1988 /1992

La época de lo mini y del gradualismo

- El dólar estuvo bajo control. Los principales ganadores fueron los exportadores
- El sector agrícola se despertó y tuvo un repunte nunca antes visto


Hileras en las gasolineras cuando llegaba el fin de mes

El gradualismo y las minidevaluaciones fueron la biblia del Régimen de Rodrigo Borja, caracterizado por un andar pausado que se reflejó en el manejo de la economía. El objetivo primordial de esa cultura de las minidevaluaciones iba destinado a controlar la inflación que venía en alza, a unos niveles que superaban récords.

De hecho, el índice de precios al consumidor se había disparado hasta llegar a promedios anuales de entre el 75% y 90%. Eso contrastaba con el deseo de dejar este valor en el 30%. Cosa que nunca se logró.

A pesar del poco agrado que el país empezó a tener por un cambio sucesivo en precios y valores de la divisa, esa política logró mantener un tipo de cambio real competitivo, que a su vez permitió que el sector exportador se vea beneficiado. Así las cosas, los productos no tradicionales empezaron a aumentar sus exportaciones y se dinamizó la parte comercial del país.

Eso contrastaba con el cambio de 180 grados dado a la política de su predecesor, ya que pese a que el presidente Rodrigo Borja era de corte más bien socialdemócrata, no descuidó tampoco las obligaciones con los acreedores internacionales y, al contrario, dio muestras de acercamiento con reconversiones de deuda externa.

25%
crecieron las ventas al exterior de productos no tradicionales

Según lo recuerda Simón Espinosa en un estudio, “en 1989 se expidió la Ley de Régimen Tributario Interno. CEPE fue transformada en Petroecuador y asumió el manejo del oleoducto que estaba operado por Texaco. En 1990 se expidió la Ley de Reforma Arancelaria que reducía drásticamente esos tributos a fin de favorecer el comercio y combatir el contrabando”.

Eso sí, los buenos propósitos no fueron suficientes para reducir los niveles de pobreza crecientes y de abrir un paraguas de reformas estructurales que dirijan al desarrollo en el largo plazo.

Como si fuera poco, las remuneraciones reales cayeron. Otra faceta del Gobierno socialdemócrata fue el inicio de los cambios en el sector laboral. Expidió leyes en favor de la flexibilización laboral y de la instalación de las maquilas. Sin embargo, esas políticas no fueron suficientes para detener el inicio de la segunda década perdida. (SA)

 

1992 /1996

Modernización, una moda evaporada

- La Ley de Instituciones Financieras fue el detonante de la peor crisis económica futura

- Descentralizar el aparato estatal es la meta que se impulsa a medias

El escándalo de corrupción del vicepresidente Alberto Dahik marcó al Gobierno de Sixto Durán Ballén porque era él quien abanderaba un plan de modernización del Estado Nacional.

El principal objetivo de acumular dinero y aumentar aún más las exportaciones que venían en alza chocó con un levantamiento popular y político que no permitió que se dieran las reformas estructurales que el mandatario tenía previsto mantener para llevar a acabo su visión de transformación de la economía.

A todo eso se sumó una nueva “edición” de la guerra con el Perú en el Cenepa y problemas derivados de la naturaleza.
Por si eso fuera poco, Durán Ballén decidió separarse de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que fue una decisión tan polémica como la que hasta ahora recuerdan los ecuatorianos: el de la instauración de la Ley de Instituciones Financieras.

$4 088
millones fueron las captaciones de la banca, al final del período


Según los archivos históricos, la meta que tenía el Gobierno era la de transparentar las relaciones de los flujos de capital, un acto que posibilitó, garantizó e incentivó la especulación financiera. Además fue el pretexto para formar grupos financieros que monopolizaban la economía y que en gran medida fueron los responsables de que miles de ahorristas perdieran sus ingresos por la especulación y por las altas tasas de interés que ofrecían los bancos, por sus ahorros. En el balance general, este fue el inicio de una quiebra financiera y bancaria que se experimentaría años más tarde y que derivó en la peor crisis de la historia. Además fue en esta época que algunas cooperativas entraron en crisis. El ejemplo más latente fue la quiebra de la San Francisco de Asís.

