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Solo con una enseñanza de calidad cambiará el Ecuador

Por Diego Araujo Sánchez

 
 
Entregar textos escolares gratuitos elimina una barrera de acceso a la escuela

Una campaña televisiva del Contrato Social por la Educación con apoyo de Unicef difundió, durante la anterior campaña electoral, una cuña muy sugestiva: “Si tu candidato no cree en la educación, cambia de candidato”, como llamado a incluir en la agenda electoral el tema educativo.

Sin embargo, esa cuña bien podría extenderse, con algunas variantes, a otras circunstancias: por ejemplo, cuando el candidato llega a la Presidencia, resulta absolutamente necesario advertir que, si el presidente no cree en la educación, tampoco podrá cambiar el país. Solo la educación cambia al Ecuador, según reiteraba la promoción.

La experiencia histórica demuestra que los países que se transforman, vencen la pobreza y alcanzan niveles de prosperidad y desarrollo lo hacen, entre otras razones, porque dieron un vuelco a su sistema educativo, tanto en la extensión del acceso a la escuela como en la calidad y excelencia de la enseñanza.

América Latina lleva una desafortunada desventaja en relación con otras regiones del mundo en cuanto a la calidad de la educación. Todos los países en la región han ampliado su cobertura educativa, pero sus niveles de escolaridad han avanzado de forma lenta en relación con países de otras regiones. Según un informe del Banco Mundial, en 1960, el 7% de la población terminaba, en promedio, la educación secundaria en América Latina, y el 11%, en el Asia. Sin embargo, 47 años después, terminan el ciclo secundario, en promedio, 44% en el Asia y solo 18% en América Latina.

Y la distancia es mayor en cuanto a la calidad de la enseñanza: en pruebas internacionales de Matemáticas, Lenguaje y Ciencias, a las cuales se sujetan más bien pocos países latinoamericanos, los resultados de los aprendizajes revelan más bajos logros educativos que los países asiáticos.

 
 
“Tenemos datos preliminares de aumento de matrícula del 20%, desde 2006 a este año”

Dentro de América Latina, el Ecuador se halla entre los países en una situación bastante más crítica: niveles inferiores de escolaridad, todavía altos índices de deserción escolar, deplorable calidad de la enseñanza, pobre formación de los maestros y más pobre aún valoración de la función docente, politización y manipulaciones partidistas del gremio de maestros… Son bastante conocidos los problemas de la educación ecuatoriana. Pero, en estas páginas, no se trata de “llover sobre mojado”, sino de adoptar una perspectiva distinta: mirar hacia el futuro. ¿Cómo dar el salto hacia una educación de calidad? ¿Qué perfiles debería tener el estudiante ecuatoriano para afrontar el reto de los tiempos actuales y venideros? ¿Cómo prepararlo para la globalización y un mundo cada vez más caracterizado por los vertiginosos cambios? ¿Cómo vincular la educación nacional y el mundo productivo?

Para la reflexión propuesta, conversamos primero con el ministro de Educación, Raúl Vallejo: escritor, educador de experiencia, tres veces ministro en esa Cartera, profesor de colegios y universidades, rector de establecimientos secundarios. El diálogo se desarrolla mientras se halla el ministro en el “ojo del huracán”: la UNE ha pedido la cabeza de Vallejo. La causa: los decretos ejecutivos por los que el presidente de la República crea 12 mil nuevas partidas docentes y cambia el reglamento de la Ley de Carrera Docente a fin de que una comisión de excelencia académica escoja a los nuevos maestros. Los decretos fijan también períodos de cuatro años de duración para directores de escuelas y rectores de colegios, con la posibilidad de ser reelegidos por una sola vez. El gremio de maestros quiere mantener su injerencia en aquellas designaciones. Otra potestad clave que conceden esos decretos al Ministerio es desarrollar mecanismos de evaluación de los profesores.

¿Cuál es el sueño del ministro para la educación ecuatoriana en los próximos años?, le planteo para iniciar la entrevista.
El sueño es tener una educación pública de calidad.

¿Pero cómo lograrlo, si llevamos un abismal retraso como país, incluso en relación con los vecinos, empezando por el porcentaje del PIB que se destina a la enseñanza?
El año pasado era 2,89%; este año vamos a llegar a 3,4%, con los fondos de la emergencia. No se puede aumentar de una sola. En este año, con las nuevas 12 mil partidas, habrá un gran aumento.

