El archivo de una muerte en Navidad
La noticia pronto se regó en todos los
medios de comunicación: un joven se suicidó en la mañana de la Navidad de 1999, con una
pistola Glock, nueve milímetros. Los padres desmintieron que las motivaciones se hayan
debido a una decepción amorosa, como se rumoró en ese entonces en la prensa. Aquí
revelamos algunos detalles establecidos en el proceso que se instauró en el Juzgado
Decimocuarto de lo Penal de Pichincha, para investigar las causas de la muerte.
La familia de Alberto (se omitirán los verdaderos nombres de los protagonistas de esta
historia) tuvo su cena de Navidad en la noche del 24 de diciembre, en su casa ubicada en
el sector de Miraflores, al norte de Quito.
Alberto recibió dinero de sus abuelos y, según la declaración de su padre, que consta
en el informe policial del 26 de diciembre presentado por los uniformados Luis Pachacama y
Galo Vega, se retiró a su cuarto, que estaba en el segundo piso de la vivienda.
En el informe policial presentado el 30 de diciembre, se asegura que Alberto había salido
luego de la cena a una discoteca, sin precisar cuál, y había regresado al día siguiente
a las 06:00.
En ese informe constan nuevas declaraciones del padre de Alberto, en las que asegura que
su hijo, cuando llegó en la mañana del 25 de diciembre, intentó lanzarse desde el
tercer piso de la casa. La familia intervino y lo llevaron a su cuarto, en donde lo
habrían dejado dormido. Dos horas más tarde toda la familia, excepto Alberto, se había
sentado en la mesa del comedor para desayunar.
Instantes después, según las declaraciones de los familiares, escucharon un ruido,
"como si se rompiera algún objeto de vidrio". El padre de Alberto subió al
segundo piso de la casa para ver de qué se trataba. En las gradas encontró restos de
vidrios rotos.
Luego llegó al cuarto de Alberto y, aseguró, lo escuchó roncando. En su cuarto vio que
el mueble en el que guardaba armas de fuego estaba abierto. El padre de Alberto estaba en
pijama, por lo que había dejado en la cómoda de su dormitorio la llave del mueble en el
que guardaba cuatro armas de fuego, entre ellas una pistola Glock, de nueve milímetros,
con la serie ZY-860.
Sin verificar si faltaba o no alguna arma, se había dirigido nuevamente al cuarto de su
hijo y cuando abrió la puerta había visto a Alberto tirado en el piso, con una herida en
la cabeza. En su mano estaba una pistola Glock. En su declaración a la Policía, aseguró
que su hijo había ingerido una sustancia combustible, un frasco de colonia, y que tenía
una jeringuilla con la que probablemente se había inyectado un líquido abrillantador.
La familia de Alberto llamó al 911. Una ambulancia lo trasladó a la Clínica Pasteur, en
donde falleció minutos después de haber ingresado. El examen médico legal determinó
que, al parecer, Alberto apoyó la pistola en el hueso temporal derecho, en el que se
observaba un orificio de seis por cuatro centímetros. La bala atravesó el cerebro y
salió por el hueso temporal izquierdo, en el que abrió una herida de 18 milímetros de
diámetro.
La causa de su muerte fue la hemorragia y laceración cerebrales, causadas por la fractura
del cráneo que provocó la penetración, paso y salida de una bala que fue hallada por
los policías que acudieron a la casa de la familia de Alberto para investigar el caso, en
la cabecera de su cama. (JT)
La sustancia que regula el ánimo
En el primer parte policial presentado el 26 de diciembre, los uniformados aseguraron que,
al entrevistar al tío de la víctima, este había manifestado que su sobrino padecía de
una enfermedad sicológica, pues los especialistas le habían detectado que en el cerebro
le faltaba una sustancia que regula el estado de ánimo.
De acuerdo con las declaraciones del padre de Alberto, su hijo intentó suicidarse en
varias ocasiones. Alguna vez habría tratado de cortarse las venas y otra de ingerir
veneno. Al parecer, Alberto sufría una fuerte depresión que lo llevaba a consumir licor,
algo de drogas y a romper vidrios. Por esta causa habría recibido atención médica
especializada.
Su médico tratante, Carlos Jaramillo Arboleda, declaró en la Policía Judicial que lo
comenzó a tratar hace cuatro años por una depresión grave, al parecer, congénita,
porque provenía de una familia que sufre depresión.
Carlos Jaramillo confirmó a la Policía que su paciente intentó autoeliminarse en varias
ocasiones y que casos como el de Alberto, por lo general, terminan en desenlaces fatales.
El caso se cerró sin necesidad de abrirse el autocabeza de proceso. De acuerdo con el
juez Jaime Santos Basantes, "conforme lo disponen los artículos 158 y 219 del
Código de Procedimiento Penal, el juez debe cerciorarse de que el hecho denunciado
-según su última resolución- constituye delito punible y pesquisable de oficio".
En el caso de Alberto, el juez consideró que del resultado de las investigaciones
practicadas por la Policía Judicial de Pichincha se desprende que él no era competente
para conocer el caso del suicidio, porque no existe acción penal alguna que juzgar. Ahí
se cerró el sumario y se envió los informes de Alberto al archivo. (JT).
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Ultima comida del hombre que murió a palos Angel Ruperto Bajaña almorzó con toda su familia en la tarde
del domingo anterior, en su casa ubicada en la Argelia Baja. Estaban su esposa, sus seis
hijos y otros. A las 16:00 salió en su taxi San Remo, con placas PZJ-229, de la
cooperativa Compañía de Taxis, para trabajar en el horario nocturno.
En la noche, la esposa de Angel Ruperto y sus hijos se acostaron a dormir, pero serían
despertados horas más tarde por la Policía.
En la madrugada del día siguiente, el 17 de julio de 2000, un carro de la Policía que
patrullaba el sur de Quito halló el taxi abandonado en la ciudadela La Ecuatoriana, casi
desvalijado. Se habían llevado la radio y el taxímetro.
Con el número de las placas y otros datos hallados en el interior del vehículos, los
uniformados lograron establecer la identidad del conductor. A las 03:00 del lunes anterior
llegaron a la casa del taxista, para reportar el hallazgo del taxi y buscar nuevas pistas
que les ayudaran a localizar al taxista.
La esposa de Angel Ruperto, familiares y compañeros de trabajo participaron en su
búsqueda, por los sitios más desolados del sur de Quito, en lugares en los que
supuestamente abandonan a sus víctimas los ladrones.
En la mañana de ese lunes hallaron finalmente el cuerpo de Angel Ruperto. Su cadáver
ensangrentado fue encontrado entre unos matorrales de un terreno baldío, en la entrada de
La Ecuatoriana, a una cuadra del lugar en el que la Policía encontró el taxi.
De acuerdo con las primeras versiones de los agentes que participaron en el levantamiento
del cadáver, Angel Ruperto bien pudo haber sido asesinado por golpes de puño y patadas,
a pesar de que junto al cadáver se habría hallado un palo ensangrentado, probablemente
el arma asesina. El cadáver fue trasladado al Departamento Médico Legal de la Policía.
(JT).
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