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Colectivo
o de autor
El
teatro
en el
Ecuador
se vuelve
profesional
 |
El
teatro
ha
incorporado,
en
los
últimos
años,r
ecursos
de
obras
de
artes
como
la
danza
|
La
década
de los
ochenta
fue fundamental
para el
teatro
ecuatoriano,
que luego
de la
consolidación
de los
procesos
que comenzaron
en la
década
anterior
y que
transformaron
el teatro
profundamente
militante
de los
60 en
una propuesta
más
profesional.
En esta
época
se introducen
nuevas
técnicas
y se consolida
la labor
de grupos
como Malayerba
(que se
funda
en 1981),
que dirigido
por el
argentino
Arístides
Vargas
impone
una nueva
forma
de hacer
teatro.
Florecerá
el teatro
colectivo,
los actores
serán
fundamentales
y su labor
creadora
los hará
coautores
y codirectores
de las
nuevas
obras.
Al mismo
tiempo,
sin embargo,
se consolida
por primera
vez un
movimiento
teatral
profesional,
se van
diversificando
las labores
y por
primera
vez en
el siglo
XX se
puede
hablar
de trabajadores
del teatro
profesionales,
que dedican
a esta
actividad
buena
parte
de su
tiempo.
A partir
de los
noventa,
la oferta
aumenta,
aparecen
nuevos
grupos
y la labor
colectiva
retrocede
ante el
surgimiento
de nuevos
dramaturgos
que, en
su mayor
parte,
son también
directores
de sus
propuestas.
En esa
década
aparecen
propuestas
tan variadas
como las
de Luis
Miguel
Campos
(La Marujita
se ha
muerto
con leucemia)
o Peky
Andino
(Ulises
y la máquina
de perdices,
Kito kon
K).
En los
últimos
años,
diario
HOY ha
acompañado
los trabajos
de estos
mismos
autores,
a los
que se
han sumado,
entre
otros,
Patricio
Vallejo,
Patricio
Estrella
o Roberto
Sánchez.
(YM)
|
|
| Peky
Andino
se
ha
consolidado
como
una
de
las
nuevas
figuras
del
teatro
de
autor,
en
oposición
al
colectivo
|
Arístides
vargas
ha
sido,
desde
su
llegada
al
Ecuador
en
1978,
uno
de
los
referentes
del
teatro
ecuatoriano
|
El
cine ecuatoriano
Cordero
y Luzuriaga,
dos apellidos
para el
cine de
los últimos
25
Los
últimos
25 años,
HOY ha
sido testigo
del ascenso
del cine
ecuatoriano,
que de
ser un
arte insipiente
ha pasado
a una
actividad
constante
evolución
que ya
ha dado
buenos
frutos.
Para que
esto suceda
han sido
enormemente
importantes
dos apellidos:
Luzuriaga
y Cordero.
Camilo
Luzuriaga
ha estado
presente
desde
1990,
cuando
realiza
para cine
La Tigra,
adaptación
del cuento
de José
de la
Cuadra,
y luego
ha filmado
Entre
Marx y
una mujer
desnuda
(1996),
Cara o
cruz (2003)
y 1809-1810,
mientras
llega
el día
(2004).
Mientras,
los hermanos
Cordero,
Viviana
y Sebastián,
han filmado
cuatro
películas:
Sensaciones
(Viviana,
1991),
Ratas,
ratones
y rateros
(Sebastián,
1999),
Un titán
en el
ring (Viviana,
2003)
y Crónicas
(2004).
Los últimos
años
han sido
florecientes
para el
cine ecuatoriano:
se han
estrenado
con éxito
dos películas:
Qué
tan lejos,
de Tania
Hermida,
y Esas
no son
penas,
de Anahí
Hoeneisen
y Daniel
Andrade.
(YM)
 |
 |
 |
| 1.
Carlos
Valencia
era
Ángel,
en
Ratas,
ratones
y
rateros
(1999),
de
S.
Cordero |
2.
Cara
o
cruz
(2003)
es
la
única
película
de
Luzuriaga
que
no
es
adaptación
|
3.
Telmo
Herrara
interpretó
a
Bestia
Loca
en
Un
titán
en
el
ring
(2003),
de
V.
Cordero
|
 |
 |
 |
| 4.
Qué
tan
lejos
(2006),
de
Tania
Hermida,
una
de
mejores
óperas
primas
ecuatorianas
|
5.
Esas
no
son
penas
(2007)
es
la
última
gran
producción
hecha
en
el
Ecuador
|
6.
Entre
Marx
y
una
mujer
desnuda
(1996),
de
Camilo
Luzuriaga
|
 |
|
|
| 7.
