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La humanidad hace conciencia y busca preservar y recuperar la naturaleza

ISLA CORAZON


Ecuador ocupa un territorio de 256 370 kilómetros cuadrados, con una infinita riqueza en recursos naturales y una amplia biodiversidad que es admirada en el ámbito mundial; pero también sufre problemas ecológicos, que, a criterio de los especialistas, sí tienen solución.
La población sufrió graves problemas por la tala indiscriminada del manglar, que produjo inundaciones y enfermedades en la Costa, las aguas servidas contaminaron los ríos de la Sierra, la erosión del suelo ocasionó deslizamientos de tierra.
Los países desarrollados atravesaron estos problemas debido a la explotación de los recursos naturales. Ahora, en su afán de preservar y recuperar las reservas naturales, invierten en proyectos para América Latina a través de organismos internacionales que trabajan en conjunto con el Gobierno y los municipios del país.
El éxito para la ejecución de estos proyectos también está en las manos de hombres, mujeres y niños que quieran conservar la Tierra que soñamos. Ecuador tiene varios planes de ecología en áreas donde las poblaciones fueron afectadas, entre ellos están la recuperación de manglares en la Costa y el control de la contaminación en los ríos de la Sierra.

Las leyes protegen a los colosos del mar
El análisis de la Fundación de Defensa Ecológica (Fundecol) concluyó que en las últimas décadas se destruyó casi el 60% del manglar a lo largo de los 2 860 kilómetros de longitud de las costas ecuatorianas, por varios motivos.
Desde hace tres años existen en el país 56 leyes para proteger el manglar. Desde entonces, varios proyectos se han iniciado.
En 2001, la campaña 'Justicia para el Manglar' buscó poner un alto definitivo a la destrucción de este ecosistema, proteger los derechos de las poblaciones locales de pescadores y recolectores artesanales, que han manejado su territorio de manera comunitaria.
En 2002 las comunidades de Muisne, ubicadas al sur de Esmeraldas, firmaron un convenio de cooperación para el manejo del estuario del río Muisne con el Instituto Nacional Ecuatoriano Forestal de Areas Protegidas y Vida Silvestre (Inefán). El decreto dio la pauta para que las comunidades manejaran y custodiaran el manglar durante 10 años.
Otro proyecto que continuó fue '¿Y si se acaba el manglar?', que reunió a 80 comunidades y organizaciones ambientalistas nacionales e internacionales, que trabajan por la recuperación, defensa y gestión comunitaria del ecosistema marino-costero y contra la expansión ilegal de la industria camaronera y otras actividades depredadoras del manglar.
A inicios de 2003 se implementaron programas de reforestación, investigación del estado de conservación de los manglares, censo camaronero y estudios de capacidad de carga del ecosistema.
El estuario de Bahía de Caráquez, quizás uno de los más devastados, cuenta con el control de la fundación japonesa Actman desde febrero de 2002, con un proyecto orientado a recuperar y defender el ecosistema. Entre las actividades están la formación de clubes ecológicos con niños y jóvenes universitarios, con quienes se realizan actividades para impulsar el turismo, en uno de sus mayores atractivos que es la Isla Corazón, llamada así porque el manglar forma un perfecto corazón que esta ubicada a 20 minutos del puerto y se ha convertido en el hogar de fragatas, garzas y pelícanos. Los habitantes de Portovelo se han convertido en los guías turísticos y los guardianes del lugar del estuario, gracias a la formación que les dejó Actman.

Los malecones reviven
En Guayaquil la Fundación Malecón 2000 es una empresa que recuperó a un lugar contaminado y lo convirtió en un sitio turístico. Esta institución diseñó, ejecutó y administra el Malecón 2000 y el Malecón del estero Salado, dentro del Plan de Regeneración Urbana de la Ciudad.
El estero se recupera de la contaminación ambiental y se espera que vuelva a ser el balneario de Guayaquil, en una segunda época dorada. El proyecto se inició en enero de 2002 y consta de cinco etapas. La primera se inauguró el 31 de julio y la segunda el 30 de octubre de 2003.
El estero Salado en 1841 era llamado El Corte y sus aguas salobres eran consideradas medicinales. Allí se construyeron los Baños del Salado, que se convirtieron en un sitio de sano esparcimiento. La época dorada del estero fue en 1922, cuando en sus orillas se inauguró el parque de diversiones American Park. En 1966 lo sustituyó el Parque Guayaquil.
Luego, la tala indiscriminada del manglar, los desechos de las industrias asentadas al norte de las estribaciones del río, las aguas servidas y la basura vertida por la población del suburbio contaminaron el estero.


Los ríos encuentran su cauce
El 65% de las aguas de los ríos de la Sierra están contaminadas porque reciben las aguas servidas de las ciudades, tienen residuos de insecticidas, detergentes y desechos orgánicos.
Las mismas aguas de los ríos fueron utilizadas para la generación de energía eléctrica, lo que originó un segundo problema, ya que los elementos contaminantes tapaban las represas, además que eran los causantes de enfermedades en las poblaciones que se asentaban en sus riberas.
El Distrito Metropolitano de Quito y la Corporación de Salud Ambiental Vida para Quito administran el 25% del impuesto a la renta donado por los habitantes de la capital y lo destinan para proyectos ambientales como la recuperación del río Machángara, adecuación de espacios verdes y de recreación en el parque del Itchimbía, adquisición del parque Metropolitano, entre otros.
El río Machángara recibe la descarga del 70% de las aguas residuales de la ciudad, su recuperación empezó a ejecutarse con la adecuación de la primera etapa del parque lineal, la ciclovía llamada como el campéon olímpico 'Jefferson Pérez' y la construcción de colectores que permitirán encauzar las aguas residuales, a fin de evitar una mayor contaminación.
En Cuenca, la empresa pública Municipal de Telecomunicaciones, Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento (Etapa) inició un proyecto de recuperación de las aguas de los ríos que atraviesan a la ciudad (Yanuncay, Tomebamba, Machángara y Tarqui). Entre los requerimientos estaban el tratamiento de las aguas residuales para devolver al medio ambiente aguas libres de contaminación y la belleza escénica de los ríos.
Desde 1983 se realizaron estudios y se construyeron receptores en las márgenes de ríos y quebradas, que llevan las aguas residuales a la planta de tratamiento Etapa, que funciona desde 1999 y que tiene una proyección de diez años más. Además, se implementaron planes de reciclaje de basura de líquidos industriales para que estos no fueran botados en las alcantarillas.
El proyecto del Consejo de Programación (COPOE), que recibe el apoyo de la Comunidad Europea en Cuenca, se inició en 2003 y durará cuatro años, con una inversión de 14 millones de euros encaminados a impulsar proyectos para reducir la pobreza, mediante el mejoramiento de las condiciones de vida de la población de la cuenca del Paute, controlando el mal uso del agua y la erosión de los suelos, para evitar desgracias como la de la Josefina, en 1993. (LGA)

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