En el país los jóvenes empresarios
forjan su propio camino para alcanzar el éxito

A los 15 años José Luis Iturralde, presidente de la Corporación Mondo, ubicada en la
Av. Gonzalez Suárez y Orellana, tenía una idea clara: ser independiente de su familia y
crear su propia empresa. Con poco dinero y experiencia se introdujo en el mundo de los
negocios realizando el mantenimiento de oficinas.
Tres años más tarde viajó a EEUU e incursionó en el negocio de la moda, con la venta
de ropa italiana. Fue cuando surgió la idea de crear una sucursal en Ecuador. Regresó al
país y abrió en Quito la boutique Buggatti. Más tarde inauguró las boutiques Hugo Boss
y La coste en Quito y Guayaquil. Ahora está por abrir otra boutique a la que llamará
XOXO, en el Puerto Principal.
Pero estos no son los únicos negocios a los que se dedica. A sus 34 años, José Luis
también está a cargo del restaurante Sake, considerado uno de los mejores en comida
japonesa y asiática a escala nacional. ''Tuvimos acogida porque vendimos un estilo de
vida, una sensación, no solo un plato de buena comida'', dice. Otra de sus empresas, a la
cual dedica el 80% de su tiempo, es Spiga, una consultora de mercadeo. Cuando se le
pregunta cuál es el secreto para dirigir tantas y tan variadas empresas, explica que ''la
clave para alcanzar el éxito es plasmar las ideas que uno tiene, trabajarlas
constantemente y tener gente que las ejecute. El éxito de nuestro personal ha sido llegar
hacia un mismo objetivo: ser los mejores. A la persona exitosa le sigue el éxito y mucho
más si esta conserva su estabilidad emocional, la humildad y la sencillez''.
Iturralde se considera un buen empresario y un trabajador incansable, pero lo fundamental
en su vida es ser un buen padre, por ello les dedica su tiempo libre a sus tres hijos,
aunque también escribe en la revista Dolce Vita y da charlas de superación y liderazgo.
José Luis tiene aún mucho camino por recorrer, entre sus planes están ampliar el
restaurante Sake, cerrar el círculo de la moda en Ecuador e incursionar en el negocio de
la agroindustria y la hotelería.
Los motes
La incursión en campos novedosos es otro de los secretos para el éxito. Este principio
lo aplica el quiteño Andrés Jaramillo, de 20 años, estudiante de Comunicación Social,
quien ganó el primer premio en el Tercer Concurso de Microempresas Citibank-Esquel, en
abril de 2003. Andrés presentó un proyecto microempresarial para vender mote. Los $3 500
que recibió de premio los invirtió en la que recibió de premio los invirtió en la
implementación de la empresa.
Los motes del loco Andrés, para lo cual compró dos coches, cada uno a un costo de $400,
para la materia prima (mote, chicharrón, choclos) se destinaron $220, para los utensilios
$500, y $200 para garantizar el sueldo del primer mes de los dos jóvenes de 20 y 17 años
que se encarga de la venta. Sus ganancias líquidas alcanzan los $300.
Desde hace tres meses, tiempo en el que funciona el negocio, este joven inicia sus labores
desde las 07:00. Con la ayuda de su madre se encargan de la preparación del mote con
chicharrón, el encebollado y el ají. Por la tarde expende choclos con crema de queso en
el segundo coche. En cada uno labora una persona, la idea es crear plazas de trabajo para
cuatro jóvenes.
La venta de los motes se inicia a las 09:00 en la parada de los buses Quitumbe. A las
10:00, la venta se traslada al parque La Raya, hasta las 14:00. Los choclos se venden por
la tarde también en la parada de los buses Quitumbe y por la noche en la parada de los
buses Tola-Pintado. La venta se inició con 10 fundas diarias, ahora se expenden más de
50, a un valor de $0,50. La venta solo se paraliza los lunes y sábados.
Otra innovadora forma de venta es el servicio puerta a puerta. Pero también varía con la
comida, en algunas ocasiones se preparan cebiches y piensa elaborar hot dogs. La idea de
vender mote surgió de un estudio elaborado por Andrés en el que se determina que uno de
los alimentos más consumidos en Quito es este grano, por ser un producto sustancioso y
rendidor. Pero el mote no se consume solo, del mismo estudio de mercado se desprende que
el ají y el encebollado son ingredientes imprescindibles.
La idea es crear una empresa grande, para rescatar el consumo de las comidas típicas y
generar plazas de empleo para jóvenes, porque según este empresario son los que menos
oportunidades tienen en el campo laboral.
Los dulces de antes
La falta de una fuente de ingresos segura en el país impulsó a que en 1996 María
Caridad Araujo, Esteban Vega y Marco Vintimilla, estudiantes de la Universidad Católica
del Ecuador, presentaran un proyecto para formar una microempresa y rescatar los dulces
tradicionales del Ecuador. A lo largo de siete años la empresa ha crecido y ahora produce
600 dulces al día, pero lo más importante, ha generado empleo a cinco personas (una
gerente, una secretaria, dos empacadoras y un vendedor).
El proyecto Dutraec (Dulces tradicionales del Ecuador) se presentó en un concurso
auspiciado por el BID y promovido por la Fundación Esquel.
El premio consistió en $15 mil que se invirtieron en la formación de una empresa para
vender dulces tradicionales como el manizado, el dulce de leche, de guayabas, colaciones y
alfajores, a escala nacional.
Según María Caridad Araujo, se pensó en expender los dulces tradicionales, ''primero
por ser un producto que gusta a la gente, pero cuyo acceso se había restringido debido a
que su venta era limitada; segundo, porque se trata del patrimonio gastronómico de
nuestro país y forma parte de las culturas y tradiciones ecuatorianas; ytercero, porque
la empresa fue concebida con un importante componente social, al incorporar a los dueños
de los conocimientos asociados a la elaboración de estos dulces a un concepto más
'moderno' de comercialización''.
Por ello, la idea de diversas fundaciones en el país, entre ellas Esquel, es que lo
jóvenes que hoy sean empresarios generen puestos de trabajo a otros jóvenes, accediendo
a los recursos que les son otorgados por los proyectos en los que intervienen. Esquel
apoya la capacitación de jóvenes como empresarios sociales juveniles, para lo cual se
realizan estudios de mercado en los que se estructuran planes de capacitación para
definir espacios de producción y de servicios en los que puedan ser competitivos.
Uno de los proyectos ejecutados es el 'Programa juventud vigorosa' (1999 a 2000) donde se
recibieron 77 iniciativas juveniles: siete de carácter social y 70 productivas y de
servicios. De estas, 27 propuestas juveniles fueron favorables y comprometieron una
inversión total de $78 922. Las propuestas sociales convocaron a 361 jóvenes, 201
hombres y 160 mujeres en edades entre los 17 y los 23 años, de 12 provincias. (NJ)
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