RESEÑA HISTÓRICA: LO MÁS PERDURABLE DEL PERIODISMO de opinión en el Ecuador mantiene, desde sus orígenes, una tradición crítica y de defensa de las libertades

Tradición crítica en el periodismo de opinión
Por: Diego Araujo Sánchez
Subdirector Editorial (daraujo@hoy.com.ec)

Dentro de una estrategia política general de confrontación, el presidente Rafael Correa ha enfilado de forma reiterada sus ataques contra los medios de comunicación. No se han librado de los epítetos furibundos los columnistas. En junio del año pasado, cuando HOY cumplía sus 25 años de vida, el presidente señaló, en entrevista concedida al Diario, una supuesta falta de sintonía de los periodistas con el pueblo. ¿El argumento? Mientras las encuestas revelaban un alta popularidad del mandatario, lo criticaba la mayoría de columnistas de los diarios del país. Quizás un mirada a vuelo de pájaro de las páginas de opinión desde el nacimiento del periodismo ecuatoriano ayude a entender mejor el papel crítico de la prensa y, en particular del periodismo de opinión.
En un régimen democrático, el periodismo tiene la función de vigilancia de los actos del poder.
El periodismo de opinión es un capítulo amplio y rico del periodismo ecuatoriano: en él se reflejan la historia social del país, las luchas políticas, los hechos económicos, sociales y culturales, la vida cotidiana los, valores, visiones del mundo y el debate de las ideas... En conjunto, representa una especie de inmensa y múltiple pintura mural de la vida del país. Un examen completo rebasa las posibilidades e intenciones de esta crónica, que solo traerá a la memoria unos pocos nombres y momentos relevantes del periodismo de opinión en el Ecuador. Este guarda como notable patrimonio una valiosa tradición de crítica al poder, repudio de los autoritarismos y defensa de las libertades.
La partida de nacimiento de esta matriz crítica y de libertad se remonta a Eugenio Espejo. El jueves 5 de enero de 1792 apareció el primer número de Primicias de la cultura de Quito.
Con una periodicidad de 15 días entre una entrega y otra, circularon seis números más. Este primer periódico representó una ruptura con la tradición literaria colonial. El primer periódico comprende diversas formas: ensayo filosófico, cartas, avisos y un discurso, el de Eugenio Espejo al establecer la sociedad patriótica con el nombre de "Escuela de la Concordia".
Todas estas formas se expresan en una prosa que, juzgada desde la tradición de la época, puede ser calificada como imperfecta y carente de brillos.
Sin embargo la escritura de Espejo rompe con las convenciones barrocas imperantes, se desvía del conceptismo, las sutilezas de los silogismos y la oscuridad de la reflexión teológica y la oratoria sagrada precedentes.

