Colectivo o de autor

El teatro en el Ecuador se vuelve profesional

- Desde 1982, HOY a acompañado la evolución de la escenca en el país

El teatro ha incorporado, en los últimos años,r ecursos de obras de artes como la danza

La década de los ochenta fue fundamental para el teatro ecuatoriano, que luego de la consolidación de los procesos que comenzaron en la década anterior y que transformaron el teatro profundamente militante de los 60 en una propuesta más profesional.

En esta época se introducen nuevas técnicas y se consolida la labor de grupos como Malayerba (que se funda en 1981), que dirigido por el argentino Arístides Vargas impone una nueva forma de hacer teatro.

Florecerá el teatro colectivo, los actores serán fundamentales y su labor creadora los hará coautores y codirectores de las nuevas obras.

Al mismo tiempo, sin embargo, se consolida por primera vez un movimiento teatral profesional, se van diversificando las labores y por primera vez en el siglo XX se puede hablar de trabajadores del teatro profesionales, que dedican a esta actividad buena parte de su tiempo.

A partir de los noventa, la oferta aumenta, aparecen nuevos grupos y la labor colectiva retrocede ante el surgimiento de nuevos dramaturgos que, en su mayor parte, son también directores de sus propuestas. En esa década aparecen propuestas tan variadas como las de Luis Miguel Campos (La Marujita se ha muerto con leucemia) o Peky Andino (Ulises y la máquina de perdices, Kito kon K).

En los últimos años, diario HOY ha acompañado los trabajos de estos mismos autores, a los que se han sumado, entre otros, Patricio Vallejo, Patricio Estrella o Roberto Sánchez. (YM)

Peky Andino se ha consolidado como una de las nuevas figuras del teatro de autor, en oposición al colectivo Arístides vargas ha sido, desde su llegada al Ecuador en 1978, uno de los referentes del teatro ecuatoriano

 

El cine ecuatoriano

Cordero y Luzuriaga, dos apellidos para el cine de los últimos 25

Los últimos 25 años, HOY ha sido testigo del ascenso del cine ecuatoriano, que de ser un arte insipiente ha pasado a una actividad constante evolución que ya ha dado buenos frutos.
Para que esto suceda han sido enormemente importantes dos apellidos: Luzuriaga y Cordero.
Camilo Luzuriaga ha estado presente desde 1990, cuando realiza para cine La Tigra, adaptación del cuento de José de la Cuadra, y luego ha filmado Entre Marx y una mujer desnuda (1996), Cara o cruz (2003) y 1809-1810, mientras llega el día (2004).
Mientras, los hermanos Cordero, Viviana y Sebastián, han filmado cuatro películas: Sensaciones (Viviana, 1991), Ratas, ratones y rateros (Sebastián, 1999), Un titán en el ring (Viviana, 2003) y Crónicas (2004).
Los últimos años han sido florecientes para el cine ecuatoriano: se han estrenado con éxito dos películas: Qué tan lejos, de Tania Hermida, y Esas no son penas, de Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade. (YM)

1. Carlos Valencia era Ángel, en Ratas, ratones y rateros (1999), de S. Cordero 2. Cara o cruz (2003) es la única película de Luzuriaga que no es adaptación 3. Telmo Herrara interpretó a Bestia Loca en Un titán en el ring (2003), de V. Cordero
4. Qué tan lejos (2006), de Tania Hermida, una de mejores óperas primas ecuatorianas 5. Esas no son penas (2007) es la última gran producción hecha en el Ecuador 6. Entre Marx y una mujer desnuda (1996), de Camilo Luzuriaga
 
7. Con 1809-1810, mientras llega el día, Luzuriaga retoma la adaptación de libros 8. Damián Alcázar protagonizó Crónicas  

Nuevos espacios

Música académica: de regreso con nuevos escenarios

Con la construcción de la Casa de la Música y el renacimiento del Sucre, la música vuelve a Quito

- La música clásica ha creado locales y ha resucitado espacios

 

lEn Quito, la Casa de la Música es el primer escenario del país expresamente creado para este arte

Hace 25 años, cuando nacía Diario HOY, la música académica sufría una mala época en nuestro país.
En medio de grandes esfuerzos, la Sociedad Filarmónica Nacional lograba traer algunos virtuosos internacionales al único escenario que por esos años tenía las condiciones para este tipo de espectáculos: el Teatro Bolívar.
El Teatro Sucre empezaba su decadencia, y se utilizaba casi para todo excepto para la música.
Luego, en los noventa, y de la mano de la misma Sociedad Filarmónica, se ampliaron las posibilidades improvisando conciertos en pequeños locales, como el de la Corporación Financiera Nacional, o en teatros pensados para otros fines, el de la Escuela Politécnica Nacional, el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura.
Las iglesias coloniales, muchas veces, también, suplieron la carencia de escenarios durante estos años.
Solo con el nuevo siglo llegaron los escenarios apropiados. Se rehabilitó el Teatro Sucre, que fue reinaugurado con la ópera Rigoleta en noviembre de 2003, luego de que el Fonsal se hizo finalmente cargo de la restauración del edificio, proyecto que había comenzado en 1994.
Al año siguiente, en 2004, se inauguró en Quito la Casa de la Música, el primer escenario creado específicamente para la música académica en nuestro país, y que es uno de los más importantes de Latinoamérica.
Finalmente, en 2006, la Casa de la Música y la Sociedad Filarmónica de Quito se fusionaron en una sola institución, con lo que se reforzó la presencia de la música académica del Ecuador.
Así, con el rehabilitado Teatro Sucre y la Casa de la Música, actualmente crece la oferta y con ella el público para este arte. (YM)

