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El desarrollo industrial es una alternativa a la vuelta de la esquina

Por Saudia Levoyer S.

 
 
Un operador de una máquina hiladora de la industria textil del Ecuador, en Amaguaña

La producción agroindustrial es una vía para el desarrollo del Ecuador. Lo que necesitan los empresarios es incrementar el valor agregado que ya tienen algunos de sus productos, para ser más atractivos y competitivos en el mercado mundial. Chile hizo algo parecido...

Ecuador tiene una cantera por explotar: la industria. Una fuente de ingresos que, a más de generar miles de dólares, puede dotar de fuentes de empleo y mejorar en general el nivel de vida de los ecuatorianos.

Basta mirar las cifras: para fines de 2007 se esperaba un crecimiento de este sector estimado en el 5% en relación con 2006.

Sin embargo, según los últimos estudios sobre el estado de la industria en el país, realizados en 2004 por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi), el rendimiento industrial del Ecuador es uno de los más bajos en América Latina, solo superior al de Bolivia, Panamá y Paraguay.

Las razones son varias, de acuerdo al mismo estudio: baja productividad laboral, bajo nivel del capital humano, falta de innovación, poca infraestructura física…

“En el período 1990 y 2001, la contribución del valor agregado manufacturero al Producto Interno Bruto (PIB) cayó 1,6%. Hacia finales de la década, la producción industrial se contrajo casi el 5%, no se creó empleo y un número importante de empresas cerraron o emigraron del país”, señaló la investigación.

Este diagnóstico se ve agravado por la limitada base exportadora con la que cuenta el país. Básicamente vende a los mercados mundiales productos primarios y algunos manufacturados pero basados en recursos naturales, que no son renovables.

La Onudi expresó que el Ecuador ocupa el puesto 14 del ranking de exportaciones manufactureras per cápita, superando solamente a Bolivia y Paraguay en Sudamérica. Y en productos de media y alta tecnología está en último lugar.

De ahí que en los sectores productivos y gubernamentales se ha hablado desde hace tiempo de la necesidad de generar una política para este sector. Y desde los empresarios industriales y el Ministerio de Industrias se han presentado algunas iniciativas para alcanzar un solo objetivo: lograr un mayor desarrollo industrial del país.

 
 
Empleadas de la empresa Marbelize, en la ciudad de Manta, trabajan en la selección del atún

Los industriales, por ejemplo, presentaron su agenda antes de las elecciones presidenciales de 2006. Entre las 10 políticas que sugirieron estaba justamente la del desarrollo industrial. Esta, no obstante, no se la veía aisladamente, sino como parte integral de las políticas macroeconómica, educativa, laboral, salud, energética, gestión ambiental, forestal, comercial y aduanera.

Esta política de desarrollo industrial tenía como objetivo la calidad. Para lograrla planteaba que el Estado formule la Ley Orgánica del Sistema Ecuatoriano de Calidad, así como el fortalecimiento de las cadenas productivas. Para esto se planteaba la cooperación entre los gobiernos seccionales y los empresarios, así como el impulso a la educación y a la formación continua.

Otro elemento era la suscripción de convenios de coordinación sectorial para ampliar la capacidad exportadora del Ecuador. Y, para lograr una real competitividad se sugería trazar estrategias claras que incluyan el mejoramiento de los servicios básicos, la infraestructura y la administración pública, además del desarrollo de planes de desagregación tecnológica y mayor inversión para la investigación científica.

Este plan también tenía de por medio un compromiso de este sector, que se considera asimismo como el motor del crecimiento de la economía y que consta en la introducción del documento llamado Bases para un Ecuador productivo, donde justamente están las 10 políticas que plantearon los industriales: incrementar los niveles de inversión, contribuir con el pago de impuestos, aportes patronales y demás beneficios para los empleados.

Desde el lado del Gobierno hay una afirmación: a partir de la década de los ochenta, el país no cuenta con una política que permita el desarrollo industrial. De ahí que el Ministerio de Industrias, dirigido por Raúl Sagasti, desde que se posesionó el presidente Rafael Correa, plantea -por ejemplo- el incremento del valor agregado, la utilización de bienes y materias primas nacionales, el incremento de la productividad y competitividad, la diversificación de la oferta y la atención a los mercados internos e internacionales.

