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Por
Thalía Flores y Flores
Editora de Información
El enorme respaldo que recibió
en las urnas el candidato de AP legitimará sus
decisiones presidenciales. Pero tiene que sujetarse
a la Carta Magna
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| Previo
a la elección presidencial cuatro de los
candidatos participaron en un debate organizado
por CNN |
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Rafael Correa Delgado, quien
en 14 días asumirá la Presidencia de la República,
tiene en sus manos la posibilidad, quizá irrepetible
para un mandatario, de hacer los cambios fundamentales
que requiere el Estado ecuatoriano, tras haberse
probado que el modelo actual ha fracasado.
Pero la tarea que podría parecer fácil luego
de haber ganado con un enorme respaldo ciudadano,
parece que no le resultará fácil, no solo porque
los defensores de las viejas estructuras se
resisten a cambiar, sino porque ciertas reformas
que podrían implementarse de forma rápida no
parecen satisfarán a quienes se consideran sus
puntales ideológicos, puesto que ellos quieren
un viraje total.
De allí que el punto de equilibrio de esta matemática
política que significaría estabilidad para el
gobernante y tranquilidad para el país no parece
provendrá del número de votos que pudiera conseguir
en el Congreso, como ha sido “la tradición”
en el Ecuador, sino de la fórmula que aplicaría
en la asamblea constituyente, -poderes limitados
o absolutos-, y que ha sido su promesa símbolo.
Paradójicamente, esta propuesta, que fue una
suerte de marca registrada’ o el “sello de Correa”
en la primera vuelta, a la hora de sumar las
adhesiones para ganar los comicios, en la segunda
vuelta, fue relegada como tesis central, por
lo que bien se podría decir que la mayoría de
los electores que finalmente propiciaron su
victoria, y que provenían de diversas corrientes,
no tendrían por qué aguardar la concreción de
una constituyente.
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| En
la segunda vuelta, el candidato de Alianza
País visitó a la embajadora de EEUU, Linda
Jewell, con quien almorzó, de manera amigable |
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Pero como el nuevo mandatario
necesita también dar muestras concretas de que
su presencia al mando del Estado tiene la genuina
intención de hacer cambios significativos, está
compelido a propiciar las reformas, en especial
aquellas que los partidos políticos fueron incapaces
de ejecutarlas y que terminaron siendo un búmeran
pues causaron la actitud negligente causó hastío
en la gente.
Y es que quitar el control del Tribunal Constitucional
y el Tribunal Supremo Electoral a los partidos
políticos; así como modificar la Ley de Elecciones,
entre otras reformas, son tareas impostergables
para el nuevo presidente, no solo para cumplir
con una oferta electoral, sino porque la composición
de esas instituciones, tal como están ahora,
no solamente que son una contradicción con la
práctica democrática, sino que su estructura
se ha agotado, Los propios partidos políticos
que deciden su integración terminan siendo juez
y parte de las causas que allí se resuelven,
por intermedio de los mandaderos a quienes nombran
co vocales.
No descuadrar el presupuesto
Otro de los retos del flamante
presidente tiene que ver con el cumplimiento
de sus ofertas electorales, que, en la segunda
vuelta, se volvieron generosas, y merced a las
cuales consolidó muchos respaldos para finalmente
alzarse con el triunfo.
Estas ofertas tienen que ver
con duplicar el bono de desarrollo humano, aumentar
a $1 500 el bono de la vivienda, mantener el
subsidio a los combustibles, mejorar la infraestructura
educativa y de salud, construir aeropuertos
en la Amazonía y Manabí, entre otras, que requerirán
de generosas sumas de dinero y de unas finanzas
solventes para no descuadrar el presupuesto.
La lucha contra la corrupción, otra de las promesas
que hizo el candidato de Alianza País, puede
resultar fácil de cumplir si es que se da ejemplo
desde las más altas autoridades. “El pescado
empieza a podrirse por la cabeza” solía repetir
en campaña Rafael Correa, para graficar que,
con liderazgo y buen ejemplo, este mal, que
le significa al Ecuador una pérdida anual de
alrededor de
$2 000 millones, es susceptible de aniquilarlo,
o, por lo menos, apuntalar su disminución y
que esta lucha sea visible a la ojos de la sociedad,
asqueada por la corrupción.
El eje
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| Las
relaciones con el Congreso serán clave para
el Ejecutivo. Alianza País no tiene un solo
diputado. El equipo de Correa deberá buscar
acercamientos |
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En una región dominada actualmente
por una clara tendencia política de centro y
de izquierda, la figura de un presidente joven
y con ideas nuevas solo podría destacarse si,
apelando a su inteligencia, Rafael Correa consigue
mantener independencia, aunque reciba presiones
para un alineamiento específico.
La libre determinación de los pueblos y el principio
de no intervención mencionados durante la campaña
deberán convertirse en puntales de la política
exterior.
Para conseguirlo, el flamante presidente únicamente
tendrá que poner en práctica su promesa de seguir
“el modelo ecuatoriano”, tal como respondía
en la campaña cuando se le preguntaba qué modelo
seguirá si gana las elecciones.
En instantes como los actuales para un mandatario
que se estrena en el ejercicio del poder hasta
puede resultar tentador recibir parabienes y
bienvenidas porque cuando hay alineamientos
también en lo internacional cada voto cuenta.
También en este escenario el flamante presidente
del Ecuador podría marcar la diferencia, demostrando,
justamente, que tiene su propia visión de la
izquierda moderna que se menciona en la academia
y que, a la hora de las definiciones y del diseño
del futuro de los pueblos resultaría mucho más
productiva.
A 14 días de asumir el poder, las fichas están
sobre la mesa y alguien tiene que comenzar a
moverlas.
Para un mandatario cuyas decisiones afectan,
de manera positiva o negativa, a millones de
personas, cada movimiento tiene que ser sopesado.
Rafael Correa, que ha tenido una carrera veloz
y exitosa, tiene también desafíos de mucha gravedad,
pues no solo debe cumplir sus promesas económicas,
sino en especial los cambios políticos; eso
sí, respetando la Constitución.
EL DATO
El combate a la corrupción puede ser un puntal
en el Gobierno de Rafael Correa. La cruzada
no solo que no es difícil de emprenderla, sino
que, como decía en la campaña, el ejemplo es
primordial, puesto que “el pescado comienza
a podrirse por la cabeza”. La corrupción le
quita al Estado ecuatoriano un promedio de $2
000 millones anuales
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| Reducir
la pobreza es uno de los grandes retos que
tiene el nuevo Gobierno que asume desde
el 15 de enero de 2007 |
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ECUADOR
SÍ, ENERO 2007
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