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SÁBADO 29 DE JULIO DE 2000

Cuando la guerra los expulse... Los civiles, entre dos fuegos Las soluciones de solidaridad que salieron del Swisshotel

• El Plan Colombia, diseñado por el Gobierno de Andrés Pastrana, contempla un acápite en el Capítulo V para tratar el tema de los desplazados internos. Esta asistencia, al igual que lo que se pretende hacer en el Ecuador, es delegada a los gobiernos locales y las Organizaciones No Gubernamentales, bajo el liderazgo de la Red de Solidaridad Social, organismo que está en coordinación con Acnur Ecuador.

• Dos actores armados compiten por ver quién es más violento en el Putumayo. De ocurrir un desplazamiento masivo, es probable que entre los refugiados también estén miembros de esos grupos.
• Los representantes de Acnur aseguraron que la conexión de redes nacionales de Colombia con los países vecinos permitirá reaccionar a flujos masivos de refugiados.

Demasiadas cervezas y un accidente fatal

Cuando el patrullero de la Policía llegó, un hombre hacía esfuerzos desesperados por resucitar a Julio Ayala, pero los agentes solo pudieron ver cómo el infortunado transeúnte terminaba de morir luego de ser atropellado, a las 23:00 del jueves 29 de junio, en la avenida Amazonas y Río Curaray (frente al aeropuerto Mariscal Sucre) de Quito.
Pero Julio no era la única víctima del accidente. Cien metros más adelante, tirado sobre el asfalto, inconsciente, estaba su hermano, Hugo Ayala, atropellado por el mismo vehículo, de cuya parte delantera, al parecer, logró asirse, pero no pudo evitar ser arrastrado a lo largo de la vía. No murió, pero quedó varios días en coma, en el hospital Vozandez. Luego pasó al hospital Andrade Marín, en donde se recupera, pero aún no ha superado el estado de shock.
El carro que mató a uno e hirió a otro, es un Jeep Suzuki, de placas PHK 929 que, según el informe policial, esa noche era conducido por Manuel Jorge Suárez Nicolalde, quien se encontraba en estado de embriaguez, según lo reveló la prueba de alcolemia que le practicaron los agentes 35 minutos después del accidente, y que marca un nivel de 1,4 g/l (grado alcohólico). Suárez tenía un aspecto pálido, los ojos rojizos y un caminar inestable. Cuando la Policía lo interrogó, admitió haber bebido cerveza durante dos horas, desde las 19:00 hasta las 21:00 de esa noche. Y no pudo continuar con las declaraciones por causa de su estado, según consta en el mismo informe.
No se sabe con seguridad qué hacían los hermanos Ayala a esas horas y en ese lugar. En el juicio que se desarrolla en el Juzgado Segundo de lo Penal de Pichincha existen varias versiones. La esposa de Julio Ayala (quien presentó la demanda) dice que se encontraban tomando un taxi para dirigirse a su casa, mientras que un testigo afirma que discutían con un taxista. Lo cierto es que los hermanos de las víctimas tuvieron que guardar vigilia por el uno en el hospital y por el otro en la morgue de la Policía.
El presunto responsable del accidente, Manuel Jorge Suárez Nicolalde, un estudiante de 27 años, había comprado el vehículo apenas cinco días antes, el 24 de junio. Al parecer, fue un impacto violento, puesto que en el Departamento Médico Legal se determinó que Julio Ayala (de 46 años) murió por causa de hemorragia cerebral, y se añade que también sufrió fracturas en una de sus piernas. Mientras que Hugo Ayala (de 40 años) ingresó al hospital Pablo Arturo Suárez (a donde lo llevaron esa noche) con un politraumatismo craneoencefálico severo, de acuerdo con el certificado médico de esa entidad. El estado en que quedó el vehículo, con su parte delantera hundida, y los 100 metros que arrastró a la segunda víctima, hablan de que el conductor perdió el control.
El acusado no pudo rendir declaraciones la noche del accidente, por causa de su estado, pero durante el proceso dijo que no era él quien se encontraba al volante, sino un primo suyo, que no fue detenido. La esposa del fallecido dice que llevará el caso a los juzgados penales, puesto que la responsabilidad del acusado iría más allá de un accidente de tránsito. (GA)