Además propone elevar la capacidad tecnológica y la competitividad de la industria ecuatoriana, con miras no solo a consolidar su posicionamiento en el mercado interno sino hacer posible su participación creciente en los mercados internacionales.

Esta propuesta está cobijada en el Plan Nacional de Desarrollo 2011 del Senplades, que plantea “la reversión del proceso de desindustrialización resultante de la desregulación y apertura indiscriminada”. Como estrategias específicas sugiere la consolidación del Sistema Nacional de Innovación, para impulsar la conformación de conglomerados productivos y afianzar la práctica de la gestión tecnológica, la generación de incentivos para la inversión extranjera directa selectiva, y el diseño y la implementación de líneas de crédito de fomento industrial.

Esto iría de la mano del fomento de la demanda interna de bienes y servicios producidos por las micro, pequeña y mediana empresas, mediante el sistema de compras públicas. Además de la promoción de una política comercial denominada “estratégicaprotectiva/competitiva”, que se basa en la explotación de economías de escala.

Las perspectivas son alentadoras…

No hay duda de que muchos empresarios ya se dieron cuenta del potencial que tiene el sector. De acuerdo con las estadísticas que maneja el Banco Central, no solo el índice de confianza empresarial en el sector industrial está en aumento (ver cuadro página 26), sino también la capacidad de generación de empleo, aunque está en el tercer lugar.

En el Diagnóstico sobre la Equidad en el Ecuador se determinó que las dos principales fuentes de empleo son el sector primario (26%) y el sector de servicios (59%). El primero, justamente, se encuentra asociado con la actividad agrícola y, el segundo, con servicios de consultoría, financieros, comercio, automotriz, transporte. Le siguen el sector manufacturero con el 11%, la administración pública con el 3% y el petrolero con el 0,30%.

“La fuerza laboral en la manufactura, sector clave en toda economía por su capacidad de generar productos con un alto valor agregado y obtener beneficios de economías de escala, es relativamente baja comparada con los otros sectores de la economía ecuatoriana. Esto representa una oportunidad de apalancar el crecimiento, mediante la expansión del sector exportador manufacturero”, señaló el mencionado diagnóstico.

Eso no es todo: de acuerdo con las cifras que se manejan en el Colegio de Economistas de Pichincha hay un crecimiento real del sector. Por ejemplo, la importación de materias primas industriales, que sirven para la elaboración de productos en el país, subió en un 16,85% en 2007, con corte a septiembre y en relación a 2006 en el mismo período. “En dolarización ya no es rentable importar para tener stock y cubrirse así de la devaluación. Eso significa que son importaciones reales que tienen que traducirse en crecimiento real de la economía”, aseguró Patricio Almeida, de ese gremio y técnico del Banco Central.
También ha crecido la importación de bienes de capital a un 10,1%, con relación a 2006, con corte a septiembre, que fue del 3,7%.

La industria, explicó Almeida, está atendiendo esa nueva demanda que hay en el mercado. Si no fuera así, la inflación subiría por esa fuerte inyección de recursos que hay a través de las remesas, los bonos gubernamentales (desarrollo humano y vivienda) y algunos incrementos de salarios.

Otra cifra que demuestra la buena salud de esta área es el crecimiento de las exportaciones de los productos no tradicionales industrializados: 10% comparado con 2006. Concretamente se refiere a productos del mar, extractos de aceites vegetales, pulpas de frutas, manufactura de papel y cartón, joyas, calzado, entre otros.

Un indicador más: no se ha registrado un mayor crecimiento de los bienes de consumo. Este se ha incrementado apenas en el 2,6%, lo que quiere decir que la producción nacional se está vendiendo. “Los bienes que ya producíamos, los estamos haciendo mejor y para el mercado interno producimos más. Hay productos en el mercado nacional que ya tienen una tradición ganada por su calidad. Cito un par de ejemplos: el tejido de Atuntaqui, que incluso ya se exporta, y las manufacturas de cuero de Cotacachi”, señaló Almeida.

