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El 10 de marzo apareció en
la prensa el anuncio de algo que había sido el leit motiv de todo el régimen de Jamil
Mahuad: el FMI, el BID y la CAF anunciaban, al unísono, la entrega, en los próximos tres
años, de 2 045 millones de dólares.
El anuncio ocurría inmediatamente después de que entraba en vigencia la "trole
1", y con el compromiso del Gobierno de revisar tres aspectos de la ley: tasas de
interés, restructuración de pasivos y fortalecimiento de la banca.
Había euforia sobre la economía ecuatoriana. El precio del petróleo continuaba en alza,
con un incremento de ingresos por exportaciones del 207% en relación a 1 999. Las
noticias, días antes, hablaban de incrementos de recaudación tributaria, particularmente
del IVA, en alrededor del 100%. Y el Gobierno anunciaba un plan de cinco claves en lo
social: generación de empleo, reinserción escolar, salud y participación comunitaria.
El futuro parecía sonreír al régimen de Noboa, que había conseguido, con menos
concesiones, el apoyo internacional que nunca obtuvo Mahuad.
Con el espaldarazo de los organismos multilaterales, y particularmente del FMI, el
Gobierno iniciaría la renegociación de la deuda externa y los forcejeos con el Congreso
para atender las exigencias del FMI e impulsar la desventurada "trole 2", cuya
historia, finalizado el 2 000, se ha cerrado en condiciones confusas.
Desde esos días de marzo, la sombra del FMI se proyectaría en todos los actos
económicos del régimen, en el marco de una "vigilancia" que ha alimentado la
sensación de ser un protectorado del Fondo, en un mundo globalizado. Finalmente, el BID,
en su asamblea de Nueva Orleans, revisó de manera especial la economía ecuatoriana.
(JP). |