* El imposible regreso a la 'normalidad'
Después del 11 de septiembre, el mundo no es el mismo. El ataque terrorista acelera
la crisis, rompe la percepción de nvulnerabilidad de la primera potencia mundial y obliga
a modificar las relaciones internacionales* EEUU:
'Ha sido una campaña exitosa'
'Tenemos que reconocer que Afganistán no es el único campo de batalla en esta guerra
contra el terrorismo. Según sabemos, Al-Qaida tenía células en más de cuarenta países
antes del 11 de septiembre', afirma el diplomático
* La frontera norte: polvorín tras un incendio
La actual crisis de Colombia (violencia, secuestros, narcotráfico, fumigaciones que
causan daños al ecosistema y desplazamiento de campesinos) es materia de reflexión
constante porque puede extenderse hacia el territorio ecuatoriano |
El imposible regreso a la 'normalidad'

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Estas imágenes permanecerán en la
memoria de la humanidad. La demencial forma de terrorismo suicida secuestró aviones
comerciales con centenares de inocentes pasajeros, que encontraron una muerte de
pesadilla. Las naves se convirtieron en terroríficos misiles |
Por
Diego Araujo Sánchez*
Quien maneja un poderoso automóvil se siente seguro y hasta invulnerable cuando se
desplaza por una moderna autopista; pero si llega al lugar en donde se ha producido un
accidente, la fila de vehículos se detiene, todos pasan despacio, los ocupantes miran la
destrucción en un choque múltiple; ven a los heridos, que son trasladados por las
ambulancias, algunos cadáveres destrozados y la sangre sobre el pavimento. Se desvanece
su sentimiento de invulnerabilidad: el conductor maneja, ahora, lentamente. No obstante,
los otros vehículos empiezan a separarse, algunos toman otra vez velocidad; en pocos
minutos, todo retorna al orden normal.
Anthony Giddens, uno de los sucesores de Karl Popper en la dirección de la London School
of Economics, utiliza la imagen del accidente en la autopista al reflexionar sobre el
impacto del 11 de septiembre.
El imposible regreso
Para Giddens, el regreso a la normalidad dependerá de la reacción estadounidense y, en
particular, de la duración de la guerra contra el terrorismo que anunció el presidente
George W. Bush y que, en dos meses de bombardeos sobre Afganistán, ha depuesto ya al
gobierno talibán y desarticuló al grupo Al Qaida, pero no consigue aún capturar a Usama
Ben Laden.
El ataque terrorista desborda la comparación de Giddens porque no parece posible retornar
a 'la normalidad' anterior al 11 de septiembre. Fue más que un accidente la agresión
dirigida a los centros emblemáticos del poder financiero y militar en Nueva York y
Washington. Para Estados Unidos representó una violenta ruptura de la percepción de
invulnerabilidad. Al derrumbarse las Torres Gemelas quedaron entre las ruinas alrededor de
3 000 cadáveres de ciudadanos de 80 naciones distintas, pero también quedó aprisionado
en la retina del mundo el grado de furia asesina y de odio acumulados contra Estados
Unidos. Por primera vez se podía sentir allí el miedo y la inseguridad que son el pan de
cada día en otras zonas del mundo. De nada serviría el programa de defensa antimisiles.
La seguridad interna de la primera potencia del mundo había sido vulnerada.
La crisis se acelera
El golpe aceleró la crisis económica que ya antes se avizoraba. Las primeras
repercusiones fueron la caída del consumo y la baja del precio del petróleo, la crisis
de las empresas de aviación, los despidos masivos...
Después del 11 de septiembre, se difundió el pensamiento de Samuel Huntington: el mundo
vive, en realidad, un enfrentamiento entre las civilizaciones, el choque entre Occidente y
el islam. El planteamiento resucita viejos y absurdos prejuicios etnocentristas que
endilgan al mundo árabe y en general al Oriente, rasgos de barbarie y, por el contrario,
presuponen que el Occidente es el paradigma de la civilización.
Las barbas al remojo
Lo bárbaro es, en verdad, la identificación del puñado de terroristas responsables del
ataque del 11 de septiembre con el mundo musulmán; lo bárbaro es el renacimiento de
prejuicios raciales y religiosos, el retroceso en el respeto a la diversidad y las
lesiones contra los derechos humanos.
Estados Unidos y los países industrializados no pueden dejar de preguntarse cuál es la
razón más profunda del terrorismo.
