El TLC, ni una lámpara de Aladino ni un
discurso de terrorismo económico
El tema de la
propiedad intelectual es el que más preocupa a los andinos. Los EEUU quieren extender por
20 años las patentes

Alrededor de 100 organizaciones sociales estuvieron en la protesta anti-TLC de Guayaquil,
el 27 de octubre
El 28 de octubre, un día
antes de que terminara en Guayaquil la quinta ronda de negociaciones del Tratado de Libre
Comercio (TLC) entre Ecuador, Perú, Colombia y los EEUU, los anti-TLC dieron un golpe de
efecto al sacar del 'cuarto de al lado' a los delegados del Seguro Social Campesino.
Rodrigo Collahuazo, César Cabrera, Víctor Ángel Chiriapa y Romelio Gualán salieron del
Hilton Colón, sede de la quinta ronda, acusando a la ministra de Comercio Exterior,
Ivonne Baki, de querer convertir al acuerdo comercial en una lámpara de Aladino (una de
las historias contadas por Scherezade en unas de las noches de Las mil y una noches) que
traerá riqueza y prosperidad al país solo con frotarla, pero falsa.
Era la segunda vez que una organización social importante participaba en una reunión de
ese tipo, la primera fue en la ronda de San Juan de Puerto Rico, cuando asistieron en su
representación Carlos de la Torre y Patricio Ruiz.
"De lo que se trata es de mirar desde adentro cómo se están moviendo y manejando
las cosas. Esa presencia es una ventaja porque vamos a tener la información clave".
Así justificó su presencia en San Juan y luego en Guayaquil, César Cabrera, presidente
del Seguro Social Campesino, ante los cuestionamientos que lanzaron el dirigente laboral
Mesías Tatamuez y el presidente de la Fenocín, Pedro de la Cruz.
El analista económico, Alberto Acosta, quien se ha convertido en uno de los mayores
críticos del TLC, ha comenzado por minimizar hasta los beneficios para la economía del
país de las preferencias arancelarias andinas (ATPDEA), que permite al Ecuador colocar en
el mercado estadounidense 6 183 productos con cero arancel. Según Cristian Espinosa, jefe
negociador ecuatoriano, solo el TLC puede garantizar al país, no únicamente mantener
esas preferencias sino multiplicarlas.
"Ecuador ha exportado a los EEUU $1 930 millones en promedio anual, entre 1999 y
2003. El monto promedio anual de las exportaciones ATPDEA es de $333 millones, el 17% de
las ventas a ese país: $211,1 millones, exportaciones agrícolas; $54,3 millones, ventas
de la pesca, y $67,6 millones, exportaciones industriales y petroleras", ha dicho
Acosta, quien asegura que el sacrificio de recaudación fiscal de los EEUU por las
exportaciones ATPDEA es de $20 millones. "Monto minúsculo si se compara el estimado
de $240 millones que el Ecuador perdería por la extensión de patentes que impedirían la
producción de genéricos en el país", insistió. Según Acosta, justificar la firma
del TLC por miedo a perder el ATPDEA es torpe, porque el país seguirá vendiendo a los
EEUU, y acusó a los negociadores de recurrir al terrorismo económico para obligar al
país a suscribir el acuerdo.
Las cifras oficiales dicen que el 41% de las exportaciones ecuatorianas va al mercado
estadounidense, pero ese porcentaje apenas representa el 0,16% de las compras totales que
los Estados Unidos hacen en el mundo.
El miércoles 27 de octubre, alrededor de 3 000 personas marcharon hacia el hotel Hilton
Colón. Con semanas de anticipación, las organizaciones sociales, agrupadas en el
movimiento Ecuador Decide, convocaron a la gran protesta alegando que el TLC se ha venido
negociando a espaldas de los ecuatorianos y porque "solo va a beneficiar a las
empresas transnacionales estadounidenses".
Esa proclama lo único que hacía era recoger los reclamos públicos de algunas
compañías estadounidenses que querían utilizar el TLC como plataforma para solucionar
con mayor rapidez los conflictos judiciales que mantienen con Ecuador.
