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Los escritores gambetean, alrededor del mundo, entre el balón y la pluma

Muchos escritores son apasionados admiradores del rey de los deportes. De esta conjunción han nacido cientos de libros en donde se entremezclan fútbol y arte literario

Por Yanko Molina

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El uruguayo Eduardo Galeano es uno de los más conocidos literatos que han tratado sobre Fútbol

Un hombre llega temprano al estadio. Prefiere evitar las multitudes de la taquilla. Lleva un libro bajo el brazo -un volumen de relatos de Vladimir Nabokov, pongamos por caso, una novela de Camus- y apenas se ha instalado en las tribunas se interna en sus páginas. Nada más parece existir a su alrededor.
El estadio se va llenando, la gente rodea al lector sin prestarle atención. Cuando los últimos asistentes aún buscan un lugar entre la multitud, un ruido atronador logra sacar al hombre de su abstracción. El equipo ha saltado a la cancha y con él ha surgido la euforia. Poco a poco, el lector se abandona a la experiencia del fútbol. Suspira decepcionado, se frota la cabeza luego de que el golero contrario ataja un tiro de sus ídolos, se suma a los vituperios contra el árbitro, finalmente se abraza con quienes lo rodean en medio de los gritos que siguen a la anotación.
Unas horas más tarde, en medio del papel picado y lo que queda de los vasos de cerveza, el libro continúa abandonado en los graderíos del estadio vacío.
Esta escena hubiera podido darse en casi cualquier país del mundo donde se jugara al fútbol. Si sucedía en Madrid, el estadio se hubiese llamado Santiago Bernabeu y el descuidado lector, Javier Marías; si en Montevideo, el estadio hubiera sido el Centenario, y el aficionado, Eduardo Galeano; y si se trataba de Guayaquil, el escenario hubiese sido el Isidro Romero Carbo, alias Monumental, y el protagonista, Miguel Donoso Pareja.

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Fútbol a sol y sombra se ha vuelto un referente en lo que tiene que ver con literatura y deporte

Todos estos escritores son apasionados de la literatura, y todos, también, apasionados del fútbol hasta el punto de que le han dedicado un libro a este deporte. Talvez el más conocido sea Fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano, donde a partir de una experiencia personal -su odio-amor por Juan Alberto Schiaffino y Julio César Abbadie- hace una larga gira por su amor al deporte y a su belleza, sin importar de dónde provenga.

Con Galeano recorremos la historia del fútbol y sus protagonistas, los reconstruidos a partir de una concepción a la vez lírica y épica que encuentra sus orígenes en las más remotas civilizaciones -los juegos de pelota en la China de los Ming; el deporte ritual, con su carga de muerte, entre los aztecas; el medieval juego, condenado por los reyes ingleses o el calcio italiano de Leonardo y Maquiavelo-, compartimos la pasión del autor, sin poder evitarlo, y recordamos a las estrellas de este deporte, algunas, apenas vagas referencias, otras presencias constantes antes incluso de leer el libro.

Muchas veces, el autor se ve impelido a la repetición de los esquemas de los cronistas de este deporte, con su enorme carga bélica. Según vamos avanzando, partido tras partido, mundial tras mundial, los nombres a los que se hace referencia van resultándonos más próximos, hasta que inevitablemente nos encontramos descubriendo nuestros propios recuerdos en las canchas de un mundo perfectamente conocido.

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Vladimir Nabokov fue portero de su equipo mientras cursaba sus estudios de literatura en la Universidad de Cambrige, en Inglaterra

Pero no solo de deporte habla Galeano, porque no solo de fútbol se trata el fútbol... Intervienen también los empresarios, las luchas de poder en las que el triunfo no solo significa gloria, sino también millones. Lo que comenzó como una dulce reminiscencia de infancia, poco a poco va transformándose en una dura postura frente al mundo globalizado y capitalista. Todo sobre el telón de las inflamadas luchas deportivas.
Eso es Fútbol a sol y sombra, un meditado coctel donde se mezclan pasión, épica e ideología.
Otros escritores encuentran otros caminos; Javier Marías cede a la pasión y, siempre en el delicado estilo al que nos ha acostumbrado en sus novelas, se deleita en la rememoración de su Real Madrid, al que le dedica todo un volumen de ensayos: Salvajes y sentimentales. Pero esa es solo la más deportiva de sus entradas al terreno donde se entrecruzan fútbol y literatura.