El periodismo de opinión recoge los grandes debates ciudadanos en el Ecuador
 

La experiencia y la razón como guías del conocimiento delatan en la reflexión de Espejo las huellas de la filosofía de la Ilustración.
¿Cuáles son las principales “primicias” de esta publicación precursora? 1) Ser una respuesta reflexiva a la realidad concreta y propia. Espejo rompe así con una tradición característica del mundo colonizado donde la reflexión y la representación se alejan de las propias realidades, las desvalorizan y las juzgan desde los intereses de la metrópoli. 2) Desempeñar una función crítica y autocrítica: los textos de Primicias buscan definir la realidad quiteña. Un diagnóstico radical se presenta en el Discurso de la Escuela de la Concordia. "Para decir verdad, señores -afirma Es pejo- nosotros estamos destituidos de educación; nos faltan los medios de prosperar. No nos mueven los estímulos de honor, y el buen gusto anda muy lejos de nosotros. (...) Vivimos en la más grosera ignorancia y la miseria más deplorable...". 3) Proponer medios de restaurar la confianza en el genio quiteño: valorar lo propio y creer en la posibilidad de cambiar la realidad. 4) Trazar una precursora conciencia nacional. Espejo muestra lo quiteño como distinto. En su reflexión alienta la idea de Quito como una comunidad histórica, un destino, una vocación. Por ello nombra reiteradamente a la patria y hasta invoca "el orgullo nacional" como una segunda fuente de la felicidad pública. Espejo ponía los fundamentos de una teoría crítica que servirá más adelante contra el poder establecido: la conciencia de los límites y errores de la sociedad colonial, la valoración y el conocimiento propio, la aproximación al genio y sensibilidad de los quiteños, la conciencia de patria y el orgullo nacional, la convicción de que puede transformarse la realidad...
Tiene razón Isaac J. Barrera cuando señala “que el periódico de Espejo fue el primer grito, anterior al de agosto de 1809, que se dio en esta parte del continente. Produjo la revolución, porque creó el hombre que había de tomar parte en ella. Los hombres de agosto fueron todos amigos o discípulos de Espejo”.
Antes de que el periodismo asumiera las formas modernas que perduran en los diarios hasta nuestros días, este se hallaba más cerca de la revista, con contenidos de ensayo, de relatos, de cuadros de costumbres. Sin embargo en todas estas expresiones se mantiene también la crítica del poder y una marcada defensa de la libertad.
Un hito de aquellos valores constituye El Quiteño libre que, apareció una vez por semana en más de 40 entregas y se levantó como un bastión opositor contra los abusos del Gobierno de Juan José Flores, publicación en la que cerraron filas personalidades como Francisco Hall, y Pedro Moncayo en la ardorosa defensa de la libertad. “Este periódico, al oponerse a la arbitrariedad de la soldadesca que se adueñó de los destinos de la República, según juicio de Barrera, hizo la obra más denonada y prestó el servicio más importante a la nacionalidad ecuatoriana... Se jugaron la vida los periodistas, pero posibilitaron la llegada de Rocafuerte y, sobre todo, la revolución de 1845, de anhelo limpiamente ecuatoriano”.
En la segunda mitad del siglo XIX, la tradición crítica tiene un nombre cimero: el de Juan Montalvo, que se levanta contra el poder tiránico de Gabriel García Moreno. Su publicación El Cosmopolita aparece, por primera vez, en entregas periódicas con un fin político expreso: la oposición a la reelección presidencial de Gabriel García Moreno . Es un tópico bastante conocida el de la historia ulterior de oposición al régimen garciano. Páginas como las de La dictadura perpetua, que exponían la legitimidad de dar muerte al tirano, hicieron exclamar a Montalvo desde el destierro “Mi pluma lo mató” al conocer 6 de agosto de 1875 la muerte del “Santo del patíbulo”. Después esa pluma enfilaría su poder crítico contra la burda dictadura de Ignacio de Ventimilla, en Las Catilinarias, la más poderosa diatriba y magistral caricatura política contra un gobernante que se haya escrito en el Ecuador.
Junto con Montalvo, otro idéologo del liberalismo radical es el periodista Manuel J. Calle, que escribió abundante obra defensa y difusión ideológica del liberalismo. Sus artículos de opinión aparecieron en periódicos de vida efímera como el Diario de avisos, El grito del pueblo, El ecuatoriano; también trabajó en El Telégrafo, en su segunda etapa. Este diario apareció por primera vez en 1884 y suspendió su publicación en 1886, cuando su fundador Juan Murillo Miró y otros periodistas salieron desterrados por el Gobierno de Caamaño.