Coincidentemente, a unos días del 11 de septiembre, la oficina de la Unicef en Quito
difundió el informe sobre la situación de la infancia en el mundo: 10 millones de niños
mueren cada año por enfermedades previsibles, 600 millones se hallan en situación de
extrema pobreza, alredeor de 149 millones padecen desnutrición y más de 100 millones no
reciben instrucción escolar. Un mundo así y el sistema que lo sostiene son un hiriente
contrasentido. El retorno a la 'normalidad' sería una insensatez. Los paradigmas
económicos y políticos se hallan también en crisis. Se requiere una nueva ética en la
política internacional, en las relaciones del Norte con el Sur; se necesitan otros
modelos...
Después del 11 de septiembre, parece imposible que no se produzcan cambios políticos y
económicos más duraderos.
El aumento del gasto militar en una etapa de guerra se lo hace siempre a costa de la
disminución de inversión en otras áreas. El fortalecimiento de los ejércitos en nombre
de la lucha global contra el terrorismo pasará pronto su costosa factura...
La actual situación induce a advertir el peligro para las libertades civiles en el mismo
Estados Unidos. Paradójicamente, el modelo de democracia liberal restringe esas
libertades a nombre de la lucha antiterrorista. Es obvio inferir que la nueva situación
favorezca la asunción de un papel intevencionista por parte del Estado, que se expresa ya
con el aumento de su función policial y de seguridad.
El año termina con la incertidumbre sobre la finalización de la guerra. Bush anunció
que la campaña contra el terrorismo global sería larga. Con la posibilidad de
prolongarla, resultan impredecibles todas las consecuencias del 11 de septiembre.
El tema que reviste mayor gravedad en estos instantes es el conflicto israelí-palestino.
Sin embargo, han fracasado las presiones estadounidenses para que retornen a la mesa de
negociación Ariel Sharon y Yasser Arafat. La violencia se ha intensificado, y allí se
mantiene la mayor amenaza para la paz de Oriente Medio y del mundo.
Remezones casa adentro
Un alto funcionario estadounidense sugirió la posible ampliación de las acciones
militares antiterroristas en otras zonas del mundo, incluso en América Latina.
Resolver el conflicto en Colombia, cuyos grupos guerrilleros y paramilitares se hallan en
la lista del terrorismo elaborada por Estados Unidos, se torna, entonces, objeto
estratégico de alta prioridad.
El nuevo contexto internacional debería operar como una fuerte presión para avanzar en
los diálogos de paz. La zona de distensión en manos de las FARC no puede ampliarse
indefinidamente si no se evidencian resultados favorables al proceso de paz.
En América Latina, después del 11 de septiembre, se ahondan las dificultades para los
países andinos y, en el Cono Sur, en Argentina.
El Perú restaña las heridas de la democracia que causó el autoritarismo de Fujimori,
pero ni el baño de verdad ni los intentos de castigar la corrupción que se destapó con
la difusión de los videos de Vladimiro Montesinos, son suficientes para resolver los
graves problemas de desempleo y recesión que enfrenta el presidente Toledo, cuya
popularidad desciende más pronto de lo que se preveía como para no esperar amenazas de
inestabilidad.
Venezuela se halla polarizada por el discurso demagógico y populista de Hugo Chávez,
como se reveló en el reciente paro del sector empresarial y de los sindicatos. Además,
el régimen se ha abierto demasiados frentes en su país y con otros gobiernos, sobre
todos con el de Estados Unidos, que miran con desconfianza las actitudes del anacrónico
militar, celebradas por sectores de la izquierda dogmática de América Latina, los más
anclados en el pasado.
Argentina cierra el año con un estrepitoso colapso. Decenas de desocupados, pobladores de
los suburbios marginales y maleantes saquearon tiendas y supermercados en Buenos Aires y
otras ciudades del país. Se hundió allí el modelo aperturista y el régimen de Fernando
de la Rúa. La democracia se halla amenazada por la quiebra de la nación.
Ese es el común denominador de América Latina: la supervivencia de las democracias y su
posibilidad de fortalecimiento penden de los frágiles hilos de sociedades en las que se
ahondan las brechas entre ricos y pobres, aumentan el desempleo y subempleo, se deterioran
las condiciones sociales y se incrementa la corrupción...
* Diego Araujo Sánchez es subdirector editorial de HOY. |