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· El año 2006, se abre con obras de infraestructura en el país
· Los 100 años de El Comercio
· Las 20 razones para vivir en la capital del Ecuador
· Este año, el trabajo no para en el Distrito Metropolitano
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· Las 20 razones para vivir en Guayaquil
· 2006: un año de centenarios



LOS 100 AÑOS DE EL COMERCIO

.."Estoy tranquila porque hay siete miembros de la cuarta generación que están preparados para asumir el reto del diario: todos aman el recuerdo del abuelo y del bisabuelo, que es el país y el periodismo".
César y Carlos Mantilla Jácome llegaron a Quito procedentes de Píllaro, instalaron una agencia de coches y luego "se les ocurrió fundar un periódico". El 1.º de enero de 1906 pusieron en circulación el primer ejemplar de El Comercio.
El proyecto lo continuó Carlos, quien más tarde compartió con sus hijos Carlos y Jorge Mantilla Ortega, que se alternaron en la dirección. En 100 años, El Comercio apenas ha tenido cinco directores, cargo que hoy ocupa Guadalupe Mantilla de Acquaviva.z se anunció que los trabajos terminarían en junio de 2006. Los problemas en tres tramos viales persisten.


'No solo hemos sido testigos de la historia, sino que la hemos contado'

'Hay que estar seguro como persona, y también como periódico, que se tiene
fuerza, calidad y credibilidad... Pero si quieres halar las cuerdas, lo haces'

..

Guadalupe Mantilla de Acquaviva, en su
despacho junto a la galería de los ex directores

Por Thalía Flores y Flores
Editora de Información

¿Qué papel debe desempeñar la prensa escrita en una sociedad como la ecuatoriana?
Una prensa como la nuestra, que tiene una tradición tan grande de la verdad, la justicia y la independencia, debe afianzar esos valores.

¿Cómo se enfrenta la dirección de un diario en un país con cambios de Gobierno y convulsión?
Son sobresaltos permanentes.

¿Cómo evitar equivocarse en los enfoques?
Primero, tener mucha calma, luego cerciorarse de los hechos con diversas versiones. Se reúne al Consejo Editorial, pero si es necesario llamar a especialistas en la temática, se llama; hay que consultar a muchas personas, pues nadie tiene la verdad pura.

¿La última palabra la tiene la directora?
Sí, incluso en cómo se dividen las secciones. Yo les escucho, pido sus razonamientos y explico los míos. Siempre estoy mirando, captando, tenemos algunas antenas. Debe ser un don de mujer.

¿Cómo ha sido la transición del periodismo que vio de niña al de ahora?
Cuando mi padre vivía ya hablamos del cambio tecnológico, y él se asustó mucho. Recuerdo que me dijo: "Lupita, quiero pedirte permiso porque quiero traerle al 'Gringo' (Jaime Mantilla) y yo sé que tú sueñas con trabajar en El Comercio". Yo le respondí: "Papi, todo puedo hacer, menos cambiarme de sexo. Tráigale no más al 'Gringo' que es el hijo que ha soñado". Fue excelente, porque a Jaime le gusta la tecnología y se emociona con ello. En cambio, mi papá estaba aterrado de que el plomo iba a desaparecer y que los operarios iban a perder el trabajo. Lo electrónico le parecía de otro planeta, y eso le trajo dificultades, porque como no teníamos técnicos aquí, hubo equivocaciones y atrasos en las ediciones. Se levantaba asustado. Un día salió la página editorial del día anterior y por poco renuncia.
Luego de su muerte, a mí me tocó cambiar todo, incluso el equipo que estaba obsoleto; fue horrible porque no tenía un sucre en caja.

¿Cómo se hizo?
Había que tomar decisiones duras.

Fueron aciertos porque hoy es una empresa sólida. ¿Cómo se logró?
Con una mezcla de humildad y orgullo: humildad de saber que se tiene que aprender, y tengo orgullo de saber que este es El Comercio y a mí que no me pidan ni firmas ni garantías... Poco a poco, todos (los bancos) querían ayudarnos. El primer año hice un milagro, pero no fue obra de un genio, sino solo sentido común.

