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Una sociedad en constante evolución
Vicente Albornoz

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La reducción del analfabetismo es uno de los mayores logros de esta etapa democrática. En 1974, el 24% de la población no sabía leer ni escribir. Para 2001, el índice de analfabetismo disminuyó al 8,4% de la población total y al 9,5% de las mujeres

La población ecuatoriana en los últimos 25 años
En los últimos 25 años casi se duplicó la población ecuatoriana, que ha pasado de vivir el 59% en las zonas rurales en 1974 al 61% en las ciudades de acuerdo con el último censo de 2001

La transición a la democracia de 1979 ocurrió, justamente, cuando la sociedad ecuatoriana se hallaba inmersa en un profundo proceso de cambio que se había iniciado desde comienzos de los años setenta. Durante los últimos 25 años, este proceso ha continuado y se han afirmado hechos que podrían resumirse en crecimiento, urbanización y envejecimiento de la población, mejoramiento la cobertura de educación y reducción de las diferencias de género. La pobreza ha sido un problema constante durante este período y, aunque ha tenido fuertes variaciones, nunca ha podido ser erradicada. Finalmente, y en contra de la creencia tan difundida, la relación poblacional entre Sierra y Costa varió poco durante este período democrático.

En los últimos 25 años, la población del Ecuador casi se duplicó, al pasar, entre 1979 y 2004, de 7 440 000 a 12 900 000 habitantes, aunque cada vez la velocidad de crecimiento ha sido menor. Así, la tasa anual de crecimiento pasó de 2,7% al inicio de la democracia, para bajar durante la década de los ochenta a 2,3% y reducirse aún más en los años noventa hasta 2,1%. Para fines de esta década, el Ecuador tendrá unos 14 500 000 habitantes, si se calcula una tasa crecimiento de 2% anual.

El avance de las ciudades

Para el último censo antes de la transición democrática (1974), de los 6 500 000 habitantes del país, el 59% vivía en la zona rural y 41% en las ciudades. En los años inmediatamente posteriores, las ciudades tuvieron un crecimiento tan importante que, para 1982, cuando la democracia cumplía tres años, la población urbana era casi la misma que la rural (49% vs. 51%).

Todo esto era el resultado de varias décadas de privilegiar el desarrollo urbano e industrial frente al rural y agrícola, lo que se reflejó claramente en la robusta tasa de crecimiento de la población urbana (5% anual entre 1974 y 1982), frente al escuálido crecimiento de la población rural (1% en el mismo período), resultado, a su vez, de una masiva migración campo ciudad.

El proceso de urbanización siguió avanzando durante el resto del periodo democrático, aunque con un paso menos acelerado. Para 1990, cuando la democracia cumplía 11 años, un nuevo censo nacional revelaba que la población urbana era el 55% del total, mientras que para el censo más reciente (2001), la relación urbano/rural se había invertido frente a la situación al inicio de la democracia y el 61% de la población vivía en las ciudades.

Todo este proceso ha modificado profundamente el panorama político en Ecuador. Los votantes han pasado a ser mayoritariamente urbanos (64% en 2001), han surgido de los municipios, como contrapesos al gobierno central, y se han fortalecido las corrientes descentralizadoras.

Envejecimiento, sobre todo en los años noventa

La reducción tanto de la mortalidad general como de la tasa de crecimiento poblacional durante este periodo democrático han contribuido a un paulatino envejecimiento de la población. Si para el censo de 1974 el 55% de los habitantes tenían menos de 20 años, esa proporción se había reducido al 43% para 2001. Al mismo tiempo, la proporción que representan los habitantes de la tercera edad pasó de 4% a 7%. Toda esta evolución tiene un sinnúmero de implicaciones para la democracia; el reciente fortalecimiento de los grupos de jubilados solo es una de ellas.

EL DATO

imagen niños

Mortalidad infantil
Los índices de mortalidad infantil se redujeron de 59 a 25 defunciones por cada 1 000 niños nacidos vivos. La esperanza de vida pasó de 52 años en 1974 a 70 años en 2001.

La caída de la mortalidad general de 7,7 a 4,5 muertes por mil habitantes y la reducción de la mortalidad infantil de 59 a 25 defunciones por cada mil nacidos vivos, también explican el mejoramiento de la esperanza de vida al nacer, que pasó de 52 años en 1974 a 70 años en 2001. Esta rápida evolución explica, al menos en parte, los desbalances actuariales del IESS que, hasta 1997, trabajó con datos demográficos de los años setenta.

Alfabetismo: descenso y menores diferencias de género

La reducción y virtual extinción del analfabetismo es quizás uno de los mayores logros de esta etapa democrática. Para el censo de 1974, el 24% de la población no sabía leer ni escribir. Las mujeres mostraban un índice aún peor (27%), y más grave entre las mayores de 50 años (50%).

