2007: lo nuevo y lo viejo en política
social
Por Carlos Arcos Cabrera
1.
Confrontación y clientelismo
¿Existe algo nuevo en política social con
el Gobierno de la Revolución Ciudadana? Un punto
de partida para cualquier comparación es aquella
imagen que marcó una época: un pistolero contratado
por el ministro de Bienestar Social del régimen de
Lucio Gutiérrez disparaba desde los pisos superiores
del Ministerio contra los manifestantes que pedían
la renuncia del coronel. El Ministerio de Bienestar Social,
responsable de la política social, dirigido por la
dupla Antonio Vargas y Bolívar González, aunque
quien tomaba las decisiones fue este último, se convirtió
en el principal instrumento para garantizar la adhesión
de amplios sectores sociales al Gobierno de Gutiérrez,
así como para cooptar o dividir a las organizaciones
de base, al movimiento indígena y por supuesto para
amedrentar a la oposición. Fue en aquel Ministerio
desde donde se movilizó a las bases gutierristas
de la Amazonía, Manabí y Guayas para enfrentar
a los llamados «forajidos»1. Confrontación
y clientelismo resumieron la política social de aquel
momento. La destrucción institucional del sector
social alcanzó su nivel más alto.
Esta destrucción
no solo fue el resultado de la irresponsabilidad del Gobierno
de Gutiérrez, sino también la culminación
de un proceso complejo y de decisiones equivocadas. A lo
largo de los años noventa se impulsó una serie
de iniciativas de cambio del sector social basadas en proyectos
estratégicos en educación, salud, bienestar
social y desarrollo rural financiados con préstamos
de la banca multilateral. Los proyectos eran ejecutados
por unidades técnicas especiales que tenían
el objetivo de «arrastrar» a los tradicionales
ministerios del sector social hacia un proceso de modernización.
La realidad fue otra. Los proyectos se convirtieron rápidamente
en botines políticos, en lugares privilegiados de
trabajo: los resultados que alcanzaron fueron magros a pesar
de los ingentes recursos con los que contaron y se debilitó
la capacidad de definición política y de ejecución
de los ministerios que debía modernizarse. Por otro
lado, el sector social se convirtió en la variable
de ajuste del déficit presupuestario, lo que determinó
que la inversión social en Ecuador fuera una de las
más bajas en comparación con otros países
de América Latina. La inversión social descendió
a lo largo de los años noventa en términos
de su peso en el Presupuesto del Estado del 35,4% a 29,8%,
en una década de crisis en que la pobreza y la indigencia
aumentaron. Un país como Costa Rica incrementó,
en el mismo período, la participación de la
inversión social en el presupuesto, del 38,9% al
40,5%2. Debido a la contracción presupuestaria y
al deterioro de las condiciones laborales de los maestros
y del personal de salud, los conflictos se convirtieron
en el pan de cada día, afectando aún más
la calidad y la cobertura de los servicios. Por último,
la inestabilidad política erosionó cualquier
posibilidad de definir políticas que permitiera atender
las demandas de la población y orientaran los cambios
institucionales que mejoraran el desempeño del sector.
El Gobierno de la Revolución Ciudadana encontró
un sector social en un estado catastrófico.
1. Pérez, Orlando
(2005), «En cada palabra de González el Ecuador
retrocedía décadas enteras» en Caída
y fuga de Lucio Gutiérrez. El abril de los forajidos.
http://www.hoy.com.ec/especialcaidalucio/caida2.htm.
2. CEPAL (2005), Panorama
Social de América Latina 2004, Santiago, Chile, página
338.
2.
Lo positivo de 2007
Una primera decisión positiva fue confiar los principales
ministerios del sector a un equipo técnico de alto
nivel, con una formación académica especializada,
es el caso de la ministra de Bienestar Social, Jannette
Sánchez, o con amplia experiencia en el sector como
es el caso de Carolina Chang. El Ministerio de Educación
quedó en manos del escritor Raúl Vallejo,
nombrado por Alfredo Palacio y que había desempeñado
esa función durante el Gobierno de la ID (1988-1992).