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El premio Nobel Albert Camus también fue guardameta, llegó a representar a su país como parte de un equipo profesional

En su relato 'En el tiempo indeciso', parte del volumen de cuentos Cuando fui mortal, y que según aclara el propio autor fue escrito por encargo para la antología de Jorge Valano denominada Cuentos de fútbol. El personaje es un jugador húngaro -como no, tratándose de un madridista, por tanto admirador de Puskas- que tiene un nombre "mucho más impronunciable para nosotros, se escribía Szentkuthy y la gente acabó llamándolo Kentucky, mucho más familiar y más castellano, y de ahí se lo apodó a veces con impropiedad 'Pollofrito' (no casaba con su complexión atlética), los locutores de radio más atrevidos y vehementes se permitían abusos cuando pisaba el área: 'Atención, Kentucky puede freír al Barça.' O bien: 'Ojo que Pollofrito puede hacer saltar la sartén por los aires, quiere organizar una de sus fritangas, cuidado que es todo aceite hirviendo, ¡ojo que quema, ojo que es resbaladizo y no se mezcla!' Dio mucho juego a los periodistas, pero ellos olvidan pronto".
Y como suele suceder con los personajes anodinos para aquellos que comparten el espacio de su ficción, a nosotros nos resulta inolvidable. Talvez porque el fútbol nos ha dado tantos personajes similares, todos tan cercanos al fracasado Szentkuthy, que lo sentimos nuestro.
Galeano y Marías son solo ejemplos, la lista de menciones al fútbol en trabajos literarios es inagotable, e incluye a autores como Francoise Rabelais, William Shakespeare, acapara a casi la totalidad de los autores españoles de la generación del 27 -Rafael Alberti, Gerardo Diego, Miguel Hernández...- e incorpora también a escritores tan circunspectos como el argentino Jorge Luis Borges.
Incluye casi todo: en poesía, ditirambos, elegías, odas, himnos...; en narrativa, desde microcuentos hasta novelas; en teatro, dramas clásicos, comedias, dramas contemporáneos; además de toda una gama de ensayos de todos los talantes.

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Diego Maradona y Salvador Bilardo personajes que, surgidos del mundo del fútbol, han devenido escritores para transmitir sus experiencias sobre el juego de las multitudes

Los escritores ecuatorianos no se han quedado, por supuesto, a la zaga. Raúl Pérez Torres sigue recordando cuando le gustaba el fútbol, Miguel Donoso hace morir a Tairon Powell en el Monumental, mientras que a Fernando Artieda ya solo le queda Barcelona.
Iván Carvajal, uno de los mejores y más reflexivos poetas ecuatorianos, se reúne cada sábado con otros intelectuales... a jugar fútbol.
Es que entre los escritores se encuentra multitud de posiciones con respecto al fútbol, desde aquellos que prefieren disfrutar desde lejos de la belleza del juego, hasta los que se sumergen en el juego mismo; pasando por los que sin jugar, se demuestran hinchas incapaces de tolerar la literatura en contra de su equipo.
El poeta español Rafael Alberti, hincha a muerte del Barcelona, cuando su equipo ganó -gracias en mucho su portero húngaro Platko- al Real Sociedad, no pudo resistir el rapto poético y compuso su Oda a Platko, donde otorga dotes cercanas a las de un semidios al rubio guardamentas: "Nadie te olvida, Platko, no, nadie, nadie, nadie, /oso rubio de Hungría. /Ni el mar, / que frente a ti saltaba sin poder defenderte. /Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía. /Ni el mar ni el viento, Platko, /rubio Platko de sangre, /guardameta en el polvo,/pararrayos".
El poema fue celebrado por todos los barcelonistas, pero no tardo mucho en llegar a oídos de otro gran poeta, este hincha de la Real. Y Gabriel Celaya, buen heredero de Quevedo y Góngora, no tardo en arremeter contra la Oda con balompédica vehemencia y compuso su Contraoda del poeta de la Real Sociedad: "Y recuerdo también nuestra triple derrota/en aquellos partidos frente al Barcelona/ que si nos ganó, no fue gracias a Platko/sino por diez penaltis claros que nos robaron. [...] Todos lo recordamos y quizá más que tú,/ mi querido Alberti, lo recuerdo yo,/ porque yo estaba allí, porque vi lo que vi,/lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre/ recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos/ y hay algo que no cambian los falsos resultados.
No sabemos si Alberti o Celaya se desenvolvían en la cancha tan bien como con las palabras, pero los casos de escritores futbolistas son mucho menos raros de lo que podría pensarse. El ruso Vladimir Nabokov no solo fue aficionado al ajedrez y profesor de boxeo y remo, sino que también jugó fútbol: primero durante su época de estudiante en Cambrige, luego en equipos de exiliados rusos en su periplo por Alemania y Francia.
Pero el más conocido de los literatos que jugaron fútbol es sin duda Albert Camus, que llegó a representar a su país en un campo de juego como portero del RVA de Argel, y que no dudó al afirmar que toda la filosofía que se podía aprender se reducía a aquella que se aprende en aquella zona en la que el gol es la culminación de un destino común.

puntitorojo.gif (55 bytes) RABELAIS
Jugaba al balón y lo elevada tan diestramente con las manos como con los pies

Francois Rabelais
Gargantúa y Pantagruel
Fuente: fifaworldcup.com

 

puntitorojo.gif (55 bytes) SHAKESPEARE
Osvaldo: No permito que nadie me pegue, señor
Kent: (echándole la zancadilla y tirándolo al piso). ¡Ni que te echen la zancadilla, mal jugador de fútbol!

Willian Shakespeare
El rey Lear
Fuente: fifaworldcup.coml

 

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