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El petróleo sigue bajo
la tierra y los países
salen en busca de inversiones
Por Teresa Herrera
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La
refinería de Esmeraldas,
con capacidad para procesar
110 mil barriles diarios,
espera ser rehabilitada
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Un fuerte dinamismo
caracteriza al sector hidrocarburífero
mundial para atender la demanda
petrolera, impulsada por la
China, cuya economía
creció en 11,6% en 2007,
y la India. Brasil sería
el nuevo exportador de América
Latina y Colombia recupera su
autoabastecimiento.
Los países, no solo de
Oriente Medio sino de América
Latina, miran al futuro en materia
petrolera y han emprendido en
campañas agresivas para
buscar nuevas reservas y desarrollar
los campos hidrocarburíferos.
Han dejado sus asientos y caminan
rápido para aprovechar
los altos precios del crudo,
que este año superarían
los $100 el barril, según
los analistas.
Arabia Saudita, por medio de
la empresa Armco, quiere duplicar
su producción actual
de 12 millones de barriles diarios,
a 28 millones. Venezuela, que
por cuenta de su estatal PDVSA
extrae 2,6 millones de barriles
diarios, más 7 millones
adicionales de participación
de las empresas foráneas
de servicios que le suben a
3,5 millones de barriles, apunta
a alcanzar en 2012 los 5,8 millones
de barriles. También
tiene un plan para rehabilitar
36 mil pozos. El concurso para
los primeros 1 040 pozos está
en proceso.
Brasil es otro de los países
que está dando impulso
a la exploración y desarrollo.
Su último hallazgo de
crudo liviano en la plataforma
submarina, con reservas de 5
000 millones a 8 000 millones
de barriles, le podría
convertir en exportador de petróleo.
De igual forma, Colombia ha
vuelto a autoabastecerse; mientras
el Perú se encuentra
en una fase importante de exploración.
Después de encontrar
el gas en Camisea, trabaja en
el diseño de las facilidades
de producción para incorporar
140 mil barriles diarios de
un campo fronterizo con el Ecuador,
adyacente al bloque Ishpingo-Tambococha-Tiputini
(ITT).
El Ecuador es la única
nación, con potencial
petrolero, que corre el riesgo
de convertirse en importadora
de crudo por el atraso que tiene
en exploración, explotación
y refinación.
Es por eso que Petroecuador
no aparece en informes internacionales
entre las empresas estatales
más importantes y figuran
Pemex (México), PDVSA
(Venezuela), Petrobras (Brasil),
ENAP (Chile), Petronas (Malasia),
AGIP (Italia), además
de las que tienen los países
árabes y de Oriente Medio.
El petróleo es una de
las principales preocupaciones
del Gobierno, pero aún
no se relanzar al sector hacia
el dinamismo, dijo el ex director
de Hidrocarburos Carlos Loor.
El tema se vuelve más
complejo si se toma en cuenta
que el 36% del Presupuesto nacional
se alimenta de los ingresos
petroleros.
Pero también existe otro
peligro: que todos los recursos
por concepto de exportaciones
se destinen a importación
de combustibles para abastecer
la demanda interna.
El técnico Bolívar
Araujo destacó que el
Ecuador tiene que plantearse
estrategias que garanticen la
producción de petróleo
con una relación de reservas-producción
que superen los 25 años.
El plan debe “ir de la
mano de una táctica de
responsabilidad social y ambiental,
clave para las operaciones hidrocarburíferas”.
Una destreza que además
abarque políticas que
le permitan pasar de importador
de combustibles a exportador,
fortalecer la industria nacional
y la creación de plazas
de trabajo. “El triángulo
petróleo, sociedad y
medioambiente tiene que funcionar
a la perfección, no solamente
como un desarrollo sostenible
sino sustentable en el tiempo”,
añadió Araujo.
El consultor y ex presidente
de Petroecuador Ramiro Gordillo
parte de las reservas probadas
del país, tanto estatales
como privadas, para hacer su
diagnóstico. Las cifras
varían: mientras la Dirección
Nacional de Hidrocarburos habla
de 4 522 millones de barriles,
otras fuentes internacionales
creíbles como EP Statistical
Review of World Energy señalan
5 060 millones; Oil & Gas
Journal, 4 630 millones, y World
Oil, 5 500 millones.