Primero apareció como telón de fondo del TLC el caso de la multinacional Texaco
(demandada en el país por daños ambientales), el eje de la ronda de Atlanta en las
conversaciones bilaterales con Ecuador, aunque luego Espinosa descartó que ese fuera un
tema de las negociaciones; después, llegaron los reclamos de BellSouth, Duke Energy,
American Iron Company y White Woods.
En Guayaquil, la comisión negociadora ecuatoriana comenzó por marcar distancias con los
temas judiciales. Hasta la embajadora de los EEUU en Quito, Kristie Kenney, dijo que el
TLC solo servirá para dejar las reglas del juego claras a los inversionistas. Es decir,
evitar que en el futuro se repitan esos problemas.
Pero los medios de comunicación daban por sentado que en la reunión privada que
sostuvieron en el noveno piso del Hilton Colón, el martes 26 de octubre, la ministra
Baki, el presidente Lucio Gutiérrez, Kenney y la jefa negociadora estadounidense Regina
Vargo, el tema central sería la lentitud con que la justicia ecuatoriana resuelve los
problemas con las compañías de los EEUU. Luego del encuentro, todos desmintieron que ese
asunto estuviera en la agenda.
El optimismo reinaba en el Hilton, sobre todo entre los negociadores ecuatorianos. Pese a
que afuera se organizaba una protesta de gran magnitud, Baki se adelantó a asegurar a la
prensa que estaba dispuesta a recibir a una comisión de las organizaciones sociales y
destacaba el hecho de que en el 'cuarto de al lado' había una nutrida representación de
otros sectores que no son empresariales.
Los manifestantes fueron dispersados con gases lacrimógenos a 300 metros del Hilton
Colón y, al día siguiente, los dirigentes del Seguro Social Campesino entregaron sus
credenciales a Cristian Espinosa y se fueron del 'cuarto de al lado' para sumarse a la
campaña anti-TLC.
Los defensores del TLC no tardaron en salir al paso de la protesta. Fue la Cámara de
Comercio Ecuatoriana Americana la primera en denunciar, en un comunicado, que se estaba
orquestando una campaña de desinformación para desprestigiar al TLC. "Parecería
que, con motivo de estas negociaciones, se pretendiera ganar espacios y protagonismo
político, sin pensar en las reales consecuencias para el país", dijo Hebern Frei,
presidente de ese gremio en Guayaquil.
En ese comunicado, la Cámara, sin embargo, vuelve a insistir en el tema de los conflictos
que las empresas estadounidenses mantienen con el Estado ecuatoriano. "El TLC podría
ser rechazado por el Congreso estadounidense por estas disputas no resueltas", dice
el documento. "El Ecuador puede quedarse afuera y las consecuencias serían
devastadoras para nuestra economía", advirtió Frei, quien, después de la rueda de
prensa en el Hilton Colón, preguntaba a uno de sus colegas si había sonado contundente.
Al final de la jornada, los cuatro jefes de los equipos negociadores (Pablo de la Flor, de
Perú; Hernando José Gómez, de Colombia; Espinosa, de Ecuador y Vargo de los EEUU)
hicieron un balance positivo de las conversaciones.
Vargo insistió que los andinos debían aceptar que estaban en una negociación bilateral;
es decir, que si quieren algo deben dar algo. El ATPDEA es un beneficio que Ecuador, Perú
y Colombia reciben de manera unilateral. Mientras tanto, los empresarios continuaron
reclamando al Gobierno el cumplimiento de una agenda interna mínima para aprovechar el
acuerdo comercial: reformas en el sector eléctrico, laboral, petrolero y otras que
permitirán al país mejorar y hacer más eficientes el sistema sanitario y fitosanitario,
las aduanas, los puertos y hasta los trámites para constituir empresas.
El cumplimiento de esta agenda interna, según Marco Vinicio Ruiz, quien asesora al
Comité Empresarial Ecuatoriano, puede convertirse a la larga en la lámpara de Aladino,
la historia del hijo de un sastre que pudo disfrutar de la riqueza y la prosperidad que le
ofrecía un efrit, haciendo uso de su astucia y solo después de muchos trabajos y
penalidades. (JT)
Sábado 1º de enero de
2005

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