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SÁBADO 29 DE JULIO DE 2000

Los civiles, entre dos fuegos Las soluciones de solidaridad que salieron del Swisshotel

• Los pasos de un proceso desde que se comete el delito.

• Dos actores armados compiten por ver quién es más violento en el Putumayo. De ocurrir un desplazamiento masivo, es probable que entre los refugiados también estén miembros de esos grupos.
• Los representantes de Acnur aseguraron que la conexión de redes nacionales de Colombia con los países vecinos permitirá reaccionar a flujos masivos de refugiados.


Por Juan Tibanlombo
Desde Putumayo


En varios puntos estratégicos del cordón fronterizo de la zona del Putumayo, se instalarán puestos de recepción; con el auxilio de la clínica móvil de Médicos Sin Fronteras, que desarrolla un trabajo preventivo de salud en las comunidades ribereñas, se trasladará a las víctimas de la violencia a la parte ecuatoriana, ante el posible estallido de un conflicto de gran magnitud por el Plan Colombia.
Los delegados de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) se encargarán de calificar si son refugiados; los militares y los policías ecuatorianos serán quienes movilicen en sus unidades a los desplazados hacia un campamento, en donde la Cruz Roja instalará bombas potabilizadoras de agua. En ese sitio, según las previsiones de dos delegadas de Acnur en una visita al alcalde de Lago Agrio, Máximo Abad, podrían permanecer seis meses unas cinco mil personas.
Se trata del llamado Plan Ecuador (que salió de reuniones reservadas y que inaugura una práctica inédita en la región: crear un refugio para quienes huyen de una guerra) fruto de una iniciativa de Acnur, que ya tiene una oficina de enlace en Quito, y del Ministerio de Relaciones Exteriores. Un plan que cuenta con una estructura en la que están las comisiones de salud, obras públicas y comunicaciones.

Cuando la guerra los expulse...

El Plan Colombia, diseñado por el Gobierno de Andrés Pastrana, contempla un acápite en el Capítulo V para tratar el tema de los desplazados internos. Esta asistencia, al igual que lo que se pretende hacer en el Ecuador, es delegada a los gobiernos locales y las Organizaciones No Gubernamentales, bajo el liderazgo de la Red de Solidaridad Social, organismo que está en coordinación con Acnur Ecuador

¿Cuántas personas trabajaron en este Plan Ecuador? El gobernador de Sucumbíos, Jaime Delgado Intriago, asegura que no son muchas, porque no deseaban que la noticia trascendiera.
¿Por qué?
"Porque tenemos la mala experiencia de que la noticia llega y a veces no sabemos de dónde sale ni dónde se origina".
Los principales actores de este proyecto sobre el que no existe aún información oficial, son Acnur, el Comité Internacional de la Cruz Roja y las autoridades de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Gobierno del Ecuador.
Por el momento, ya tienen listo el borrador del proyecto, que contempla la instalación de un campamento para albergar a los refugiados que podrían desplazarse al país desde Colombia. Es un terreno de 50 hectáreas, ubicado en la sexta línea (ocho kilómetros desde la carretera), entre los poblados de Sansahuri y Palma Roja, en la vía Tarapoa-Puerto El Carmen, cerca de la reserva faunística del Cuyabeno.
De acuerdo con Jaime Delgado, se creyó que se necesitaría esa extensión de tierras para improvisar el primer campamento y luego dar forma poco a poco a un centro de refugiados bastante grande.
Habrían escogido esas tierras porque, según el gobernador, son suelos bastante bondadosos para sembrados de ciclo corto: yuca y maíz, "lo más elemental". Además, porque es cercano a la frontera y es propiedad del Instituto Nacional de Desarrollo Agrario (INDA). Gonzalo Romero, representante de ese organismo en la provincia, aseguró que en ese sector el Estado posee seis mil hectáreas que no tienen posesionarios. Son tierras de poco valor comercial, porque su suelo no es muy rico. Una finca de 50 hectáreas en esa zona podría llegar a costar 50 millones de sucres.
En principio, se habría pensado instalar un campamento en Montepa, en el lado colombiano, por no existir en ese sector sembrados de hoja de coca, y otro en las zonas aledañas a Shushufindi: entre Siete de Julio y Divino Verde; y en la vía hacia el Coca, entre Siete de Julio y Sacha. La idea habría sido formar un embudo entre Puerto Asís y Puerto Ospina para conducir a los refugiados al campamento, con la asistencia de los militares y los policías.
Aunque el gobernador de Sucumbíos, Jaime Delgado, aseguró que esa es una posibilidad no descartada, el proyecto tiene poco asidero debido a que las tierras en Shushufindi son las más caras, por ser las más ricas de la provincia es el lugar en donde están instaladas las empresas palmicultoras y caucheras. Según Gonzalo Romero, cada hectárea de tierra en ese sector puede llegar a costar 50 millones de sucres.
Este Plan comenzó a concretarse hace ocho meses, cuando se iniciaron las reuniones reservadas, en las que participaron Acnur, la Cruz Roja y la Defensa Civil, representada por el gobernador de la provincia, además de miembros policiales y militares.
La Cruz Roja se comprometió, en esas reuniones, de acuerdo con Nelson Prado -director de ese organismo en Sucumbíos-, a proporcionar agua segura a los refugiados, instalar una Oficina de Búsqueda, un Depósito de Sangre y ofrecer cursos de capacitación sobre Derecho Internacional Humanitario a la población civil y armada. Ese compromiso lo adquirió el delegado regional, Bruno Doppler.
Los fondos para la adquisición de bombas potabilizadoras, que se instalarían en el campamento de Sansahuari, se gestionan en la actualidad en Ginebra. Se calcula que se necesitan 100 mil dólares. En los próximos días llegarán a Lago Agrio los equipos de comunicaciones -antenas repetidoras- y computadores para la Oficina de Búsqueda. La idea sería establecer, en la posible crisis, contactos entre los refugiados y sus familiares.
Y el 90% de los equipos que se necesitan para instalar el depósito de sangre, junto al hospital Vinicio Iza, ya está en Lago Agrio.
En ocho meses esta delegación se ha reunido en tres ocasiones. A esas conversaciones se suma la cita realizada en Carondelet entre los gobernadores de Carchi, Imbabura, Esmeraldas y Sucumbíos, con el ministro de Gobierno.
Aunque todo se preparó en reuniones reservadas y secretas, se trata de un Plan que ya cuenta con detractores, porque estaría pensado desde una visión que no toma en cuenta la realidad de la provincia amazónica ni del Ecuador, sino una realidad que mucho se acerca a la de Africa, de acuerdo con el obispo de Sucumbíos, Gonzalo López: las imágenes a las que nos ha habituado la televisión sobre la realidad de regiones del mundo profundamente inestables.

