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El país proyecta su imaginario dentro de las tendencias mundiales

Por Carlos Villacís N.

 
 
La reserva ecológica del Cuyabeno, en la provincia de Orellana, es un destino que se halla en la Amazonía.

El siglo XXI es testigo del nacimiento de una nueva especie de habitante: el turista. Si en los años cincuenta del siglo pasado había tan solo 30 millones de estos pululando por diversas partes del planeta, para 2010 se prevé que se habrán multiplicado por 33,33 y serán 1 000 millones.

Ante esto, el Ecuador no ha permanecido indiferente. El presidente ejecutivo de Metropolitan Touring, Roque Sevilla, señala que en 2007 el turismo habría crecido un 12% en el país, un ritmo aún inferior al 14% que obtuvo Perú y al 19% que registró Colombia. Estas cifras indican que existe una marcada tendencia mundial hacia el crecimiento del flujo turístico, y el país está inserto en esto.

Sevilla considera que el crecimiento geométrico del sector turístico no es casual. Se deriva de una mayor vigencia de los derechos universales y de una mayor conciencia en el sector empresarial.

“Las vacaciones pagadas son ahora un derecho laboral. Y en esta categorización, el derecho al viaje por descanso también se consagra. Esto pasa en algunos países de Europa, en donde se prestan facilidades para que el trabajador tenga algún lugar adonde ir en vacaciones”.

Pero aún hay límites que, si se derribaran, podrían inyectar una mayor dinámica al turismo. El gerente general de la Red de Márquetin Depaseo, Eduardo Castro, cree que los bancos aún no ven en el turismo una oportunidad. Estos podrían crear líneas de crédito para viajes, sobre todo dentro del país. “Sería un crédito de consumo”. Habría que agregar el acceso a créditos para negocios turísticos “a tasas de interés más bajas”.

El sector privado viene hablando desde hace varios años de la necesidad de elevar el turismo a la categoría de políticas de Estado. Pero durante muchos años, esto no pasó de esfuerzos aislados, como el de la constitución del Fondo de Promoción Mixta, con el fin de invertir en la imagen turística del Ecuador.

La ex ministra de Turismo (hasta hace tres semanas) y actual canciller, María Isabel Salvador, impulsa desde 2005 la elaboración del Plan de Turismo (Plandetur 2020), el cual consiguió del actual Gobierno un apoyo fundamental, sobre todo enfocado por la dotación de recursos económicos. “El turismo recién empieza a verse como una actividad generadora de recursos. Y eso que esta actividad ya tiene una historia de 50 años en el país”. Es así como, en 2008, el Presupuesto estatal para el sector turístico será de $23 millones, mientras en 2007 fue de $5,5 millones. Del monto de 2008, $5,5 millones serán para inversión.

El Plandetur presentado oficialmente el pasado 18 de diciembre traza las metas de inversión y proyectos para que el turismo se inserte en la política estatal de manera definitiva y se constituya en una verdadera fuente de recursos. Es más, María Isabel Salvador considera que es un buen camino hacia la construcción del país pospetrolero. Este plan también persigue que, para 2020 y los años siguientes, el país esté inserto en el mapa mundial de los viajeros. Esto, a su vez, implica fijar la meta en la atracción de una mayor cantidad de turistas.

 
 
Los expertos consultados aseguran que todo el Ecuador tiene un potencial de desarrollo turístico. Todo depende de la inversión

Ante esto, cabe preguntarse si debe existir un límite en la cantidad de turistas que deben venir al Ecuador. La ex ministra de Turismo menciona que las expectativas para 2010 son que lleguen al Ecuador 1,4 millones de turistas, lo cual en divisas se traduciría en unos $1 500 millones.

