QUINTA ENTREGA
'...NOSOTROS SOLO PONEMOS EL DISPARO'
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frente con la guerrilla
Una entrevista con el comandante de 33 años, quien piensa que lo
único que tiene es el monte, a sus compañeros y a Dios, porque cree profundamente en
Él, añora su infancia y a su familia en Año Nuevo
Por Fernando Villarroel G. Especial para HOY

Un guerrillero de las FARC dispara contra un helicóptero del ejército colombiano
Es el hombre de las evocaciones que siente que la vida se le va:
"Cualquier rato me matan, escriba pronto para leerme, ya estoy viejo ¿no ve que
tengo 33 años?", suele decir. Él piensa que un guerrillero solo cuenta con el monte
y sus compañeros, ahí es donde se aprende a compartir, a amar, a morir.
"Vivimos en guerra y cuando muere alguien, la tierra siempre recibe el cuerpo de un
guerrillero, puede o no haber cementerio; no hay funerarias, ataúdes, mausoleos ni
lápidas, no admitimos el negocio de la muerte. El cortejo somos nosotros, sin fila de
carros, pero siempre hay una hilera de combatientes con el fusil listo; lloramos al muerto
y esas lágrimas de dolor nos hacen más fuertes todavía".
-¿Se ha sentido ladrón?
-Jamás, aunque haya robado huevos, pollos, carne, embutidos o leche para repartirlos en
el suburbio, eso Dios no puede castigarlo.
-¿Por qué no roban un banco?
-Si hay la oportunidad, lo hacemos. Asaltar un banco dignifica, no envilece, pero no damos
dinero a la gente; estoy con el débil y creo que eso es bíblico.
-¿Piensa en Dios?
-Muchas veces y eso llena mi espíritu y siento que no soy malo, quienes me conocen hablan
bien de mí. No hay que olvidarse de Dios, en esta vida solo transitamos; la voluntad
final es del Ser Supremo.
-¿Alguna vez ha llorado?
-He llorado al perder a personas muy queridas y lloro cada fin de año, cuando lo que
quisiera que estuviera cerca se encuentra lejos; cuando recuerdo que la razón de mis
sentimientos está más distante todavía, lo que se fue con el tiempo y no retornará
jamás, los días de mi infancia. El Año Nuevo es más doloroso que hermoso, a la
medianoche me pongo silencioso y triste, y la tristeza del guerrillero no es cualquier
tristeza, viene de lo profundo y se encarna para decirnos que ahí está.
Entonces quisiera salir del monte y estar en una mesa con los que quedan; siempre lloro en
Año Nuevo porque debo tener un niño triste muy adentro, lloro y abrazo a los que están
junto a mí.
-¿Alguna vez ha sentido pesada la conciencia?
-Me pesa cuando recuerdo todo lo que aún no he podido hacer. El guerrillero tiene la
conciencia liviana, al final, cuando comparezca ante Dios eterno y poderoso, le aseguro
que Él será mucho más benévolo con nosotros, con los que hemos combatido el sistema de
los señores del FMI. El sistema es despiadado y apunta solo a lo material.
Este hombre es padre de cinco hijos y ha tenido tres hogares; su hija mayor tiene 18 años
y hace mucho que no la ve; no se siente enaltecido ni desalmado pero sí un perseguido
político y social; no se arrepiente de nada y se siente comprometido con sus ideales. No
se olvida que en Puerto Asís ayudó a una viuda con seis hijos que vendía gallinas:
"Un prestamista le quitaba su casita de 10 millones porque le debía tres; lo hice
traer con dos hombres y le dije: '¿Se da cuenta lo que va a hacer en nombre de la ley?
Pare el embargo y dele seis meses de plazo, no perderá su dinero'. La mujer pagó y no
perdió la casa. La justicia siempre favorece al prestamista sabiendo la verdad; lo que el
sistema corrupto no hace, nosotros lo hacemos".
-¿Ha sido malo?
-No he sido malo ni cruel, pero he amenazado de muerte. Una vez cogí a dos drogadictos
que hacían sufrir a la mamá y les hice cavar sus tumbas para darles un tiro en la nuca;
lloraban arrepentidos, mas nunca pensé en matarlos. Solo les dije: vuelvo en un mes y si
no cambian, los hago desaparecer. A mi regreso, uno ya regenerado se acercó a mí
agradecido, el otro no dejó el vicio y se había ido del pueblo. Cuando pasan esas cosas
me siento feliz de ser guerrillero.
-¿Cómo le gusta que le digan?
-Nos llaman subversivos, combatientes, rebeldes, revolucionarios, guerrilleros. Cualquiera
de esos términos queda bien, pero jamás terroristas. Dígame guerrillero. Luis Alberto
cuenta que cuando la gente se queja de los vendedores de drogas en las calles, ellos los
cogen y los llevan a la selva, los amarran y desnudos, les ponen azúcar en el cuerpo para
que suban las hormigas.
"Los males del sistema no los tenemos: no somos tratantes de blancas, no fomentamos
la prostitución ni utilizamos la Internet con pornografía infantil; un niño con
nosotros se siente una persona y nunca pasa mal; actuamos para eliminar cualquier
problema, sin trámites indignos, injustos y desiguales. No tenemos escrúpulos para
ejecutar a los corruptos, ladrones, cuatreros, traidores y delatores. Cuando la gente
reclama por la conducta de alguien, se lo somete a un juicio popular. Si la mayoría pide
su muerte, la decisión es del pueblo, nosotros solo ponemos el disparo".
PARTE DE GUERRA
Maten al pastor
Luis Alberto se ha sentido feliz cuando ha perdonado la vida. En cierta ocasión el 'Mono
Jojoy' mandó a matar a los pastores evangélicos porque un coronel del Ejército,
haciéndose pasar por pastor, se infiltró en la guerrilla. La orden fue: "Maten al
pastor de Cahuán".
"Fui con tres hombres, con granadas y pistolas. El pastor parecía conocido y ordené
a los otros que buscaran en el río. Cuando estuve solo, le dije: "Lo conozco desde
niño, mi papá fue su amigo". Conversamos, pero el ambiente se volvió hielo cuando
expresé: 'Vengo a matarlo, tome 50 mil pesos y salga del pueblo'. El hombre estalló en
llanto e invocó a Dios: 'Yo no he hecho nada', decía. Me agradeció, corrió a su casa y
salió para siempre. Por la orden del 'Mono Jojoy' murieron 20 pastores. Ese fue un
error". "Otra vez salvé a un desertor. Al guerrillero Johnny se le murió la
madre y pidió permiso para ir a enterrarla; el comandante se lo negó y el muchacho se
fue decidido a no regresar".
"Vino su calvario. Lo buscaban por desertor y se pasó al Ecuador, lo acorralaron, se
cansó de huir y llegó a mi cuartel, lleno de coraje dijo: 'Comandante, me quieren matar
porque fui a sepultar a mi madre; antes que lo hagan cobardemente quienes ni siquiera
conozco, máteme Ud: aquí está mi pistola, dispare'. 'Intercedí y lo detuve, llegaron
unos compañeros para llevárselo y juzgarlo, pero yo sabía que lo matarían. No lo
entregué, había hablado con la cúpula y uno de ellos tampoco estuvo de acuerdo, se hizo
responsable y me ordenó que lo entregara solo a él; me las jugué y Johnny sigue en la
guerrilla. Matarlo hubiera sido un error grave".
1 de junio de 2005
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