El problema territorial
dejó de ser la principal preocupación de la política exterior del Ecuador, y los
cambios que se han producido en el mundo colocan al país frente al reto de definir sus
posiciones frente al nuevo contexto internacional

El 26 de octubre de 1998, los presidentes Jamil Mahuad y Alberto Fujimori
firmaron el Acta de Brasilia, en la que se estableció la frontera terrestre entre el
Ecuador y el Perú en la zona no demarcada de la Cordillera de El Cóndor y en otros
puntos, se adoptaron acuerdos de integración fronteriza, comercio y navegación
En los 25 años del presente período
democrático, cabe destacar tres hechos internacionales: la resolución del conflicto
territorial que el Ecuador tenía con el Perú desde la constitución de la República,
los profundos cambios ideológicos, económicos y políticos producidos en el contexto
internacional y la consolidación de los Estados Unidos en el liderazgo de un mundo
unipolar.
Resolución del problema territorial
Dos enfrentamientos bélicos, en la Cordillera de El Cóndor en 1981 y en el Alto Cenepa
en 1995, que pudieron derivar en guerras generalizadas, y otros que pusieron en alerta a
los dos ejércitos, demuestran la magnitud que, en el cuarto de siglo democrático,
alcanzó la histórica disputa territorial entre el Ecuador y el Perú.
El 10 de agosto de 1981, en su Informe al Congreso Nacional, el presidente Osvaldo Hurtado
planteó la necesidad de que el país encontrara una fórmula que permitiera la
solución definitiva del problema territorial, indispensable para que pudiera conjurarse
el riesgo de una guerra, asegurar la paz entre el Ecuador y el Perú y promover relaciones
constructivas de recíproco beneficio". Con tal propósito, llamó a un consenso
nacional que permitiera definir una posición en materia territorial, de entre las varias
existentes, a fin de que el Gobierno pudiera negociar sobre bases firmes y su política
tener continuidad.
| CORDES 
Los autores de este ensayo
Son profesionales del grupo de investigación de la Corporación de Estudios para el
Desarrollo, una fundación sin fines de lucro que, en sus 20 años de funcionamiento, ha
editado 35 libros y otras 180 publicaciones. |
Este planteamiento fue criticado por
líderes políticos y observado por jefes militares; el diputado León Febres Cordero
llegó a calificarlo como un acto de traición a la patria, por considerar que
existía una sola tesis ecuatoriana consistente en la reivindicación de los territorios
situados al norte del río Amazonas, razón por la cual debía mantenerse la herida
abierta hasta que el Ecuador pudiera recuperarlos. Esta posición no fue reafirmada
por el presidente Febres Cordero durante su Gobierno, que más bien se distingue por ser
el único que, durante el presente período democrático, nunca mencionó el problema
territorial en sus declaraciones de política exterior y en los eventos internacionales a
los que concurrió.
El presidente Rodrigo Borja, después de un incidente fronterizo que pudo convertirse en
un nuevo enfrentamiento militar, intervino en el foro de las Naciones Unidas para plantear
que el problema territorial ecuatoriano-peruano fuera resuelto mediante el arbitraje del
Papa Juan Pablo II. La iniciativa no prosperó por la respuesta negativa del Perú, pero
permitió un acercamiento entre los dos países que culminó con la primera visita de un
presidente peruano al Ecuador, en la cual Fujimori reiteró la tradicional postura de su
país, según la cual solo faltaba demarcar ciertos tramos de la frontera común, proceso
en el que aceptó la participación de un perito designado por el Vaticano, a la vez que
expresó su disposición a realizar ciertas concesiones no territoriales para que el
Ecuador tuviera acceso al Amazonas, propuesta que no obtuvo respuesta del Gobierno
ecuatoriano. Dado el riguroso apego del Vaticano a los principios del derecho
internacional, el instrumento jurídico en el que probablemente habría basado el Papa su
arbitraje habría sido el Protocolo de Río de Janeiro.
