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¿Es posible sembrar el petróleo o este no deja de ser 'el oro del diablo'?
 


Por Diego Araujo Sánchez
Subdirector Editorial de HOY

Pese a los avances logrados por el SRI en la recaudación tributaria, el Presupuesto del Estado depende de los ingresos petroleros en más de un 40%

Por la caducidad del contrato con la empresa OXY, el bloque 15 pasó a manos del Estado

Setenta años atrás, el gran ensayista venezolano Arturo Úslar Pietri habló, por primera vez en América Latina, de “sembrar el petróleo” en su país. La reflexión tuvo como punto de partida la constatación de que Venezuela vivía una economía destructiva con la producción de su riqueza petrolera. Esa economía sacrificaba el futuro al presente y consumía la riqueza sin preocuparse “de mantener ni de reconstruir las cantidades de materia y energía”. La abundancia petrolera engendra una ilusión suicida en algunos ingenuos que consideran, como el ideal de las finanzas públicas, “llegar a pagar todo el Presupuesto del Estado con la renta petrolera”. Esto significaría hacer de Venezuela un país improductivo y ocioso, un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y destinado a una catástrofe inmediata e inevitable”.
Ante ese diagnóstico, el remedio que propone para revertir la tendencia de la economía destructiva y lograr una economía reproductiva y progresiva es sembrar el petróleo: “Será nuestra acta de independencia transformar la renta petrolera en crédito agrícola, estimular la agricultura científica y moderna, importar semillas y pastos, repoblar los bosques, construir todas las represas y canalizaciones necesarias para regularizar la irrigación y el defectuoso régimen de aguas, mecanizar e industrializar el campo, crear cooperativas para ciertos cultivos y pequeños propietarios para otros”.
Úslar Pietri escribió este ensayo el 15 de julio de 1936. Desde entonces, la siembra del petróleo se convirtió en una aspiración repetida, pero pocas veces puesta en práctica. ¿Se trata solo de una inalcanzable utopía? ¿Es posible destinar este recurso natural irrecuperable hacia la actividad económica de perdurable sustentación, y liberar al Presupuesto del Estado de la dependencia absoluta de la renta del crudo?
Los modernos analistas económicos lo traducen a proposiciones como estas: el petróleo, bien natural no renovable, es un activo del patrimonio del país; en consecuencia, debería servir para cambiar por otros activos y reducir pasivos. Además, se deben incorporar otras variables, como las de costos y preservación ambiental. Estas no son ajenas a la reflexión de Úslar Pietri que, mutatis mutandi para las condiciones del Ecuador en 2006, conserva su vigencia y resume un gran objetivo económico, social y político, con el programa de sembrar el petróleo.
En los inicios de los setenta, la dictadura militar nacionalista de Guillermo Rodríguez Lara organizó un pintoresco desfile para colocar un barril de petróleo en el templete de los héroes de la patria. Aunque sin mérito heroico reconocido, el “oro negro” se convertía desde entonces en un personaje protagónico de la economía ecuatoriana, con el país como exportador de petróleo en una etapa de boom internacional de los precios.

Es de alta prioridad para el Ecuador invertir en la refinería de Esmeraldas para evitar su colapso y darle eficiencia

Ramiro Gordillo G. titula ¿El oro del diablo? a la más completa y documentada historia que se ha escrito sobre el petróleo en el Ecuador. ¿Riqueza para la perdición o riqueza para sembrar el petróleo o el desarrollo sustentable; es decir, para la salvación del país?
Ciertamente, el Ecuador no ha sembrado esa renta perecedera, si juzgamos por la falta de apoyo estatal a la producción agrícola y por la dependencia que mantiene el país de los ingresos petroleros para sostener las finanzas públicas. Pero, en gran medida, son tributarios del petróleo la infraestructura actual del Ecuador y los cambios de la magnitud de economía en los 30 últimos años en relación con los 30 años precedentes.
Sin embargo, ¿no resulta más cercana a la realidad la percepción de que esta riqueza tiene bastante de espejismo; de que se la ha desperdiciado, en sus mejores momentos, como un instrumento para generar desarrollo y bienestar estable y que, por la corrupción que ha traído aparejada, no deja de ser “el oro del diablo”, según la interrogación que plantea Gordillo sobre la historia petrolera ecuatoriana?
Jaime Carrera, del Observatorio de la Política Fiscal, ha puesto sobre el tapete un ejemplo reciente del desperdicio de los recursos. Entre 2000 y 2005, el Ecuador recibió $19 000 millones por exportaciones petroleras; obtuvo nada menos que $10 000 millones más que entre 1994 y 1999. ¿Qué destino tuvieron esos recursos?
Carrera explica que $8 000 millones entraron al Presupuesto estatal y a diversas entidades del Sector Público No Financiero (SPNF), una cifra que representa el doble de la que ingresó en el quinquenio anterior.
“La diferencia de $11 000 millones entre lo exportado e ingresado al SPNF, según Carrera, se ha diluido en más de $3 000 millones de subsidios, en importaciones petroleras, en costos de Petroecuador y en recompra de deuda interna. El ahorro del auge petrolero apenas asciende a $330 millones acumulados a 2005 en el Fondo de Ahorro y Contingencias (FAC)”.

