Los
movimientos ecologistas surgen a partir de los años 60
Volver los ojos a la
Tierra

Por Luis Galárraga Arboleda
Redacción Quito
Las revoluciones industriales de los siglos XIX (la máquina de vapor) y XX (la
utilización de hidrocarburos) marcaron un cambio radical de los sistemas productivos y
las relaciones de trabajo a escala mundial. Las nuevas características de una industria
cada vez más eficiente implicaron la utilización de una mayor cantidad de materias
primas, y de combustible, por supuesto.
Sin duda, la calidad de vida de la gente, en especial de los habitantes de los países
ricos, aumentó sustancialmente y trajo consigo la concentración de personas en las
ciudades ávidas de mano de obra y el crecimiento acelerado de la población, que requiere
más alimentos y bienes para su sustento.
Estos factores originaron la explotación excesiva de los recursos naturales a fin de
satisfacer las necesidades de una industria en expansión y una población más numerosa y
exigente.
Las grandes ciudades comenzaron a producir miles de toneladas de basura y las aguas
servidas mataron a los ríos. El aire se volvió gris.
Poco a poco, los recursos naturales de bosques, mares o del subsuelo comenzaron a pagar
las consecuencias. La población de ciertas especies animales y vegetales se redujo hasta
niveles alarmantes y muchas de ellas se extinguieron para siempre.
El oso panda, el tigre de bengala, la foca monge, la tortuga gigante, el elefante
africano, el rinoceronte, la ballena jorobada son solo algunas de las especies que están
hoy en día al borde de la extinción.
Buena parte de las especies extintas ni siquiera llegaron a ser descubiertas y
clasificadas por el hombre.
Por décadas, el hombre fue ajeno a la destrucción que causaba. El interés comercial y
tal vez una tonta creencia de que los recursos eran ilimitados enceguecieron a los
humanos; pero la magnitud del daño no podía pasar desapercibida por más tiempo.
En los mismos países cuyas empresas y gobiernos fomentaron la explotación irracional,
surgieron voces de alerta y protesta contra estas prácticas productivas y consumistas,
que poco a poco se unieron en organizaciones con fines similares, aunque tal vez con
métodos diferentes, como Greenpeace y World Wildlife Fund (WWF, Fondo mundial para la
naturaleza).
Desde 1961, la meta de WWF, cuya sede se encuentra en Suiza, es detener, y si es posible
revertir, la acelerada degradación de los ambientes naturales del planeta. Desde sus
inicios esta organización ha invertido en 12 000 proyectos en 153 países.
En 1971, doce activistas partieron desde Vancouver, en Canadá, en una pequeña
embarcación, el Guerrero del Arcoiris, con el objeto de ingresar a la zona donde EEUU
realizaba pruebas nucleares, cerca de la costa de Alaska.
Esta iniciativa fue acogida y apoyada a escala mundial y logró detener los ensayos
nucleares que debían realizarse en el futuro en esa zona. Así nació Greenpeace.
El espíritu que motiva a Greenpeace se fundamenta en la convicción de que la acción
resuelta de los ciudadanos puede alterar y revertir las actividades que destruyen los
ecosistemas y ponen en peligro la paz.
De cara al nuevo siglo los esfuerzos de estas organizaciones han abierto una senda que
muchos otros recorren para detener la explotación insensible y recuperar poco a poco a un
planeta herido.
Un país biodiverso en busca de
un buen manejo ambiental
Ecuador, pese al alto porcentaje de parques naturales y áreas protegidas que posee,
soporta serios problemas ambientales como la tala indiscriminada de bosques o la
destrucción del manglar, uno de los ecosistemas más ricos del mundo.
Organizaciones como Fundación Natura, Corporación Oikos o Acción Ecológica desarrollan
un importante trabajo a fin de evitar a tiempo un desastre ambiental.
Fundación Natura, ONG pionera en temas ecológicos y en la difusión de las tesis
conservacionistas en Ecuador, fue creada en julio de 1978. Desde entonces ha realizado el
diagnóstico de los problemas ambientales del país y ha iniciado varios programas de
educación ambiental.
Oswaldo Báez, funcionario de Natura, explica: "por la influencia de la Conferencia
de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano celebrada en Estocolmo en 1972 se
desarrolló la conciencia social sobre la necesidad de proteger la naturaleza".
