RAFAEL CORREA - UN AÑO DE GOBIERNO
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El cuarto poder y la revolución

Por Carlos Jijón

 
Las ruedas de prensa han sido escenario de enfrentamientos entre el presidente de la República y los periodistas
 

El primer incidente ocurrió en Manabí, cuando Rafael Correa todavía no asumía la Presidencia de la República. Era presidente electo y el hecho fue bastante confuso en medio de una improvisada rueda de prensa, en la que Correa pareció sentir que se le faltaba el respeto cuando uno de los reporteros de los medios locales insistía en preguntar sin respetar el orden dispuesto por el secretario de prensa. No recuerdo si fue en ese momento, o posteriormente, en que Rafael Correa argumentó que se estaba faltando a «la majestad» de la Presidencia de la República. Pero el incidente terminó cuando el presidente electo ordenó a la fuerza pública que retiren al periodista que lo molestaba. «Ya no soy Rafael Correa, soy el presidente de la República y merezco respeto. Así que, seguridad, saque a este señor de la sala».

El periodista se llama Lester Ibarra y trabajaba para Radio Sucre de Manabí. «Me sacaron a la fuerza, como a un vulgar delincuente. Si así empieza, los periodistas vamos a tener problemas», dijo luego Ibarra en unas declaraciones premonitorias a la página web de ciudadaniainformada.com.

Y vaya si los hemos tenido. Aun año de asumir el poder es difícil hacer un recuento de los «desencuentros» entre Rafael Correa y los periodistas, básicamente, por lo nutrido del anecdotario. Voy a recordar dos, por lo simbólico de los hechos y porque, vistos a la distancia, parecen repetir lo ocurrido aquella primera vez en Portoviejo.

A fines de junio, por ejemplo, en otra improvisada rueda de prensa en Cuenca (ciudad hasta la que el Presidente había acudido para anunciar la declaratoria de un estado de emergencia ante un deslave y el desborde de unos ríos), Correa se quejó de las preguntas de los periodistas, que insistían en que precise el monto de la ayuda económica que iban a recibir los damnificados.

«Hagan preguntas sensatas, compañeritos», respondió él, antes de conceder la palabra a la reportera Sandra Ochoa, de diario El Universo. «¿Qué quiere que le pregunte? », le respondió ella, «porque a usted no le gusta lo que le estamos preguntando». Esa misma semana, en su habitual conferencia de los sábados, el Presidente anunció que a partir de esa fecha solo aceptaría preguntas por escrito, para evitar exponerse «a tanto periodista o reportero majadero, que no ha entendido cuál es su papel, ni qué es la Presidencia de la República». Puso como ejemplo a Sandra Ochoa, de quien no mencionó su nombre, pero a la que describió como una «gordita horrorosa» que le había planteado, «con total mala educación », «¿qué quiere que le pregunte?».

En el otro incidente fui protagonista. Y por ese motivo, y por la poca objetividad periodística a la que se puede apelar cuando uno mismo es parte de los hechos, quiero limitarme a mencionar los hechos que fueron públicos.

Dos periodistas críticos al régimen, Emilio Palacio (el editor de Opinión de diario El Universo) y yo, invitados a participar en «un conversatorio», en cadena nacional de radio, con el Presidente de la República. Un ambiente caldeado por barras de simpatizantes al régimen, la mayoría de ellos menores de edad, puesto que eran estudiantes de un colegio público, que festejaban al Presidente y hostigan a los periodistas según les parezca apropiada o no la pregunta que estos hubieran formulado. El presidente utilizando la «metáfora» de «la casa de la verga» para explicar el uso inapropiado que en ocasiones hacen los periodistas de las palabras, y finalmente, echando a un vehemente Emilio Palacio, cuyos puntos de vista lo sacaron de quicio. «Otra de esas y se va, Emilio. ¡Señor, saque a este hombre de aquí!». Pero, además de llamar «bestias salvajes» a los periodistas (citando al ahora ex primer ministro de la Gran Bretaña, Tony Blair); describir como «pornógrafo» al decano de la prensa en la televisión nacional, Alfonso Espinosa de los Monteros, de la cadena Ecuavisa; y tildar de «machito ignorantón» al entrevistador estrella de ese mismo canal, el periodista Carlos Vera, el régimen del Presidente Rafael Correa no ha pasado de la agresión verbal en contra de la prensa.