En todo caso, los datos permiten
asegurar que el país
tiene reservas entre 4 500 millones
y 5 500 millones de barriles
que, para Gordillo, ”son
bastantes” y “no
puede hablarse de una época
pospetrolera, como manifiestan
las autoridades del Gobierno”.
Con ese volumen, el Ecuador
tendría petróleo
para los próximos 15
años, cuyo horizonte
podría extenderse aún
más con nuevos esfuerzos
exploratorios y de desarrollo.
Si se cuantifican las reservas
por $50 el barril, el Ecuador
tiene $250 mil millones bajo
tierra. “Por ser reservas
probadas, estas se comparan
con la reserva monetaria y no
son aprovechadas como se debe,
es decir, ponerlas en superficie
para la explotación”,
enfatizó Gordillo.
Igual opinión tiene Daniel
Samper, de Seminarium. Dijo
que el Ecuador debe invertir
para aumentar las reservas porque
“hay un tercio de la población
mundial, llámese indios
o asiáticos, que ha entrado
a la época del consumo
y requiere más petróleo
para cubrir sus altas tasas
de crecimiento de hasta el 11,6%
anual en 2007, en el caso de
la China”.
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Campo
El Libertador , en Lago
Agrio. Expertos creen
que el país necesita
más exploración
de crudo |
Samper cree
que es un desafío y una
oportunidad explotar el hidrocarburo
conservando el medioambiente
en favor de las futuras generaciones.
Precisamente, el borrador del
Gobierno sobre la nueva Constitución
garantiza el derecho a vivir
en un ambiente sano, ecológicamente
equilibrado y libre de contaminación.
Prevé la contaminación
ambiental, la recuperación
de los espacios naturales degradados,
el manejo sustentable de los
recursos naturales y los requisitos
que para estos fines deberán
cumplir las actividades públicas
y privadas. A la vez, establece
estímulos tributarios
para quienes realicen acciones
ambientalmente sanas.
Al respecto, Gordillo sostuvo
que si el crudo sigue al alza,
será mayor el riesgo
a la depredación, pero
manifestó que las autoridades
tienen que ser estrictas en
el control.
Samper auguró que el
petróleo va a seguir
influyendo en los próximos
10 y 25 años en todas
las actividades de los seres
humanos, y que por él
habrá disputas geopolíticas.
Para el ex viceministro de Economía
Alexis Valencia, el escenario
de posibles conflictos puede
impactar aún más
en los precios del hidrocarburo,
lo cual ya se evidenció
en la reunión de la OPEP
de noviembre anterior, cuando
el presidente de Venezuela,
Hugo Chávez, advirtió
que si los Estados Unidos atacan
a Irán por el programa
nuclear, los precios podrían
llegar hasta $200 el barril.
“No podemos olvidar la
incidencia del petróleo
en el comportamiento de la sociedad
y de los políticos”,
enfatizó Samper.
Afirmó que el precio
del crudo incide en los productos
de consumo masivo y primario
como el maíz, el trigo,
la soya, la caña de azúcar
y los subproductos cárnicos
y de la harina como el pan.
“Son elaborados que los
seres humanos consumimos y gravan
el comportamiento general de
la gente”, sostuvo.
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Sin embargo,
el precio en un negocio rentable
como el petrolero será
el imán para los inversionistas,
que querrán no solo extraer
el oro negro, sino también
producir etanol y alcohol, dos
productos que tratan de competir
con el hidrocarburo.
Gordillo se refirió a
tres temas hacia los cuales
los inversionistas estarían
apuntando: la maximización
de los campos viejos o maduros
de Petroecuador y su recuperación
mejorada; la explotación
del ITT y la rehabilitación
de la refinería de Esmeraldas.
Según sus cálculos,
el país necesita $3 000
millones en los próximos
tres y cinco años para
aumentar la producción,
tanto del Estado como de las
empresas, de los cuales, $1
300 millones corresponden al
sector oficial para los campos
maduros, y $1 700 millones a
las compañías
privadas.
El consultor cree que las firmas
foráneas han hecho lo
mismo que el Estado: nada para
subir la producción y
tienen un oleoducto privado,
el OCP, subutilizado.
Solo el ITT requiere $3 100
millones; y la refinería
Esmeraldas $1 100 millones para
ponerla en funcionamiento garantizado.
En esa misma línea, Bolívar
Araujo destacó la necesidad
de construir por lo menos una
refinería de alta conversión
para que procese el crudo pesado
y los residuos que arrojan las
actuales plantas de procesamiento
y convertirlos en diésel,
gasolina o gas. Esmeraldas produce
más del 40% de residuo.