Además de la económica, ¿cuáles son las condiciones para superar el retraso?
Dentro del Plan Decenal de Educación, hay un programa que se llama eliminación de barreras de acceso. Cuando entregamos textos gratuitos a los estudiantes, estamos eliminando una barrera. En otros países -y no necesariamente socialistas, sino liberales-, entregar textos elimina una barrera de acceso. Tenemos datos preliminares de aumento de matrícula del 20%, desde 2006 a este año. Pero, para tener datos reales, consolidados y también para tener el registro de todas las necesidades de las escuelas, queremos hacer el censo de la educación. Nosotros tenemos un retraso en la infraestructura educativa.

¿Por qué?
Porque no se ha invertido. ¿Qué es lo que pasa con el modelo económico neoliberal? Que tiene una rigidez en el gasto público. Entonces crear puestos docentes es malo porque se aumenta la burocracia... Pero el maestro y el médico no son una burocracia innecesaria.

Pero el otro rostro de esa realidad es la ineficiencia del gasto.
¿Por qué hay ineficiencia?

Porque, por ejemplo, hay una administración escolar que no funciona bien
Por eso todos los cambios: tenemos 12 mil partidas, pero no con el mismo sistema de ingresos de maestros. Ahí está el quid del asunto.

La educación nunca rinde cuentas. Urge un sistema de evaluación de los maestros.
El gremio dice que los decretos me dan superpoderes. Pero no puede constar en un decreto ejecutivo el proceso de evaluación. El Ministerio tiene que regular ese proceso. Todos los años en colegios y universidades particulares se evalúa a los docentes. Esto ya lo saben: asisten puntualmente, presentan sus planes a tiempo, cumplen con el programa, dan atención a los padres y a los estudiantes; saben que todos son ítems por los cuales serán evaluados. Pero acá, como tú dices, nadie rinde cuentas. Para tener una educación de calidad, debemos tener pruebas exigentes para el ingreso de los profesores, tener un sistema de evaluación de los docentes y pruebas para su promoción, es decir, que no únicamente suban de categoría porque envejecen. Un profesor bueno tiene cuatro años, entonces se somete a un examen; al aprobar ese examen, ya puede subir de categoría; si no lo aprueba, tiene que seguir preparándose, tiene otra oportunidad. Por último, si un profesor no quiere, no se presenta al examen, pero sigue en la misma categoría y sabe, claro está, que eso va en detrimento de él mismo. Nosotros sí queremos proponer a la Asamblea una ley de educación, en donde el sistema de rendición de cuentas esté muy clarificado

¿Cómo operaría la rendición de cuentas?
Es importante que las escuelas y colegios tengan consejos de administración en los que las familias y los padres tengan espacio para que las autoridades les presenten el plan estratégico e institucional y, al mismo tiempo, les presenten las cuentas. Las autoridades dicen: “En este año este es el plan estratégico para los cinco años”. En el plan anual, dicen, por ejemplo: “Nosotros, que en la prueba Aprendo de Matemáticas sacamos 14,13 de promedio, ahora queremos sacar un punto más, 15, 13. Este va a ser el objetivo. Entonces esto se puede medir.

Pero para eso hay un gran obstáculo político. Basta recordar la oposición de la UNE a las Redes Amigas, que promovieron la participación de la comunidad educativa.
Ahí hubo un error en la concepción. No se puede poner a los padres en los consejos directivos, que son estamentos planificadores y ejecutores que están en el día a día. La participación externa torna a esos consejos en una instancia muy politizada. Otra cosa es poner un Consejo de Administración al cual el Consejo Directivo presenta al comienzo del año el plan, el presupuesto operativo y de inversión, presenta los cambios pedagógicos que quieran ejecutar. A mediados del año se reunen nuevamente para ver cómo van esos compromisos y, al final del año, el Consejo Directivo da su informe y el Consejo de Administración lo aprueba o no. Si no lo aprueba, será un punto negativo para el rector, cuando, al cabo de cuatro años, quiera la reelección.

¿Cómo aprovechar las modernas tecnologías -la Internet, por ejemplo- para el cambio de educación?
Primero debemos resolver cuestiones básicas. Para computadoras, necesito electricidad, conexiones a la red, etc. Hay un avance en el proceso de electrificación, sobre todo rural, y eso ayudará. Estamos desarrollando “Unidades Educativas del Milenio”. Para definir en corto, es el Colegio Alemán en el sector público. Una unidad educativa de primer orden, incluso desde el modelo arquitectónico, acoplado al medio. Están construyéndose, en Zumbahua, San Lorenzo, Huaquillas, Cuenca, Guayaquil, unidades educativas completas. Esperamos en seis o siete meses mostrarlas.