La música popular

El camino hacia la profesionalización de los artistas

- Diego Oquendo Sánchez ha seguido de cerca la música urbana


'Deciden ser músicos y vivir de eso'

Los años ochenta: “Bandas como Canela, Promesas Temporales o Umbral logran llenar un gran vacío del mercado nacional: la producción discográfica de la música ecuatoriana hecha en la ciudad”.
“Todas estas bandas, a las que luego se uniría Contravía, sabían que debían ir a los escenarios con repertorio propio. Dejaron de hacer versiones de otros autores”.
“Umbral, por ejemplo, se gesta en una producción: música fuera de moda, que se basaba en un repertorio ajeno. Poco después se da un salto cualitativo, cuando empieza a hacer canciones propias”.
“Contravía, por su lado, se inicia haciendo homenajes, por ejemplo uno a Charlie García, en el cine Veinticuatro de Mayo. Poco después se da cuenta de que así no llegaría muy lejos y empieza a hacer música propia. Promesas Temporales tenía una vertiente comercial llamada Rumba Son, que interpretaba covers, pero pronto optan por tener un proyecto con canciones propias”.
Los años noventa: “Para esta década, aparece una nueva generación de artistas que dan un giro a la relación que tienen los músicos con su música. Ellos asumen una relación mucho más profesional. Deciden ser músicos y vivir de la música. Ese es un punto clave, porque a partir de ese criterio se van articulando bandas como Karma, los mismos Crucks en Karnak, que de entrada ya debían cumplir con un repertorio propio para triunfar”.
Además, aparecen muchas bandas de jazz, se reactiva Cabo frío, por ejemplo, con la entrada de Arturo Basnueva; aparecen Entre Nos, Jazz Tá. Por esa época estuvo por aquí Omar Sosa, siendo parte de algunas bandas y haciendo los arreglos en la música de otras”.
Y los últimos siete años: “A partir de finales de los noventa, brotan una cantidad impresionante de bandas: Cacería de Lagartos, Rocola Bacalao, entre otras… Ellos dan un paso nuevo. Ya no se discute el hecho de que deben tener un repertorio propio; el asunto es que ellos deben entrar con un disco y punto. Todo eso atravesado con la facilidad que da la tecnología de este tiempo”.
“Además, ellos ya tienen clara otra cosa: que el Gobierno nacional, el Municipio, ya no pueden darles su ayuda. Eso les da una fuerza expresiva diferente, que contribuye a un lenguaje más visceral, menos oficial”.
“También hay que tomar en cuenta la asimilación del mestizaje, que las bandas, a partir del año 2000, asumen con toda naturalidad, sin ponerse como referente a bandas extranjeras. En su lugar, tú ves a Rocola Bacalao, por ejemplo, y te identificas plenamente con su sentido del humor, con las letras de sus canciones”. (YM)

Viaje de la narrativa

Literatura ecuatoriana: entre el desamparo y exilio

En los últimos 25 años la literatura ha evolucionado con las editoriales

Luego de que durante los años setenta los escritores del realismo social habían perdido su hegemonía de casi 40 años, en los ochenta, cuando nacía Diario HOY, una nueva generación de narradores se abría espacio.
El campo perdía su presencia como escenario y cedía paso a la ciudad y sus personajes. Ahí es donde se desarrolla la literatura de Ubidia, Égüez, Vásconez, Proaño Arandi, entre otros.
Al mismo tiempo, surgen editoriales, como El Conejo o Eskeletra, que acompañan al nuevo movimiento literario, luego de la crisis de ediciones de la CCE.
Pero pronto esta unión colapsa, los escritores vuelven los ojos a editoriales extranjeras, primero, y luego, muchos, se exilian, principalmente a Europa. (YM)

 

 
Jorge E. Adoum

En los últimos 25 años, la creación de Jorge Enrique Adoum se ha mantenido como una referencia constante en la literatura ecuatoriana, en poesía, narrativa y ensayo

Javier Vásconez

El más internacional de los escritores ecuatorianos ha publicado desde la década del ochenta. Además, ha sido el único ecuatoriano finalista del premio Rómulo Gallegos

Leonardo Valencia

El escritor guayaquileño residente en Barcelona es el más pujante de su generación, en la que comparte el exilio con otros como Huilo Ruales, Telmo Herrera, Mario Campaña

 

La poesía, según César Chávez

Cuatro generaciones de poetas

El número de poetas en el país siempre ha sido abundante y sobresaliente, por lo mismo el nombrar a unos y omitir a otros no es más que una cuestión de afinidad estética, ni siquiera crítica.

Los últimos 25 años, desde que Diario HOY naciera, son varias las generaciones que han estructurado un pensamiento poético sólido, de ellas resalto el trabajo de los siguientes:

De los nacidos entre 1947 y 1950 mencionaré a Alexis Naranjo, Javier Ponce, Iván Carvajal y Sara Vanégas.

De la generación 1958-1964 menciono a Mario Campaña, Roy Sigüenza, Vicente Robalino, Paco Benavides y María Fernanda Espinosa.

De los poetas nacidos entre 1968 y 1974 están Luis Carlos Mussó, Cristóbal Zapata, Marcelo Báez, Aleyda Quevedo, Alfonso Espinosa y Ángel Emilio Hidalgo.

En la última generación, con un trabajo incesante en la consolidación de sus poéticas están el guayaquileño Ernesto Carrión, y los quiteños Juan José Rodríguez y César Carrión.

 

 

 
 
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