Gordillo opinó que el
Estado no puede invertir $1
300 en los campos maduros, por
lo que necesariamente tendrán
que salir a licitación.
Y habla de “otro mundo
para nosotros” (los ecuatorianos)
si se explota el ITT y se maximizan
los campos de Petroecuador y
de las operadoras privadas,
porque la producción
nacional subiría de los
actuales 503 mil barriles diarios
a 760 mil. Paralelamente, la
optimización de la refinería
reportaría un ahorro
de $1 400 millones en la importación
de combustibles.
El analista aprovechó
para renovar sus críticas
a Petroecuador. Dijo que el
mejoramiento de la planta significa
una bronca con los importadores
de combustibles, a “quienes
no les conviene el proyecto
para que sigamos importando”,
y habló de un grupo “grande
al cual el ex presidente de
Petroecuador, Carlos Pareja
protegía, a igual que
a los compradores de crudo”.
En 2007, el negocio de la comercialización
del petróleo y de los
combustibles fue del orden de
$6 000 millones, una “orgía
energética”, tanto
del sector petrolero como eléctrico.
“No es posible que vendamos
el petróleo a precio
de gallina robada por el diferencial
de precios de facturación
y compremos los combustibles
a precios de oro”, reclamó
Gordillo.
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Dijo que todo el mundo sabe
cuáles son las patas
cojas y qué hacer. Los
analistas coinciden en señalar
que primero deben arreglarse
los temas contractuales con
las empresas foráneas
para que inviertan, “ver
qué quieren, qué
es posible negociar, pero con
el compromiso formal de que
gasten los $1 700 millones en
un plazo determinado”.
Según Carlos Loor, la
única forma de garantizar
que la frontera petro-exportadora
del Ecuador sobrepase los próximos
25 años será explotar
el ITT, así como los
campos maduros y de crudos pesado
y ultrapesado de Oglán
y Pungarayacu.
En los campos maduros, la idea
es extraer más reservas.
Contra viento y marea, técnicos
de Petroproducción han
avanzado en el proyecto y ya
tienen el modelo técnico
económico, es decir,
los volúmenes adicionales
de crudo que pueden extraerse.
De los análisis, se deduce
que se incorporarían
reservas en el orden de 1 000
millones de barriles y se tendría
una producción acumulada
de 700 millones de barriles
en 25 años, que representan
apenas el 7% de todo el petróleo
hallado en los campos que opera
la estatal.
En los Estados Unidos, en los
campos viejos, con inyección
de C02 (dióxido de carbono)
se piensa incorporar 20 000
millones de barriles. El mundo
está yendo en esa dirección,
manifestó el catedrático
Fernando Reyes.
Los técnicos de Petroproducción
consideran que cuando se acaben
las actuales reservas de crudo
de los campos viejos de la petrolera
del Estado, de cada 100 barriles
descubiertos, se quedarían
en los yacimientos aproximadammente
65 barriles, una parte de los
cuales se puede extraer con
técnicas de recuperación
mejorada, como inyección
de CO2, biotecnología
y polímetros. La decisión
es más política
que de ingeniería, destacó
Reyes.
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Las
reservas de entre 4 000
millones y 5 500 millones
de barriles que tiene
el Ecuador aseguran una
producción para
15 años |
Luego de la visita del presidente
Rafael Correa a la China e Indonesia,
la política del Gobierno
en materia petrolera va aclarándose:
firmar con las empresas estatales
convenios directos a través
de alianzas estratégicas
para la exploración y
explotación de hidrocarburos,
pese a que la modalidad no existe
en la Ley de Hidrocarburos.
El abogado Luis Calero informó
que la alianza estratégica
no es un contrato petrolero,
sino un mecanismo para adjudicar
directamente, sin licitación,
un contrato y, por lo tanto,
es ilegal e inconstitucional
su aplicación.
El asunto es que “bajo
la alianza estratégica
debería celebrarse un
contrato previsto en la Ley
de Hidrocarburos, esto es de
prestación de servicios,
asociación, participación,
o campos marginales, para los
cuales la misma ley prevé
una licitación”
Lo señalado resulta contradictorio
porque el Decreto Ejecutivo
799 publicado en el Registro
Oficial del 25 de septiembre
de 2000, durante el Gobierno
de Gustavo Noboa, señala
que los contratos derivados
de dicha alianza se regirán
por las disposiciones que fueren
aplicables a la Ley de Hidrocarburos,
la Ley de Petroecuador y sus
reglamentos.
