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La banca ecuatoriana respira y goza de buena salud

BANCA


Para los chinos la palabra crisis encierra un componente fundamental: oportunidad. Lo mismo piensa el famoso creador del Grameen Bank, el bengalí Muhammad Yunus: "La gente pobre tiene habilidades que permanecen inutilizadas y subutilizadas y es capaz de cambiar su propio destino si se le dan las oportunidades correctas".
Es que Yunus entendió y valoró (quizá por conocer bien a su país con mucha gente pobre y muy rico en recursos naturales), que los banqueros sí pueden prestar plata a los pobres y que estos sí son capaces de invertir bien el dinero. Por eso, ahora el Grameen Bank se jacta de haber prestado, desde 1976 a julio de 2003, $4 000 millones, con $3 600 millones ya devueltos.
Salvando las distancias, el sistema financiero ecuatoriano comprendió la necesidad de democratizar el crédito y que la microempresa es la base de un desarrollo y crecimiento distinto para un país rico en recursos naturales y humanos.
Y todo indicaría que la crisis bancaria del año 1999 le dio una nueva oportunidad a Ecuador: superar los viejos esquemas de manejo, ajustar los mecanismos de control y facilitar y favorecer el crédito al microempresario (que ocupa el 40% de la Población Económicamente Activa y genera entre el 10% y 15% del Producto Interno Bruto).
Al finalizar el año 2003, el sistema bancario ecuatoriano goza de buena salud, como lo reconoce y prueba la Asociación de Instituciones Financieras del Ecuador (AIFE). De hecho, para los banqueros nacionales, en la historia del sistema financiero local hay un antes y después de 1999, y un nuevo comportamiento económico general con la implementación de la dolarización, no exento de contradicciones y contradictores que a estas alturas hacen cálculos para una posible 'resucretización'.
Y hay otro elemento clave: la aplicación (de acuerdo con la Resolución JB-2001-382, del 8 de octubre de 2001) de las recomendaciones del Comité de Basilea para la determinación de la solvencia y nivel de capital de las instituciones financieras.
Para el superintendente de Bancos, Alejandro Maldonado García, estas recomendaciones van más allá: "Es toda una filosofía de adecuadas prácticas bancarias y procedimientos de supervisión".
Y, si bien es cierto que la expectativa es alentadora, el clima debe sostenerse con estabilidad y crecimiento sostenido. Allí está el mayor reto del sistema y del país en su conjunto, pues falta profundizar el proceso de privatizaciones, mejorar la competitividad y garantizar la inversión local y foránea en condiciones jurídicas transparentes.
Sin embargo, la AIFE no es tan optimista: "El sistema financiero nacional dispone en la actualidad de excelencia de herramientas tecnológicas y de recursos humanos, pero no de un mercado firme en donde aplicarlos".
Según la Superintendencia de Bancos del Ecuador, los indicadores de la buena salud del sistema bancario (desde diciembre de 2001 hasta agosto de 2003) son el crecimiento, en un 29,18%, de los activos más contingentes; el incremento en $1 243 millones del total de depósitos, que significa un crecimiento del 35,79%; el aumento de las operaciones de crédito en $217 millones; destinar el 65% de una cartera de $3 147 millones a la producción; el patrimonio de la banca privada creció, entre julio de 2002 y agosto de 2003, en $125 millones, y cayó la tasa de interés activa referencial de 16,20% en enero de 2002 a 11,29% en septiembre de 2003.


'Hay una nueva responsabilidad social de la empresa privada'


Entrevista con Mónica Hernández, vicepresidenta ejecutiva de Banco Solidario

El Banco Solidario cerró 2002 con una cartera vigente de $99 millones, 70 mil clientes y un promedio de crédito de alrededor de $1 400. Además 1 500 clientes organizados en 140 grupos en las comunidades rurales de Imbabura con una cartera vigente de $186 723, por medio de Fundación Alternativa.

¿Cómo se explica la línea social dentro de la banca?
En países como el nuestro más del 60% de la población no ha accedido a la banca tradicional. La concepción social de la banca es abrir los espacios a aquellos que no tienen recursos y tienen derecho de contar con las oportunidades del resto.
Hay una nueva concepción de la responsabilidad social de la empresa privada. Consideramos que para que el proyecto sea sostenible en el tiempo, todos los actores deben ganar. Por tanto hay un elemento de rentabilidad financiera y otro de rentabilidad social.
Se trata de 'sacarle el jugo' a la plata, con un esquema de unir fuerzas (foro de la microempresa, red financiera rural) para atender un mercado potencial que bordea 1 200 000 microempresas.

¿Han logrado sostenibilidad?
Pensando en los operadores individuales, yo creo que sí. En el caso del Banco Solidario rompimos esquemas porque somos el primero en América Latina que nace con capital 100% privado para atender al sector. Se trata de un nuevo esquema de hacer banca, porque la rentabilidad que pone contentos a los accionistas ayuda a crecer a la gente y a la propia entidad. En los ocho años de vida las utilidades se han reinvertido en el banco para fortalecerlo.

¿Cómo miden los resultados?
Medimos indicadores de gestión que demuestren que estamos superando la pobreza y evaluaciones de impacto objetivos: que demuestren que nuestros clientes viven, se alimentan y su nivel de vida es mejor que el de otros, que tienen vivienda propia, que la economía de su familia y de sus alrededores se está dinamizando. El mejoramiento de la calidad de vida se evidencia en las personas que ya han accedido a cuatro o cinco créditos. Para nosotros un primer crédito no es rentable, es una inversión, comienza a ser rentable cuando los costos de operación de nuestros asesores son menores, para eso manejamos una metodología especial para además de darle el crédito, apoyarlo en el desarrollo financiero desde la base, siempre y cuando sea un microempresario que ya tiene experiencia. A los nuevos se les incentiva para que ahorren y empiecen a trabajar, para que valoren el dinero y el esfuerzo que eso implica.

Pero, ¿qué priorizan, la rentabilidad económica o la social?
Hacemos una medición tanto de indicadores financieros como sociales y el éxito está ligado a los dos temas, porque lo uno no puede ir sin lo otro. Esa sinergia es lo que enriquece.

¿Cómo afrontaron la crisis de 1999?
Salimos adelante porque nuestros clientes eran distintos, cuando hubo el feriado bancario la gente no sacó el dinero, sino que acudió a pagar sus créditos. Algunos de ellos estaban con problemas por la crisis nacional, entonces como parte de la red de Acción Internacional nos pasaron información y lo que hicimos es ayudarle a cada uno a ver en el punto en que estaba su negocio, para ver cuáles podían dinamizarse con la crisis y cuáles podían mantenerse. Fue un tratamiento individualizado: si ellos salían adelante, nosotros también. (OP)

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