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"El Gobierno de Febres Cordero se parece bastante al de Correa"
Por: Matha Córdova Avilés
Editora Metropolitana (mcordova@hoy.com.ec)
¿El periodismo y el poder han caminado más separados que juntos en estas casi tres décadas de democracia?
El periodismo y el poder siempre han caminado por separado. Son antítesis, antípodas. Abordan visiones distintas de la sociedad. El poder generalmente se cree poseedor de la razón y el periodismo está más asentado en la realidad. El poder cree que su gestión es absoluta, es unívoca. La prensa presenta esa misma versión pero como equívoca.
Pero uno de los cuestionamientos a la prensa, del actual Gobierno, es que camina alejado de la realidad y en favor del poder...
Un mérito de este Gobierno al cuestionar a la prensa ha sido que ha hecho que esta prensa tenga mucho más cuidado en la información que procesa, que sea más precisa. Ese es un buen "jalón de orejas" que ha dado Correa a la prensa para una autorreflexión sobre su misión. Pero más en ese sentido, en la precisión de la información, en contrastar los datos, no colocar una sola fuente.
¿Y la prensa ha tomado en ese sentido el mensaje del poder?
Cada vez con más propiedad. Evidentemente los medios no están hechos por seres angelicales o perfectos, habrá errores, siempre habrá errores. Ese cuestionamiento del Gobierno apunta a que, haciendo este ejercicio de autoevaluación y autorreflexión, la prensa procure cometer menos errores.
Pero el poder se impone finalmente. Una prueba es el incumplimiento de la Ley de Tansparencia...
En la práctica la Ley de Transparencia no funciona, lamentablemente. El poder tiene los mecanismos más perversos para ocultar la información que debería ser de dominio público. Cuando existía el Congreso Nacional, en su último período, ni siquiera se daban datos tan básicos como qué legisladores viajaron al exterior, a qué reuniones fueron, cuál fue el presupuesto. Otras instituciones públicas escamotean la información de manera permanente. Dicen que las páginas en la Internet están abiertas para el conocimiento público, pero, al comprobarlo, muchas no funcionan. Esa Ley de Transparencia es un ideal propuesto por la prensa.
¿La prensa también debería someterse a la Ley de Transparencia?
Deberíamos tenerla, porque es una lucha constante.
¿Cuál es su opinión sobre los periodistas que se unen al poder y luego regresan a ejercer su profesión?
Me parece una perversión. El periodista trasciende en la orilla opuesta al poder y ese tránsito entre el poder y el antipoder es perverso. El periodista debe mantener una independencia. El periodista que se va al poder se alía a determinada causa, eso condiciona su ejercicio. Después, cuando regresa, aún lleva ese condicionamiento y su afán de libertad se ve coartado. El periodista debe ser periodista y solo periodista.
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"Es un buen jalón de orejas que Correa ha dado a la prensa para una autorreflexión" |
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¿En 33 años de ejercicio profesional, usted se ha autocensurado?
Siempre. Es el único mecanismo que uno tiene para ejercer su libertad. Puede que suene paradójico pero es así. Si no tienes la comprobación del dato que surge o que te han dado, y que parecería maravilloso para un reportaje, una crónica o un artículo, pero no tienes hecha la comprobación, tienes que autocensurarte, asimilar que faltan datos, otros elementos para armar mejor cuadro.
Tienes que autocensurarte cuando, henchido de pasión, de ira, de furia, puedes acusar a alguien de un delito sin que esa persona haya sido juzgada o sentenciada. Estás autocensurándote cuando dices aquí hay una cosa que no está de acuerdo a la realidad.
¿Se autocensuró alguna vez por miedo?