Para 2001, el analfabetismo se había reducido al 8,4% en el total de la población y al 9,5 en la mujeres y en el grupo de edad entre 20 y 40 años, el analfabetismo ha caído hasta 4%. Por otro lado, si bien las mujeres mayores de 50 años siguen siendo el grupo con menos educación, su analfabetismo se ha reducido al 25%.

Otro logro de la democracia ha sido la ampliación del acceso a la educación. Para 1974, los mayores de 20 años que habían superado la primaria eran una élite: 17%. El mayor salto en esta materia se dio en los años ochenta, pues el censo de 1990 ya reportaba que el 40% de los mayores de 20 años habían superado la primaria. Posteriormente, en los años noventa, se moderó esta tendencia ya que para 2001, solo crecieron hasta 42%.

La pobreza: un problema nunca resuelto

La alta incidencia de la pobreza ha sido un problema siempre presente en el Ecuador y que la democracia tampoco ha podido resolver. Pero, a diferencia de la información demográfica tan fielmente recogida en los censos, los datos sobre pobreza provienen de encuestas y, por tanto, no son rigurosamente exactos. Por esta razón, se debe tener especial cautela en el análisis de la pobreza en un periodo tan largo, pues la información puede en algunos casos llegar a ser contradictoria (por ejemplo, el SIISE reporta cinco diferentes mediciones de incidencia de pobreza para el año 1998, que varían entre el 16 y el 66%, según la metodología aplicada y la muestra seleccionada).

En términos generales se utiliza tres tipos de definiciones de 'población pobre': pobreza de ingresos, de consumo (según el ingreso dedicado al consumo) y por necesidades básicas insatisfechas (servicios públicos, educación, tipo de vivienda, etc.). En este artículo se trabajará con los datos de pobreza de ingresos, por ser los más comparables en el tiempo pues implican comparar el ingreso total con un umbral predefinido como, por ejemplo, $2 por día.

Vicente Albornoz

Gustavo Arteta

El autor de este ensayo
Realizó sus estudios de doctorado en Economía en Berlín, es Director de Cordes, fue diputado por Pichincha.

En 1975, la Encuesta de Presupuestos Familiares reportaba una incidencia de pobreza urbana de 20,4% (dada la expansión económica entre ese año y 1979, es muy probable que ese haya sido el nivel de pobreza urbana al momento de la restauración democrática). Al analizar este dato es importante considerar que para 1975, el Ecuador estaba en pleno inicio de su boom petrolero y que esa enorme riqueza llegó especialmente a las zonas urbanas, lo que explicaría la baja incidencia de la pobreza registrada en esa fecha. Desgraciadamente, durante los siguientes 13 años no se volvió a hacer una medición comparable.

A partir de 1988 disponemos de encuestas anuales que permiten conocer la situación de la pobreza en el país, al menos para las ciudades de Quito, Guayaquil y Cuenca, usando el umbral de los $2 de ingreso diario (ajustado por inflación). En esta serie de 15 años se puede apreciar que la pobreza creció durante los años de alta inflación (1988 a 1990 y 1998 a 1999), mientras que bajó en los años en los que la inflación se redujo (1991 a 1997 y 2000 en adelante), como lo revela el gráfico. Los máximos absolutos se hallan en 1990 con 49% y en 1999 con 46%. La conexión entre inflación y pobreza está dada por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios.

De esta correlación entre inflación y pobreza se obtiene una lección muy importante para el diseño de la política económica: la estabilidad macroeconómica (de la que se deriva la baja inflación) genera efectos sociales virtuosos. Desgraciadamente, no todos los gobiernos democráticos tuvieron clara esta realidad.

Otros indicadores

La estabilidad macroeconómica también permite aumentar el nivel del gasto social (que es una manera de paliar la pobreza). Según el SIISE, en el período 1972 a 1995, el gasto social del gobierno alcanzó su menor nivel en 1991 y 1992, luego de cinco años de alta inflación, y se recuperó con la estabilización económica posterior. Estos años coinciden con aquellos de alta pobreza (no existe información posterior a 1995).

El nivel de pobreza está estrechamente ligado con los salarios. Por tanto, una parte de la explicación del alto nivel de pobreza entre 1991 y 1992 se encuentra en el bajo poder adquisitivo de los salarios en esos años (que son los más bajos del período democrático). La importante mejora de ese poder adquisitivo a partir de 1992 es también un factor clave para entender la caída de la pobreza a partir de ese año.

La reducción de la pobreza también está relacionada con la creación de empleo, especialmente para mano de obra no calificada. Una prueba de esto es la interesante correlación que se encuentra entre reducción de la pobreza y crecimiento del PIB de la construcción (donde se emplea una buena parte de la PEA urbana con menores niveles de educación). Justamente son desaceleraciones del PIB de la construcción lo que permite explicar los aumentos de la pobreza en 1996 y 2003, a pesar de la caída de la inflación y del mejoramiento del salario mínimo vital en ambos años.

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