HOY 25 AÑOS DE VISIÓN EDITORIAL

 

ESCRIBEN

• BENJAMÍN ORTIZ
• DANIEL SAMPER
• EDUARDO CASTILLO BARREDO
• FILOTEO SAMANIEGO
• FRANCISCO BORJA CEVALLOS
• FRANCISCO FEBRES CORDERO
• GONZALO ORTÍZ
• GUSTAVO CORTÉZ GALECIO
• JAVIER PONCE
• JORGE ORTÍZ
• JUAN CUEVA
• MÓNICA ALMEIDA
• NILA VELÁSQUEZ
• SUSANA CORDERO

 

 


DANIEL SAMPER

Publicaciones como esta...

Cumple HOY 25 años, y creo que constituye buen ejemplo de un diario que intenta justificar con su trayectoria la importancia de la libertad de prensa

PÁJARO FEBRES CORDEROAcudo de vez en cuando a colegios que piden al periódico donde trabajo o a la editorial donde publico libros la presencia en sus aulas de un periodista o un escritor para conversar con los alumnos.
Más de una vez los jóvenes me han preguntado por mi posición frente a Fidel Castro, que sigue siendo uno de esos personajes capaces de traspasar generaciones.
- Me gusta y no me gusta -respondo.
- ¿Cómo así que le gusta y no le gusta?
- Si fuera un ciudadano pobre y marginado, como millones en América Latina, me gustaría el régimen cubano.
- ¿Por qué le gustaría?
- Pues porque me garantizaría alimentación básica, salud gratuita, educación pública, campos de deporte… No es algo que tengan todos los habitantes de nuestros países. Antes bien, son patrimonio de una minoría.
- ¿Y por qué no le gustaría?
- Pues porque no soy un marginado pobre sino un lector obsesivo y un periodista que vive con comodidad.
- ¿Y cuál es la diferencia?
- La diferencia es que no podría vivir en Cuba como lector. Me abochornan esos noticieros propagandísticos y esos periódicos donde los ciudadanos se enteran de muy poco de lo que ocurre y están sometidos a una dosis insoportable de alabanzas al régimen.
- Entonces, si le garantizaran el libre acceso a noticieros y periódicos extranjeros, como ya lo ofrece la Internet, ¿podría vivir en Cuba?
- No, porque además de lector soy periodista. El periodista, el escritor, necesitan libertad. Y la libertad solo prospera en la democracia. La verdad es que tampoco podría hacerlo como ciudadano libre, por razones parecidas.
- Pero en los países democráticos hay muchos que defienden regímenes como el de Cuba. ¿No debería estar prohibido que lo hicieran?
- Decían los antiguos que el movimiento se demuestra andando. La democracia solo sirve si puede demostrarse democratizando. Es decir, si ejerce en la práctica los valores que defiende en teoría. Sería incoherente que abogue por la libertad de exponer ideas, pero prohíba las que contradigan esta filosofía.
La conversación con los muchachos suele extenderse luego a la prensa, y ahí la situación se complica, porque en aras de defender la democracia es preciso defender también la existencia de publicaciones recalcitrantes, atropellos vulgares, panfletos nocivos, hojas delirantes… Pero no hay otra manera de proteger la libertad que hacerla compatible con una serie de principios elementales: desde la perspectiva legal, el respeto a la intimidad y la niñez, la punición de la calumnia y la amenaza; desde el punto de vista profesional, la búsqueda de la verdad, la comprobación de datos, la publicación de opiniones matizadas, el derecho de réplica oportuna, la transparencia de fuentes, la buena fe como norma de conducta.
De otro modo, será difícil defender la libertad ante quienes quisieran acabar con ella o someterla a su propia idea de los intereses sociales y nacionales.
Cumple HOY sus primeros 25 años, y creo que constituye buen ejemplo de un diario que intenta justificar con su trayectoria la importancia de la libertad de prensa. Sin el derecho de elegir y ser elegido y sin publicaciones como esta -que ejerce su deber de informar e incluso su facultad de equivocarse sin malicia- casi todas las diferencias con un Gobierno como el cubano serían a favor del régimen.

