28 de enero de 2005
A la voz del Carnaval todo el
pueblo se levanta...
"Se va la carne" (carn-val) y como se va, los tres días inmediatamente
anteriores a la cuaresma eran para provisionarse de todo lo que no se podía hacer durante
los 40 días de abstinencia y expiación que preceden a la Semana Santa.
Por eso, recordamos entre las tradiciones perdidas del carnaval las comidas donde abundaba
la carne, y como no podía faltar, el trago y los bailes hasta el amanecer.
Quito, por ejemplo, era célebre por sus diablillos, que zigzagueaban amenazantes por las
calles y aceras anunciando el carnaval con sus juegos de agua. En Píllaro, en cambio,
había corrida de toros, pero además, según el historiador Coba Robalino, los juegos de
carnaval era "tan pletóricos de locura que, en una ocasión, un grupo de jóvenes
penetró al Templo y quebró huevos en las cabezas de los sacerdotes". Cuenta
González Suárez que el Obispo amenazó con excomunión el juego del carnaval, a cuyos
desórdenes atribuía el terremoto de 1755.
En Guayaquil, durante las fiestas de carnaval se celebraba la misma del Momo, en las
primeras horas de la mañana del domingo de carnaval, al pie del niño Jesús. También
eran característicos del antiguo carnaval guayaquileño los famosos cascarones, que eran
envoltorios de esperma con agua adentro. Estas tradicionales bombas de carnaval -que
aparecieron hace más de 50 años- se las hacía caseramente después de recoger los
residuos de la esperma, cuando era usual la vela para el alumbrado doméstico. Desde un
mes antes del carnaval, se batía los residuos de las velas en moldes de lata o plomo,
simbolizando estrellas, canastillos de frutas, gajos de uvas, conchas y pajaritos que iban
rellenos de agua y se los arrojaba a distancia, uno por uno, en luchas de grupos.
Más juegos Además de los juegos con agua, durante las épocas de carnaval se practicaban
diversos juegos populares que reunían a gran cantidad de gente. En Chimborazo, por
ejemplo, se jugaba al gallo compadre, en honor al último día del carnaval. Este juego
consistía en sepultar un gallo bajo tierra, dejando la cabeza fuera. Posteriormente se
vendaba los ojos de alguno de los participantes, y después de darle varias vueltas se le
entregaba un machete para que intente degollar al animal. Cantos y bailes La música y la
danza eran otro de los grandes atractivos del carnaval de hace algunas décadas. No solo
en Guaranda había coplas y bailes populares. En Pinllo se practicaba el baile del gato,
al son del arpa y con versos poco conocidos en la actualidad: La maihua por ser maihuita/
en las peñas enflorece/ la mujer que quiere a dos/ quinientos palos merece...
En Pujilí, los días de carnaval recibían a los danzantes, que volvían a aparecer en
las fiestas del Corpus. Durante esos días, se disfrutaba de los coloridos vestidos de los
danzantes, que reunían en la plaza a todos los pujilenses, para cantar, comer y beber.
El carnaval era, en definitiva, el tiempo de ensuciar la cabeza, la cara, la espalda y
hasta los pechos con tizne, huevos podridos y otros ingredientes que formaban una masa
nauseabunda, con la que la gente se divertía acaloradamente. Tres días de locuras de
todo tipo reunían a los ecuatorianos, antes de empezar los sacrificios y ayunos de la
cuaresma.
*Información tomada del "Diccionario del Folklore Ecuatoriano" de Paulo de
Carvalho-Neto.
Publicado en Diario HOY el 12 de febrero de 2004. |