Arturo Úslar Pietri fue el primero que habló de sembrar el petróleo

Los gastos del SPNF, que en 1999 fueron de $4 165 millones, en 2005 se duplicaron y algo más al alcanzar la cifra de $8 600 millones. La deuda externa se redujo de $11 372 millones en 2001 a $10 800 millones en 2005, pero la deuda interna se incrementó, en ese mismo lapso, de $2 800 millones a $3 600 millones. En los seis años de dolarización, el gasto corriente creció en $7 000 millones en relación con los seis años anteriores; pero el gasto de capital solo creció en $1 600 millones. Con estas constataciones, la conclusión de Carrera es incontrovertible: “Al no utilizar la renta petrolera para la formación bruta de capital, que se ha mantenido en un 22% del PIB, perdimos la oportunidad de crecer a tasas elevadas, generar empleo y reducir la pobreza”. La riqueza petrolera fue un espejismo.
¿Cómo dar la vuelta a esta historia repetida de despilfarros? ¿Cómo lograr que aquella renta no sea ilusoria y el recurso deje su mala fama de “oro del diablo”? La fórmula de Úslar Pietri, adaptada a las circunstancias ecuatorianas, tiene plena vigencia: sembrar el petróleo.
Pero ahora se debe empezar por resolver la profunda crisis de la empresa estatal. En la última década, a pesar del auge de los precios del crudo en el mercado internacional, la producción de Petroecuador cayó en 100 mil barriles. Las causas son múltiples, pero la madre de todas ellas es haber convertido a la principal empresa del Estado en un botín político. Los gobiernos no han respetado el manejo técnico; la empresa carece de autonomía financiera y tampoco ha contado con los recursos para la inversión que requería su mantenimiento, desarrollo y expansión.

Según el consultor petrolero Héctor A. Paz y Miño, entre otras acciones urgentes para duplicar en un corto plazo la producción de la empresa estatal, se hallan la certificación de las reservas por un ente auditor internacional independiente. Petroecuador “no incluye en sus estados financieros la valoración de su principal activo”. Es una condición básica “para constituir inversiones, titularizaciones, fideicomisos, etc. Cualquier empresa petrolera que se precie de serlo, certifica sus reservas al menos anualmente”.
Paz y Miño observa que “Petroecuador, con aproximadamente tres veces las reservas de las empresas petroleras privadas, produce apenas el 40% del total nacional” y cada día declina esa producción. “El problema de Petroecuador no es solo económico es fundamentalmente de capacidad de gestión. Solo mejorándola radicalmente, sin modificar la ley, se pueden desarrollar mecanismos creativos de financiamiento para proyectos que incrementen las reservas y su recuperación, sin privatización”, agrega.
Hay que definir el papel de la empresa estatal para separar su función de extracción del crudo y la de control. El organismo que cumpla esta segundo papel clave debe ser independiente. Urge invertir en la refinería o refinar el crudo en otros países, de modo que lo que recibe el Ecuador por incremento del precio del crudo no se haga humo por la importación de combustibles. Hay que abrir el país, con reglas claras y estables, a la inversión privada para la exploración petrolera. Por lo menos el 70% del potencial no ha sido aún explotado. Con él, aún es una utopía posible sembrar el petróleo...


EL DATO

En seis años antes de la dolarización, entre 1994 y 1999, el país obtuvo $8 544 millones por exportaciones de crudo y derivados; en los seis años subsiguientes, el país ya dolarizado recibió unos $18 978 millones. A pesar de la caída de la producción estatal, crecieron los ingresos por los altos precios del petróleo en el mercado internacional

Por importación de combustibles, el país gastó $1 252 millones en los seis años antes de la dolarización y $3 238 millones, en los seis años subsiguientes. El gasto total del sector público no financiero alcanzó $21 389 millones en el primer lapso; y llegó a $28 859 millones en el segundo, es decir, se incrementó en nada menos que $7 470 millones.

ECUADOR SÍ, ENERO 2007

 
 
 
 
 
 
 
 
 

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