Este acercamiento fue continuado durante el Gobierno del presidente Sixto Durán Ballén,
en el que se mantuvieron contactos bilaterales y se estudiaron fórmulas de solución
hasta que, en 1993, el Perú retornó a su postura tradicional de que solo existía un
problema de delimitación. En 1995, al producirse un enfrentamiento bélico en el Alto
Cenepa, el Gobierno hizo una declaración reconociendo la vigencia del Protocolo de Río
de Janeiro, inusitado paso que contradijo la tradicional postura ecuatoriana contraria a
la aplicación de dicho instrumento jurídico, pero que hizo posible la intervención de
los garantes, el cese de las hostilidades y la apertura de las primeras negociaciones
formales entre los dos países desde 1942.
La definición hecha por el presidente Durán Ballén fue mantenida en los gobiernos de
los presidentes Abdalá Bucaram y Fabián Alarcón, durante los cuales continuaron las
conversaciones acerca del litigio territorial, se estableció el objeto de la controversia
y se acordaron los mecanismos para resolverla. En 1997, el Ecuador y el Perú acordaron
constituir cuatro comisiones para que estudiaran un tratado de comercio y navegación, un
programa de integración fronteriza, medidas de confianza para asegurar la paz y la
fijación de una frontera terrestre común. En 1998 las comisiones emitieron su criterio
aceptando en términos generales los puntos de vista del Perú, pronunciamiento que fue
impugnado por el Ecuador.
En el Gobierno del presidente Jamil Mahuad, la discrepancia fue resuelta mediante una
solicitud a los presidentes de los países garantes (Argentina, Brasil, Chile y Estados
Unidos), para que dirimieran el desacuerdo, decisión que el Ecuador y el Perú se
comprometieron a respetar, luego de la aprobación del procedimiento por parte de los
Congresos Nacionales de los dos países. Los presidentes de los países garantes acogieron
el planteamiento de las comisiones técnico-jurídicas y sugirieron que se otorgara al
Ecuador facilidades portuarias en el río Amazonas y una presencia simbólica en el Alto
Cenepa. El 26 de octubre de 1998, los presidentes Jamil Mahuad y Alberto Fujimori firmaron
el Acta de Brasilia, en la que se estableció la frontera terrestre entre el Ecuador y el
Perú en la zona no demarcada de la Cordillera de El Cóndor y en otros puntos, se
adoptaron acuerdos de integración fronteriza, comercio y navegación y se comprometieron
medidas de confianza que promovieran una paz duradera.
Fue una contribución de la democracia a la seguridad nacional del Ecuador poner fin a un
conflicto que le ocasionó pérdidas sistemáticas de territorios y perjuicios económicos
considerables. Gracias al acuerdo de Brasilia, el país eliminó el riesgo de nuevos
desmembramientos territoriales, alejó el peligro de la guerra, aseguró la paz y eliminó
una causa de ingentes gastos militares que habían limitado las posibilidades de
desarrollo del país.
Un nuevo contexto internacional
Hace 25 años, el segundo gran tema de la agenda internacional del Ecuador, compartido por
los otros países de América Latina, era hacer de la integración regional una
herramienta que promoviera el desarrollo económico y social de Latinoamérica y
fortaleciera su capacidad de negociación, frente a las naciones industrializadas y
particularmente ante los Estados Unidos.
Un cuarto de siglo después, ninguno de los dos objetivos ha sido alcanzado por los
proyectos de integración, América Latina ha perdido importancia económica y política,
va quedándose rezagada respecto a otras regiones del mundo a las que antes superaba y se
ha reducido la influencia que tuvo en el debate internacional. Deterioro debido a que, en
los años ochenta, perdió una década en términos de progreso económico y social y a
que han sido modestos los resultados que obtuvo en los años noventa y en los siguientes
del presente siglo. También ha influido el fracaso del más ambicioso proyecto de
integración latinoamericana, la Aladi, que no ha podido subsanarse a pesar de las
periódicas postergaciones de sus ambiciosas metas iniciales y de los cambios que se
introdujeron en su estructura para darle un nuevo impulso; a lo que se han sumado los
modestos resultados alcanzados por la Comunidad Andina (CAN), especialmente en el campo
económico, y las crecientes dificultades que enfrenta el Mercosur luego de sus iniciales
éxitos.