Nadie responde por las víctimas

Un familiar del fallecido Julio Ayala dijo a HOY que hasta la fecha la familia no ha recibido ni indemnización ni ayuda para los gastos puesto que al parecer el vehículo de Manuel Jorge Suárez Nicolalde no contaba con ningún tipo de seguro en favor de los afectados por un accidente.
Respecto de Hugo Ayala, el sobreviviente, tuvo que ser trasladado al hospital Andrade Marín, puesto que su tratamiento resultaba demasiado costoso en el Vozandes, en donde era tratado en un principio. En su caso, los familiares tampoco han recibido ayuda. Y no se sabe cuándo le darán de alta. El mismo familiar dijo que su recuperación es lenta y que tardará un tiempo considerable para que pueda volver a trabajar y a desenvolverse física y mentalmente con normalidad.
Por su parte, la esposa del fallecido dice que hará todo lo posible para evitar que el caso se juzgue solo como un accidente de tránsito.
Este es uno de los 14 000 accidentes de tránsito anuales que se producen, en promedio, en el Ecuador, según las estadísticas que manejan diversas instituciones de control de tránsito en el país. De estos, el 14%, es decir, cerca de 2 000, obedecen al estado de embriaguez de los conductores.
Hasta hace un año, el Ecuador ocupaba el séptimo lugar en el mundo entre los países con mayor número de muertes por accidentes de tránsito, y el primero en América Latina, según un informe de Cruz Roja y Media Luna internacional. Otras estadísticas señalan que en el Ecuador, cada año, queda un promedio de 1 000 muertos y 5 000 heridos por accidentes de tránsito. (GA).

Un cadáver dentro de un saco de yute

El hombre que llamó a la Policía, la tarde del martes 18 de julio, dijo ser un jardinero, que quería denunciar el hallazgo del cadáver putrefacto de una mujer dentro de un saco de yute. El agente de la Policía Judicial (PJ) que atendió el teléfono intentó obtener más información sobre el lugar, la persona que llamaba y los pormenores del hallazgo, pero el jardinero se limitó a indicarle que se encontraba en el sector de El Condado (tercera etapa). Despúes nadie supo de él.
Cuando el patrullero llegó, a las 16:00, los agentes encontraron un envoltorio abandonado sobre una acera, del cual sobresalían unos pies hasta los tobillos, alrededor de los cuales estaba amarrada la envocadura del saco. Los vecinos no aportaron ninguna pista que ayudara a resolver el misterio.
Se trataba de una mujer de aproximadamente 70 años, cuyo estado de putrefacción hacía suponer que había muerto por lo menos dos semanas atrás. No presentaba huellas de maltrato, por lo que los agentes no se atreven a suponer que se trate de un asesinato, aunque no descartan esa posibilidad, según comenta el investigador que revisó el cadáver y que lo llevó hasta la morgue, donde permanecerá hasta que algún familiar lo reclame.
En la morgue todavía no han realizado un informe al respecto. Uno de los empleados dijo que aún no se han practicado los exámenes al cadáver para determinar las posibles causas de la muerte. Según el libro de registros de la morgue, no se trata de una mujer de 70 años, como dice el informe policial, sino de 45. Pero nadie se ha acercado para negar o confirmar esos datos.
Al principio, el investigador que se hizo cargo del caso pensó que podría tratarse de una indígena del Tungurahua, cuya desaparición fue denunciada hace varias semanas, pero los familiares de la desaparecida constataron que no era así.
Mientras tanto, el cadáver de una mujer encontrado dentro de un saco de yute sigue esperando en uno de los frigoríficos de la morgue de la Policía. (GA).



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