¿Cómo mejorar la calidad de la educación nacional, tan venida a menos?
Dentro del Plan Decenal, la calidad es la idea central. Para tener calidad hay que institucionalizar instrumentos de medición de logros de aprendizaje. Queremos ir hacia un sistema con el examen nacional único, como existe en Francia, España o, para no ir tan lejos, Colombia.

¿Cuáles son las aptitudes y destrezas que deberían desarrollar los estudiantes en escuelas y colegios para afrontar el mundo globalizado?
El estudiante debe tener niveles desarrollados de lenguaje y de pensamiento matemático, dominar una lengua extranjera, manejar las herramientas informáticas y, sobre todo, tener la habilidad de adaptarse a los cambios que exigirá la sociedad del futuro. Hay que preparar estudiantes con mentalidad de cambio, con mentalidad de emprendedores de tareas, que sean capaces de generar conocimiento, de entender el proceso del mundo globalizado.

¿Y cómo revalorizar la función docente, según propone el Plan Decenal?
Necesitamos una Ley de Carrera Docente que premie la excelencia, que motive: hoy da igual ser buen maestro que mal maestro. Da lo mismo que un profesor asista todos los días a clase o que sea faltón, que entregue sus progamas o no los entregue a tiempo, que dé una atención personalizada a padres y alumnos. El sistema tiende a desestimular al buen maestro. El Ministerio de Educación debe retomar la función formadora de los docentes. Puede pensarse en la universidad docente, y promover la participación del Ministerio de Educación en el pénsum de las escuelas de formación de maestros.

De esta forma sí será posible una educación de calidad...
El sueño es una educación de calidad y calidez, reitera para concluir la conversación el ministro, que, en su despacho, no ha dejado de beber mate en una especie de elegante pipa de plata.
Es enriquecedor contrastar la visión educativa del ministro en funciones con la de otra personalidad que, décadas atrás, estuvo también al frente del mismo Ministerio: educador, hombre de cultura, profesor universitario, investigador de la cultura popular y gran propulsor de las artesanías desde el Cidap en su nativa Cuenca, ex integrante de la Comisión de Control Cívico de lucha contra la Corrupción, columnista de HOY, Claudio Malo González, quien reflexiona sobre el tema.

¿Cuál es la acción más importante del Estado para superar el retraso en la educación?
Se ha avanzado en cobertura, es mínima la cantidad de niños que no tienen acceso a escuela primaria. Los colegios secundarios se han generalizado y han dejado de ser instituciones exclusivas de las ciudades. El número de universidades es excesivo. El problema no es cuantitativo sino cualitativo. La condición humana global de un país no se mide por el número de bachilleres o doctores, sino por cómo esos títulos responden a la formación de los que los poseen. El gran reto es mejorar la calidad en todos los niveles, lo que es muy complejo, pues depende de varios factores, económicos, administrativos, académicos, entre otros.
Vale la pena anotar que en los tres niveles, aunque sea en reducido número, hay instituciones educativas de muy buena calidad, lo que demuestra que sí es posible alcanzar esta meta en nuestro país.

¿Cuáles son las destrezas clave que deben desarrollar en niños y jóvenes el sistema educativo ecuatoriano con miras a la sociedad de los próximos 25 años?
El DRAE define destreza como “habilidad, arte, primor o propiedad con que se hace algo”. La meta de todo proceso educativo es conseguir que a la culminación de la etapa de cada estudio, la persona conozca, sepa aplicar los conocimientos, maneje adecuadamente los instrumentos para lograr ese fin y sepa cómo se deben hacer las cosas en cada circunstancia. Cada especialización hace frente a problemas distintos y, por lo tanto, el estudiante debe aprender a desarrollar las destrezas correspondientes, que son distintas en el caso de un médico y un ingeniero civil. En términos globales, partiendo del nivel elemental, es indispensable desarrollar destrezas en informática, pues, a paso agigantado, el funcionamiento del mundo en sus múltiples manifestaciones se hace por esta vía. En unos años más, quizá pocos, no saber manejarse en informática sería casi igual a ser analfabeto.