En mi caso particular, eso no se ha dado, pero podría darse perfectamente. Todo depende de la circunstancia, el ejercicio periodístico que se hace en el Ecuador no sé si será igual al ejercicio periodístico que se hace en países convulsionados, donde hay periodistas asesinados en las calles, periodistas raptados, secuestrados o torturados. Eso depende de la realidad y de cada persona. Existen circunstancias que te obligan a callar, más o menos. El periodista está en libertad si prefiere ser un mártir en determinadas circunstancias, se inmola, sabiendo que por eso va a ir a la muerte. Una periodista mexicana ahora está denunciando casos de corrupción en Ciudad Juárez, está jugándose la vida. Ella sabe que se están inmolando. En la autocensura eres tú y tu conciencia.
¿Cuáles son los límites del periodismo de humor?
No caer en la calumnia, no caer en la falsa imputación de un delito. Son los límites que nos imponemos al ejercer otro tipo de periodismo que no sea el de la ironía. Es igual, el mecanismo es distinto, la utilización del humor le da una lectura distinta, pero la responsabilidad frente a los hechos es la misma.
¿Utilizar la sátira y la ironía es una intromisión a la privacidad?
Por lo menos en mi caso no. Respeto mucho la intimidad y la individualidad de las personas. No me meto en asuntos familiares, ni sexuales, ni en ciertos vicios personales que puedan tener los políticos. Yo no creo que el humor te da una patente de corso para calumniar, mentir o distorsionar la verdad.
¿Cuál es su percepción del Estado ecuatoriano?
Un Estado tramposo, mentiroso. Un Estado grandilocuente. Si nosotros sumáramos los informes a la nación que han dado los presidentes a lo largo de la historia, tendríamos un país perfecto, con el mayor número de carreteras y escuelas, con una economía de una estabilidad absoluta. Pero esos informes revelan simplemente esa visión política de que su ejecutoria ha sido perfecta, impecable, pero la realidad demuestra otra cosa. Ahí está el rol del periodista, en contrarrestar el deber ser con la realidad.
¿Ese manejo es un reflejo del poder?
El poder siempre es perverso. Odio el poder. El poder es mentiroso, es tramposo, es unívoco. Por eso, una tarea de sanidad es luchar contra el poder. El poder es absoluto. El periodista, al estar situado en la otra orilla, lo que hace es revelar las costuras; lo que hace es poner en su sitio a esos seres imbuidos de poder que se sienten poseedores de todas las verdades.
¿El periodismo ecuatoriano ha evolucionado en estas tres décadas de democracia?
Ha ido creciendo en el fondo y la forma. El avance de la tecnología ha hecho que el periodismo, sobre todo el de prensa escrita, adquiera otra contextura, otra cara. Que el periodista sea más ágil, más amable para la vista, para los sentidos. En el fondo, hemos ganado mucho en precisión y concisión. Si se mira un periódico de hace 30 ó 40 años, el amasijo de letras era una cosa que ahora repele. La concisión ha hecho que nuestra mente se adecúe a nuevas circunstancias de estilos más ágiles, más precisos.
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"El periodista que se va al poder se alía a determinada causa... El periodista debe ser periodista" |
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¿En qué se ha quedado rezagado?
El gran problema y el gran reto del periodismo de los últimos tiempos ha sido la investigación.
¿Por qué?
Porque la investigación en los medios de comunicación es excesivamente cara. Tú tienes un equipo de investigadores a quienes debes pagar un salario para que a veces el resultado no pueda ser publicado por distintas razones, o porque faltaron datos, o porque la punta del iceberg que comenzaste a seguir no tenía fundamento, no tenía condimento, o porque las circunstancias, después de que comenzaste la investigación, cambiaron. Podría decir que un 50% de las investigaciones que se emprenden no producen un resultado práctico, entonces, tener un equipo de investigadores resulta caro. Me parece que ese es el talón de Aquiles de la prensa nacional.
Pero también el periodista llega a los medios sin ese hábito de la investigación que las universidades no forjan...
