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El presidente Rafael Correa es todavía un enigma sin resolver

 

Por Diego Cornejo Menacho
Subdirector de Información

'Hemos dicho claramente que en los cuatro años de Alianza País, se mantendrá la dolarización ', Rafael Correa, 26 de noviembre de 2006

Es el octavo jefe de Estado elegido por votación directa en el último período democrático, y el décimosegundo huésped que se alojará en el Palacio de Carondelet

Rafael Correa Delgado (Guayaquil, 6 de abril de 1963) gobernará al Ecuador por cuatro años, del 15 de enero de 2007 al 15 de enero de 2011.
Su presencia en la sede del Gobierno de la República del Ecuador es la expresión incuestionable de que la mayoría de los ecuatorianos perseveran en la búsqueda de soluciones radicales para los mayores problemas del país: pobreza, corrupción, crisis institucional, concentración de poderes, desigualdad en el reparto de la riqueza, desequilibrio en el acceso a los bienes y servicios públicos. Es que él ha logrado sintetizar esas aspiraciones en su persona.
No obstante, si en muchos sectores ha despertado entusiasmo, hay otros que temen porque vislumbran inevitables acciones de Gobierno que van a profundizar la crisis democrático-institucional y que, además, ahuyentarán al capital extranjero y a los grandes inversionistas.
Esta gran incógnita y muchas más se irán resolviendo desde el 15 de enero, cuando el nuevo gobernante asumirá el mando ante un Congreso Nacional que ha venido repudiando sistemáticamente (en algún momento lo llamó “cloaca”). Cuando se escribe este perfil del nuevo jefe de Estado -últimos días de noviembre de 2006-, no se conoce aún los detalles de la transmisión del poder, el 15 de enero, fecha establecida por una Constitución que, asimismo, Correa cree que hay que cambiar, pues la juzga “incoherente y contradictoria, y que legitima el neoliberalismo”.
Para cambiarla por una nueva se comprometió a obtener la convocatoria a una asamblea constituyente, por medio de una consulta popular que llamará con el Decreto Ejecutivo 002, suscrito por él; el 001 será para asumir y juramentar la Presidencia de la República.
Se espera que su régimen se sume a la corriente de gobiernos izquierdistas de la región, pero no se sabe aún en qué tendencia: es un ancho cauce, en que navegan gobiernos “conservadores”, como los de Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro; y “democráticos”, como los de Luiz Inácio “Lula” da Silva, Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet.
Rafael Correa mantiene relaciones con los mandatarios mencionados y, en consecuencia, la tendencia que ha de preferir, finalmente, también es parte de las preguntas que todavía no tienen respuesta. Es muy amigo de Chávez. Incluso, en alguna oportunidad compartió una cena familiar, en Barinas, en el hogar de la madre del presidente venezolano a quien conoció en la cumbre presidencial en Asunción, adonde viajó con Alfredo Palacio. “Después de dos días de oír demagogia y perder el tiempo, Hugo Chávez fue el único que dijo algo coherente. Lo dije luego, en la radio. Lo escuchó el embajador de Venezuela (en Quito) y me invitó a su país. Fui y nos caímos muy bien, una empatía total, me recibió en su residencia, incluso me dio una medalla”, fue el relato de Correa. ¿Va a ser su Gobierno la versión ecuatoriana de su amigo venezolano? Ya lo veremos.
El 26 de noviembre de 2006 ganó la segunda vuelta electoral con 3 517 635 sufragios (el 56,67% de los votos válidos) sobre su rival, el multimillonario Álvaro Noboa, quien, sin embargo, le había ganado la primera vuelta del 15 de octubre.
Rafael Correa emprendió, en 2006, en una campaña infatigable luego de aparecer en el escenario público como ministro de Economía en el Gabinete del presidente Alfredo Palacio.
El “forajidismo”, que derrocó al ex presidente Lucio Gutiérrez, lo puso de ministro el 21 de abril de 2005. Estuvo en ese despacho algo más de tres meses en el cargo. Allí ganó fama rápidamente con sus críticas a los organismos internacionales de crédito y la intención de aplicar un modelo económico heterodoxo.
El impulso que dio a las reformas para asignar los fondos del excedente petrolero fue muy polémico, pero valioso para configurar un proyecto político personal, a pesar de su oposición a la devolución de Fondos de Reserva.
“Soy un economista con sangre en la cara -declaró alguna vez-, con sentido común, que entiende en verdad de economía, no es que sé hacer cuentas, sé lo que es la economía y mi máximo ideal es sacar a mi país de la miseria”.
Es vehemente, discutidor, a veces aparece como un profesional arrogante que desacredita a sus opositores con cifras, datos, citas y su recurrente sonrisa. “Algunas veces doy la impresión de que yo no escucho, porque soy guayaquileño y los guayaquileños somos así, porque soy vehemente, apasionado”, ha dicho muy “guayaquileñamente”, por lo demás.
Fue candidatizado a la Presidencia de la República por el movimiento Alianza País, un conjunto de fuerzas que aglutinó a 200 grupos para la campaña, entre los que estuvieron Nuevo País y algunas facciones de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, Conaie.