Una segunda decisión, la de mayor impacto, fue la
duplicación del valor del Bono de Desarrollo Humano,
ofrecida durante la campaña. El nuevo valor de $30
comenzó a pagarse desde el 1.o de febrero de 2007.
El nuevo Gobierno cumplía. Duplicar el Bono fue sin
duda la mejor opción de política social del
momento. La medida tuvo una enorme trascendencia política.
El Bono fue un programa diseñado en el Gobierno de
Jamil Mahuad como una compensación a los sectores
más pobres por la eliminación del subsidio
al gas. La transferencia monetaria a mujeres que cubrían
un conjunto de requisitos, que recurría al sistema
financiero para su pago, fue una innovación en la
concepción de programas sociales pues evitaba la
organización de una numerosa e ineficiente burocracia
y atendía a una gran cantidad de beneficiarias. Se
convirtió en el programa de mayor cobertura, dirigido
a un grupo social que no accedía a los programas
sociales tradicionales.
Más allá de
las críticas de quienes ven con sospecha este tipo
de programas por sus efectos fiscales, su carácter
supuestamente «paternalista», y de problemas
como el que una parte de beneficiarias no cumpla con las
condiciones de vulnerabilidad que las hace acreedoras al
Bono, existía evidencia suficiente del impacto positivo
del programa sobre las familias beneficiarias, especialmente
cuando se exige a las mujeres compromisos adicionales como
enviar a los niños a la escuela y llevarlos a los
centros de salud.
La duplicación del
Bono dio al Gobierno un espacio amplio de maniobra para
iniciar el complejo y largo proceso de rediseño institucional
del sector social. La creación del Ministerio de
Coordinación del Desarrollo Social se inscribe en
este proceso, aunque no estén suficientemente claras
las líneas de autoridad y la diferencia entre coordinación
y ejecución, entre quienes conforman el gabinete
social.
Casa adentro del sector
social se destacan iniciativas como la profunda transformación
a la que ha sometido al antiguo Ministerio de Bienestar
Social la ministra Jannette Sánchez. Es probablemente
el proyecto más significativo en términos
de cambio institucional. En educación destaca la
iniciativa del ministro Vallejo para aplicar nuevamente
las pruebas de medición de logros académicos,
suspendidas en el Gobierno de utiérrez, y que son
indispensables para la definición de estrategias
de mejoramiento de la calidad de la educación. Los
cambios de tipo estructural en educación se han pospuesto
por la resistencia de la UNE y el interés del Gobierno
por evitar conflictos con una de sus principales bases de
apoyo. Esto fue evidente cuando el sindicato de maestros
se opuso al proceso de renovación de directores de
escuelas y colegios. Ni en educación ni en salud
están claras las líneas de cambio institucional.
Ya no gozan de apoyo político
las tendencias que implicaban descentralización de
servicios hacia gobiernos locales, aunque en los hechos
se había avanzado poco en esa dirección. En
el discurso del presidente y de sus aliados (incluso ex
alcaldes), los gobiernos locales aparecen como competidores
y adversarios y no como potenciales aliados de un esfuerzo
nacional por aumentar la cobertura y la calidad de los servicios
sociales en la perspectiva de crear las condiciones para
romper las tendencias inerciales hacia la pobreza. Lo que
se puede esperar es una reconstitución del rol central
del Estado tanto en la definición de políticas
como en la ejecución de programas y proyectos y en
la prestación de servicios. La renovada centralidad
del Estado en el sector social sería consistente
con un modelo de decisiones en las cuales el Gobierno y
la alianza política en el poder procuran un control
monopólico del conjunto de las instituciones y de
la esfera pública.
Uno de los aspectos que
resalta como un logro para el sector social en 2007 es el
significativo incremento del Presupuesto. De acuerdo con
el Ministerio de Coordinación del Desarrollo Social,
en términos per cápita pasó de $149
en 2006 a $212 en 2007, es decir un 42% de incremento.
En términos de la
participación del presupuesto social en el Presupuesto
global, esta pasó del 22,5% al 28,7%, es decir un
incremento del orden de 27%. El incremento se dirigió
principalmente al Bono de Desarrollo Humano, y a los sectores
de salud y educación3. Un aspecto relevante de la
política de financiamiento del sector social en 2007
y que define una nueva estrategia fue privilegiar el uso
de recursos propios y de cooperación no reembolsable.
