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SÁBADO 19 DE AGOSTO DE 2000

¿Qué más sabe Freddy Contreras? La historia entre las hojas de los procesos judiciales El nuevo huésped de la celda número uno

• Los testimonios de los ex hombres de confianza de la familia Cevallos Balda/Gómez Piñán revelan una trama que, según la Comisión de Investigación, debería aclararse.

• Los familiares del detenido temen por la vida de este. No quieren que sea trasladado a Quito, puesto que hace año y medio, otro de los presuntos implicados en el crimen fue apuñalado.
• Freddy Contreras, el presunto autor del crimen contra el diputado Jaime Hurtado, permanece desde el miércoles en la Granja Penitenciaria El Rodeo, de Portoviejo.

El crimen del holandés frente a la subjefatura

El holandés tenía laceraciones en las muñecas de las manos y en los tobillos, producto de la fuerza con la que fue atado para obligarlo a callar. Una herida se apreciaba en la región frontal izquierda y la sangre seca estaba alrededor de las fosas nasales. Aún se notaban en el cuello las huellas del ahorcamiento. Su cuerpo yacía sobre una camilla del hospital de Sangolquí, cuando llegaron los agentes de la Policía.
El holandés Fompa Emke, un jubilado que brindaba asesoría técnica a varias empresas, como parte de un convenio de ayuda de los Países Bajos a los países en desarrollo, fue asesinado el pasado 11 de junio en una hostería que está en la vía a Amaguaña, en las afueras de Quito. Fue golpeado brutalmente por unos sujetos que llegaron en un taxi a las 20:30, y se alojaron como huéspedes. Duque V., el guardia que se encontraba en la garita de ingreso, los recibió. Aseguró que llegaron preguntando por habitaciones: "Sí, pasen", respondió, y luego llamó por teléfono al recepcionista, Silvio E., para decirle que ingresaban dos huéspedes.
El recepcionista recordó que eran dos sujetos, el uno de tez blanca, de 1,68 metros de estatura que bordeaba los 35 años de edad. Tenía el pelo lacio y vestía con un jean, una camisa a cuadros y usaba lentes. En su mano llevaba una maleta pequeña de color blanco. El otro sujeto era de tez trigueña, de la misma edad y algo obeso.
Silvio dijo en su declaración a la Policía que primero pidieron dos habitaciones, pero terminaron por decidirse por una con dos camas. En el libro de ingresos se registraron con los nombres de Oscar Javier Ochoa Fernández y José Alberto Mendoza Gutiérrez, con cédulas de identidad falsas, según pudo comprobar luego la Policía. Aseguraron que llegaban de Santo Domingo de los Colorados, luego se dirigieron a su habitación y, minutos después, regresaron para preguntar qué había de comer. Pidieron dos truchas y agua. Mientras esperaban comenzaron a jugar billar. El recepcionista llamó al propietario de la hostería que había llegado a las 20:00 acompañado de su novia, para informarle que llegaron dos clientes y que en ese momento jugaban billar.
Los huéspedes comieron las truchas y luego continuaron el juego. A Silvio le comentaron que era demasiado temprano para irse a dormir. En ese momento ingresó a la recepción el guardia, según la costumbre. Mientras jugaban billar, esos sujetos recibieron tres llamadas al telefóno celular que llevaban. El guardia aseguró haber escuchado que en una de ellas, el tipo de la tez blanca decía: "Sí ingeniero, aquí jugando billar, ganándole al José".
Minutos después, "de pronto se dieron la vuelta -narró asombrado el guardia- y con unas armas de fuego (pistolas) nos apuntaron a mí y a Silvio diciendo: 'Esto es un asalto, no se muevan'. Nos botaron al piso, nos sacaron los cordones de los zapatos y nos ataron las manos". En ese instante, llegaron tres sujetos más. A Silvio le preguntaron dónde estaba el jefe. El propietario de la hostería, que se había quedado dormido en la habitación, se despertó al escuchar los gritos de Silvio. Se asomó a la puerta de la habitación en la que descansaba y observó a varios sujetos armados que apuntaban a su empleado. Inmediatamente cerró la puerta, pero los asaltantes la rompieron y lo golpearon. Luego lo tiraron al piso y ataron sus manos con una cuerda, al igual que a la otra huésped. A Silvio también lo arrojaron al suelo.
El guardia fue llevado a la habitación y lo dejaron junto a los otros cautivos. El propietario de la hostería era acosado con un interrogatorio. Los asaltantes querían saber dónde estaba el dinero, si habían más personas en la hostería y si el lugar tenía un sistema de alarmas. (JT)

