¡Salud,
Oh claro vencedor!
Aplicación
táctica, orden y solidaridad fueron parte
del fútbol que presentó Ecuador. Alex Aguinaga
y Agustín Delgado se consolidaron como
sus líderes en la cancha

En el proceso al Mundial, la hinchada asumió un papel importante. 'Bolillo' dice que el
triunfo sobre Paraguay salió desde las gradas. El 'Sí se puede' se transformó en su
grito de guerra
Por
Simón Espinosa Cordero*
'¡Patria, Tierra Sagrada de honor y de hidalguía /que perfumó la sangre y engrandeció
el dolor./ Cómo me enorgullece poder llamarte mía,/ mía como a mi madre, con infinito
amor".
La emoción de estos versos de don Manuel María Sánchez, tío abuelo de Diego Araujo
Sánchez, subdirector de HOY, me electrizó la espina dorsal como un rayo sobre el
"Estadio Salvaje" de los Andes.
- Diego, ¿tienes el teléfono de tu tío abuelo Manuel María?
- No. Mi tío abuelo murió en 1935. Pero, espera. Creo que Rut lo tiene.
Lo tenía. El código del Paraíso era 666, el número de la Bestia. ¡Qué raro!, pensé:
seguramente se trata de una humorada de San Pedro, el mejor portero en la historia del
fútbol solar.
Don Manuel María me contó cómo había escrito esa preciosa estrofa de orgullo patrio.
-"Era la noche del 24 de mayo de 1933, aniversario de la batalla de Pichincha, en la
que lucharon los ejércitos de todo el Continente. Me acosté muy cansado. Soñé que se
me aparecía el francés Louis Laurent, autor del primer gol de los mundiales, el 13 de
junio de 1930". "Llevaba en la mano izquierda un balón y en la derecha un
papel. -Toma, lee, me dijo. Desperté al instante con el papel en la mano derecha y el
balón en la izquierda. Mi corazón era un campo de fútbol antes de una tanda de penales.
Fui a mi estudio y leí el mensaje".
"Telegrama urgente de la Beata Mariana de Jesús Paredes y Flores, Heroína Nacional,
al poeta Manuel María Sánchez: He visto el futuro en la Gloria de Dios. El miércoles 7
de noviembre de 2001, Ecuador clasificará por primera vez a un Mundial. Guarda este
secreto. Te envío un resumen de la eliminatoria. Inspírate y compón un poema. Firma: La
Azucena de Quito, Heroína Nacional".
"El resumen era increíble. Ecua -dor 2, Venezuela 0: Tal vez podremos. Brasil
3-Ecuador 2: No podremos, pero haremos un buen papel. Paraguay 3-Ecuador 1: No, no
podremos. Ecuador 2-Perú 1: A lo mejor podemos. Argentina 2-Ecuador 0: Nunca pudimos.
Ecuador 0-Colombia 0: Ni en casa podemos. Ecuador 2-Bolivia 0: Con Bolivia sí podemos,
pero hasta ahí no más. Uruguay 4-Ecuador 0: Despidámonos del Mundial. Ecuador 1-Chile
0: No ha muerto el sí podremos. Ecuador 2-Paraguay 1: Parece que podremos. Perú
1-Ecuador 2. Podremos. Ecuador 0-Argentina 2: Pese a esto, sí podremos. Colombia
1-Ecuador 1: Es casi seguro que podremos. Bolivia 1-Ecuador 5: Definitivamente podremos.
Ecuador 1-Uruguay 1. ¡Pudimos. Ya estamos en el Mundial!".
"El papel se me cayó de las manos. Vi la tricolor pintada en la cara de los hinchas,
uniendo en estrecho abrazo a amarillos, azules y rojos, paralizando de emoción a 12
millones de ecuatorianos, calando a fondo en el corazón de todos ellos. Vi a Sucre
sonriente, a Rocafuerte llorando, a García Moreno exclamando ¡Ecuador no muere!, a
Alfaro conduciendo un tren de hinchas radicales, a Velasco Ibarra con su dedo triunfante:
¿Queréis el Mundial? Hacedlo primero dentro de vuestras almas, todos los días, sin
amilanarse, sin a-mi-lanar-se.
