
De 1979 a 2000, los salarios de los ecuatorianos se
redujeron en el 41% de su poder adquisitivo. Esta reducición solo se revierte al
doblegarse la inflación con el esquema dolarizador
Cuando el Ecuador empezó su período
democrático el ambiente económico era boyante. La inflación era baja. Gracias al
petróleo, la economía y los ingresos nacionales crecían a altas tasas, y las
instituciones estatales satisfacían la demanda de empleo. A pesar de sentir limitadas sus
libertades civiles bajo el régimen dictatorial, la ciudadanía vivía una bonanza
económica artificial. Bajo la superficie, bullían graves desequilibrios económicos.
Estos problemas se revelaron hacia el final de la década y requerían de un amplio
conjunto de acciones para corregirlos, las cuales constituyen las reformas estructurales.
El retorno a la democracia coincidió con el inicio de estos procesos de ajuste. En parte
estos procesos contribuyeron para reducir el ritmo de crecimiento, más que nada, porque
los mismos eran implementados parcialmente y casi siempre abandonados.
Los ingresos por habitante prácticamente no han crecido en 25 años, lo que sintetiza la
incapacidad de la economía para generar riqueza y mejorar las condiciones de vida de los
ecuatorianos. La recientemente generada estabilidad de precios vigente hoy deberá en algo
revertir esa tendencia, lo que podría consolidar muchos de los grandes cambios que ha
tenido la economía ecuatoriana en los últimos 25 años.
Lento progreso en la producción e ingreso por habitante
De 1979 a 2004, el Producto Interno Bruto (PIB) en precios constantes del año 2000 (es
decir restando la inflación) habrá aumentado de $10 414 millones a $18 906 millones. En
este mismo período, el PIB creció a un ritmo bajo de 2,23% promedio por año (gráfico
1), lo que apenas superó la tasa de crecimiento de la población (2.18%). La combinación
de estos dos factores explica por qué el PIB per cápita en 2004 de $1 460 será apenas
superior a aquel vigente al momento de retorno a la democracia de $1 400 en 1979 (gráfico
2).
En los últimos 25 años, el país sufrió tres episodios que desplazaron la economía
provocando pérdidas significativas en el PIB per cápita. La más grave de estas (por su
efecto duradero) ocurrió en 1982-83. El PIB decreció 3,1% debido a varios factores como
fueron un devastador fenómeno de El Niño, la caída en el precio del petróleo y la
crisis de la deuda externa.
Sumados a estos shocks, el inicio de las medidas de ajuste requeridas para restablecer los
equilibrios y el crecimiento (casi todas medidas que contraían la economía), el PIB per
cápita cayó casi 8%. De ahí, el PIB per cápita demoró 16 años en recuperar el nivel
que tenía en 1981, claro en ese tiempo la economía sufrió otra crisis fuerte pero
temporal en 1987 cuando un terremoto rompió el oleoducto.
La recuperación de la crisis de 1983 fue evidentemente más lenta que la recuperación de
la crisis de 1999, aún cuando esta fue mucho más profunda. El PIB decreció 6,3% y el
PIB per cápita real se contrajo 8,2%. Esta crisis tuvo múltiples aristas por todos aún
recordadas en lo bancario, cambiario, petrolero y fiscal. Cambios políticos y la
adopción de la dolarización en 2000 fueron los catalizadores de la salida de la crisis
económica. Para 2004, el valor del PIB per cápita de en dólares constantes se
aproximará a los $1 460, superior al valor de antes de la crisis de $1 449. Es decir, en
seis años el país ha superado los ingresos per cápita que tenía antes de la crisis.
Últimamente mejoran la estabilidad y recuperación.
Durante 20 años (toda una generación) los ecuatorianos vivieron en un ambiente de
permanente inestabilidad de precios (gráfico 3). De 1979 hasta el mes en que se
dolarizó, la inflación promedio anual fue de 35%, el tipo de cambio con el dólar
americano subió de 28 sucres por dólar a 25 000, acumulando una devaluación de 89 522%.
Los precios subieron 78 356% en este período, lo que contrasta con los salarios mínimos
promedio que habían subido solamente 46 385%. Es decir, los salarios de los
ecuatorianos perdieron el 41% de su poder adquisitivo de 1979 a 2000. Esta pérdida ha
sido posible revertir solo tras haber erradicado la inflación luego de haber adoptado el
rígido esquema de dolarización. A julio de 2004, la inflación se ubicó en 2,2% anual
el nivel más bajo en 40 años y el salario mínimo promedio es de $166 mensuales, 76%
más alto que en 1979, sin embargo una vez que la inflación es descontada, el salario
real de 2004 es apenas 9% superior al de 25 años antes (cuadro 1).

La
producción cambió de la agricultura a los servicios
En el período democrático, la producción ecuatoriana ha cambiado marcadamente.
Finalizando los setenta, 17% de la producción era agrícola y pesquera, 40% era
industrial y de construcción, 11% correspondía a explotación petrolera, y 32% estaba en
servicios. Tomando el promedio de los últimos tres años, la explotación petrolera
representa una proporción similar, pero la agricultura y pesca ha disminuido al 9%, y la
industria y construcción es la mitad de lo que fue. Así, la ecuatoriana es hoy una
economía dedicada mayoritariamente a los servicios, los mismos que representan 60% de la
producción. Este radical cambio tiene profundas consecuencias en las necesidades y
oportunidades laborales, educativas y de regulación, que no han sido abordadas por los
gobiernos.