¿Qué huella deja El Comercio en estos 100 años?
Es inusual que un diario que cumple 100 años haya tenido solo cinco personas que lo manejen; no me había percatado, hasta cuando lo dijo Jorge Ribadeneira en un homenaje que le ofrecimos.

En lo político pasa lo contrario, se cambia de autoridades a cada rato. En El Comercio a usted le tocó, incluso, desafiar el sistema.
Así es, había que desafiar por el hecho de ser mujer.

¿Cómo lo hizo?
Fue difícil que me aceptaran porque, para comenzar, a los hombres no les gusta recibir órdenes de una mujer, pero creo que convertí a los gerentes en amigos, les demostré que mi memoria era buena y que tenían que ser mejor que yo. Me quedé con Jorge Ribadeneira como director adjunto. La obra es apasionante, no hay trabajo más maravilloso que el nuestro: no nos vemos ni viejos ni anticuados.

Eso dice el eslogan de los 100 años: 'Renacer a diario'.
Si renaces a diario te acoplas a las circunstancias.

Usted tiene un récord, no hay muchas mujeres dirigiendo un diario, aunque sean las propietarias...
Sí, también tengo otro récord (familiar), si no hubiera muerto mi marido, este año habría cumplido 40 años de matrimonio.

La familia confió en que sacaría adelante el diario.
Cuando papá murió, yo me fui con el 'Gringo' a hacer el Diario HOY, y eso enojó a la familia. Luego me llamaron. Creo que solo querían tener un nombre en la cabeza del Diario, pero me esforcé mucho, me encanta trabajar y tengo mucha energía. Mi marido siempre me apoyó.

¿Cómo supera las presiones del poder y también los halagos del poder?
No hago caso a nada, soy impermeable.

¿Se siente una mujer poderosa?
No, me siento como cualquier persona con buen sentido común. No se puede envanecer ni usar el poder que puedes tener.

¿Cuál es su referente de periodista o empresario de comunicación?
Muy difícil, pero algunas personas me han dicho Katherine Graham, del Washington Post.

Ella solía tener en su mesa a presidentes y ministros, a diario....
Yo también les tengo cuando quiero (...). Si quieres halar las cuerdas, lo haces. Creo que el arte más fantástico es estar segura como persona y, como periódico, que tiene una fuerza, calidad y credibilidad. No creo que sea necesario mostrar nada. Pero si invito a alguien, viene; y si no quiero ir a alguna parte, tampoco voy. No me siento obligada.

¿No hay allí un dejo de soberbia?
No, no, no. Solo sé que hay lugares donde es mejor no estar.

¿Qué le ha dado El Comercio al país?
En primer lugar, esa constancia y perseverancia; luego, viendo los archivos, te sorprende porque no solo hemos sido testigos de la historia, sino que la hemos contado.

¿Los medios somos responsables en algo de los muchos fracasos del país?
No, porque todos los medios han advertido, han dado señales, pero los políticos no hacen caso.

¿Hay una frustración por ello?
Lo políticos, con excepciones que sí las hay, están errados. El problema es que cuando vas a votar en plancha conoces máximo al primero y segundo; las demás personas no están preparadas.

¿Cómo ve al país a futuro?
Imposible saberlo, pero siempre decimos que este año es la tragedia, y nada; es un país bendito.

La ficha

Guadalupe Mantilla de Acquaviva nació en 1938; asumió la Presidencia Ejecutiva y la Dirección de El Comercio en 1985. Sus estudios primarios y secundarios los realizó en Quito, Lima, Nueva Yok y Roma. Estudió en la Facultad de Periodismo de París y en la Universidad de Syracuse, en Nueva York.

Textual

El primer año en El Comercio, hice un milagro. No fue obra de un genio, solo sentido común.

Fue difícil que me aceptaran, a los hombres no les gusta recibir órdenes de una mujer.

El estilo periodístico de ahora es más fresco, más cercano al público. Hoy se investiga mejor.

No hay trabajo más maravilloso que el nuestro (el periodismo): no vernos ni viejos ni anticuados.) 

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