El último informe sobre la situación de la prensa en el mundo, elaborado por la organización Reporteros Sin Fronteras, anota que «después del derrocamiento del presidente Lucio Gutiérrez, en abril de 2005, la libertad de prensa ha pasado por un período de tregua. Sin embargo, la relativa calma en los medios de comunicación observada en el país podría no durar. En efecto, Ecuador sigue expuesta a una grave inestabilidad política y, en la última década, ningún presidente ha terminado su mandato. Los medios de comunicación contribuyeron a alimentar una indecente campaña electoral entre los dos finalista de las presidenciales del 26 de noviembre, que se saldaron con una amplia victoria del economista de izquierda Rafael Correa. Su adversario, el millonario bananero ultraliberal Álvaro Noboa, atacó en particular al canal Ecuavisa, acusándole de apoyar a Rafael Correa y de ‘participar en la destrucción del país’. No hay un ambiente relajado y los medios de comunicación, igual que durante la campaña estuvieron expuestos a la venganza de cada uno de los campos políticos, ahora podrían ser los blancos de algunos arreglos de cuentas».

Los grandes medios

La animadversión del presidente no se limitó a los reporteros. El primero encontrón con los propietarios de los medios tuvo lugar bastante al comienzo del Gobierno. La primera semana de marzo, tres meses después de la instalación del nuevo Gobierno, la Asociación de Editores de Periódicos, el gremio que representa a los propietarios de los principales diarios del país, publicó un comunicado que tituló «¡Intolerable!». «Con profunda preocupación», empezaba, «el país asiste a un sistemático proceso de destrucción de sus instituciones y de manipulación del poder, de la Constitución y de la Ley». La AEDEP se refería a la destitución de los diputados de oposición, acusados de intentar impedir la consulta popular para la Asamblea, destituidos por el Tribunal Constitucional, controlado por el Gobierno, y sin ajustarse al procedimiento previsto en la ley.

En los días siguientes, la Policía Nacional rodeó el Palacio Legislativo para impedir el acceso de los diputados destituidos, mientras turbas con la bandera del partido de gobierno, Alianza País, y sus aliados del Movimiento Popular Democrático, asaltaron las instalaciones donde se reunían estos se reunían y los golpearon.

«La Asociación de Editores de Periódicos demanda de los poderes públicos una inmediata rectificación de conductas lesivas al régimen democrático, en un marco de concertación nacional», proseguía el comunicado. «Y reclama actitudes que permitan superar la crisis, que aporten a la unidad nacional y la seguridad legal y de las personas».

El Gobierno recibió el comunicado como un agravio personal. Según Correa, «lo intolerable, es que hayamos aguantado tanto tiempo mafias políticas, económicas e informativas». Lamentó que la AEDEP haya «mezclado en el mismo saco» al Ejecutivo y al Congreso, y consideró que esa comparación era «inmoral y parte también de la corrupción». El Presidente señaló que «el ochenta por ciento de los editorialistas está en contra del Gobierno, mientras que el ochenta por ciento de la ciudadanía lo apoya» y se preguntó «a quién representan los medios y qué clase de opinión son». Fueron los días en que el Presidente advirtió a los ciudadanos de tener cuidado de la información que presentan los medios privados, y les pidió que se informen en la página web de la Presidencia de la República. «Apaguemos el televisor y tengamos la mente limpia», advirtió. «No es necesario leer periódicos».

En mayo, el presidente enjuició al diario La Hora, de Quito, acusándolo de «desacato» por titular «Correa asalta la Junta Bancaria». El diario informaba que el Gobierno logró el control de la Junta Bancaria después de imponer a un tercer miembro dicho organismo, cuando la ley le permite dos, en una violenta sesión en la que participó el propio Presidente.