Por el lado positivo, las políticas del Régimen permitieron disponer de índices de precios más bajos y de un incremento de las exportaciones y de la Reserva Monetaria Internacional. En efecto, el objetivo había sido cumplido. Y, es más, hasta el desempleo y el subempleo cayeron; aunque estos indicadores positivos se vieron opacados por un plan de modernización del aparato estatal que no terminó de cuajar y que se quedó en una bitácora de buenos propósitos, pero nada más... (SA)

1996 /1998

El inicio de la peor crisis económica de la historia

- La tensión política causaba mella en la débil economía



El populismo de Bucaram se manifestó en la continua entrega de regalos y dinero en efectivo a ciudadanos de los sectores pobres

El Gobierno populista de Abadalá Bucaram llegó con la improvisación bajo el brazo. Tal fue la falta de una luz que tuvieron que pasar más de 110 días para que presente un plan económico, en medio de una ola de escándalos y excesos.

Planteó, entre otras cosas, un fuerte ajuste económico, construcción de vivienda para los pobres y, sobre todo, poner en marcha la convertibilidad en el país.

Los actos de corrupción desmedios y su forma grotesca de gobernar minaron su base social. En el camino quedó su intento por fichar al astro del fútbol argentino Diego Armando Maradona para el club Barcelona de Guayaquil.

Ante este tipo de actitudes, la imaginación popular surgió con grafitis como “Maradona aunque el pueblo no coma”.

Con el intento de imponer la convertibilidad se vino la protesta social que se extendió entre el 5 y el 7 de febrero de 1997 y que puso a Bucaram rumbo a Panamá otra vez.


$185
millones se gastaron de la Reserva Monetaria en solo seis meses


Fabián Alarcón, entonces, fue el encargado de tratar de dirigir la carreta de un país en crisis, con un déficit fiscal del sector público enorme, equivalente a un 7% del PIB, una caja fiscal vacía, sueldos públicos atrasados, deudas a los gobiernos seccionales, retraso de casi $300 millones en el pago de la deuda externa y una reserva monetaria internacional sumamente diezmada. Trató de paliar la situación con un incremento de las tasas impositivas y un control de la divisa. El nerviosismo bajó, pero se gestaba un gran bumerán. (SA)

 

1998 /2000

El Ecuador se cae a 'pedacitos' en medio de la desesperación y de la impotencia

El congelamiento de los depósitos, decretado por un inédito feriado bancario, fue uno de los shocks más fuertes que han soportado los ecuatorianos. Esa fue la chispa que encendió un levantamiento popular que terminó por derrocar al presidente Jamil Mahuad. Este, en una acción desesperada, embarcó al país en la nave de la dolarización

- El Niño provocó serios estragos en 1998, que también repercutieron
- La deuda externa estaba ahogando las arcas fiscales y no había salida
- Altas tasas de interés a corto plazo sedujeron, pero fue para peor
- Los bancos empezaron a acumular enorme cartera vencida

EL BANCO DEL PROGRESO amaneció cerrado el 22 de marzo de 1999 por orden de su propietario Fernando Aspiazu. Sus clientes quedaron atrapados entre la indignación y la tristeza

