El crimen del holandés frente a la
subjefatura
El holandés tenía laceraciones en las
muñecas de las manos y en los tobillos, producto de la fuerza con la que fue atado para
obligarlo a callar. Una herida se apreciaba en la región frontal izquierda y la sangre
seca estaba alrededor de las fosas nasales. Aún se notaban en el cuello las huellas del
ahorcamiento. Su cuerpo yacía sobre una camilla del hospital de Sangolquí, cuando
llegaron los agentes de la Policía.
El holandés Fompa Emke, un jubilado que brindaba asesoría técnica a varias empresas,
como parte de un convenio de ayuda de los Países Bajos a los países en desarrollo, fue
asesinado el pasado 11 de junio en una hostería que está en la vía a Amaguaña, en las
afueras de Quito. Fue golpeado brutalmente por unos sujetos que llegaron en un taxi a las
20:30, y se alojaron como huéspedes. Duque V., el guardia que se encontraba en la garita
de ingreso, los recibió. Aseguró que llegaron preguntando por habitaciones: "Sí,
pasen", respondió, y luego llamó por teléfono al recepcionista, Silvio E., para
decirle que ingresaban dos huéspedes.
El recepcionista recordó que eran dos sujetos, el uno de tez blanca, de 1,68 metros de
estatura que bordeaba los 35 años de edad. Tenía el pelo lacio y vestía con un jean,
una camisa a cuadros y usaba lentes. En su mano llevaba una maleta pequeña de color
blanco. El otro sujeto era de tez trigueña, de la misma edad y algo obeso.
Silvio dijo en su declaración a la Policía que primero pidieron dos habitaciones, pero
terminaron por decidirse por una con dos camas. En el libro de ingresos se registraron con
los nombres de Oscar Javier Ochoa Fernández y José Alberto Mendoza Gutiérrez, con
cédulas de identidad falsas, según pudo comprobar luego la Policía. Aseguraron que
llegaban de Santo Domingo de los Colorados, luego se dirigieron a su habitación y,
minutos después, regresaron para preguntar qué había de comer. Pidieron dos truchas y
agua. Mientras esperaban comenzaron a jugar billar. El recepcionista llamó al propietario
de la hostería que había llegado a las 20:00 acompañado de su novia, para informarle
que llegaron dos clientes y que en ese momento jugaban billar.
Los huéspedes comieron las truchas y luego continuaron el juego. A Silvio le comentaron
que era demasiado temprano para irse a dormir. En ese momento ingresó a la recepción el
guardia, según la costumbre. Mientras jugaban billar, esos sujetos recibieron tres
llamadas al telefóno celular que llevaban. El guardia aseguró haber escuchado que en una
de ellas, el tipo de la tez blanca decía: "Sí ingeniero, aquí jugando billar,
ganándole al José".
Minutos después, "de pronto se dieron la vuelta -narró asombrado el guardia- y con
unas armas de fuego (pistolas) nos apuntaron a mí y a Silvio diciendo: 'Esto es un
asalto, no se muevan'. Nos botaron al piso, nos sacaron los cordones de los zapatos y nos
ataron las manos". En ese instante, llegaron tres sujetos más. A Silvio le
preguntaron dónde estaba el jefe. El propietario de la hostería, que se había quedado
dormido en la habitación, se despertó al escuchar los gritos de Silvio. Se asomó a la
puerta de la habitación en la que descansaba y observó a varios sujetos armados que
apuntaban a su empleado. Inmediatamente cerró la puerta, pero los asaltantes la rompieron
y lo golpearon. Luego lo tiraron al piso y ataron sus manos con una cuerda, al igual que a
la otra huésped. A Silvio también lo arrojaron al suelo.
El guardia fue llevado a la habitación y lo dejaron junto a los otros cautivos. El
propietario de la hostería era acosado con un interrogatorio. Los asaltantes querían
saber dónde estaba el dinero, si habían más personas en la hostería y si el lugar
tenía un sistema de alarmas. (JT)
Cuando llega el silencio
Ante la amenaza, el propietario de la hostería pidió a su novia que abriera la caja
fuerte. Luego, los ladrones quisieron saber de qué puertas eran cada una de las llaves
que arrebataron al recepcionista. En ese instante, escucharon unos gritos que provenían
de la habitación en la que se hospedaba Fompa Emke. El dueño de la hostería les
suplicó que no le hicieran daño, porque era un extranjero y no hablaba español. Cuando
dejaron de escucharse los gritos, uno de los asaltantes "pidió que le trajeran el
silenciador -contó el propietario- para liquidarme como al otro señor".