En estos frustrantes resultados se encuentra la explicación de que primero México,
después Chile, luego los países centroamericanos y ahora el Ecuador, Perú y Colombia,
busquen fortalecer sus relaciones económicas con los Estados Unidos, en lugar de
perseverar en los proyectos regionales de integración. En este proceso de distanciamiento
intraregional y de acercamiento extraregional, Chile es el país que ha ido más lejos al
abandonar la CAN, desechar la invitación que recibió para ingresar al Mercosur y
trabajar arduamente en los centros de decisiones de Washington para superar obstáculos,
vencer reticencias y finalmente obtener la firma de un Tratado de Libre Comercio con los
Estados Unidos.
Hay un factor adicional. Hasta la caída del muro de Berlín, América Latina había
definido sus proyectos de integración como exclusivos de la región y los había
planteado como un medio para enfrentar las relaciones asimétricas que tenía con el
gigante del norte. La desaparición del socialismo real como alternativa a la
democracia y a la economía de mercado contribuyó a superar recelos, limitar áreas de
conflicto y facilitar el desarrollo de constructivas de cooperación con los Estados
Unidos. Estos cambios producidos en el ámbito mundial hicieron que América Latina
valorara en mayor grado sus relaciones con los Estados Unidos, postura lógica si se tiene
en cuenta que es la primera economía del mundo a la que los países de todos los
continentes buscan acercarse y que a su inmenso mercado se dirige un alto porcentaje de
las exportaciones latinoamericanas, especialmente de los países situados al norte de la
línea equinoccial.
Estos hechos coincidieron con la decisión de los Estados Unidos de colocar al libre
comercio por delante de la tradicional ayuda económica, en la función de promover
el progreso de los países en vías de desarrollo. Esta posición les llevó a proponer la
conformación de una Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y a promover acuerdos
comerciales con los países latinoamericanos, proceso iniciado con la incorporación de
México al Nafta junto con Canadá.
Un mundo unipolar
| EL DATO 
Un mundo unipolar
En el horizonte del siglo XXI, Estados Unidos es la superpotencia que domina un mundo
unipolar. La política internacional tuvo un giro radical por la guerra contra el
terrorismo después de los ataques que sufrió el 11 de septiembre. |
Al iniciarse el período
democrático, en 1979, la Unión Soviética rivalizaba con los Estados Unidos por el
control del mundo y los dos países vivían enfrascados en una batalla ideológica,
económica y política librada a través de la llamada Guerra Fría, poniendo en riesgo la
vida de los habitantes del planeta con la diaria amenaza de una conflagración nuclear.
Veinticinco años después, el imperio Soviético ha desaparecido, algunos de los países
que lo integraban se han incorporado a Occidente, el modelo político y económico que
inspiraba sus proyectos revolucionarios ha sido abandonado, con excepción de Corea del
Norte los pocos países comunistas que todavía quedan en el mundo paulatinamente van
adoptando políticas de inspiración capitalista, ha desaparecido el riesgo de una nueva
guerra mundial y las naciones industrializadas de Occidente superan económicamente a las
que formaron el mundo socialista.
En el horizonte del siglo XXI se dibuja un mundo unipolar dominado por una superpotencia a
la que solo China podrá desafiar en el futuro. Los Estados Unidos representan con
largueza la primera economía del mundo, su idioma y su cultura marcan la comunicación y
la conducta aún de pueblos reacios a aceptar influencias externas, se encuentran a la
vanguardia de la investigación científica y de las innovaciones tecnológicas, son los
principales actores de las transformaciones producidas en las relaciones internacionales
por la globalización, sus ejércitos se hallan desplegados en todos los mares y
continentes y ha perdido influencia y seguidores el Movimiento de los Países No
Alineados, creado luego de la Segunda Guerra Mundial para afirmar la personalidad de los
países del Tercer Mundo y defender sus intereses frente a las dos potencias que se
disputaban el control del planeta.
A lo que se suman dos hechos: la economía de mercado ha sido adoptada por casi todos los
países del mundo y la democracia tiende a propalarse por la creciente conciencia de que
es el sistema político que mejores condiciones ofrece para la protección de los derechos
humanos y la prosperidad de los pueblos.
El futuro
El problema territorial ha dejado de ser la principal preocupación de la política
exterior del Ecuador y los cambios producidos en el mundo colocan al país frente a un
nuevo contexto internacional. Estas nuevas realidades deberían ser tenidas en cuenta en
la definición de la política exterior del Ecuador y en las decisiones que tome el
liderazgo nacional en todos los campos. |