FRANCISCO BORJA

Valió la pena

Los vericuetos de la política nos colocaron, quizá sin proponérnoslo, en la oposición al Gobierno autoritario de LFC cuando aún estábamos tiernos

FRANCISCO BORJAEra una auténtica locura. Muchos diarios sucumbieron antes por la pretensión de desafiar al enorme monopolio periodístico fundado en 1906. Pero el “Gringo” Mantilla creía factible fundar un nuevo diario en Quito. Y lo hizo, y finalmente ha tenido éxito y ha logrado sobrevivir gracias a una tenacidad admirable. Recogió excelentes periodistas. Recuerdo a Benjamín Ortiz, Gonzalo Ortiz, el “Pájaro” Febres Cordero, Fernando Larenas, Fidel Jaramillo, Felipe Burbano, Thalía Flores, Darío Miranda, Jacinto Bonilla, Pepe Navarro. Más tarde se integraron Marco Aráuz, Hernán Ramos, Javier Ponce, Diego Cornejo, Carlos Jijón y muchos otros a los que pido disculpas por su omisión, puesto que solo pretendo presentar una muestra de quienes compartieron conmigo ese sueño imposible. Pero además de buenos periodistas, HOY tuvo siempre una página editorial de lujo, abierta y pluralista, en la que no era raro leer, en el mismo día, criterios contrapuestos.
Fue mi primera experiencia en prensa escrita. Yo venía de la televisión. Había sido, poco antes, reportero, presentador y director de Contacto Directo de Canal Ocho (hoy Ecuavisa). Estaba en el desempleo cuando me llamaron a integrarme al equipo en calidad de editor político. Recuerdo que fuimos a conocer el terreno en donde se edificaría el nuevo diario. Me llené de dudas, pues la tarea me parecía francamente inviable. Seguramente acepté el reto, en buena medida, porque en esos precisos momentos me hallaba desocupado.
Los primeros días fueron terribles. Nunca, hasta que salimos a circulación, logramos concluir un periódico en un día. Las jornadas eran de sol a sol. Solo nos faltaba dormir en el periódico. Todos los días, con el último esfuerzo, al filo de la medianoche, entregábamos todo el trabajo periodístico para que los madrugadores de armada y prensa lo dejaran listo para circular apenas despuntaba el alba.
Había una mística especial. Estábamos convencidos de que Quito y el país necesitaban un diario más moderno, más abierto, más plural. Conformamos un equipo dispuesto a empujar el proyecto con toda la fuerza necesaria, aún cuando interiormente, creo, muchos intuíamos que íbamos directamente al fracaso. Los vericuetos de la política nos colocaron, quizá sin proponérnoslo, en la, oposición al Gobierno autoritario de Febres Cordero, cuando aún estábamos tiernos. El “cajón de sastre” fue un espacio que para mi resultó una experiencia maravillosa de periodismo crítico de opinión que, intuyo, de alguna manera las autoridades del Diario toleraban pese a las dificultades que les acarreaba. Diario HOY ha sido una verdadera escuela de periodismo. Allí se formaron decenas de colegas que luego han ido a prestigiar las filas de otros medios de comunicación. En el Diario aprendí que había que diferenciar claramente la opinión de la información, y que la adjetivación, incluso en la página editorial, es innecesaria. Los hechos narrados en su contexto completo y veraz, y un análisis objetivo y preciso, bastan y sobran para ejercer una crítica contundente y creíble. Allí aprendí que el buen periodismo hasta puede no ser imparcial, pero sí objetivo, entendida la objetividad como la buena fe con que el comunicador narra y explica los hechos. Más de la mitad de mis casi 30 años de periodismo los ejercí en HOY, y creo que valió la pena.

SUSANA CORDERO

¡Igualita!

Gracias a quienes creyeron en el Ecuador, en la posibilidad de una presencia alternativa, de la expresión libre

