El techo de cristal o la metáfora del
sistema que excluye del poder a la mujer

¿Existe en Ecuador aquello que en los países europeos se denomina 'techo de cristal', y
que hace referencia a las limitaciones que impone la sociedad, a fin de que las mujeres no
ingresen a los santuarios de poder destinados únicamente a los hombres?
El testimonio de Rosalía Arteaga es el mejor del que se puede disponer para contestar a
esta pregunta, pues ella llegó a desempeñar la Presidencia de la República durante seis
días, entre el 7 y el 12 de febrero de 1997, tras el derrocamiento del ex presidente
Abdalá Bucaram Ortiz, junto quien fue elegida vicepresidenta.
Su efímera presencia en la jefatura de Estado debió soportar las intensas maniobras
políticas que terminaron por ungir como presidente interino a Fabián Alarcón. Es decir,
no pudo con las artimañas de los duchos políticos. Este hecho indica que ella pudo
romper el techo de cristal, como en efecto pasó, pero no por mucho tiempo. "Arteaga
anunció la renuncia al cargo de presidenta de la República encargada, en aras de la paz
del pueblo ecuatoriano, y dijo que su destino lo fijó el machismo del sistema político
ecuatoriano, que no podía aceptar que una mujer asumiera el mando", reseñó HOY el
día 12 de febrero de 1997, en las páginas destinadas a informar sobre los atropellados
cambios políticos que, entonces, vivía el país.
Seis años después de aquellos hechos, Rosalía dice que no guarda rencor, que no es una
mujer amargada y que por el contrario, sigue siendo 'muy positiva'. Confiesa, no obstante,
que le sigue doliendo que se la haya acusado de 'ambiciosa' para impedir su presidencia y
que los partidos políticos usaran a algunas figuras femeninas de sus filas para
desacreditarla, aun cuando sus pretensiones 'eran legítimas'. (Sin dejar de sonreír,
Rosalía no olvida. Menciona tres nombres: Monserrat Butiñá, del extinguido Partido
Unidad Republicana; Juana Vallejo, de la Izquierda Democrática, y Susana González, del
Partido Social Cristiano).
La paradoja es que no existe un retrato suyo , en su calidad de ex presidenta del Ecuador,
en el Salón Amarillo del Palacio de Carondelet -donde sí están, por ejemplo, Abdalá
Bucaram, Fabián Alarcón y Jamil Mahuad- y, sin embargo, del sector oficial recibe el
trato protocolario de ex presidenta. El día en que HOY conversó con ella para elaborar
esta información, el presidente Lucio Gutiérrez había ofrecido un almuerzo al
secretario general de la ONU, Kofi Annan, que visitaba el país. Ella fue invitada. Con
una sonrisa irónica exhibió la tarjetita que halló en el lugar destinado para ella,
entre los comensales: "Dra. Rosalía Arteaga, ex presidenta de la República".
Todo esto la hace especial: es la única mujer que aparece en las láminas que usan los
escolares, en que se ven los retratos de 44 viriles presidentes constitucionales.
Arteaga, ex presidenta de la República".
Todo esto la hace especial: es la única mujer que aparece en las láminas que usan los
escolares, en las que se ven los retratos de 44 viriles presidentes constitucionales.
Ahora bien, la sociedad patriarcal ecuatoriana no puede más que recular ante la
inteligencia y la fortaleza física de la mujer. Y esta es una gran noticia. Dos grandes
ajedrecistas del país lo ratifican, Martha Fierro y Evelyn Moncayo, así como la
levantadora de pesas (la palabreja para señalar su disciplina es halterofilia) María
Alexandra Escobar, quien obtuvo medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Santo
Domingo, República Dominicana, en agosto de 2003, dándose el lujo de romper una marca
panamericana.
Se dice, incluso, que si el parto pudiera alternarse en la pareja, las familias no
tendrían más de dos hijos, ya que el esfuerzo físico de parir es tan grande que no
podría resistirlo el hombre. Claro, esta puede ser una afirmación radical del feminismo
que se prestaría a la caricatura. Lo cierto es que ese techo invisible es muy sólido en
los espacios de poder. Es decir, no tiene que ver con la inteligencia o con la capacidad
física, sino con un entramado de relaciones colectivas, en el cual se mueven los
intereses políticos, económicos y sociales, de distinto signo y que, por razones
inveteradas, es manejado por los señores del reino. Ocurre en la política, donde es
mucho más evidente, pero asimismo en las más dispares actividades.
Por ello, mujeres como Rosalía Arteaga consideran poco estimulante plantear el problema
en términos de la lucha de géneros pues, a pesar de todo, ellas se destacan en el
estudio, en el trabajo, en muchas áreas públicas y privadas. "La verdadera igualdad
-reflexiona con audacia-, llegará cuando decir hombre público y mujer pública
signifique lo mismo".
¿Existe aquel sexto sentido que se suele atribuir a las mujeres? La ex presidenta dice
que no. Que lo que debemos mirar es el sentido de la simultaneidad. Y cita un ejemplo
doméstico: atiende las ollas que están en la cocina, mira la televisión, ayuda a los
hijos en las tareas escolares y, además, habla por teléfono. Si su esposo no logra
captar lo que se dijo en el noticiero de la televisión, en ese momento, preguntará a la
mujer, y ella tendrá la capacidad de responderle sin problemas. "Esa simultaneidad
ha dado muy buenos resultados en la política", cree Rosalía Arteaga. Y comenta que
la generalización del uso de las computadoras y de la Internet puede estar dotando a los
hombres de esa capacidad.
Hay un sinnúmero de mujeres que están golpeando el techo de cristal en Ecuador. En los
misógenos santuarios de la economía, por ejemplo, Wilma Salgado, Elsa de Mena o Isabel
Noboa actúan como la reina del tablero de ajedrez. Lourdes Tibán es una calificada
dirigente indígena. Cinthya Viteri se destaca entre los hombronazos socialcristianos. Y
Berta García es experta en asuntos militares. Un 'mal' ejemplo continental lo dio el
Gobierno de Chile, del presidente Ricardo Lagos, que designó ministra de Defensa a la
socialista Michel Bachellet. La lista puede hacerse interminable, con las Vivianas,
Marías Fernandas, Juanas, Shirmas, Dayumas, Margaritas o Marías Elenas que trabajan en
la cultura; y las Alexandras, Seledinas, Yessenias o Dianas, que se destacan en las
actividades deportivas consideradas menos 'femeninas'.
No es
irrompible
Claro, deberán suceder más cosas para que la sociedad del varón se vaya flexibilizando,
para que los poderes reales se insuflen de progesterona. Deberán morir muchas más
'soldadas' en los frentes de batalla que, seguramente, se abrirán en este siglo. Más
cosmonautas mujeres deberán conquistar el espacio sideral y construir estaciones
orbitales. Más deberán crear las obras de arte que esperamos, los grandes proyectos, las
más audaces realizaciones. La dinámica familiar deberá sufrir transformaciones. Pero el
destino está sellado. El techo de cristal está fabricado de un material que no es
irrompible, felizmente. (DCM)
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