Cuando llega el silencio

Ante la amenaza, el propietario de la hostería pidió a su novia que abriera la caja fuerte. Luego, los ladrones quisieron saber de qué puertas eran cada una de las llaves que arrebataron al recepcionista. En ese instante, escucharon unos gritos que provenían de la habitación en la que se hospedaba Fompa Emke. El dueño de la hostería les suplicó que no le hicieran daño, porque era un extranjero y no hablaba español. Cuando dejaron de escucharse los gritos, uno de los asaltantes "pidió que le trajeran el silenciador -contó el propietario- para liquidarme como al otro señor".
Los sujetos entraban y salían de la habitación. Revolvieron todas las cosas. En una camioneta Toyota y en una Blazer metieron televisores, computadoras, teléfonos celulares, microondas. El ajetreo amainó, el propietario escuchó cómo encendían la Blazer. Al presentir que se habían marchado, intentaron soltarse. La primera fue la mujer, que ayudó a hacer lo mismo al propietario, mientras el recepcionista desató al guardia. Duque corrió a buscar a la Policía y Silvio se dirigió a la habitación en la que estaba el huésped.
El propietario recordó haber encontrado a Silvio llorando frente al cuerpo de Fompa Emke. Le dijo que estaba muerto. Se escuchó el timbre. Eran los policías de la Subjefatura de Tránsito que está justo frente a la hostería. No pudieron abrir la puerta porque los sujetos se habían llevado el control remoto con el que se abre. Los uniformados tuvieron que darse la vuelta para ingresar por la puerta grande.
En el interior, se percataron que el holandés aún vivía. En una camioneta lo llevaron al hospital de Sangolquí, en donde murió. En la hostería, tanto el propietario, como el guardia y el recepcionista notaron que estaban incomunicados. No tenían teléfonos, tampoco celulares, ni vehículos. Dos días más tarde la Policía de Santo Domingo de los Colorados halló la Blazer en el kilómetro tres y medio de la vía a Quevedo, y el 20 de junio moradores de San José de Morán encontraron la camioneta.
El caso recayó en el Juzgado Decimoquinto de lo Penal de Pichincha. El auto cabeza de proceso se levantó el 20 de junio de este año. Las investigaciones continúan. Las únicas pistas con las que cuenta la Policía son unas huellas digitales tomadas de los utensillos con los que comieron las truchas.
El desorden del cuarto del holandés hacia presumir a los agentes que cuando los sujetos ingresaron Fompa Emke comenzó a gritar y a pedir auxilio. Primero lo golpearon y lo maniataron, pero como no lograron hacerle callar, lo asfixiaron con otra cuerda. (JT).

Raulito, ¿dónde estás?

foto3.gif (22506 bytes)Raúl Marcelo Lita Sánchez

Es la pregunta que los familiares de Raúl Marcelo Tila Sánchez se hacen desde el 3 de junio de este año. Raulito, como lo llamaban, desapareció sin dejar rastro. Solo existen los rumores de sus compañeros de clase quienes comentaron a su hermano mayor, que recientemente Raúl los encontró y les dijo que no quería volver.
Su desaparición fue en uno de esos días en que Raúl regresaba del colegio Villa Florida, ubicado en el kilómetro tres de la vía a Quevedo -a pocos cuadras de su residencia-. Cursaba el primer curso, y tenía la esperanza de llegar a ser un profesional.
Su madre es una mujer luchadora que pese a que fue abandonada por su esposo hace dos años, no dejó la responsabilidad de educar, alimentar y, sobre todo, amar a sus seis hijos. Ella trabaja con verdadero ahínco en una casa particular allá en Santo Domingo de los Colorados, como empleada doméstica. Por la difícil situación económica de esta familia, no ha podido seguir la búsqueda.
Raúl es el tercero de sus hijos, tiene 14 años de edad, es de tez trigueña, ojos negros, cabello negro, mide 1,55 metros y es de contextura delgada. Su madre y sus hermanos están sumamente preocupados porque lo quieren mucho y lo extrañan. Además, ruegan a Dios a diario que su Raulito regrese sano y salvo.
Si usted tiene cualquier información sobre el paradero de este joven, por favor, comuníquese a la Fundación Reencuentro a los teléfonos: 02-238-238 o 02-238-627.
E-mail: reencuentro@uio.telconet.net
(CAL).



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