SUSANA CORDERO¿Por dónde empezar? ¡Veinticinco años y tanta gente con la que compartimos iguales empeños, a la que habíamos dejado de ver y oír hacía tiempo!: -¡Qué bien estás! -¡No te ha pasado un día! -Pero, ¡estás igualita¡ Gracias a la vida, no estoy igualita -¡sería tan anacrónico!-: a todos, existir nos ha dejado huella y, felizmente, se nos nota.
Empezaré con un ¡gracias!, sin nimiedades sensibleras; sin ceder a la tentación de los estereotipos -facilismo hoy tan de moda-. ¡Gracias, de corazón, a todos!: A quienes creyeron y crearon, y creen y crean aún en HOY, -¿para qué nombrarlos? Todos sabemos bien quién son, como decía en su bella habla precaria la Rosa de mi infancia-; gracias a quienes creyeron en el Ecuador, en la posibilidad de una presencia alternativa, de la expresión libre, sin sensacionalismos ni ensañamientos.
Pido a un antiguo sabio que me preste el sabor de su palabra: así la mía, esa que entrega el alma, se traducirá mejor. Traigo, (¡genio y figura!…), la reflexión que don Antonio de Nebrija puso como parte del prólogo a su gramática, escrita y publicada “en el año del Salvador de mil y cuatrocientos noventa y dos, a dieciocho de agosto...”, cuando las carabelas surcaban ya los mares al encuentro de las Indias, al dedicarla a la “Mui alta y esclarecida princesa, doña Isabel, Reina y Señora natural de España y las islas de nuestro mar”:
“Cuando bien comigo pienso, mui esclarecida Reina, i pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas que para nuestra recordación i memoria quedaron escriptas, una cosa hállo y sáco por conclusión mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio…”.
¿A qué estas palabras jóvenes de 500 años? ¿Qué hacen hoy y aquí la reina “muy esclarecida” y la gramática nebricense? Es que, gracias a doña Isabel, católica, apostólica y romana, sabia, y cruel y vengativa, -como se usaba entonces- y gracias a HOY, que acogió mi palabra bien o mal pergeñada, constato cada día cómo desde estas páginas constituí un mínimo imperio hecho de emociones, de urgencias, de ansia de verdad, de indignaciones y voluntad de justicia. Un espacio que aún me permite andar por nuestro pequeño mundo y escuchar al taxista: -¿Usted es la señora de la radio?... -Sí, “yo soy la señora de la radio”.
Sugestivo y amargo dominio que se fue construyendo desde cuando el prototipo del HOY insertó un primer artículo mío cuyo título olvidé, como he perdido la huella de tantos que fueron y no son, al cual, ineludiblemente, siguieron muchos otros durante, ¿13, 14 años? A ellos se juntó Lenguaje para todos, la columnita lenguaraz de título no muy feliz, pero de felices recuerdos…
Entonces escribíamos sin contar caracteres ni palabras; limitaciones que luego, hay que reconocerlo, nos enseñaron a no regodearnos, a ser, en lo posible, esenciales…
¿Quién podría no agradecer esa ardua y preciosa experiencia?
La palabra, materia incierta que aún intento modelar, en la que aspiro a revelar lo que se me revela y me rebela, me ha permitido decir para los otros, ser acogida, generar cierto poder sobre mí misma para huir de vanidades y subterfugios y, en la oscilación ineludible entre la fe y el escepticismo, esperar todavía que el decir a la búsqueda de la verdad pueda tener algún momento en esta patria, menos aciago destino.

JAVIER PONCE

Una escuela de periodismo

Las cúpulas de otros diarios y sus redacciones acabarían ocupadas por quienes pasamos por Diario HOY

JAVIER PONCEInicié mi colaboración con el Diario HOY en un momento crucial. El país había retornado poco antes a la democracia. Sin embargo, hacia mediados de los años ochenta, los fuegos artificiales del festejo habían concluido entre las manos del conflicto de Paquisha y la política de ajustes que nos impuso, a escala de toda América Latina, el dictamen del Fondo Monetario Internacional y sus compañeros de inquisición. Entrábamos en una etapa de lucha política intensa, con un régimen, el de Febres Cordero, que consistiría en la ocasión de consolidarse un modelo neoliberal y que acabó hundido en una garita de cuartel en Taura.
Mientras tanto, tomaba cuerpo una tendencia política de centro izquierda y se fortalecía una ciudadanía que recuperaba la voz y la presencia. Se respiraban aires renovadores. En ese ambiente, fundamos con la Editorial Conejo, creada y dirigida por Diego Cornejo, LA LIEBRE ILUSTRADA, un suplemento del diario HOY que se propuso abordar con profundidad los temas más livianos y aproximar con sencillez a los lectores a los temas más confusos. HOY reflejaba, en esos momentos, el espíritu crítico y esperanzador que acompañó a esa primera etapa de la centro izquierda; y cuando los sectores medios del país, lectores de HOY, gozaban de alguna comodidad, antes de empobrecerse o perder toda ilusión. A inicios de la década de los noventa, cuando “perdí” la libertad de saltar como una liebre en un suplemento irreverente y entré a los cubículos del periódico ocho o 10 horas diarias, un hecho marcó profundamente la información: el levantamiento indígena de 1990. Pensé que a partir de ese hecho, existían las condiciones para profundizar una apertura de la prensa ecuatoriana a nuevas voces de la sociedad.
Acababan los tiempos que Andrés Guerrero, con lucidez, llamó los de la vigencia de los “ventrílocuos”, los que hablaban y actuaban a nombre de los pueblos indios. A partir de entonces y bajo la creencia de que el ejercicio de la política no se reduce a la lucha por llegar al poder sino el ejercicio constante del desacuerdo y del antipoder, me empeñé en que el Diario viviera una apertura a nuevas voces y nuevos actores sociales. Naturalmente que aquello provocaba la tensión entre dos tendencias: la preocupada por el target y la clientela, y la preocupada por los lectores, tensión en la que deben debatirse necesariamente los medios, en su curiosa condición de ser, al mismo tiempo, empresas en pos de rentabilidad y mediadores de la opinión y las necesidades de las gentes. Así asistimos a esa tormentosa segunda mitad de los años noventa, combatiendo, no sé con cuánta razón, a la farándula de Abdalá Bucaram, para acabar abatidos con la crisis bancaria y una dolarización fraguada en una tarde de domingo. Para entonces, comenzó la diáspora de algunos colaboradores de Diario HOY. Yo personalmente, desesperanzado del país, de las élites políticas, de unos movimientos sociales asfixiados en su propio redil, para en el insomnio buscar otros espacios donde continuar insistiendo en los desacuerdos. De ese modo, dos de nosotros desembarcamos en El Universo, el “Pájaro” Febres y yo. Lo curioso de la diáspora es que las cúpulas de los principales diarios y sus cuerpos de redacción actuales acabarían ocupados por quienes pasamos por HOY. ¿No sería oportuno que, a la luz de esos resultados, el “Gringo” Mantilla piense en fundar una escuela de periodismo?
Seguro que le irá muy bien.
Muchas gracias por todo lo aprendido.

