* Noboa: entre la distancia y el escepticismo
A estas alturas de su Gobierno, Gustavo Noboa debe estar convencido de que para gobernar el Ecuador no bastan las buenas intenciones y la honestidad. Vemos a Noboa como pez fuera del agua

*   'No queremos cambiar otra vez de Gobierno'
El movimiento indígena efectuó en 2001 un nuevo levantamiento; esta vez sin el concurso de otras organizaciones sociales. Aunque los resultados no fueron todos los esperados, la acción marca la pauta de futuros acontecimientos

 

Noboa: entre la distancia y el escepticismo

Por Felipe Burbano de Lara*

Los últimos meses de 2001 dejaron las pistas para entender lo que será el año que empieza para el Gobierno de Gustavo Noboa. Más que un balance de lo ocurrido, interesa analizar los escenarios que se vienen para los próximos doce meses.
En primer lugar están las fragilidades políticas del Gobierno. Son múltiples y de variado alcance. La que más destaca es la dificultad para formar alianzas de mayoría en el Congreso. El Ejecutivo carece de un bloque parlamentario desde el cual negociar acuerdos. Se trata de un hecho inédito en la política ecuatoriana reciente, con dos consecuencias previsibles: por un lado, un Ejecutivo con poca capacidad para incidir sobre las acciones del Congreso; y por otro, un Parlamento que establece su agenda de modo autónomo al Gobierno (inédito dado el carácter presidencial del sistema político ecuatoriano). No es un escenario de pugna de poderes, pero sí de un ejercicio bicéfalo y desarticulado del Gobierno.
Tampoco la actitud de los partidos en el Congreso puede ser fácilmente anticipada. Por allí el Gobierno podría encontrar algún campo de acción. El país ha sido testigo en el último año de un juego de alianzas partidarias muy puntuales y, por eso mismo, poco duraderas en el tiempo. El escenario de formación de mayorías aparece mucho más circunstancial y cambiante que en épocas pasadas, cuando los partidos se unían para formar bloques de oposición o apoyo al Gobierno. El Ejecutivo podrá presentar proyectos al Congreso, pero su trámite, discusión y aprobación estarán sujetos enteramente a la voluntad de los partidos y al juego de intereses entre ellos (un ejemplo lo representa el proyecto de reforma política planteado a inicios del año anterior: si a los partidos no les interesa el tema, la iniciativa simplemente queda congelada). El Ejecutivo apenas será un proponente de reformas, pero un débil actor para empujarlas (posición que deja a Noboa con muy poca capacidad para llevar adelante cambios importantes como la Reforma Fiscal, por ejemplo).
La nueva dinámica de las relaciones Ejecutivo Congreso tiene que ser pensada dentro de la poca capacidad de maniobra política exhibida por el Gobierno. Lo mostraron las constantes limitaciones de Juan Manrique cuando estuvo a cargo del Ministerio de Gobierno, donde solo acumuló derrotas para el Ejecutivo -la peor de ellas fue la del IVA en el TC-, y el bajo perfil político del actual ministro Marcelo Merlo. El Gobierno es débil frente al Congreso, frente a los partidos, pero también frente a los otros organismos estatales, en particular el TC y la Corte de Justicia. Por allí se abre un hueco negro para Noboa; desde esos espacios institucionales, controlados por los partidos, puede venir cualquier forma de oposición a su gestión.
Completa el escenario político el hecho de que 2002 será un año electoral. Desde hace ya algunos meses hemos visto cómo los partidos actúan con un ojo puesto en el cálculo electoral. Se sabe en qué consiste ese comportamiento: tomar la mayor distancia posible del Gobierno y rechazar cualquier decisión que tenga costos para 'el pueblo'. Seremos testigos de una disputa encarnizada entre los partidos, y entre estos y el Ejecutivo, por defender los intereses populares ante cualquier iniciativa dura de ajuste por parte del Gobierno.
La pregunta que surge es la siguiente: en este escenario político, cómo hará el presidente de la República para enfrentar la caída del precio del petróleo y el ajuste inevitable del gasto público? Añadamos a este escenario un elemento adicional: tener en la Cartera de Finanzas a un ministro -Carlos Julio Emanuel- que despierta muy poca confianza. La capacidad de maniobra política del Gobierno se reduce notablemente con Emanuel en el Ministerio de Finanzas. El cambio de Emanuel por Jorge Gallardo fue un duro golpe político; en primer lugar, a su imagen (perdió al ministro más prestigioso del Gabinete y lo reemplazó por un personaje cuestionado y polémico); y en segundo lugar, mostró que el Gobierno, en medio de su debilidad, puede caer en manos de intereses dispuestos a sacar ventajas del Estado a cualquier precio.
El otro gran tema de polémica será la privatización de las empresas eléctricas. Hay guerra anunciada de lado y lado, es decir, de quienes se oponen a la privatización a pesar del evidente deterioro del sector; y de quienes creen en la privatización a rajatabla (se hace porque se hace). En el centro de la tormenta aparece el hermano del presidente, Ricardo Noboa. La privatización se ha convertido en un juego de fuerzas opuestas, cada una dispuesta a mostrar su capacidad para derrotar a la otra. A la guerra anunciada, se añadirá la guerra soterrada de intereses que ya en otras oportunidades provocó el fracaso de intentos privatizadores.
A estas alturas de su Gobierno, Gustavo Noboa debe estar convencido de que para gobernar el Ecuador no bastan las buenas intenciones y la honestidad. El presidente enfrenta debilidades estructurales -para llamarlas de algún modo- derivadas de la forma dramática como llegó al poder. Pero también hemos visto a un presidente con pocos recursos y capacidades políticas para trazar horizontes, crear expectativas, movilizar a la sociedad en una cierta dirección. Tenemos como presidente a un personaje salido de la academia y obligado, por fuerza de las circunstancias, a convertirse en un político (en todo el sentido de la palabra). Gustavo Noboa miró siempre la política desde el privilegio de la academia; esta vez, sin embargo, ha tenido que asumirla sin mediaciones, tomar al toro por las astas, y lo hemos visto perdido, desubicado frente al país, sin una lectura de su proceso, de sus debilidades y de sus potencialidades. Vemos a Noboa como pez fuera del agua, esforzándose por adaptarse a un papel al que siempre vio con distancia y hasta con escepticismo.