Una confesión en General Farfán

José Cuenca ingresa a su tienda. Saca una silla veraniega, mientras afuera comienza a caer una llovizna persistente que enloda más los caminos y forma grandes charcos en General Farfán. Colombianos y ecuatorianos siguen llegando desde San Miguel. Mientras tanto, las camionetas esperan en cola su turno de salir a Lago Agrio. "Le voy a ser sincero". Esa es su primera frase y luego comienza una larga confesión en la que se resume una crítica al abandono al que sometieron a ese poblado, que ya cuenta con dos mil habitantes, y a la tergiversación que se hace en los medios de comunicación sobre la realidad de los pueblos fronterizos. La más conocida es sobre la guerrilla: "La guerrilla no ingresa al Ecuador, apenas pasan sus voceros y nunca están en un solo sitio. Hoy están aquí, mañana en el Coca".
Gesticula, mira la calle, y continúa sus críticas y sus confesiones para aclarar cosas que cree necesarias. "El comercio baja cada año y no es por consecuencia del Plan Colombia -dice-. Yo vivo aquí 20 años. A los colombianos no les preocupa nada del Plan. Le voy a ser sincero -repite otra vez la frase-: las economías de nosotros han progresado gracias a los colombianos y en Colombia todo el mundo cultiva coca".
Esa es su explicación. Es decir, no es que el comercio fronterizo ha disminuido porque el otro lado se esté quedando despoblado por el desplazamiento que genera el temor al Plan Colombia. "Ahorita no hay cosechas de hoja de coca -sigue-, porque los sembrados se arruinaron con las lluvias, pero eso ocurre todo el tiempo. Se cae la hoja, pero cuando llega el sol se vuelve a producir y ahí todo el mundo tiene dinero. Esa es la economía. De eso vivimos. Otra cosa no hay. Y en el lado ecuatoriano todos vivimos de los colombianos".
La caída de la hoja de coca se produce desde julio hasta septiembre. La recuperación se nota en noviembre, aunque a mediados de diciembre regresa la crisis que se mantiene hasta febrero y otra vez se recupera en marzo. Así, cíclicamente. Su protesta más enérgica es contra las autoridades del Ecuador, que con el pretexto del Plan Colombia han implementado el Plan Ecuador, para aplicarlo en la zona fronteriza.
Y, desde su experiencia de vivir 20 años en ese pueblo, asegura que el desplazamiento tan anunciado, y por el que ha llegado tanta prensa al pueblo, no se dará por la fumigación, sino por la guerra. Y su percepción de lo que ocurrirá es que los desplazados no serán solo los colombianos. Cree que los primeros en huir serán los de la comunidad ecuatoriana de La Hormiga y luego la gente de los pueblos fronterizos ecuatorianos. "Aquí hay más de dos mil habitantes -dice- y nadie nos ha explicado nada". (JT).

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