Ante esto, Roque Sevilla considera que la estrategia del país sí debe apuntar a poner un límite en el acceso de turistas. Para él, está claro que el Ecuador debe elegir entre optar por el turismo masivo o el selectivo. Y Sevilla se inclina por el segundo. “No debemos crear un negocio de volumen sino de alto precio. Debemos ir hacia la construcción del negocio boutique, un pequeño negocio de alto precio”. Y esgrime sus razones. Señala que, por ejemplo, las islas Canarias reciben 9 millones de turistas en cuatro meses, pero tienen un entorno destrozado. “Allí el turismo es barato”. La paradoja también está dividida por una frontera. Kenia optó por el turismo masivo y Tanzania por el selectivo. “Y a Tanzania le va mejor”. Para Sevilla, se trataría de ofertar lugares únicos pero caros, aprovechando que el país tiene una moneda fuerte. “Tenemos cosas que pueden ser valoradas como costosas sin problema: biodiversidad, ecología, cultura, gastronomía, un movimiento indígena que, por su grado de organización único en el continente, ha insertado a comunidades enteras en una dinámica económica, etc.”. En conclusión: el Ecuador debe ir tras la billetera que paga.

De ahí que Sevilla considere que el gasto promedio del turista debe subir de los actuales $500 a unos $2 mil y con un límite máximo de 2 millones de turistas, “para garantizar la sostenibilidad y sustentabilidad del país”.

En parte coincide en esto Eduardo Castro. También cree que el país debe salir a buscar a “su turista”, y que esto implica preguntarse “¿en qué somos competitivos? ¿dónde están nuestros potenciales turistas? y ¿cuáles son sus gustos?”. Sin embargo, considera que en el país hay margen para el turista no tan solvente. “Se trata también de democratizar el viaje”. Cuando habla así, lo hace pensando en los pequeños hoteles y restaurantes, los cuales, en su opinión, son puntal del negocio.

Y en lo que todos coinciden, incluso la ex ministra de Turismo, es en que se debe potenciar también al turismo interno, lo cual podría traducirse en crear precios diferenciados respecto al turista extranjero. Pero esto depende de la infraestructura disponible, tanto en acceso aéreo o terrestre, como en la disponilbilidad de alojamiento, restaurantes y sitios de recreación. Y también pasa por la ampliación del acceso tecnológico.

 

 
Arriba: El tren recorre una zona de Imbabura.
Abajo: Las termas de La Virgen, en Baños.

Entre las propuestas principales del Plandetur 2020 está el impulso de destinos turísticos, los cuales, dentro de 15 ó 25 años, puedan convertirse en verdaderos imanes. Esto implica una inversión planificada. Según el plan, por ejemplo, se piensa invertir $400 mil hasta 2020 en la ejecución de los planes cantonales de dinamización turística; $2 330 000 en la integración de los sitios de patrimonio cultural y de los centros de turismo comunitario en los destinos turísticos regionales; $1 400 000 en el consumo de productos ecológicos locales por turistas; $5 622 000 en el Plan Turístico Binacional Ecuador-Perú, La Ruta del Spondylus (incluye corredores de seguridad turística, apoyo microempresarial, certificaciones de sostenibilidad turística, mercadeo, inventario de la ruta, etc); y $2 600 000 en el desarrollo del componente turístico del proyecto Qhapaq Ñan (Camino Principal Andino), entre otras más.

Atrás de todos estos planes también está la posibilidad de imaginar nuevos destinos, muchos de los cuales necesitan inversión y apoyo político. María Isabel Salvador considera que el Ecuador tiene siete zonas o destinos: Quito y Guayaquil, la Amazonía, el Austro, la Frontera Sur, la Frontera Norte, Manabí y Esmeraldas. Pero está consciente de que la estructura y dinámica que reciban estas zonas dependerá de cómo la Asamblea estructurará la división territorial.

De su parte, Roque Sevilla se muestra optimista de que prácticamente todo el país puede ser explotado turísticamente. Considera que en el futuro mapa turístico del país estarían a la cabeza como atractivos: Guayaquil y sus alrededores (manglares Churute, reserva Cerro Blanco, isla Puná, río Guayas, estero Salado, etc.), el Chocó Esmeraldeño y San Lorenzo, la parte central de los Andes (apoyados en el desarrollo del ferrocarril), la zona amazónica y el noroccidente de Pichincha (avistamiento de aves).