Hasta el Gobierno de Palacio, fue una práctica bastante
difundida financiar los grandes proyectos sociales a través
de préstamos de la banca multilateral, los que, como
se ha dicho, tuvieron resultados muy limitados o fueron
sonados fracasos.
3. Agujeros negros
Un primer aspecto no suficientemente
analizado y sobre el que existe poca información
es el referido a la equidad y a la calidad del gasto. Es
evidente que el Bono de Desarrollo Humano beneficia a las
jefas de familia de hogares pobres, sin embargo no todos
los recursos destinados al sector social benefician a los
más pobres.
Tampoco sabemos cuán
eficientes son los programas en términos de sus objetivos.
¿El programa Aliméntate Ecuador tiene algún
impacto en términos de disminución de la desnutrición?
La misma pregunta se debe formular para los principales
programas de los principales ministerios.
Un segundo aspecto es la
relación entre el conjunto de la inversión
social y los subsidios. Es una práctica no incluir
los subsidios como parte de la inversión social y
como un componente de la política social. Sin embargo,
es evidente que afectan directamente las condiciones sociales
de vida de las familias que se benefician de esos subsidios.
A los subsidios al gas de
uso doméstico y a la electricidad se suman en la
actualidad el subsidio al pan. El monto actual de los subsidios
es equivalente al presupuesto global del sector social.
No existen estudios actualizados de la forma en que diversos
grupos de ingreso se benefician de estos recursos. Debido
a que nada se ha hecho en términos de focalización
de los subsidios, se puede considerar como válida
la conclusión de un estudio realizado 10 años
atrás sobre desigualdad y subsidios en el sentido
que «las subvenciones públicas al consumo de
electricidad y gas doméstico reproducen las desigualdades
sociales que caracterizan a la sociedad ecuatoriana»4.
Si se analiza conjuntamente la inversión social y
los subsidios, se constata que los recursos que el Estado
destina a política social representan mucho más
que lo que consta en el Presupuesto, aunque no se los considere
inversión social y que, desde la equidad, no beneficien
a los más pobres.
Por otra parte, desde una
perspectiva macroeconómica, un agresivo esquema de
subsidios, que debe ser considerado como parte de la política
social, puede hacer insostenible en el mediano plazo aquella
parte de la inversión que se canaliza a través
de los ministerios sociales.
Por último, existe
un agujero negro en un área clave de la política
social: la seguridad social. Poco o nada se ha avanzado
para enfrentar una cobertura insignificante, problemas financieros
serios que amenazan la sustentabilidad del sistema en corto
tiempo, mala calidad de los servicios, pensiones insuficientes
y una voluminosa deuda del Estado. Bien se podría
afirmar que es inconcebible una política social que
no encare los problemas de la seguridad social.
3. MCDS (2007), Informe
de seguimiento a la inversión social, versión
PD, http://www.mcds.gov.ec.
4. Brborich W. (1998),
Las desigualdades de los subsidios: el gas y la electricidad
en Ecuador, documentos de trabajo SIISE, Quito, Ecuador,
página 16.
4. Final
Es preciso reconocer que
el Gobierno de la Revolución Ciudadana encontró
un sector social destruido por diversos factores. Los mayores
logros del nuevo Gobierno han consistido en el incremento
de los recursos destinados al sector social y en un proceso
de cambio institucional del conjunto del sector que aún
está en marcha y cuyos resultados están por
verse. Los tres agujeros negros de la política social
de 2007 son: la equidad del gasto social, la relación
no esclarecida entre subsidios y política social,
y la ausencia de una propuesta de reforma de la seguridad
social. No está por demás señalar el
riesgo que en un año especialmente político
como será 2008, se eche mano de los programas sociales
para afianzar las lealtades políticas hacia el Gobierno.
Carlos
Arcos Cabrera. Antropólogo, catedrático y
novelista. Es profesor de la Facultad Latinoamericana de
Ciencias Sociales (Flacso) y columnista de Diario HOY.

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