Hernando José Gómez, un 'optimista
racional' al frente del equipo colombiano
Entrevista con
Íñigo Salvador Crespo, abogado, asesor jurídico de la Asociación de Laboratorios
Farmacéuticos Ecuatorianos (Alafar). Este especialista cree que el TLC debe ser votado en
una consulta plebiscitaria

Íñigo Salvador Crespo
Improvisada. Esa es la
palabra que usa Íñigo Salvador para calificar cómo ha sido y es la posición del
Ecuador en la negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con los EEUU.
No obstante, él cree que, afortunadamente, Colombia "sí había hecho la
tarea", a la que nos sumamos en especial en materia de propiedad intelectual, en las
mesas de negociación.
El especialista ve potenciales efectos negativos para los intereses del Ecuador, pues,
dice, no se discute el acceso de productos ecuatorianos al mercado de los EEUU, sino el
acceso de fármacos de ese país al mercado nacional.
¿Soy demasiado pesimista?, se pregunta, al pronosticar que se van a consolidar los
monopolios que conllevan las patentes de las compañías farmacéuticas, pues el objetivo
de los EEUU es ampliar los períodos de concesión de las que él denomina
moléculas lucrativas.
En el mundo, están a punto de expirar patentes de medicamentos por un valor de $60
000 millones y esa es la razón por la que se busca una extensión de la protección de
propiedad intelectual, advierte.
En la negociación del TLC, los EEUU aspiran a ampliar el período de protección de
patentes por 20 años, pero, además, se incluirán las demoras que pudieron haber
ocurrido en el trámite para obtener la patente, que concede el Instituto de Propiedad
Intelectual, y aquellas registradas durante la obtención del registro sanitario. Así, la
protección puede llegar a 28 años.
Salvador afirma que también se busca proteger con períodos de exclusividad de cinco y 10
años a los estudios clínicos y de seguridad y eficacia que sirven para obtener el
registro sanitario de nuevos fármacos y agroquímicos. Por añadidura, dice, serán
también patentados productos que ahora no pueden serlo: métodos terapéuticos y nuevos
usos de viejos medicamentos. La consecuencia de la excesiva protección será que
desaparecerán del mercado ecuatoriano los medicamentos y agroquímicos que hacen
competencia a los de las multinacionales de los EEUU, se encarecerán las medicinas y los
pequeños productores no podrán competir, debido a que aumentarán sus costos de
producción.
A juicio del experto, en el TLC no se está negociando la apertura del mercado
estadounidense, sino reformas a la legislación ecuatoriana, para aumentar la protección
a los derechos de propiedad intelectual, a pesar de que esos derechos tienen ya una
protección adecuada por los acuerdos correspondientes suscritos por el
Ecuador en 1996, en el marco de la Organización Mundial del Comercio, por la Ley de
Propiedad Intelectual de 1998 y, también, por la Decisión 486 Comunidad Andina.
No obstante, las multinacionales farmacéuticas en el Ecuador sostienen que este marco no
es suficiente. (DCM)
La mayor o menor
observancia de las normas de propiedad intelectual en nuestro país no obedece a
insuficiencia normativa.
Hay otros factores
involucrados: capacidad efectiva de las autoridades, preparación de los abogados para
asesorar adecuadamente a sus clientes, abuso de los derechos de propiedad intelectual,
etc.
Actualmente, se
cuestiona en el mundo entero el papel de la protección de los derechos de propiedad
intelectual.
La excesiva
protección de los derechos de la propiedad intelectual ha dado lugar a una merma del
proceso creativo en los propios EEUU.
Ninguno de los 20
medicamentos más vendidos en el mundo es para curar malaria, tuberculosis, mal de Chagas,
o la enfermedad del sueño.
En el ámbito de la
propiedad intelectual, al menos en patentes, el Ecuador no necesita el TLC.
Ya que estamos
embarcados en el proceso, nos toca afrontarlo con firmeza y defender nuestros derechos.
Negociarlo bien. Pensando en el bien de todos los ecuatorianos.
Sábado 1º de
enero de 2005

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