Lucía Fernández de De Genna, entre el
trabajo y la mística de servir

Lucía considera que la participación del pueblo en la toma de decisiones es la mejor
manera de manejar las cosas de forma transparente
A nadie le sorprende
ver a Lucía Fernández de De Genna en el puerto de Manta supervisando la faena de sus
embarcaciones, cuando apenas está saliendo el sol; dirigiendo una de las tantas sesiones
de la Autoridad Portuaria de Manta donde participa el pueblo, o 'apapachando' a sus hijos
cuando cumple su rol de madre.
Lucía, una ex miss Ecuador de 48 años, es desde hace 25 años, la presidenta de la
compañía Mareco y, desde hace 18 años, presidenta de la empresa de pesca Degfer, ambas
de su propiedad y en las que también trabajan su esposo y dos de sus tres hijos.
"Con el paso de los años, he aprendido que una de las mejores estrategias es
trabajar en equipo", asegura esta empresaria.
Sus compañías son de las más exitosas del sector pesquero de Manta; inició su negocio
con una sola embarcación denominada Joselito y considera que la prosperidad de sus
empresas se debe a la iniciativa, a haberse trazado objetivos reales, a reconocer sus
limitaciones para encaminar sus proyectos por un buen sendero y manejar todas las
actividades con honestidad.
Pero esta manabita también tiene que dividir su tiempo para cumplir las funciones de
presidenta de la asociación de Atuneros del Ecuador (Atunec), vicepresidenta de la
Escuela de Pesca del Pacífico Oriental (Epespo), presidenta (e) de la Cámara de Comercio
de Manta (CCM) y directora de la Autoridad Portuaria de Manta.
Aldo, su hijo de 25 años, considera que Lucía, a pesar de las múltiples ocupaciones,
nunca les ha fallado como madre y amiga, y su clave de establecer prioridades ha hecho que
ella se mantuviera muy cerca de ellos en los momentos más duros, y cree que, como su
jefe, es la mejor persona que le puede dar las directrices para hacer un buen negocio para
la empresa.
Pero en Lucía también hay una mística de servicio; a pesar de sus múltiples
responsabilidades, es presidenta de la Fundación Crecer Feliz, que asiste a 580 niños en
cinco guarderías de la ciudad de Manta, Manabí, y a 180 personas a través de varios
comedores populares.
Esta manabita considera que uno de los grandes males que no permite el progreso y
desarrollo del país es la corrupción y aseguró que la forma más viable de erradicarla
es implementando una capacitación consensuada que debe comenzar desde las escuelas y en
el núcleo familiar, donde se enseñe a las personas a tener valores. Asegura que siente
decepción y frustración cuando se esfuerza por hacer algo correcto y honesto y, en su
trayecto, se encuentra con que los corruptos son quienes tienen el mayor poder en el
Ecuador.
Considera que el ser mujer no la ha limitado para tener éxito: "Mi imagen me la
creé yo, mi espacio lo he conseguido personalmente, mi gran fortaleza radica en ser yo
misma, en entregarme tal cual soy", asegura esta empresaria. (MEC).
Sábado 1º de enero de 2005

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