Hasta ahora quedan guardas en la memoria las imágenes de dolor y frustración de miles de ecuatorianos que los perdieron todo y casi todo durante los años de la peor crisis económica que ha vivido el Ecuador en su historia. Las marcas han quedado tan profundamente visibles que los más de 3 millones de compatriotas en el extranjero -víctimas del éxodo provocado por la quiebra doméstica- son el fiel reflejo de que no se podrá olvidar fácilmente lo que sucedió aquel 1999.
Tal como lo registró Diario HOY en sus páginas, a su entrada a Carondelet, Jamil Mahuad tuvo que enfrentar el primer shock: la caída del Banco de Préstamos. Eso no olía nada bien y el augurio no era el mejor para sus postreros años de Gobierno. A la par de medidas de corte popular (como el Bono Solidario), el mandatario veía complicarse la intervención en los bancos en problemas. Por ello recomendó crear una agencia que garantizara los depósitos y que a la vez se encargara de reestructurar bancos deficientes. Fue así como nació la AGD. Lejos de desparecer, la pesadilla seguía en pie y, al día siguiente de creada la Agencia, empezó el efecto dominó en el sistema financiero, ya que uno a uno, en total 17 de los 34 bancos, el 65% de los activos del sistema, colapsaron.
El problema se hizo aun más grande cuando el Gobierno se dio cuenta de que la AGD no tenía dinero para cubrir las garantías que de la nada había asumido. Luego cerró el Filanbanco. Después de la caída de Filanbanco y de otros bancos considerados pequeños se produjo la caída del Banco del Progreso, considerado, hasta ese momento, el segundo banco del país por el tamaño de sus activos, y una de las instituciones más rentables, según un análisis de la revista Gestión, recopilada por un estudio de la Universidad Andina. “Las causas de la debacle de esta institución son producto de la crisis general de la economía y la reducción del ingreso de capitales al Ecuador. Sin embargo, demostró también que, desde la expedición de la Ley de Instituciones Financieras en 1994, la mayoría de los bancos más importantes había concentrado el crédito en un reducido número de empresas de los principales accionistas y que tenían créditos vinculados, más allá del límite legal permitido. La crisis del Banco del Progreso, una entidad que tenía cerca de 800 mil depositantes, generó, en todo caso, pánico entre los clientes y ahorristas. Se produjeron sucesivas corridas de depósitos que, luego de varios días, pusieron a este banco en situación de cierre, “para evitar un pánico generalizado que pudiera influir negativamente en todo el sistema”.
Por supuesto, la furia de los depositantes iba en aumento. Y lejos de calmar la situación, Mahuad puso en marcha la eliminación del Impuesto a la Renta y la creación del impuesto del 1% a la circulación de capitales que se retenía en las ventanillas de los bancos. Entonces, la gente corrió a sacar el dinero de sus cuentas. ¿Para qué? Para gastarlo o guardarlo. La inflación se disparaba y la especulación con el dólar empezaba a ser un buen negocio. Mahuad, aterrorizado por lo que se vivía, decretó el feriado bancario en marzo de 1999. Durante una semana, los recursos de la gente no podían ser retirados. Los ecuatorianos ya entraban en una espiral de rabia incontenible. La confianza en los bancos se había desvanecido y la desesperación empezó a reinar. Como consecuencia, una ola de renuncias en las altas esferas del Gobierno hacía temblar su estructura. Cosa natural, en el mercado se intensificaban las transacciones en dólares. Todo apuntaba, entonces, a lo que se rumoreaba: el advenimiento de un sistema de dolarización.
En enero de 2000, en cadena nacional, el presidente Mahuad decretó oficialmente la dolarización, argumentando que era una tabla de salvación para la difícil situación económica. Ni eso lo salvó, ya que él a finales de ese mes cayó.
Pero los más afectados de la crisis fueron la masa de pequeños y medianos ahorristas, y depositantes del país, incluidos los sectores medios que intentaron protegerse ahorrando en dólares.
Meses más tarde entró en escena la moneda estadounidense con impacto profundo en el diario vivir de los ecuatorianos. Cada uno tuvo que empezar a realizar cálculos, porque se había anclado el valor de 25 mil sucres por dólar. Así, el poder adquisitivo se redujo sustancialmente. El principal problema que apareció y que no se tomó en cuenta con la seriedad necesaria fue la ausencia de suficiente moneda fraccionaria. Eso provocó un impacto inflacionario, que apretó directamente a los bolsillos, ya que el famoso “redondeo” se hizo latente. Eso fue estabilizándose hasta llegar a convertir al dólar en parte crucial de la actividad de los ecuatorianos. (SA)

 

 

 

 
 
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