Entonces, ¿hacia dónde debe crecer la producción industrial del Ecuador? Tanto Almeida como Santiago García, de la Federación de Exportadores del Ecuador (Fedexport), creen que la ruta ya está trazada: se debe continuar con la industrialización de los productos que ya se exportaron, pero dotándolos de mayor valor agregado.

En esa línea se han dado pasos muy importantes. Desde hace algunos años ya no se exporta únicamente lomitos de atún, sino también enlatados. Ahora, a esos enlatados hay que darles un valor agregado adicional: atún acompañado de algún vegetal, para que los consumidores finales únicamente tengan que abrir la lata y tener una comida lista.

“No podemos ser exportadores de bienes primarios. No podemos seguir exportando la pepa de cacao, sino que es hora de hacer chocolates. Tampoco el café en grano, sino procesado… El valor agregado tiene que ser un objetivo nacional, es decir del Gobierno y de los empresarios”, acotó Almeida.
García añadió a esto que en los mercados, sobre todo de los países desarrollados, hay espacio para los productos de la agroindustria, especialmente de las frutas que son consideradas como exóticas: piña, maracuyá, mango, y que ahora tienen amplia aceptación como pulpas. También hay opciones, aseveró, para las hortalizas.

De la mano de esto se debe lograr que las cadenas productivas sean mucho más expeditas; es decir, controlar la producción desde el principio, a fin de garantizar altísima calidad, productividad y competitividad. Si se tiene un producto de calidad que compita con cualquier otro del mundo, automáticamente, se garantiza un mercado y de élite, dispuesto a pagar más por un producto de calidad.

Pero para lograr esto se requiere también de una mano de obra calificada, capaz de manejar la última tecnología. “Los obreros del futuro no solo debe ser gente que sepa leer y escribir, tienen que ser técnicos, con estudios universitarios, capaces de manejar la nueva tecnología, para conseguir mejores productos, diseños superiores y ser más competitivos”, sostuvo Almeida.

Ambos coincidieron que en estos productos el Ecuador puede ganar mercado. La estrategia es simple y la ha aplicado Chile, recordó Almeida: produce mejor lo que ya tenía, es decir no vende uvas sino vinos y sigue vendiendo mariscos, pero enlatados en los nichos que tiene ganados. Es por esa razón que los chilenos pueden firmar tratados de libre comercio con cualquier país del mundo, porque en lo que hacen son los mejores.

En alta tecnología, todo por hacer…

El Ecuador apenas ha dado pasos aislados en la producción de industria de alta tecnología. La falta de recursos económicos es la razón fundamental. Se ha trabajado especialmente con estudiantes universitarios en producción de software pero a muy pequeña escala.

Sin embargo, es necesario invertir en los centros de investigación de las universidades y en las unidades que posee el sector público.

Otra vía, pero de menor desarrollo tecnológico, es potenciar las capacidades del país para, al menos, producir bienes de capital que permitan abaratar los costos para la producción agrícola, a través, por ejemplo, del ensamblaje de tractores o cosechadoras.

El Gobierno dijo que quiere atender esta área, de ahí que el Senplades en su plan contempla la generación de programas de desarrollo científico, tecnológico y de investigación aplicada, con una característica específica: el progreso científico y tecnológico debe ser funcional a los objetivos sociales y económicos propuestos en el Plan Nacional de Desarrollo. De esta forma, expresó el documento, se constituya en catalizador de las políticas sociales y productivas conducentes a lograr una mejor calidad de vida. Para ello, sugirió la consolidación del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Investigaciones aplicadas, con la participación de las universidades y escuelas politécnicas entidades públicas de investigación, laboratorios de las unidades de salud, Conacyt y Senacy.

En suma, el Ecuador tiene una vía alterna en la industria para obtener recursos, solo falta voluntad política para impulsarla.


Estamos en el último lugar en exportación de bienes con alta tecnología. El Gobierno tiene un plan para esta área

 
 
 

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Diciembre de 2007
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