Esas técnicas desarrolladas ilícitamente,
con las que ahora se hacen "los mejores dólares falsos del mundo", cuentan,
además, con la experiencia que le brindan sus usuarios, clanes familiares hasta con tres
generaciones a cuestas, dedicados íntegramente a la copia de billetes. Grupos de
parientes que son un simil de los carteles en el narcotráfico. Aunque con sus distancias:
la falsificación de dólares es mucho menos lucrativa que la elaboración de cocaína,
pero a la vez es mucho menos riesgosa. Requiere poco de armas y violencia, y permite una
más fácil distribución. Además, el clan familiar falsificador es un grupo muy cerrado,
que prefiere que cada vía de distribución sea totalmente ajena a las otras, que no se
conozcan entre sí.
"Hemos descubierto redes de falsificadores integrales que empezaron con el abuelo,
siguen el hijo y el nieto con la industria de falsificación del dólar. Y esto lo pueden
hacer en el solar de la casa, pues no necesitan una infraestructura; solo una computadora,
un buen escáner", explica Puentes.
Los clanes falsificadores, de acuerdo con el DAS, surgieron en Medellín y se desplazaron
hacia el sur por el Valle del Cauca, especialmente hasta Cali. Buga, Yumbo y Pereira son
otras ciudades donde se 'fabrican' billetes. Están en línea recta hacia Pasto y están,
a la vez, muy relacionadas comercialmente con Tulcán.
Aunque en esa zona se habían detectado anteriormente la falsificación de pesetas
Españolas, Colones centroamericanos, bolívares venezolanos, balboas, pesos mexicanos y
colombianos, balboas panameñas, dinares de Irak y también sucres, los clanes dedican
ahora especial interés al dólar y, sobre todo, al nuevo billete de 100. "Lo
falsifican primero por ser de circulación masiva, segundo porque sus características
más importantes son solo conocidas por algunas autoridades, tercero porque su valor y
denominación lo hacen más atractivo", explica Puentes.
Décadas atrás, la falsificación empezó con la litografía: fotografiaron billetes y
luego ampliaron y perfeccionaron de forma tal que hicieron planchas con las
características más minúsculas que pudieron tomar de ellos. Ahora ha quedado un poco
atrás esa técnica, se están metiendo a la más moderna que es con el escáner, casi
perfecta. Pero los que han hecho esto desde antaño, siguen con la litográfica, que es la
casera, según los investigadores.
La inversión es mínima para un billete de 100. Cada uno demanda aproximadamente 6 mil
pesos (algo más de tres dólares) en materiales y trabajo. Luego, dentro de Colombia, lo
vende en el equivalente de 60 mil pesos (aproximadamente 30 dólares), y quien lo adquiere
y lo "pasa" pueden obtener 195 mil, que es la equivalencia a 100 dólares.
Pero al enviarlos clandestinamente a otros países, el margen de ganancia puede disminuir.
De hecho, el último decomiso realizado en Quito, de 80 mil dólares falsos que trataron
de ingresarlos al sistema financiero, permitían obtener una ventaja de 4 por 1.
"Le voy a enviar 200 coloretes verdes", es una de las claves más común entre
los falsificadores, a través de bipper y celulares interceptado por el DAS. Lo hacen por
lo general de viernes a domingo, porque de lunes a jueves se dedican integramente al
trabajo de imprenta.
Astucia y malicia para distribuirlos
Utilizan también la malicia y la astucia "propia de los latinos", según
Puentes. Es así como el clan de 'Los Cuchos', es muy conocido en medios policiales
colombianos.
"Son tres ancianos que suman aproximadamente 180 años y lideran una banda. Uno de
ellos tiene buena presencia y aparenta buen nivel cultural, mantiene una conversación de
cualquier tema, no es violento. Da la apariencia de tener una posición económica muy
sólida. Llega a usted a través de cualquier amigo, le ofrece un negocio, y en una semana
lo convence y usted recibe 100, 200 mil dólares falsos", relata el investigador.
Con ese sistema de inducción uno de 'Los Cuchos' engañó a una doctora, y a cambio de 70
mil dólares falsos, la despojó de una finca. "Hizo tan bien las cosas que los
papeles no llegaron a él sino a un tercero y este llegó a ser un tenedor de buena fe,
amparado por la Ley. Son personas muy hábiles", recuerda Puentes.
Es por eso que el DAS considera a este delito como uno de los que ejerce mayor impacto en
el orden económico y social. El coronel Germán Jaramillo Piedrahita, director de esa
dependencia con sede en Bogotá, ubica además a esa actividad entre las que atentan
contra la seguridad pública.
Y en torno al papel hay varias opciones. Algunas bandas utilizan bond de muy buena
calidad, sobre el cual preimprimen detalles como el sello de agua o el hilo de seguridad,
mientras que otras prefieren lavar billetes de un dólar (por los cuales clandestinamente
en Colombia se pagan hasta cinco dólares), para reimprimir sobre ellos uno de 100. Sirven
también con el mismo propósito los bolívares, y en especial su billete de 10, que es
del mismo tamaño que del dólar. Esto garantiza el paso por las pruebas del papel moneda.
El lino y el algodón son los componentes básicos de cualquier papel moneda,
especialmente del dólar, para que la tinta, en el momento de la impresión, se adhiera
con facilidad. Y los falsificadores utilizan otros elementos minerales (cuyos nombres
prefieren no revelar los expertos de la Policía Nacional) que soporten el 'manipuleo' y
la humedad.
"Debe ser un papel apto, pues debe resistir el acostumbrado maltrato", dice el
subteniente Paco Chávez Pascuel, perito del área de Documentología del Departamento de
Criminalística policial del Guayas, donde trabajan cuatro personas en las investigaciones
técnicas de los dólares falsos.
Es por ello, afirma el oficial, que los falsificadores prefieren lavar (con cloro diluido
en determinadas cantidades, y otros químicos) los bolívares y, sobre todo, el billete de
un dólar, que es codiciado por sus "perfectas características", pues, por
ejemplo, no tiene el hilo de seguridad ni la mancha de agua, como los de mayor
denominación en determinadas áreas.
Los investigadores locales tienen ya un plan diseñado para detectar las falsificaciones:
entre otras cosas, tienen claro las características de los billetes en sus tres diseños:
los emitidos antes de 1990, desde 1990 y, los últimos, desde 1996.
Esos 'truquitos prácticos' que conocen, dice, ya los enseñaron a diferentes empresas de
Guayaquil, en una campaña que emprendieron luego de que el 9 de enero se adoptó la
dolarización.
"Cada una de estas emisiones de la Reserva Federal de los Estados Unidos poseen
medidas de seguridad propias y en forma cronológica han sido aumentadas y
mejoradas", explica el subteniente. Sin embargo, los equipos de Criminalística son
antiguos, como el Video Spectro Comparador (VSC4), mientras que las técnicas de los
falsificadores se vuelven cada día más modernas. (GCG-APM).