* Felipe Burbano es editorialista de Diario HOY.

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'No queremos cambiar otra vez de Gobierno'


Denuncias en contra de algunos dirigentes de la Conaie, especialmente Antonio Vargas, y el aparecimiento de desafíos a la autoridad de la organización fueron las notas más sobresalientes en el mundo indígena este 2001

Por Segundo Moreno Yánez*

En medio de un ambiente de tensión, el 15 de marzo de 2001, en el salón de banquetes de Carondelet, el presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), Antonio Vargas, se dirigió al jefe de Estado ecuatoriano con estas palabras: "Señor presidente, tenga la plena seguridad de que usted va a concluir su período presidencial. Los indios ya no queremos cambiar de Gobierno".
El primer levantamiento indígena del nuevo milenio no contó, esta vez, con el apoyo de coroneles; su eslogan "nada solo para los indios" fue un grito de protesta contra la subordinación a los lineamientos del FMI y en rechazo a las medidas económicas de fin de año. El levantamiento conmemoró la 'caída' de Mahuad, pero mostró un 'faccionalismo' en el movimiento indígena, al aparecer como protagonistas otras organizaciones paralelas a la Conaie. En el acuerdo suscrito el 7 de febrero con el Ejecutivo, además de la Conaie, estamparon sus firmas la Confederación de Afiliados al Seguro Campesino, la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras (Fenocín), la Federación Ecuatoriana de Indígenas Evangélicos (Feine) y otras similares.
En la antigua Grecia se denominaba 'pírrica' una danza en la que se imitaba un combate; en lengua romance pasó a significar el esfuerzo vano de una lid infructuosa. El mencionado acuerdo obtuvo limitados logros, como el descenso del precio del gas y el pago de exiguas indemnizaciones por los muertos y heridos durante el levantamiento, además de vagas promesas de impedir la regionalización del Plan Colombia, apoyar a los emigrantes y controlar las tarifas de los transportes. Mientras algunos dirigentes comparaban la firma del convenio con el hecho de comer un limón, que "no deja de tener su encanto, pero sigue siendo agrio", Antonio Vargas afirmaba que lo más importante era demostrar "la unidad del pueblo indígena en todo el país".
El manejo del conflicto por el Gobierno fue deficiente al subestimar la capacidad de convocación del levantamiento y por no considerar a la dirigencia indígena un locutor político adulto, sino como el "menor de edad" que solicita favores al gobierno de turno. (Cfr. Kipu, Nº 36 y 37).
Entre los resultados de las 'mesas de diálogo', consideradas un ensayo de 'cogobierno', se debe mencionar la suspensión de la alianza con la Coordinadora de los Movimientos Sociales. Además de esto, el 'Diálogo rimbombante', con sus 23 capítulos más coyunturales que estructurales, despertó infladas expectativas y colocó, a decir del ideólogo indígena Viteri Gualinga, "parches o apenas una aproximación a lo deseable" (HOY, Quito, 2001-0-25).
Como se podía prever, el posterior Congreso de la Conaie diluyó el interés en el diálogo y orientó la atención de los dirigentes hacia las futuras candidaturas nacionales, incluso a la Primera Magistratura del Estado.
Aunque es posible hablar de una división del movimiento indígena con la existencia paralela de dos 'superfederaciones' y una 'confederación', no es creíble aseverar la existencia de discordias estructurales en la Conaie. Existen, sin embargo, dos corrientes: una más tradicional, que pretende que la Confederación se mantenga fuera de la próxima contienda electoral y que utilice al movimiento Pachakutik como su brazo político; y otra, que busca acortar las distancias para llegar al poder. Leonidas Iza, actual presidente de la Conaie, afirma que acudirá a las bases para decidir la modalidad en la participación electoral
El 2002 será el 'año de la verdad', aunque habrá que esperar con un nuevo levantamiento, posiblemente en enero y febrero, para 'cumplir el ritual' de rebeldía frente al poder y, especialmente, para examinar la capacidad de liderazgo y convocación de los líderes y negociadores indígenas como futuros candidatos.

* Segundo Moreno Yánez, antropólogo y editorialista.

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