Cuando triunfó el liberalismo, Calle trató en sus columnas de opinión los grandes temas de debate en esos años: el Estado laico, libertad religiosa, relaciones entre Iglesia y Estado; polemizó con representantes del episcopado, atacó al Obispo de Portoviejo, Monseñor Schumacher, el más tenaz y militante enemigo del Gobierno liberal.
A pesar de su empecinado combate ideológico, Calle se mantuvo al margen del poder triunfante; y tal vez por ese combate, detectó pronto las incoherencias del alfarismo y denunció sus abusos: aplicación de torturas en las cárceles, crímenes como el fusilamiento de Vítor León Vivar, abusivas confiscaciones, suspensión de periódicos, una política de opresión. Calle fue entonces violento crítico de los personajes de la revolución liberal, a los cuales puso en una mordaz picota en su Hombre de la revuelta, en 1906, aunque a algunos de ellos los había exaltado siete años atrás en Figuras y siluetas.
El Calle más leído y popular fue el de las Charlas de Ernesto Mora, que aparecieron en periódico El Guante. Por algunos años fue la columna seguida con más vivo interés en el país y constituye una rica fuente de información y debate sobre los avatares políticos desde 1911 hasta poco antes de la muerte de Calle, en 1918.
Otro caso de populares columnas periodísticas fueron las de José Antonio Campos, que escribió como Jack the Ripper: fue el primer escritor que incorporó el habla del montubio en sus cuadros, con un contenido de crítica de costumbres y también de comentario político.
Los narradores del Grupo de Guayaquil, parte de la generación del realismo social de los años treinta, consideraron a Campos como una suerte de abuelo espiritual.
El humor es un elemento crítico clave en sus escritos a mitad de camino entre el cuento, el cuadro de costumbres y el artículo periodístico,
La crónica tiene su momento de maduración en nuestra América con el movimiento modernista: las mayores figuras modernistas hispanoamericanas estuvieron vinculadas al trabajo periodístico y, en particular, escribieron columnas de opinión en la prensa de la época (basta recordar a Rubén Darío y a José Martí).
En el Ecuador, Medardo Ángel Silva, que murió a los 21 años, dejó abundante crónica en sus años de trabajo como periodista en El Telégrafo. En esas crónicas hay elementos críticos de valores estéticos, culturales y de la sociedad de la época.

Los poderes autoritarios lanzan denuestos, amenazas y ataques al periodismo
 


Por el refinado trabajo de la prosa, la preocupación por la forma, pueden hallarse las raíces estéticas de la crónicas de Raúl Andrade en el modernismo desde donde, en más de 10 mil artículos periodísticos a lo largo de más de 50 años, llevó a un altísimo desarrollo el ensayo y la crónica. Es Andrade uno los extraordinarios maestros de la crónica periodística en el siglo XX.
Creo que ningún periodista ha llevado tanta pasión estética y creadora, tan afilada ironía, tan aguzada y fulgurante observación de la realidad política, social y cultural como Andrade, en sus buscadas columnas, desde la primera serie crítica contra Velasco Ibarra en la primera Presidencia; esa serie fue recogida en el libro Cocktails; después Viñetas del Mentidero en El Telégrafo durante los años de Gobierno de Arroyo del Río, Claraboya en El Comercio en las décadas de los cincuenta y sesenta hasta los artículos que publicó de la última etapa de su vida en diario HOY, en el que desde su fundación mantuvo la columna Caracola. Al entregarle el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo en 1983, poco antes de la muerte de Andrade, el ministro de Educación de entonces, Ernesto Albán Gómez señaló algunos de los méritos sobresalientes de su personalidad: “Ha sido y es un hombre insobornable, que jamás se ha doblegado ante el poder, al que ni el miedo ni la ambición han abatido su enhiesta personalidad y que se ha mantenido fiel a su posición de testigo privilegiado de hechos y personas de nuestra vida contemporánea. Aun en horas como las actuales, en que la confusión pretende borrar las fronteras de la verdad y la mentira..., su palabra, temible para estas circunstancias, ha puesto las cosas en su punto...”

Alejandro Carrión hizo época con sus artículos bajo el seudónimo de Juan sin Cielo