De acuerdo con Báez, dentro de esta corriente surgió el movimiento ecologista en el
país, y ha logrado tener una influencia importante, incluso en la vida política del
Ecuador.
La Conferencia Cumbre de la Tierra que organizó Naciones Unidas y que se realizó en Río
de Janeiro en junio de 1992 cuestionó el desarrollo económico ilimitado por su
insustentabilidad ecológica y por su falta de ética social. De aquí surgió la tesis
del desarrollo sustentable.
El nacimiento de Corporación Oikos (10 de junio de 1992) coincide con la realización de
la Cumbre de la Tierra. La entidad define su filosofía como el 'cuidado de la gran casa'.
Marco Encalada, director de la institución, explica que la orientación de Oikos da
prioridad al fomento de la transformación de los procesos de producción para hacerlos
ambientalmente amigables, parte importante de los sectores empresariales sobre la
necesidad de aprovechar de mejor manera los recursos.
Uno de los hechos más importantes en la lucha por la defensa del medio ambiente fue la
instauración de un juicio en EEUU a la compañía petrolera Texaco por parte de
comunidades amazónicas apoyadas por la organización Acción Ecológica, que se sintieron
afectadas por la extracción de petróleo en la Amazonía. El juicio aún no termina, pero
esta acción sienta un precedente en la defensa de los ecosistemas.
El trabajo de todas las organizaciones ha dado como resultado la formulación y discusión
del proyecto de Ley Forestal y de Biodiversidad y la aprobación y promulgación de la Ley
de Gestión Ambiental en 1999. (LGA)
Punto de vista
Ecuador necesita una política ambiental
Por Francisco Neira*
El Ecuador es también, sin lugar a dudas, un país megadiverso en cuanto a rótulos
publicitarios que proclaman en todo el país los méritos de proyectos ambientales,
programas de desarrollo, áreas naturales protegidas, entre muchos otros. Todos estos
esfuerzos ambientales, muy meritorios en todo caso, son liderados por instituciones
públicas o privadas. Sin embargo, la realidad, al igual que en muchos otros aspectos de
la vida nacional, podría ser más bien desalentadora. No existe una verdadera política
ambiental nacional coherente con el desarrollo sostenible, con objetivos claros y
precisos, planteados a corto, mediano y largo plazo, cumplida por todos los organismos
públicos y privados, dentro de un único marco legal coherente, por lo tanto, las
acciones emprendidas hasta ahora han sido esfuerzos aislados.
Como consecuencia, los bosques tropicales de la Costa se explotan inadecuadamente, el
sector camaronero destruye el manglar día a día, las petroleras no terminan de
incorporar tecnologías ambientales que garanticen sus operaciones, el desordenado sector
minero contamina aguas y suelos, nuestra agricultura usa exageradamente abonos, pesticidas
y otros químicos perjudiciales para el medio ambiente, la urbanización no planificada
destruye hábitats acuáticos y terrestres, el turismo y la pesca descontrolados están
acabando con Galápagos, nuestras ciudades se ahogan en nubes de polución. A todo esto
tenemos que añadir la miseria de un pueblo que ha perdido la esperanza, al cual por
sentido común no le podemos hablar de conservación; y una universidad que no se ha
involucrado profesionalmente en estos problemas, su aislamiento intelectual y, en algunos
casos su politización, han sido nefastos para el país en todos los campos.
Debemos entender que el crecimiento económico tan ansiado por nuestro pueblo no debe
oponerse a la conservación de los recursos naturales ni a la justicia social en la
repartición de las riquezas obtenidas. La investigación liberada por las universidades,
ONG, sectores públicos y privados debe establecer el rumbo para la creación de una
política ambiental nacional, ejecutada y penada por los poderes políticos y judiciales
del Estado, pero siempre abierta a la necesidad indiscutida del crecimiento económico.
*Profesor de la Universidad del Azuay
Redes mundiales
- La red de WWF se extiende a más de cien países y tiene
alrededor de 4,5 millones de simpatizantes en el mundo.
- Esta institución otorgó al Ecuador en dos oportunidades el
premio 'Regalo a la Tierra': en 1998, por la promulgación de la Ley Especial de
Galápagos y, en 1999, por la creación dos zonas intangibles en la Amazonía.
- Greenpeace ha extendido su acción por todo el mundo. En
América Latina cuenta con oficinas en Chile, Argentina, México, Brasil y
Centroamérica..
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