FRANCISCO FEBRES CORDERO

Desde el alba

Cada página era una trinchera desde la que disparábamos contra la concupiscencia, la corrupción, la prepotencia

PÁJARO FEBRES CORDEROEso recuerdo del HOY: las madrugadas. Era una actitud frenética, compulsiva, que nos obligaba a buscar que el día se alargara.
Y, para eso, madrugábamos.
Quizá era también porque, llegando al alba, procurábamos llegar antes que la historia.
Así éramos de ilusos. Porque, cuando llegábamos, la historia ya estaba allí, esperándonos, desde hacía mucho tiempo.
Pero nosotros insistíamos.
Así éramos de jóvenes: cargábamos los sueños a la espalda.
Unos sueños que soñábamos juntos, con los ojos abiertos del insomnio.
Y arriesgábamos. Nos poníamos ahí, frente al idioma, y lo retábamos, inventándonos verbos.
Nos poníamos ahí, frente al poder, y lo retábamos, inventándonos futuros.
Nos poníamos ahí, frente a nosotros mismos, inventándonos juegos, ironías, maneras de no tomarnos en serio, mientras la vida se nos iba en tantas y tantas seriedeces.
Llenábamos columnas con nuestra ira. Pero también con ternezas, dulcedumbres. Y nostalgias.
Nos unía el sabernos informales y estar enlazados por la irreverencia.
Quizá teníamos miedo, pero procurábamos que no se nos notara.
Quizá estábamos llenos de vacíos, de dudas, pero procurábamos que no se nos notara.
Peleábamos a pulso por abrirnos un espacio. Que era un espacio para la reflexión. Y para la provocación.
Creo -ahora creo- que estábamos en guerra. Una guerra del HOY, para el mañana.
Y así fuimos dejando nuestra impronta en la batalla. Cada página era una trinchera desde la que disparábamos contra la concupiscencia, la corrupción, la prepotencia, imbuidos por la certeza de que nuestra voz era la de los otros, de aquellos que estaban en la orilla opuesta del poder.
Hasta que, como en toda batalla, comenzamos a sentir las bajas, las ausencias.
Y quizá, también, comenzamos a sentir el desgaste de tantas madrugadas, que ya no olían a ilusión. Ya no a esperanza.
Lo que siguió estaba consignado en el horóscopo, cuya predicción se cumplió exacta: se acercan tiempos duros.
Y esos tiempos fueron de vientos huracanados, que nos mandaron lejos, lejos.
Ahora, ese puñado de madrugadores escudriñamos el horizonte con ojos ya gastados, estamos más calvos y mucho más escépticos. A casi todos nos han crecido nietos.
Pero cuando en cualquier noche incierta nos volvemos a encontrar, sin proponérnoslo esperamos que llegue la madrugada y sentimos cómo el alba nos abriga de quimeras.
Y notamos cómo el HOY fue algo que se nos quedó adentro.
Fue un abrazo fraternal.
Fue una aventura.
Fue una herida terca, que se negó a cicatizar.
Y fue un verbo quemante que para nosotros se conjuga en pasado, pero para los que llegaron después seguirá -obstinadamente- conjugándose en futuro.

 

 

 
 
 
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