Otro periodista leído, admirado y odiado, fue el escritor Alejandro Carrión que escribía con el seudónimo de Juan sin Cielo. Desde la revista La Calle, junto a Pedro Jorge Vera, asumió una valiente actitud crítica. La oposición de Carrión a las acciones del Gobierno de Velasco Ibarra, provocó una cobarde agresión, la de los Pichirilos, en 1955, cuando sus columnas se publicaban en El Universo.
La campaña de Juan sin Cielo sobre los estancos había exasperado al presidente Velasco Ibarra. El 16 de abril, cuatro pesquisas del Ministerio de Gobierno arrestaron a Juan sin Cielo en la casa, lo llevaron a una zona desértica al norte de Quito, en donde lo apalearon y le hicieron comer excremento, entre amenazas de pasar el vehículo en que le llevaron a la Avenida de los Sauces (hoy Gaspar de Villarroer) sobre el cuerpo golpeado e indefenso del periodista arrojado al lodo.
Robert Norris, en su documentada biografía de Velasco Ibarra, concluye que, si bien no se pudo establecer quién dio exactamente la orden de ese ataque, “sin duda la orden fue oficial”.
Los artículos de Carrión se publicaron también por varias décadas en El Comercio. Otros notables columnistas en las páginas de opinión de ese diario fueron Jorge Reyes, Jaime Chávez, Jorge Fernández, José Alfredo Llerena, Augusto Arias, Alfonso Rumazo, entre muchos más.
En la prensa guayaquileña descollaron las columnas de Abel Romeo Castillo, Adolfo Simmons, Julio Estrada, Miguel Roca Osorio, Ángel F. Rojas, Eduardo Arosemena Gómez, para mencionar unos pocos nombres.
Narradores, poetas, ensayistas, los mayores intelectuales ecuatorianos han publicado numerosos artículos de opinión en la prensa ecuatoriana: Benjamín Carrión, Alfredo Pareja, Jorge Carrera Andrade, Leopoldo Benítez, Jorge Enrique Adoum...
En el periodismo de opinión, un puesto especial ocupan las columnas de humor.
En Cuenca, aparece en los años cincuenta, La escoba. Se trata de una notable muestra de humor y crítica social, política y cultural. En el grupo escribieron Gabriel Cevallos García, Francisco Estrella, Luis Moscoso, Hugo Ordóñez, Julio Montesinos, Estuardo Cisneros, Efrán Jara, entre otros.
En los años sesenta en el diario El Tiempo de Quito se destacó la columna Comentan los Picapiedra, a cargo de Gonzalo Bonilla, Carlos de la Torre Reyes, Claudio Mena, Filoteo Samaniego, Ernesto Albán Gómez, entre otros, que cumplieron sobre todo una saludable función crítica contra los gobiernos de la época.
El régimen autoritario de León Febres Cordero tuvo un espejo crítico en las páginas de HOY: el espacio de humor Cajón de Sastre rompió marcas de lectura, gracias a la pluma de Francisco Febres Cordero, Simón Espinosa, Juan Cueva, Jorge Ortiz, Gonzalo Ortiz, Francisco Borja, entre otros.
Creo que, en general, las actuales columnas de opinión de la prensa ecuatoriana responden con dignidad a la tradición crítica y de defensa de las libertades, que suele resultar incómoda para el poder de turno. La falta de comprensión de las funciones del periodismo en democracia lleva al poder al denuesto, las amenazas o los intentos de amordazar a la prensa.

El humor político enriquece el periodismo de opinión

En Cuenca alcanzó un gran momento crítico el humor político con la publicación de La Escoba

La columna Cajón de Sastre, que mantuvo un humor irónico y crítico contra el régimen de Febres Cordero, era acogida por miles de lectores.

Cuando se agotaba la edición de HOY, la columna se difundía en copias xerox.

ÍNDICE
arrow "Yo encuentro en periodistas afán de poner zancadillas"
Por: Thalía Flores y Flores
arrow "El Gobierno de Febres Cordero se parece bastante al de Correa"
Por: Martha Córdova Avilés
arrow Libertad de expresión: normas se acomodan al vaivén de la política
Por: Luis Boada Gualsaquí
arrow Tibio rol del gremio periodístico en defensa de los profesionales
Por: Verónica Galarza
arrow Nuevas voces surgen a través del periodismo ciudadano
Por: Nancy Jarrín
arrow Cuando la mirada del público se convierte en un ejercicio académico y de crítica
Por: Saudia Levoyer
arrow Investigación o la obsesión por destapar el lado oculto del poder
Por: Ana Angulo Benavides
arrow Los intereses políticos y económicos también juegan al fútbol
Por: Raúl Chávez
arrow Nadie más alejado del poder, que la prensa de provincia
Por: Susana Klinkicht
arrow Medios públicos, en la mira de la sociedad y de los medios privados
Por: Soledad Donoso

 

 

 

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