CUARTA ENTREGA
Un gran país marcado por la bomba atómica
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del Japón
Por Diego Cornejo Menacho. Subdirector de Información
En la fotografía: Un hombre señala en una foto gigante la
ciudad de Hiroshima, arrasada por la bomba atómica
TOKIO.- El primer bombardeo atómico de la historia de la estupidez humana ocurrió el 6
de agosto de 1945, en Hiroshima. El segundo, en Nagasaki, tres días después. El ataque
fue ejecutado por los EEUU, que respondían al convencional de Perl Harbor. De
esa forma, el Japón imperialista fue forzado a rendirse, a firmar la paz y a adoptar una
Constitución pacifista.
Las muertes espantosas y el desastre ocasionado arraigaron en conciencia colectiva de este
país el convencimiento de que el ser humano no puede convivir con las armas nucleares.
Tal es el valor que los japoneses dan al asunto, que el líder sindical de Rengo, la
confederación laboral más grande del país, me contestó con una tajante no hay
ninguna posibilidad, cuando le pregunté si el Japón podría optar por una carrera
armamentista para reaccionar ante las amenazas potenciales de Corea del Norte y de China.
En la ciudad de Hiroshima está el núcleo del movimiento pacifista del mundo y un gran
museo conmemorativo.
Quien concurre allí, si tiene un mínimo de sensibilidad, no puede dejar de embargarse de
indignación y vergüenza: las lágrimas brotan naturalmente, con más justificación y
humanidad que nunca.
Paradójicamente, el Japón ha debido protegerse en un paraguas atómico de
los EEUU, durante la guerra fría y ahora también, ante las manifestaciones bélicas de
Corea del Norte, que posee misiles con cabezas nucleares.
Por ello, ahora, una de las mayores preocupaciones de la juventud es el aislamiento
atómico, según me aseguró, en Tokio, el profesor universitario Hidekazu Haraki, quien
es uno de los pocos japoneses conocedores de nuestro país.
No obstante, no es común que los jóvenes hablen de política en público, porque
estar callado es más seguro. Tras la caída del Muro de Berlín, en el Japón
también la sociedad se ha vuelto más conservadora en el sentido occidental del término,
no hay líderes carismáticos entre los intelectuales, en la izquierda o en los medios de
información. Según él, una expresión de aquella conducta es la del Nobel de Literatura
de 1994, Kenzaburo Oé.
Tal opción conservadora, opinó Haraki, es el requisito para disfrutar de las
ventajas de vivir en el Japón.
-¿Qué es lo mejor de su país?- pregunté al profesor Araki.
-La seguridad- respondió, tras un instante de silencio, en el que buscaba la respuesta
más acertada.
-¿Y lo peor?
-Que no es fácil opinar en público.
No obstante, el debate sobre el envío de soldados a Iraq se ha discutido en la Dieta
(Parlamento) y en los medios.
La Constitución prohíbe la intervención militar en otro país, pero si el sistema
internacional cambia, tenemos que contribuir: este es el criterio de Yoshitoshi
Sasaki, periodista del The Yomiuri Shimbun, al que se considera el diario más conservador
de este país.
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