Algo se ha resuelto el desorden fiscal
Entre 1979 y 2004 el país ha vivido un continuo desequilibrio en las cuentas fiscales, lo
que originó la inflación y el permanente proceso de ajuste que parece no resolver nada,
aunque ha habido algunos logros. El gobierno central tuvo déficit en 18 de los últimos
25 años, incluidos los últimos cuatro, lo que sugiere la existencia de un problema
estructural irresuelto.
| EL DATO 
Crecimiento del PIB en 25 años
De 1979 a 2004, el PIB pasó de $10 414 millones a $18 906 millones. La estructura de la
producción se diversificó de forma dinámica. Surgieron exportaciones no tradicionales,
como las de flores. |
Los avances que ha traído la
creación del Servicio de Rentas Internas (SRI) y algunas de las últimas reformas
tributarias, aumentaron la recaudación tributaria en cerca de 5 puntos del PIB, han
permitido reducir el déficit promedio de 1,5% de PIB anualmente a 0,6% en los últimos
años. Sin embargo, es evidente que los ingresos todavía se quedan cortos en relación
con el aparentemente incontenible gasto fiscal. Incluso, a pesar de que en los últimos
años en el sector público no financiero consolidado, se han producido pequeños
superávit, casi siempre faltan recursos para pagar todas las obligaciones.
Los casi permanentes déficit han contribuido al elevado nivel de deuda que ha sido
imposible de revertir (gráfico 4). En 1979 la deuda pública sumaba $3 818 millones ($2
975 externa y $838 interna) equivalente a 40% del PIB. En 2004, después de que el Estado
asumiera deudas privadas, cayera en moratoria en numerosas ocasiones y reestructurara su
deuda no menos de 12 veces, la deuda pública suma $14 756 millones ($11 484 externa y $3
272 interna). Este nivel equivale al 49% del PIB, el cual es el más bajo desde 1982.
Muchos
cambios en el sector externo
Los intereses pagados por la deuda externa contribuyeron a los permanentes déficit en la
balanza de pagos. Los intereses típicamente revierten los superávit comerciales, que en
gran medida se deben a las exportaciones petroleras. La excepción han sido los últimos
tres años, cuando la balanza comercial ha presentado altos déficit debido al boom de
importaciones influenciadas por la apreciación del tipo de cambio real y por la
construcción del Oleoducto de Crudo de Pesados. Otro cambio importante en la balanza de
pagos se observa en la reciente importancia de las remesas de los inmigrantes. Mientras en
1979 estas representaban menos del 1% del PIB, en los años noventa se dispararon y
alcanzan casi el 6% del PIB. Algo que no ha cambiado mucho es la composición de la
inversión extranjera directa. Aunque esta ha aumentado mucho, de $150 millones anuales a
más de $1 300 millones promedio los últimos años, igual que antes, más del 85% está
destinado al sector petrolero.
Más diversificación exportadora
En los pasados 25 años, la estructura de las exportaciones ha variado debido a la gran
dinámica y diversificación desde 1992 . A fines de los años setenta y principios de los
ochenta, 68% de los ingresos por exportaciones provenían del petróleo, mientras que en
los últimos cinco años este ha generado 43%. En contraste, el aporte de las
exportaciones consideradas no tradicionales a las exportaciones totales, que
antes era del 7% ahora es del 30%. En 1979, cinco productos representaban el 93% de las
exportaciones totales; hoy 15 productos.
| Gustavo Arteta 
El autor de este ensayo
Obtuvo su doctorado en Economía por la Universidad George Mason, en Estados Unidos; es
profesor de la Flacso y director Académico de Cordes. |
Menos
importaciones para producir, más para consumir
Las importaciones ecuatorianas también han variado. La apertura comercial desde
principios de los noventa, especialmente, contribuyó a que, en 2004, el 29% de las
importaciones fueran de bienes de consumo; antes eran solo el 9%. Sin embargo, hoy se
importan, proporcionalmente, menos materias primas y bienes de capital.
La economía en el futuro
El desarrollo económico de los últimos 25 años bajo el régimen democrático se ha
quedado corto de cumplir con las necesidades de la mayoría de la población. El mayor
problema ha sido lograr los consensos necesarios para encaminar las reformas y aplicar las
políticas con la mira en el largo plazo. En los últimos años el Ecuador ha
diversificado su economía, ha logrado la estabilidad de precios, y hay indicios de un
mejor manejo fiscal. Este ambiente debería ser el propicio para encaminar las reformas
necesarias para dinamizar la producción y el empleo que provean mejores condiciones de
vida para todos. Las exigencias de la dolarización, que hasta ahora parecen ventajas,
podrían convertirse en problemas si no se persevera en unos ámbitos y no se corrigen
muchos de los mismos problemas que no fueron corregidos antes.
Muchas de estos, más que económicos, son problemas en otros ámbitos que influyen en la
economía como el sistema legal que gobierna los contratos, y las instituciones
políticas. |