Con
1809-1810,
mientras
llega
el
día,
Luzuriaga
retoma
la
adaptación
de
libros |
8.
Damián
Alcázar
protagonizó
Crónicas |
|
Nuevos
espacios
Música
académica:
de regreso
con nuevos
escenarios
Con
la construcción
de la
Casa de
la Música
y el renacimiento
del Sucre,
la música
vuelve
a Quito
 |
lEn
Quito,
la
Casa
de
la
Música
es
el
primer
escenario
del
país
expresamente
creado
para
este
arte
|
Hace
25 años,
cuando
nacía
Diario
HOY, la
música
académica
sufría
una mala
época
en nuestro
país.
En medio
de grandes
esfuerzos,
la Sociedad
Filarmónica
Nacional
lograba
traer
algunos
virtuosos
internacionales
al único
escenario
que por
esos años
tenía
las condiciones
para este
tipo de
espectáculos:
el Teatro
Bolívar.
El Teatro
Sucre
empezaba
su decadencia,
y se utilizaba
casi para
todo excepto
para la
música.
Luego,
en los
noventa,
y de la
mano de
la misma
Sociedad
Filarmónica,
se ampliaron
las posibilidades
improvisando
conciertos
en pequeños
locales,
como el
de la
Corporación
Financiera
Nacional,
o en teatros
pensados
para otros
fines,
el de
la Escuela
Politécnica
Nacional,
el Teatro
Nacional
de la
Casa de
la Cultura.
Las iglesias
coloniales,
muchas
veces,
también,
suplieron
la carencia
de escenarios
durante
estos
años.
Solo con
el nuevo
siglo
llegaron
los escenarios
apropiados.
Se rehabilitó
el Teatro
Sucre,
que fue
reinaugurado
con la
ópera
Rigoleta
en noviembre
de 2003,
luego
de que
el Fonsal
se hizo
finalmente
cargo
de la
restauración
del edificio,
proyecto
que había
comenzado
en 1994.
Al año
siguiente,
en 2004,
se inauguró
en Quito
la Casa
de la
Música,
el primer
escenario
creado
específicamente
para la
música
académica
en nuestro
país,
y que
es uno
de los
más
importantes
de Latinoamérica.
Finalmente,
en 2006,
la Casa
de la
Música
y la Sociedad
Filarmónica
de Quito
se fusionaron
en una
sola institución,
con lo
que se
reforzó
la presencia
de la
música
académica
del Ecuador.
Así,
con el
rehabilitado
Teatro
Sucre
y la Casa
de la
Música,
actualmente
crece
la oferta
y con
ella el
público
para este
arte.
(YM)
La
música
popular
El
camino
hacia
la profesionalización
de los
artistas
|
'Deciden
ser
músicos
y
vivir
de
eso'
|
Los
años
ochenta:
“Bandas
como Canela,
Promesas
Temporales
o Umbral
logran
llenar
un gran
vacío
del mercado
nacional:
la producción
discográfica
de la
música
ecuatoriana
hecha
en la
ciudad”.
“Todas
estas
bandas,
a las
que luego
se uniría
Contravía,
sabían
que debían
ir a los
escenarios
con repertorio
propio.
Dejaron
de hacer
versiones
de otros
autores”.
“Umbral,
por ejemplo,
se gesta
en una
producción:
música
fuera
de moda,
que se
basaba
en un
repertorio
ajeno.
Poco después
se da
un salto
cualitativo,
cuando
empieza
a hacer
canciones
propias”.
“Contravía,
por su
lado,
se inicia
haciendo
homenajes,
por ejemplo
uno a
Charlie
García,
en el
cine Veinticuatro
de Mayo.
Poco después
se da
cuenta
de que
así
no llegaría
muy lejos
y empieza
a hacer
música
propia.
Promesas
Temporales
tenía
una vertiente
comercial
llamada
Rumba
Son, que
interpretaba
covers,
pero pronto
optan
por tener
un proyecto
con canciones
propias”.
Los años
noventa:
“Para
esta década,
aparece
una nueva
generación
de artistas
que dan
un giro
a la relación
que tienen
los músicos
con su
música.
Ellos
asumen
una relación
mucho
más
profesional.
Deciden
ser músicos
y vivir
de la
música.
Ese es
un punto
clave,
porque
a partir
de ese
criterio
se van
articulando
bandas
como Karma,
los mismos
Crucks
en Karnak,
que de
entrada
ya debían
cumplir
con un
repertorio
propio
para triunfar”.
Además,
aparecen
muchas
bandas
de jazz,
se reactiva
Cabo frío,
por ejemplo,
con la
entrada
de Arturo
Basnueva;
aparecen
Entre
Nos, Jazz
Tá.