¿Cómo mejorar las relaciones entre la educación y el mundo productivo y laboral?
La torre de marfil, según la cual la enseñanza tenía como objetivo fundamental el deleite de los conocimientos adquiridos, está sepultada en la historia. La educación tiene una innegable meta: el adecuado funcionamiento de las personas en los entornos en los que les toca vivir. En otras palabras, hay que educar para algo. No puede prescindir la educación de una proyección al trabajo, en sus múltiples posibilidades. El sector productivo, a la vez, necesita personas debidamente capacitadas en las diferentes áreas. Es indispensable que se intensifique el diálogo entre el proceso educativo y el proceso productivo y laboral para evitar frustraciones; del educador, al no haber preparado adecuadamente a los alumnos para el trabajo; y del productor, al carecer de personas adecuadas para las tareas correspondientes. Se han dado algunos pasos; hay que intensificarlos. Cabe recordar que la educación compete a los educadores, pero también a los productores y prestadores de servicios que no pueden permanecer marginados. La contribución debe venir de las dos partes.

¿Qué cambios imponen a la educación las nuevas tecnologías y la globalización?
La sociedad siempre ha sido cambiante y, en los últimos decenios, este ritmo se ha acelerado. La educación tiene como meta preparar al estudiante para que, en el futuro, cuando se incorpore al trabajo, pueda contar con los conocimientos e instrumentos adecuados. La rapidez de los cambios científicos y tecnológicos dificulta cada vez más entregar al estudiante los instrumentos que se usarán en otros tiempos. Lo que cabe es “enseñar a aprender”, en otras palabras, desarrollar en los estudiantes inquietudes y creatividad para que puedan hacer frente adecuadamente a las nuevas situaciones que se plantean. Nunca ha sido adecuado que quien se educó viva el resto de la vida de las “rentas” de lo que aprendió, peor en nuestros días. Es más necesario que nunca que, luego de los ciclos formales, se ofrezca oportunidades constantes para la actualización. La llamada “educación permanente” ha dejado de ser una bonita frase de barricada y debe entendérsela como una necesidad imprescindible.

¿Cuál es su visión prospectiva de la educación nacional en los próximos 25 años?
Veinticinco años es un lapso complejo. Quienes nacen este año dentro de 25 estarán incorporados al trabajo, habiendo terminado, en los casos ideales, sus estudios universitarios. La celeridad de los cambios torna difícil anticipar criterios. Una visión pesimista que enfatiza en los defectos de los sistemas educativos llevaría a pensar que se acrecentaría el retraso que se piensa existe en nuestros días. Una visión optimista, basada en la excelencia que minoritariamente existe, nos lleva a pensar que “sí se puede” y que el futuro es promisorio por los cambios en la educación.
Creo que sí habrá importantes cambios en la educación, ya que las exigencias de competitividad internacional los presionarán. Por otra parte, es muy probable que los que reciben el servicio de educación y la sociedad que es su beneficiaria o perjudicada intervengan cada vez más para lograr estas mejoras.

 
 
“Es indispensable intensificar el diálogo entre los procesos educativo y laboral”

Claudio Malo y Raúl Vallejo coinciden en la apreciación de que, a pesar de la crisis educativa nacional, se han dado pasos para cambiar las cosas: un primer paso seguro es que el pueblo ecuatoriano aprobó en referendo el Plan Decenal de Educación para aplicar ocho políticas de Estado en este ámbito, entre las que cabe destacar la universalización de la educación básica, el mejoramiento de la calidad de la enseñanza, la erradicación del analfabetismo y la revalorización de la función docente y, en un plano muy específico, el incremento anual del 0,5% de los recursos para la educación, de tal modo que en seis años se duplique el actual 3% del PIB que destina el país a esta área.

Quizás una señal práctica de que se pasa de las palabras a los hechos será la que sugería una especialista, que se desempeñó también como ministra de Educación, Rosa María Torres, al recordar que ni los presidentes de la República, ni los ministros de Educación y demás integrantes del gabinete, ni legisladores, ni magistrados, ni siquiera muchos dirigentes de la UNE, educan a sus hijos en los establecimientos públicos.

Cuando esas autoridades, como padres de familia, matriculen a sus hijos en escuelas y colegios nacionales, será porque estos han empezado a cambiar y se acortan las distancias en la calidad educativa de los buenos centros de enseñanza particular y la escuela pública.

 
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Diciembre de 2007
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