En agosto, una multitudinaria marcha de pescadores atacó las instalaciones del diario El Universo, por informar sobre la intensificación de la cacería de tiburones después de un decreto presidencial que permitía la venta de aletas de tiburón. Los manifestantes fueron recibidos luego por el Presidente en el balcón del Palacio de Carondelet. La misma semana que se escribe este informe, el martes 8 de enero de 2008, varios asistentes al festival en honor a los hermanos Restrepo (desaparecidos hace veinte años, durante el gobierno de Febres Cordero) atacaron a la prensa después del arribo del presidente Rafael Correa, quien se mantuvo en silencio frente a los insultos. Según informa el diario El Comercio, a los gritos de «prensa, fuera» le siguieron vejámenes, empujones y golpes. La hostilidad del Gobierno contra la prensa, sin embargo, parece el telón de fondo de un proyecto político más grande.

El informe de Cochabamba

Entre el 22 y el 23 de mayo del año pasado, el V Encuentro de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad declaró que «en la transición desde las resistencias frente al neoliberalismo a las ofensivas contra ese modelo, el papel de los medios es trascendental. Por ello, hoy más que nunca nos manifestamos contra el poder sin control, no democrático e impune de los grandes medios de comunicación que intentan imponer su visión de la realidad y sus valores. Estos oligopolios sirven a intereses económicos y políticos de accionistas, financieros y anunciantes». El encuentro se realizó en la ciudad de Cochabamba, en Bolivia. Entre los firmantes se encuentra, por el Ecuador, el ministro de Cultura del gobierno de Rafael Correa, Antonio Preciado.

Según el documento, «las transnacionales mediáticas están perdiendo credibilidad y se ha echado por tierra el mito de la invulnerabilidad de los medios», y cita como ejemplo, el caso de Venezuela, en donde «se está recobrando una concesión que imponía la dictadura de la palabra y la imagen única», refiriéndose al cierre de Radio Caracas Televisión. Citan entonces al Presidente Hugo Chávez: «no estamos luchando contra la libertad de prensa, estamos restableciendo esa libertad».

El proyecto se lo puede resumir en dos fases, según el libreto de Cochabamba. Primero: «hay que demostrar la ilegitimidad del sistema actual, donde los medios están al servicio de los poderosos». Y segundo: «Para enfrentar al sistema dominante, contamos con los medios alternativos». El objetivo: «garantizar el derecho a la información y la democratización de los medios y el acceso a todos los sectores sociales. Esa garantía se logra mediante el uso público del espacio radioeléctrico y la propiedad social de los medios».

El control no democrático e impune de los grandes medios. El mito de su invulnerabilidad. El uso público del espacio radioeléctrico y la propiedad social de los medios de comunicación.

En una entrevista publicada en mayo de 2007 en el diario Expreso, la entonces secretaria de Comunicación, y ahora asambleísta por Acuerdo País, Mónica Chuji, habló también de la democratización de la propiedad de los medios, y advirtió que «no renovar una frecuencia no significa atentar contra la libertad de expresión». «Creemos que hay dar paso a la democratización de los medios y de su propiedad», declaró por su parte, en la segunda semana de diciembre, el presidente de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta, en una entrevista a Teleamazonas, y citada por el diario HOY. «Después de la debacle de los partidos, ese rol ha sido asumido por la prensa. La prensa es un actor político en este país y hay medios de comunicación que, abiertamente, están en contra del Gobierno», declaró el Presidente Rafael Correa, la misma semana que se escribe este informe, al diario El Comercio. ¿La tensa relación con los medios durante su primer año de Gobierno se debe al carácter del Presidente, o se sigue de manera deliberada un proyecto político delineado desde Cochabamba? ¿Qué quiere decir Alianza País cuando habla de la democratización de la propiedad de los medios de comunicación?

Yo creo que vamos a enterarnos muy pronto.

Carlos Jijón es periodista, director de Noticias de Ecuavisa y defensor del lector y columnista de Diario HOY.

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