Los sujetos entraban y salían de la habitación. Revolvieron todas las cosas. En una
camioneta Toyota y en una Blazer metieron televisores, computadoras, teléfonos celulares,
microondas. El ajetreo amainó, el propietario escuchó cómo encendían la Blazer. Al
presentir que se habían marchado, intentaron soltarse. La primera fue la mujer, que
ayudó a hacer lo mismo al propietario, mientras el recepcionista desató al guardia.
Duque corrió a buscar a la Policía y Silvio se dirigió a la habitación en la que
estaba el huésped.
El propietario recordó haber encontrado a Silvio llorando frente al cuerpo de Fompa Emke.
Le dijo que estaba muerto. Se escuchó el timbre. Eran los policías de la Subjefatura de
Tránsito que está justo frente a la hostería. No pudieron abrir la puerta porque los
sujetos se habían llevado el control remoto con el que se abre. Los uniformados tuvieron
que darse la vuelta para ingresar por la puerta grande.
En el interior, se percataron que el holandés aún vivía. En una camioneta lo llevaron
al hospital de Sangolquí, en donde murió. En la hostería, tanto el propietario, como el
guardia y el recepcionista notaron que estaban incomunicados. No tenían teléfonos,
tampoco celulares, ni vehículos. Dos días más tarde la Policía de Santo Domingo de los
Colorados halló la Blazer en el kilómetro tres y medio de la vía a Quevedo, y el 20 de
junio moradores de San José de Morán encontraron la camioneta.
El caso recayó en el Juzgado Decimoquinto de lo Penal de Pichincha. El auto cabeza de
proceso se levantó el 20 de junio de este año. Las investigaciones continúan. Las
únicas pistas con las que cuenta la Policía son unas huellas digitales tomadas de los
utensillos con los que comieron las truchas.
El desorden del cuarto del holandés hacia presumir a los agentes que cuando los sujetos
ingresaron Fompa Emke comenzó a gritar y a pedir auxilio. Primero lo golpearon y lo
maniataron, pero como no lograron hacerle callar, lo asfixiaron con otra cuerda. (JT).
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Raulito, ¿dónde estás? Raúl Marcelo Lita Sánchez
Es la pregunta que los familiares de Raúl Marcelo Tila Sánchez se hacen desde el 3 de
junio de este año. Raulito, como lo llamaban, desapareció sin dejar rastro. Solo existen
los rumores de sus compañeros de clase quienes comentaron a su hermano mayor, que
recientemente Raúl los encontró y les dijo que no quería volver.
Su desaparición fue en uno de esos días en que Raúl regresaba del colegio Villa
Florida, ubicado en el kilómetro tres de la vía a Quevedo -a pocos cuadras de su
residencia-. Cursaba el primer curso, y tenía la esperanza de llegar a ser un
profesional.
Su madre es una mujer luchadora que pese a que fue abandonada por su esposo hace dos
años, no dejó la responsabilidad de educar, alimentar y, sobre todo, amar a sus seis
hijos. Ella trabaja con verdadero ahínco en una casa particular allá en Santo Domingo de
los Colorados, como empleada doméstica. Por la difícil situación económica de esta
familia, no ha podido seguir la búsqueda.
Raúl es el tercero de sus hijos, tiene 14 años de edad, es de tez trigueña, ojos
negros, cabello negro, mide 1,55 metros y es de contextura delgada. Su madre y sus
hermanos están sumamente preocupados porque lo quieren mucho y lo extrañan. Además,
ruegan a Dios a diario que su Raulito regrese sano y salvo.
Si usted tiene cualquier información sobre el paradero de este joven, por
favor, comuníquese a la Fundación Reencuentro a los teléfonos: 02-238-238 o 02-238-627.
E-mail: reencuentro@uio.telconet.net
(CAL).
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