La
economía en 2002: entre lo electoral y la crisis

Mientras en 2001 el precio promedio del petróleo ecuatoriano se situó en alrededor de
$20, hará falta un milagro para que en 2002 se acerque a los $19 presupuestados. Estará
más cerca de los $15; con lo cual, por esa sola razón, el déficit será de alrededor de
$200 millones
Por
Francisco Rosales Ramos*
Las complicaciones políticas y económicas se acrecentarán en 2002, tanto por la
incógnita del precio del petróleo, como por las tensiones propias de un año electoral.
Nadie está en capacidad de anticipar el precio del crudo en los próximos 12 meses, en un
mundo convulsionado por los atentados del 11 de septiembre y por las represalias de
Estados Unidos contra sus autores. Represalias que tienen consecuencias bastante más
amplias que el ataque a Afganistán, el derrocamiento del gobierno talibán y el eventual
apresamiento o muerte de Usama Ben Laden. El polvorín Palestina-Israel está tomando
características explosivas que pueden llevar a confrontaciones religiosas generalizadas y
a reacciones del mundo árabe musulmán contra lo que ellos califican de 'pervertida
civilización occidental'.
La economía mundial se mueve en el borde de la recesión, pues Estados Unidos sufrió tal
impacto con los acontecimientos del 11 de septiembre, que la caída vertiginosa de la
demanda, especialmente en sectores como el transporte aéreo y la hotelería, ha
arrastrado a otras ramas económicas. Japón lleva varios años de contracción de su
economía; el sistema financiero adolece de un cáncer terminal que sobrevive
exclusivamente con medidas artificiales; y la Unión Europea no ha podido aislarse de lo
que acontece en la primera economía del mundo, más allá de que deberá hacer frente a
un aceleramiento de la inflación como consecuencia del redondeo por la adopción del euro
y el desaparecimiento de las monedas nacionales.
Y el precio del petróleo es sustancial para la economía ecuatoriana, tanto como
generador de ingresos fiscales, como de divisas para mantener una adecuada balanza
comercial y para proveer de circulante a una economía dolarizada. Igual impacto sufría
el país con el sucre, pero se disfrazaba acudiendo a la devaluación y a la 'ilusión de
dinero', cuyas consecuencias han sido tanto o más catastróficas que lo que podría
resultar de una falta de circulante para mover la economía del dólar.
Mientras en 2001 el precio promedio del crudo ecuatoriano se situó en alrededor de $20,
hará falta un milagro para que en 2002 se acerque a los $19 presupuestados. Estará más
cerca de los $15; con lo cual, por esa sola razón, el déficit será de alrededor de $200
millones. Lo cierto es que el Ecuador no puede mantener una tendencia ilimitada al
crecimiento del gasto público (cerca del 20% entre 2001 y 2002) sin que haya un
correlativo aumento de los ingresos. El endeudamiento ha superado todo límite razonable y
no puede continuar por la misma línea. Es conocida la rigidez del gasto público y el
impacto del servicio de la deuda. Pero es igualmente cierto que no pueden extenderse los
pies sino hasta donde da la sábana. Se han creado organismos burocráticos como la
Defensoría del Pueblo, el Consejo de la Judicatura, las Juntas Parroquiales, la Comisión
Cívica de Control de la Corrupción, etc, que aunque pueden tener justificación en sí
mismos, no sustituyen a otros que deberían desaparecer, sino que se superponen,
aumentando el gasto y creando el caos institucional.
Mientras en 1999 la balanza comercial tuvo un superávit de $1 665 millones, y en 2000 de
$1 458 millones, de enero a septiembre de 2001 acusó un déficit de $42 millones, lo cual
cambió radicalmente la tendencia y es un aviso de alerta que no puede pasar
desapercibido. No es que las importaciones hayan aumentado desmesuradamente. En este año
no se llegará a los niveles de 1999, 1997 ó 1998, y es importante destacar que si bien
las compras de bienes de consumo durante los primeros nueve meses casi han duplicado las
de igual período del año anterior, también se han incrementado significativamente las
materias primas de uso industrial, los materiales de construcción, los bienes de capital
agrícolas e industriales y los equipos de transporte. De manera que ha habido un evidente
dinamismo de los sectores productivos. Lo que ha ocurrido es una caída en las
exportaciones, especialmente en banano, café, camarón y cacao, que presentan cifras
altamente preocupantes. Así, mientras en 1997 las exportaciones de banano fueron de $1
327 millones, las de café de $121 millones y las de camarón de $872 millones, en 2001
llegaron a aproximadamente $820 millones, $45 millones y $280 millones, respectivamente.
Concluido el campeonato mundial de fútbol a finales de junio de este año, Ecuador
entrará de lleno a la campaña electoral para los comicios de octubre, con la consecuente
inestabilidad e incógnita. Si el precio del petróleo no se recupera y las exportaciones
privadas permanecen contraídas, la falta de circulante podrá tornarse angustiosa, y el
crecimiento del desempleo y la contracción económica se sentirán con características
dramáticas y la campaña puede convertirse en un torrente de acusaciones e insultos al
Gobierno en que más mérito hará quien más duramente lo cuestione y quien aparezca como
el redentor y milagrero capaz de cambiar las condiciones por el solo hecho de su
elección. Un país hambriento y frustrado puede dejarse convencer fácilmente por la
oferta populista y demagógica.
De allí que las reformas de fondo que prometió el presidente Gustavo Noboa, y que tuvo
condiciones para hacerlas al inicio de su mandato y hasta bien entrado el año 2001,
serán casi imposibles de lograr en los primeros meses de 2002, a menos que abandone la
queja y el enfrentamiento insustancial, y sea capaz de convencer a los líderes políticos
que Ecuador está jugando sus últimas cartas, y que se requiere al menos la comprensión,
si no el apoyo, de quienes han conducido al país y aspiran a hacerlo de nuevo.
Hay que pasar el bache de 2002, porque el incremento de la exportación de petróleo a
partir de 2003 será una inyección enorme a la economía que, aún con el desperdicio
crónico de recursos, abrirá nuevas posibilidades para la golpeada ciudadanía. Pero hay
que superar el bache, y ello no será posible sin un mínimo de liderazgo y el apoyo de la
mayoría.
* Francisco Rosales Ramos es editorialista de HOY. Abogado y presidente de varias
compañías. |