Todo periodista debe ser un acucioso investigador, pero al mismo tiempo la dinámica de la prensa hace que investigaciones de más volumen, donde se necesita integrar equipos, obliguen a tener ese cuerpo especializado. Me parece que por ahí va el problema. Esos cuerpos especializados no se logran constituir sistemáticamente.
¿Aún es fácil ejercer el periodismo en el Ecuador?
El problema del periodismo en el Ecuador está en la formación de los periodistas. Las universidades me parece que no son las mejores escuelas de periodismo. Para mí, las mejores escuelas son las salas de redacción de los diarios, y el único elemento que el periodista necesita para ser tal es la pasión. Esa pasión te lleva a que tú mismo te vayas formando en la carrera, que seas un lector voraz, que tengas preocupación por todo lo que ocurre, que tu mente se abra a las realidades que te rodean. Eso no ganas con un título universitario, ganas con tu desesperación por saber más, por manejar mejor el idioma, por escribir más, por autoflagelarte, por cuestionarte. Me parece que también la perversión del periodismo está en que los muchachos que comienzan a estudiar quieren ser estrellas de televisión, creen que el periodismo es una tarea de lucimiento, cuando el periodismo es una tarea de obscuridades, de silencios, de tortura interna, de cuestionamiento íntimo, más que de brillantez y lucimiento. El periodismo se hace en la cotidianidad, con más sacrificio, con más pasión que otra cosa.
Esa pasión te obliga a jugarte entero por una nota, por hacer la mejor nota posible. Esa pasión te obliga a no comer, a no dormir, a beber libros, a investigar en archivos, ser rata de biblioteca. Es algo que te alimenta desde adentro, es un poco indefinible.
¿A qué personajes ha caricaturizado en mayor número de artículos?
Cada Gobierno ha tenido sus propios personajes. Yo digo que los peores gobiernos para el Ecuador son los mejores gobiernos para los humoristas. Ahí está la paradoja. Gobiernos tan absolutamente atípicos para el país como el de Bucaram o el de Lucio Gutiérrez fueron una mina de oro para el periodismo de humor. Yo pagaría los pasajes a Abdalá para que regrese al país con todos sus Alfreditos Adums, sus Sandritas Correas, porque era un cantera. Esa es la paradoja.
Gobiernos tan serios y circunspectos como el del doctor Hurtado fueron fatídicos para los humoristas. El doctor Borja tenía sus gracias en los disfraces, era una persona que, a pesar de su seriedad, daba algún motivo, era caricaturizable.
¿Y el Gobierno de León Febres Cordero, con quien usted tuvo un frontal y permanente enfrentamiento...?
Dio mucho de qué hablar. Se parece bastante al Gobierno de Correa. Esos personajes absolutos, dueños de la verdad, que pontifican, que son autoritarios, que tienen un lenguaje que va de la procacidad a la mordacidad con mucha facilidad, sin mucho paralelismo.
El Gobierno de Febres Cordero fue una buena cantera, como este de Rafael Correa. Yo no me quejo.
Sin bajar la cerviz ante Febres Cordero
¿Cómo enfrentó a Febres Cordero con su pluma?
Fue un momento en que casi toda la prensa estaba pegada a ese gobierno. Diario HOY era como un lunar crítico y eso hizo que Febres Cordero pusiera todo de su parte para cerrar el diario. Fue una lucha encarnizada, cuerpo a cuerpo, en la que salió ganando el país porque si no hubiera habido estos pocos elementos de cuestionamiento, su poder habría sido absoluto. Más absoluto de lo que fue. Vivimos épocas apasionantes de crítica y cuestionamientos.
¿Cuál fue la estrategia para no retroceder nunca?
Decir lo que teníamos que decir. Mientras que la actitud era de miedo de silencio, de obscuridad, nosotros alzamos la voz como si estuviéramos entre iguales, sin bajar la cerviz, sin ser obsecuentes, gritando. Fue una época de periodismo de gritos, de lucha, de sobresaltos.