En cambio, Eduardo Castro sugiere que tras las islas Galápagos, en 25 años, el destino dorado de los turistas estará en la Amazonía, seguido por los diferentes parques naturales y los sitios que impliquen contacto con la cultura y la identidad andina. “Los productos clave del país serán los que ofrezcan descanso, salud integral y actividades por realizar allí”. Pero también encuentra en el desarrollo de los ejes un esquema interesante de desarrollo económico y turístico. Cita el caso concreto de la ruta Manta-Manaos, la cual implicará aeropuertos en la Amazonía, centros de acopio, bodegas, etc. Sin embargo, aconseja desde ya que debe cuidarse el entorno de estos lugares. Finalmente, señala que hay sitios que actualmente convocan a miles de turistas, pero que, si no estructuran planificadamente su desarrollo, podrán encontrarse con que la gente que optará por emigrar a otros destinos. Entre estos lugares que requieren estructurarse mejor están Baños, Atacames, Salinas y Vilcabamba. Y entre los lugares que podrían acaparar mayor atención están El Chaco, Mindo, Manta y Zamora.

Un punto fundamental en el desarrollo turístico es la estructuración de planes, estrategias y articulaciones entre los diferentes actores. Hasta hace poco la concepción que se manejaba en los estratos gubernamentales enfocaba todos los recursos y propuestas a crear herramientas de márquetin que coloquen el nombre del país y algunos de sus destinos en el entorno internacional.

En cuanto a las estrategias, Eduardo Castro considera que es fundamental no vender ciudades sino un solo país. “Las ciudades vacacionales ya no funcionan o apuntan a otros mercados”. Allí están las grandes cadenas hoteleras y, según Castro, al Ecuador debe interesarle no crear un solo polo como destino, sino uno múltiple y diverso, conformado por clusters o grupos de negocios que se complementan y que no necesariamente se ubican en el mismo sitio geográfico.

También considera que el Estado y los gobiernos locales deben crear las condiciones infraestructurales para que el negocio turístico se desarrolle. Los sitios de esparcimiento, por ejemplo, deben estar, en su opinión, en manos de la empresa privada. “Esto permitirá la especialización de los clusters, porque hay que estar conscientes que no todos los lugares tienen todo lo que se necesita, turísticamente hablando”.

Esto también depende de la interacción que se consiga entre los actores del negocio. Uno de ellos es el de las agencias de viaje, operadoras y mayoristas de turismo. Wendy Tufiño, subgerenta comercial de Euroviajes, concibe que en 25 años las agencias que sobrevivirán son las que se especializan en nichos del turismo específico. De otro lado, Tufiño considera que el sector turístico debe enfocarse en definir bien su mercado. Aclara que el mercado europeo es interesante, pero cree que un mercado que paga bien y que ve con buenos ojos a los destinos que ofrece el país es el de la tercera edad estadounidense, personas ubicadas entre los 55 y 60 años que se enfocan en lugares tranquilos.

Otro detalle interesante de la estrategia es lo relacionado con la infraestructura turística. Roque Sevilla es más partidario de los “hoteles boutiques” y no tanto de las grandes cadenas internacionales. Y aunque este último detalle no le perturba a Tufiño, sí vislumbra un futuro país mejor capacitado en cuanto a personal de servicio. Ella mira un Ecuador en el que los administradores de los hoteles sean ecuatorianos, no como ahora, “en que la mayoría los manejan los extranjeros”.

A propósito de la capacitación, Castro señala que el país debe superar la concepción de la formación turística. “Todos quienes estudian algo relacionado con el turismo lo hacen con el ojo puesto en los cargos administrativos. El país requiere personal de servicio fuertemente capacitado. La esencia del turismo es la atención personal y eso se da con meseros, recepcionistas, bodegueros, etc. Hacia allá debemos apuntar en la capacitación”.

Finalmente, Castro y Sevilla coinciden en la necesidad de construir destinos multinacionales. Sevilla habla de vender a los europeos los atractivos naturales y culturales ecuatorianos, junto a los gastronómicos e históricos del Perú. Y Castro no se queda atrás al hablar de verdaderos ejes de integración, como la misma ruta Manta-Manaos. Es decir, una región integrada. Esa es la tendencia. Y el Ecuador no quiere quedarse atrás en 25 años.

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Diciembre de 2007
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