Por esa
época
estuvo
por aquí
Omar Sosa,
siendo
parte
de algunas
bandas
y haciendo
los arreglos
en la
música
de otras”.
Y los
últimos
siete
años:
“A
partir
de finales
de los
noventa,
brotan
una cantidad
impresionante
de bandas:
Cacería
de Lagartos,
Rocola
Bacalao,
entre
otras…
Ellos
dan un
paso nuevo.
Ya no
se discute
el hecho
de que
deben
tener
un repertorio
propio;
el asunto
es que
ellos
deben
entrar
con un
disco
y punto.
Todo eso
atravesado
con la
facilidad
que da
la tecnología
de este
tiempo”.
“Además,
ellos
ya tienen
clara
otra cosa:
que el
Gobierno
nacional,
el Municipio,
ya no
pueden
darles
su ayuda.
Eso les
da una
fuerza
expresiva
diferente,
que contribuye
a un lenguaje
más
visceral,
menos
oficial”.
“También
hay que
tomar
en cuenta
la asimilación
del mestizaje,
que las
bandas,
a partir
del año
2000,
asumen
con toda
naturalidad,
sin ponerse
como referente
a bandas
extranjeras.
En su
lugar,
tú
ves a
Rocola
Bacalao,
por ejemplo,
y te identificas
plenamente
con su
sentido
del humor,
con las
letras
de sus
canciones”.
(YM)
Viaje
de la
narrativa
Literatura
ecuatoriana:
entre
el desamparo
y exilio
En los
últimos
25 años
la literatura
ha evolucionado
con las
editoriales
Luego
de que
durante
los años
setenta
los escritores
del realismo
social
habían
perdido
su hegemonía
de casi
40 años,
en los
ochenta,
cuando
nacía
Diario
HOY, una
nueva
generación
de narradores
se abría
espacio.
El campo
perdía
su presencia
como escenario
y cedía
paso a
la ciudad
y sus
personajes.
Ahí
es donde
se desarrolla
la literatura
de Ubidia,
Égüez,
Vásconez,
Proaño
Arandi,
entre
otros.
Al mismo
tiempo,
surgen
editoriales,
como El
Conejo
o Eskeletra,
que acompañan
al nuevo
movimiento
literario,
luego
de la
crisis
de ediciones
de la
CCE.
Pero pronto
esta unión
colapsa,
los escritores
vuelven
los ojos
a editoriales
extranjeras,
primero,
y luego,
muchos,
se exilian,
principalmente
a Europa.
(YM)
 |
 |
 |
|
| Jorge
E.
Adoum
En
los
últimos
25
años,
la
creación
de
Jorge
Enrique
Adoum
se
ha
mantenido
como
una
referencia
constante
en
la
literatura
ecuatoriana,
en
poesía,
narrativa
y
ensayo
|
Javier
Vásconez
El
más
internacional
de
los
escritores
ecuatorianos
ha
publicado
desde
la
década
del
ochenta.
Además,
ha
sido
el
único
ecuatoriano
finalista
del
premio
Rómulo
Gallegos
|
Leonardo
Valencia
El escritor guayaquileño residente en Barcelona es el más pujante
de
su
generación,
en
la
que
comparte
el
exilio
con
otros
como
Huilo
Ruales,
Telmo
Herrera,
Mario
Campaña
|
|
La
poesía,
según
César
Chávez
Cuatro
generaciones
de poetas
El
número
de poetas
en el
país
siempre
ha sido
abundante
y sobresaliente,
por lo
mismo
el nombrar
a unos
y omitir
a otros
no es
más
que una
cuestión
de afinidad
estética,
ni siquiera
crítica.
Los últimos
25 años,
desde
que Diario
HOY naciera,
son varias
las generaciones
que han
estructurado
un pensamiento
poético
sólido,
de ellas
resalto
el trabajo
de los
siguientes:
De los
nacidos
entre
1947 y
1950 mencionaré
a Alexis
Naranjo,
Javier
Ponce,
Iván
Carvajal
y Sara
Vanégas.
De la
generación
1958-1964
menciono
a Mario
Campaña,
Roy Sigüenza,
Vicente
Robalino,
Paco Benavides
y María
Fernanda
Espinosa.
De los
poetas
nacidos
entre
1968 y
1974 están
Luis Carlos
Mussó,
Cristóbal
Zapata,
Marcelo
Báez,
Aleyda
Quevedo,
Alfonso
Espinosa
y Ángel
Emilio
Hidalgo.
En la
última
generación,
con un
trabajo
incesante
en la
consolidación
de sus
poéticas
están
el guayaquileño
Ernesto
Carrión,
y los
quiteños
Juan José
Rodríguez
y César
Carrión.
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