¿El periodista gritó pero el padre sintió miedo?
Hubo varias cosas en ese gobierno que a todos nos afectaron en mayor o menor grado. A todos. En mi caso, en momentos claro que tuve miedo, el problema no está en tener miedo, sino en superar ese miedo. En no dejar que tu palabra sea sepultada por el miedo. En seguir haciendo tu ejercicio a pesar de ese miedo.
Si tú crees que debes seguir diciendo, dilo. Muchos periodistas se callaron.
¿Le faltó decirle algo?
Muy probablemente porque yo soy también limitado. Yo no sé de cosas económicas. Yo decía lo que yo podía decir, pero obviamente tengo muchas limitaciones. Hasta allí llego, lo demás es producto de mi propia impreparación o de mi estupidez.
¿Y al ex presidente Abdalá Bucaram le dijo todo?
Igual, pero a diferencia de Febres Cordero, la relación con la prensa fue muy áspera. La intervención del Gobierno de Febres Cordero para clausurar medios como el Diario HOY fue directa. En el gobierno de Abdalá, que yo sepa, eso no ocurrió. Curiosamente Abdalá no sé por qué aceptaba sin chistar, todas las cosas que a él le decíamos. Los dos juicios que inició después (en su contra) fueron después de su gobierno y fue porque en los dos artículos mencionaba a su hijo Jacobito. En su gobierno, que recuerde, no hubo esa amenaza.
¿Rafael Correa transformó a los medios en oposición?
Así es. Correa se va inventando historias. Cogió a los medios como puchinbol porque un titular, desde su óptica, no reflejaba lo que estaba pasando. Entonces se puso en un papel de dictador: yo dicto lo que los medios deben decir. Yo dicto lo que los medios deben reflejar. Yo soy la verdad.
Todo político necesita contradictores. Acabó con los partidos y escogió los medios para pelear. A veces con razón y otras veces no. Tenemos un ministro de Educación que dicta cátedra de cómo hacer periodismo, de cómo hay que titular, de cómo se deben situar determinadas noticias, en qué página. Esa carta, que el ministro de Educación (Raúl Vallejo) envió a diario El Universo, es una carta de antología, en una página señala exactamente cómo el periodismo debe ejercer en una actitud de un desconocimiento de lo que es la prensa y de un servilismo ante el poder.
¿Y los medios de comunicación han reaccionado de la mejor manera?
La prensa pasa un momento, no diría crítico, sí inédito. Siento, percibo, que no estamos cayendo en ese juego. Los medios no nos estamos politizando que es lo que quiere Correa. No somos instrumento de una ideología o de un partido político sino que mantenemos esa independencia para decir lo que queremos decir.
¿Qué le marcó Diario HOY en su vida profesional?
Marcó una escuela. Eramos jóvenes, éramos idealista y encontramos ahí un espacio para decir. El grupo que llegó a Diario HOY fue muy especial. Esa marca de independencia marcó a esa etapa del periodismo ecuatoriano. HOY cumplió un papel excepcional y para nosotros constituyó una escuela.
Es en la sala de redacción donde se cuecen las habas. HOY fue una impronta de libertad, de grupo, de trabajar en conjunto, de hacer las cosas solidariamente, eso te marca.
Todos los que pasamos por HOY, nos identificamos por ciertos signos de sueños, de ideales, de llegar hasta la locura en un país posible. De hacer las cosas sin otro afán que el poder decir.
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"Gestos de "Pájaro"
Francisco Febres Cordero o el "Pájaro" es gustoso para hablar de periodismo, poder y comunicación. Claro que para la prensa escrita, no para la televisión pues durante la charla con HOY, se desarrolló en su oficina de la revista Diners, le dijo no a la invitación de Xavier Laso para un espacio en la TV del Estado. En una hora habló con fuerza en sus palabras y énfasis en sus gestos." |
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