lo ve alegre. Su sonrisa irradia luz y anima
el ambiente del estudio donde va muriendo la
tarde.
Un retrato de Cecilia, su madre fallecida hace
cuatro años, cuelga en la pared a sus espaldas.
De ella heredó la virtud de ayudar a los demás
y, para continuar con la misión de su progenitora,
creó hace más de un año la Fundación Cecilia
Rivadeneira, cuyo fin es brindar una mejor calidad
de vida a los pacientes con cáncer, enfermedad
que padeció su madre.
La tarea de la institución es aplicar la terapia
de la risa (promulgada por Patch Adams) en hospitales
y centros médicos de la capital. Alrededor de
1 000 jóvenes trabajan en el programa de voluntariado
de la Fundación.
La labor social lo convence de que la mayor
riqueza del Ecuador está en su gente: “En el
rostro de las personas se nota el paso de los
años. Pero en su interior se refleja una alegría
y un positivismo sin igual. Pese a vivir en
medio de países conflictivos, los ecuatorianos
hemos salido adelante trabajando día a día sin
recurrir a la violencia”.
Wilson sostiene que la solidaridad es la mejor
forma de contribuir al país. “Los jóvenes que
hemos tenido la oportunidad de recibir una buena
educación debemos trabajar en este país maravilloso,
a favor del mejoramiento de la calidad de vida
del resto de las personas”.
Después de que murió su madre, cuando apenas
tenía 19 años, se convirtió en empresario y
creó la agencia Publicidad Ecuador, una entidad
que se dedica a brindar servicios alternativos
como tarjetas publicitarias que se distribuyen
en hoteles y restaurantes (Get & Go). “Comencé
con un capital cero, pero poco a poco fui construyendo
una empresa que ahora ya cuenta con sucursales
en Guayaquil, Manta, Cuenca, Lima y próximamente
en Madrid”.
Y así como Wilson anhela llegar lejos en el
ámbito empresarial, también quiere que los ecuatorianos
se desarrollen en el área productiva. Por eso
involucrará a inmigrantes ecuatorianos en la
expansión de su empresa en España. “Es increíble
la capacidad de ahorro que tienen los inmigrantes.
Se esfuerzan por enviar dinero a sus parientes
para construir casas o comprar bienes. Dentro
de ellos vive latente el deseo de volver a su
patria”.
Merino también cree en el valor de los jóvenes:
“En el país ser joven es una fortaleza, mas
no una debilidad. Los muchachos ecuatorianos
deben utilizar su juventud para llegar lejos”.
De acuerdo con Wilson, la bondad, la alegría
y el entusiasmo de vivir el día a día es lo
que nos hace distintos y con identidad propia.
Además destaca la gracia y la chispa del quiteño,
“ese sentir de ‘chulla vida’ hay que explotarlo
al máximo ya que es lo que nos caracteriza”,
concluye. Sus ojos no dejan de irradiar alegría.
ECUADOR
SÍ, ENERO 2007
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