El costo de la campaña de ese movimiento para la primera vuelta fue de $1,3 millones. ¿De dónde peccata mea? Según el viejo dicho, sacristán que vende cera y no tiene cerería, de dónde pecata mea, si no es de la sacristía. “Esas ayudas fluyeron básicamente de los aportes voluntarios de personas que apuestan por Correa”, se dijo entonces. Para la segunda vuelta, la suma fue igual o mayor, a tal punto que el candidato de Alianza País incumplió con el límite del gasto electoral. No obstante, se supone que esas contribuciones no crearon compromisos que pudieran empeñar al nuevo Gobierno. ¿Será sí?
El ex presidente Rodrigo Borja (representante de la “partidocracia” vilipendiada por el candidato de Alianza País) anunció que su partido, la Izquierda Democrática (ID), y él habían votado por Correa. Su declaración se difundió luego de conocerse los resultados de la segunda vuelta; en la primera, una ID dividida había resuelto apoyar la papeleta integrada por León Roldós y Ramiro González.
Tras conocer que se había convertido en el presidente electo, Correa declaró que en su Gobierno sí mantendrá la dolarización; lo dijo pese a ser un crítico intransigente de este régimen monetario. No se sabe, sin embargo, si esta declaración tranquilizó a los inversionistas internacionales, tan difíciles de persuadir. Según las primeras reacciones, tras la elección, no.
Él se considera un “radical progresista” desde que tenía 18 años de edad. Estudió en Bélgica (en donde conoció a su esposa, Anne Malherbe, con quien tiene tres hijos, Sofía, Anne Dominique y Rafael Miguel) y en los Estados Unidos, donde, aseguró, “me puse más radical”.
En Zumbahua, provincia del Cotopaxi, realizó un “posgrado social”, como voluntario de la Misión de los Padres Salesianos; el voluntariado era una de las acciones de los activistas de la izquierda cristiana o de los impulsores de la doctrina social de la Iglesia Católica, en los años setenta y ochenta.
Tras su paso por el Ministerio de Economía confesó que, “más que nunca”, estaba convencido de que “este país necesita una revolución en democracia, un cambio radical y rápido porque el país no aguanta más”.
En enero de 2007, aquel ex ministro tendrá en sus manos la grave responsabilidad de hacer historia con ese convencimiento. Tiene ante sí a un país expectante y a muchos electores que votaron por él, no por sus ofrecimientos, sino en rechazo a Álvaro Noboa: para ellos, Correa era un mal menor y, en principio, brindarán un apoyo condicionado al nuevo Gobierno.
¿Cómo se ve a sí mismo? En una entrevista se describió de este modo: “Creo que tengo temple, que soy coherente y consecuente, soy sincero, soy honesto, no soy muy bruto. Probablemente soy muy obstinado. Siempre digo que soy ‘fosforito’ porque pierdo la paciencia rápido, pero también se me va el coraje rápido”.
Ha mencionado que tuvo una infancia muy difícil y que vivió episodios que marcaron definitivamente su vida, algunos de los cuales nunca quiso comentarlos públicamente (probablemente, dos de ellos son la muerte de su padre y de una hermana).
Correa ha escrito dos libros: El reto del desarrollo ¿Estamos preparados para el futuro? y La vulnerabilidad de la economía ecuatoriana y el reto del desarrollo. Habla español, inglés, francés y algo de quichua. En lo académico, el presidente Rafael Correa es doctor (PhD) en Economía por la Universidad de Illinois, máster de Ciencias en Economía por la misma Universidad, máster de Artes en Economía por la Universidad de Lovaina y economista por la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Ha sido profesor universitario. Pero, todo esto no garantiza que será un gran presidente, aun cuando puede ayudar si, además, él tiene la madera para ser grande: este es el mayor enigma.

EL DATO
Se espera que su régimen se sume a la corriente de gobiernos izquierdistas de la región, pero no se sabe aún en qué tendencia: es un ancho cauce, en que navegan gobiernos 'conservadores', como los de Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro; y 'democráticos', como los de Luiz Inácio 'Lula' da Silva, Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet

ECUADOR SÍ, ENERO 2007

 
 
 
 
 
 
 
 
 

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