Ahogado en un mar de alegría, tomé la gloriosa tricolor y recité con la fuerza de un
volcán: Patria Tierra Sagrada de honor y de hidalguía que perfumó la sangre y
engrandeció el dolor cómo me enorgullece poder llamarte mía mía como a mi madre con
infinito amor". Así, sin puntos ni comas, de un tirón".
Gracias, don Manuel María, por la confidencia. Pudimos, sí pudimos. ¡Viva la
Selección! Salud, ¡Oh claro vencedor!
* Simón Espinosa Cordero es editorialista de HOY. Autor de varios libros
'Bolillo', el hombre
Por
Martha Córdova Avilés*
"Todo lo que sé de moral se lo debo al fútbol". No es una frase de 'Bolillo',
lo dijo el arquero y escritor argelino Albert Camus, pero bien que calza en la vida de
Hernán Darío Gómez, el técnico que ayudó a Ecuador a creer en su capacidad y en su
gente.
Nació en un hogar acomodado de Medellín, donde el balón de fútbol siempre fue parte de
la vida de los Gómez. Hernán papá fue dirigente, director deportivo y entrenador.
Hernán hijo le pegaba al balón a diario. Su hermano Gabriel, conocido como 'Barrabás',
le siguió los pasos, no así Juan que prefirió los estudios.
'Bolillo' terminó el bachillerato e ingresó a la facultad de Administración, pero el
fútbol había ganado sus ansias de vivir.
Tenía seis años, cuando escuchó a su padre y a su abuelo gritar los goles de Colombia
en Chile 62. Ese fue su primer acercamiento a un Mundial, el torneo que obsesiona a todo
futbolista y corona a los excepcionales.
Ese campeonato marcó su vida, porque Colombia vivió por tres décadas con el consuelo de
aquel 4-4 que logró, en canchas chilenas, ante Rusia. 'Bolillo' junto con Francisco
'Pacho' Maturana iniciaron entonces la transformación de fútbol de su país, con un
trabajo que duró casi 12 años; que se fortaleció con triunfos del Atlético Nacional en
la Copa Libertadores de América y las tres clasificaciones mundialistas con la selección
cafetera.
El camino no fue solo de triunfos. En los ascensos hubo descensos. "Como jugador era
muy vago, borracho, sinvergüenza. Me volaba de los hoteles. Hice un montón de cosas que
sirven ahora para que no me las deje hacer o para que me las hagan poquitas veces. En ese
aspecto entiendo al jugador y conozco de todo lo que le puede pasar. Me ha servido. Es una
cosa que me quedó en la vida, el no haber sido un hombre juicioso para difrutar del
fútbol, pero, a la larga, lo estoy disfrutando", dice 'Bolillo', que se considera un
loco sano.
Hoy quiere que el futbolista profesional no viva lo que él. Con ese criterio y esa nueva
forma de sentir el fútbol llegó a Ecuador, un país que al que aprendió a querer,
queriéndolo. Se ganó la confianza de los jugadores e inició un proceso no solo
deportivo. Fue padre, amigo y compañero. Uno más del grupo. La Selección no fue un
equipo donde el técnico dirige y los jugadores escuchan. Con la palabra franca, cada día
sumó aliados. Creció su ilusión, su sueño y su experiencia y, sin dejar de soñar, le
entregó al país el más grande anhelo de su historia deportiva: el paso al Mundial.
Dice que aún no se da cuenta de la magnitud de lo conseguido, porque quiere seguir
disfrutando del fútbol como ese niño que cada día despierta para pegarle al balón.
* Martha Córdova es editora de la Sección Deportes. |