¿Cuántas personas trabajaron en este Plan
Ecuador? El gobernador de Sucumbíos, Jaime Delgado Intriago, asegura que no son muchas,
porque no deseaban que la noticia trascendiera.
¿Por qué?
"Porque tenemos la mala experiencia de que la noticia llega y a veces no sabemos de
dónde sale ni dónde se origina".
Los principales actores de este proyecto sobre el que no existe aún información oficial,
son Acnur, el Comité Internacional de la Cruz Roja y las autoridades de los Ministerios
de Relaciones Exteriores y de Gobierno del Ecuador.
Por el momento, ya tienen listo el borrador del proyecto, que contempla la instalación de
un campamento para albergar a los refugiados que podrían desplazarse al país desde
Colombia. Es un terreno de 50 hectáreas, ubicado en la sexta línea (ocho kilómetros
desde la carretera), entre los poblados de Sansahuri y Palma Roja, en la vía
Tarapoa-Puerto El Carmen, cerca de la reserva faunística del Cuyabeno.
De acuerdo con Jaime Delgado, se creyó que se necesitaría esa extensión de tierras para
improvisar el primer campamento y luego dar forma poco a poco a un centro de refugiados
bastante grande.
Habrían escogido esas tierras porque, según el gobernador, son suelos bastante
bondadosos para sembrados de ciclo corto: yuca y maíz, "lo más elemental".
Además, porque es cercano a la frontera y es propiedad del Instituto Nacional de
Desarrollo Agrario (INDA). Gonzalo Romero, representante de ese organismo en la provincia,
aseguró que en ese sector el Estado posee seis mil hectáreas que no tienen
posesionarios. Son tierras de poco valor comercial, porque su suelo no es muy rico. Una
finca de 50 hectáreas en esa zona podría llegar a costar 50 millones de sucres.
En principio, se habría pensado instalar un campamento en Montepa, en el lado colombiano,
por no existir en ese sector sembrados de hoja de coca, y otro en las zonas aledañas a
Shushufindi: entre Siete de Julio y Divino Verde; y en la vía hacia el Coca, entre Siete
de Julio y Sacha. La idea habría sido formar un embudo entre Puerto Asís y Puerto Ospina
para conducir a los refugiados al campamento, con la asistencia de los militares y los
policías.
Aunque el gobernador de Sucumbíos, Jaime Delgado, aseguró que esa es una posibilidad no
descartada, el proyecto tiene poco asidero debido a que las tierras en Shushufindi son las
más caras, por ser las más ricas de la provincia es el lugar en donde están instaladas
las empresas palmicultoras y caucheras. Según Gonzalo Romero, cada hectárea de tierra en
ese sector puede llegar a costar 50 millones de sucres.
Este Plan comenzó a concretarse hace ocho meses, cuando se iniciaron las reuniones
reservadas, en las que participaron Acnur, la Cruz Roja y la Defensa Civil, representada
por el gobernador de la provincia, además de miembros policiales y militares.
La Cruz Roja se comprometió, en esas reuniones, de acuerdo con Nelson Prado -director de
ese organismo en Sucumbíos-, a proporcionar agua segura a los refugiados, instalar una
Oficina de Búsqueda, un Depósito de Sangre y ofrecer cursos de capacitación sobre
Derecho Internacional Humanitario a la población civil y armada. Ese compromiso lo
adquirió el delegado regional, Bruno Doppler.
Los fondos para la adquisición de bombas potabilizadoras, que se instalarían en el
campamento de Sansahuari, se gestionan en la actualidad en Ginebra. Se calcula que se
necesitan 100 mil dólares. En los próximos días llegarán a Lago Agrio los equipos de
comunicaciones -antenas repetidoras- y computadores para la Oficina de Búsqueda. La idea
sería establecer, en la posible crisis, contactos entre los refugiados y sus familiares.
Y el 90% de los equipos que se necesitan para instalar el depósito de sangre, junto al
hospital Vinicio Iza, ya está en Lago Agrio.
En ocho meses esta delegación se ha reunido en tres ocasiones. A esas conversaciones se
suma la cita realizada en Carondelet entre los gobernadores de Carchi, Imbabura,
Esmeraldas y Sucumbíos, con el ministro de Gobierno.
Aunque todo se preparó en reuniones reservadas y secretas, se trata de un Plan que ya
cuenta con detractores, porque estaría pensado desde una visión que no toma en cuenta la
realidad de la provincia amazónica ni del Ecuador, sino una realidad que mucho se acerca
a la de Africa, de acuerdo con el obispo de Sucumbíos, Gonzalo López: las imágenes a
las que nos ha habituado la televisión sobre la realidad de regiones del mundo
profundamente inestables.
Una confesión en General Farfán
José Cuenca ingresa a su tienda. Saca una silla veraniega, mientras afuera comienza a
caer una llovizna persistente que enloda más los caminos y forma grandes charcos en
General Farfán. Colombianos y ecuatorianos siguen llegando desde San Miguel. Mientras
tanto, las camionetas esperan en cola su turno de salir a Lago Agrio. "Le voy a ser
sincero". Esa es su primera frase y luego comienza una larga confesión en la que se
resume una crítica al abandono al que sometieron a ese poblado, que ya cuenta con dos mil
habitantes, y a la tergiversación que se hace en los medios de comunicación sobre la
realidad de los pueblos fronterizos. La más conocida es sobre la guerrilla: "La
guerrilla no ingresa al Ecuador, apenas pasan sus voceros y nunca están en un solo sitio.
Hoy están aquí, mañana en el Coca".
Gesticula, mira la calle, y continúa sus críticas y sus confesiones para aclarar cosas
que cree necesarias. "El comercio baja cada año y no es por consecuencia del Plan
Colombia -dice-. Yo vivo aquí 20 años. A los colombianos no les preocupa nada del Plan.
Le voy a ser sincero -repite otra vez la frase-: las economías de nosotros han progresado
gracias a los colombianos y en Colombia todo el mundo cultiva coca".
Esa es su explicación. Es decir, no es que el comercio fronterizo ha disminuido porque el
otro lado se esté quedando despoblado por el desplazamiento que genera el temor al Plan
Colombia. "Ahorita no hay cosechas de hoja de coca -sigue-, porque los sembrados se
arruinaron con las lluvias, pero eso ocurre todo el tiempo. Se cae la hoja, pero cuando
llega el sol se vuelve a producir y ahí todo el mundo tiene dinero. Esa es la economía.
De eso vivimos. Otra cosa no hay. Y en el lado ecuatoriano todos vivimos de los
colombianos".
La caída de la hoja de coca se produce desde julio hasta septiembre. La recuperación se
nota en noviembre, aunque a mediados de diciembre regresa la crisis que se mantiene hasta
febrero y otra vez se recupera en marzo. Así, cíclicamente. Su protesta más enérgica
es contra las autoridades del Ecuador, que con el pretexto del Plan Colombia han
implementado el Plan Ecuador, para aplicarlo en la zona fronteriza.
Y, desde su experiencia de vivir 20 años en ese pueblo, asegura que el desplazamiento tan
anunciado, y por el que ha llegado tanta prensa al pueblo, no se dará por la fumigación,
sino por la guerra. Y su percepción de lo que ocurrirá es que los desplazados no serán
solo los colombianos. Cree que los primeros en huir serán los de la comunidad ecuatoriana
de La Hormiga y luego la gente de los pueblos fronterizos ecuatorianos. "Aquí hay
más de dos mil habitantes -dice- y nadie nos ha explicado nada". (JT).