OCP con esperanzas de abrir más frentes
de inversión en campos amazónicos

A partir de enero de 2004, el oleoducto de crudos pesados (OCP), de $1 400 millones, se
convertirá en la infraestructura más moderna y con tecnología de punta de la industria
hidrocarburífera de este país.
El OCP es el último oleoducto que acaba de ser construido en el mundo y el primer privado
en el Ecuador después de la desmonopolización del sector petrolero en 1993, con la
esperanza de abrir más frentes de inversión en los campos de la región amazónica.
La nueva infraestructura duplica la capacidad de transporte del crudo y de la producción
nacional que bordea los 400 mil barriles diarios.
El presidente del consorcio OCP Ecuador SA, Bernardo Tobar, califica de infructuoso el
debate político que durante más de 10 años postergó la ejecución de esta obra
"indispensable para el desarrollo del sector hidrocarburífero y la economía
nacional".
El consorcio está integrado por la compañía estadounidense Occidental Petroleum Corp;
Agip, que es filial de la italiana Eni SpA; AEC Ecuador Ltd de Canadá; la estatal
brasileña Petrobras; la española- argentina Repsol-YPF y la francesa Perenco, que son
los mayores inversionistas foráneos en Ecuador.
Los hallazgos de crudo pesado en la década de los ochenta llevaron a los Gobiernos a
discutir sobre la necesidad de construir un oleoducto que separara el crudo liviano de los
campos de Petroproducción del pesado de las compañías privadas para evitar así la
mezcla, y potenciara la producción que estaba limitada por la falta de transporte y se
mejore el rendimiento de la principal refinería del país: Esmeraldas.
Tobar menciona que el último descubrimiento importante de una reserva hidrocarburífera
en la Amazonía ecuatoriana fue en 1992 y desde ese año no se han hecho nuevos hallazgos.
Antes, y ahora que está terminado, el OCP ha sido el blanco de la "oposición y la
asfixia de los políticos a toda iniciativa de gran envergadura de la empresa
privada", comenta Tobar, quien se refiere en el mismo tono "al Congreso Nacional
y a grupos de extrema izquierda, cuyo protagonista más notable ha sido Acción
Ecológica, que trató incluso de boicotear el financiamiento en el exterior".
Afirma que el país no debe olvidarse de esta historia "ni de los malos ecuatorianos
y extranjeros que a nivel político, judicial, o protestando en las calles, impiden el
desarrollo nacional".
La compañía argentina Techint inició la construcción del OCP en junio de 2001 y
concluyó la obra el 31 de agosto de 2003. Pero en el Contrato para la construcción y
operación del oleoducto de crudos pesados y prestación de servicios públicos de
transporte de hidrocarburos, como se llama, firmado el 15 de febrero de 2001 entre el
Estado y las seis multinacionales, no se precisa la fecha de terminación de la obra. Los
retrasos debían ser penalizados.
Tobar dijo que el OCP tuvo 300 días de paralización por "los paros provinciales, de
los propietarios del derecho de vía que buscaron extorsionar, los grupos ecologistas de
siempre y políticos que también quieren sus privilegios".
Uno de los retos que afrontó la obra fue el geográfico. Tobar dice que no es lo mismo
construir un oleoducto en Alaska, en EEUU, o en el Sahara, que en Ecuador, un país
escarpado y con una biodiversidad que obligó a trabajar "con técnicas
prácticamente egipcias", en derechos de vía restringidos como en Mindo, de menos de
dos metros de ancho. "Fue una obra monumental desde el punto de vista del esfuerzo
humano, a fin de minimizar el impacto ambiental en la zona", sostiene.
Con una capacidad pico de 528 mil barriles diarios, el OCP cuenta con la más alta
tecnología: un sistema sofisticado de comunicaciones, fibra óptica, respaldo satelital y
sistemas de control automatizado.
En los 500 km de extensión desde la Amazonía hasta Esmeraldas, la tubería va enterrada
en un 98%, cruza 25 kilómetros por áreas de reserva o zonas protegidas, donde los
rigurosos controles ambientales y la presión de los ecologistas obligaron a la
contratista a utilizar las técnicas más modernas para evitar posibles daños.
La revegetación de las áreas desbrozadas se aventajó por las bondades climáticas del
país, principalmente en las zonas de bosques húmedos. Tobar destaca que el OCP es
ejemplo de seguridad industrial. Llegó a contratar a 10 700 trabajadores en enero de
2003. Hoy quedan 250.
Con el permiso de funcionamiento entregado por el Ministerio de Energía el 6 de noviembre
de 2003, los miembros del consorcio tienen mucho en juego en el oleoducto por la fuerte
inversión realizada, y esperan subir de 150 mil barriles de crudo pesado que bombean por
el OCP, a 250 mil barriles a fines de diciembre de 2004, según afirma el presidente de la
Asociación de la Industria Hidrocarburífera del Ecuador, René Ortiz.
Enfatiza que con esta arteria el país tiene la oportunidad de su vida para repetir la era
de los caudalosos ingresos de los años setenta, con dos objetivos: una respuesta social
con los nuevos ingresos petroleros, y de infraestructura para atraer la nueva inversión.
"Esa respuesta hay que complementarla con un drástico giro para repotenciar el
entorno político y económico y eliminar, de una vez por todas, las barreras hipócritas
que se han mantenido desde que el país desmonopolizó la industria petrolera", dice
Ortiz. En su opinión, el OCP "tiene la oportunidad de ser un imán para la nueva
inversión".
Las socias anunciaron meses atrás invertir adicionalmente $4 500 millones, pero no para
llenar su oleoducto sino el sistema de oleoducto transecuatoriano (SOTE) de propiedad del
Estado.
Amba líneas están semivacías, a pesar de que por el SOTE la estatal Petroecuador
también bombea unos 70 mil barriles diarios de crudo pesado de participación en la
producción privada.
Para Bernardo Tobar, los planes de incremento de la producción en los campos de crudo
pesado son un tema a que cada compañía tendrá que responder. Indica que las
multinacionales decidirán, cuando el Gobierno resuelva todos los temas pendientes, como
la devolución del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y las reformas a la Ley de
Hidrocarburos, que al cierre de esta edición, en noviembre, continuaban tramitándose en
el Congreso Nacional.
En ese escenario, las compañías han demostrado escaso interés en la licitación de
cuatro áreas estatales de la Amazonía que el Gobierno publicó el 1º de noviembre, cuya
fecha para la entrega de las ofertas vence el 23 de enero de 2004. Quieren claridad en el
proceso, según una carta que enviaron al presidente Lucio Gutiérrez en octubre del año
anterior.
Tobar agrega que la convocatoria de la licitación llegó en un momento en que normalmente
los presupuestos de las compañías ya están revisados y asignados por sus casas matrices
en el exterior.
Por ejemplo, en la práctica americana el año corre hasta junio, de tal manera que los
presupuestos para el año fiscal julio 2003-julio 2004 ya fueron aprobados, con lo cual
"la licitación viene extemporáneamente".
"La ronda petrolera tiene tal cantidad de complicaciones, que si no se da un golpe de
timón, va al fracaso", señala Tobar. (TH)
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