De celebrarse un convenio
de esa naturaleza, debería
suscribirse un contrato de obras,
bienes y servicios específicos
que son de competencia exclusiva
de Petroecuador, señaló
Calero.
El propio presidente Correa
adelantó que los campos
maduros de Petroecuador serían
los primeros en salir bajo ese
esquema, pues habría
el ofrecimiento de hacerlo con
el Gobierno chino. Y estaría
en lo correcto porque se encuentra
en vigencia el nuevo reglamento
de obras, bienes y servicios
específicos, donde hay
la opción de que se contrate
directamente, destacó
Fernando Reyes
Comentó que ello no significa
dar a dedo el proyecto a determinada
empresa, sino que es fruto de
una invitación para que
hagan una oferta o propuesta
a Petroecuador y vengan con
financiamiento y tecnología
de punta.
Entonces, el Estado se encuentra
en capacidad de otorgarles el
proyecto mediante un fideicomiso
que se financie con una parte
de la producción de petróleo
que se extraiga, o en el caso
de refinación, de la
venta de los combustibles.
Otros proyectos, como el almacenamiento
de gas en tierra, estarán
a cargo de la Flota Petrolera
Ecuatoriana (FLOPEC) y también
se obviará la licitación,
que llevaría por lo menos
un año. Ahí habría
un ahorro de unos $50 millones
anuales, que es lo que se paga
a la contratista privada por
la provisión de gas.
Entre tanto, Shell Solution
realizó el estudio de
rehabilitación de la
refinería de Esmeraldas;
mientras que la nueva refinería
en Manabí estaría
a cargo de Venezuela y de otras
empresas estatales de América
Latina. El ministro de Minas
y Petróleo, Galo Chiriboga,
manifestó que por algo
la planta se llamará
“De las Américas”.
Reyes consideró que más
allá de lo legal, debería
primero hacerse un análisis
de rentabilidad de cada uno
de los proyectos, bajo criterios
técnicos y económicos.
Por otra parte, el subsidio
a los combustibles es un tema
que inquieta a los ecuatorianos.
Loor calificó como despilfarro
a los precios subsidiados, por
ser una “aplicación
irracional y depredadora del
patrimonio nacional, que da
lugar al contrabando, actividad
ilícita que puede controlarse
solo con precios reales”.
Pero al mismo tiempo es partidario
de dar un tratamiento tributario
adecuado para incentivar la
inversión privada, nacional
e internacional, en la búsqueda
de gas natural en la cuenca
geológica del golfo de
Guayaquil.
En cuanto al financiamiento
del sector, la presidenta de
la Bolsa de Valores de Quito,
Mónica Villagómez,
manifestó que dependerá
de quien tome a cargo la tarea
de invertir; es decir, si es
el mismo sector público
el que lo haga de forma directa,
o el privado.
Según su criterio, hay
una tendencia para que sea el
sector público el que
asuma el liderazgo con un criterio
centralista. “Si lo hace
de esa manera, habría
una activación de la
economía nacional, pero
no se generaría ningún
fortalecimiento del mercado
de valores”, dijo.
No obstante, indicó que
si el mismo sector público
o el privado lo harían
por medio de su participación
activa y positiva en el mercado
bursátil, utilizando
herramientas financieras adecuadas
como la titularización,
emisión de deuda o la
apertura de capitales, las cosas
serían distintas.
Villagómez cree que así
se produciría una importante
dinamización y potencialización
del mercado de valores ecuatoriano
y la consiguiente adhesión
de la población a la
industria petrolera, a su desarrollo
y expansión. Agregó
que la ciudadanía tendría
la oportunidad de invertir sus
recursos en el sector y obtendría
rendimientos acordes al riesgo
que asuman.
La ejecutiva sostuvo que figuras
como las indicadas son atractivas
para la inversión extranjera,
aunque para “apelar al
mercado, se requiere contar
con sólidas estructuras
de gobierno corporativo, lo
cual es más complejo
para el sector público,
aunque no imposible”.
En todo caso, Villagómez
dijo que es cuestión
de decisión política
y de iniciar una campaña
agresiva que asegure el manejo
profesional de las empresas
del Estado, al margen de toda
incidencia política.
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