Siete muertos en 20 minutos de balacera
Cuando daban por exitoso su atraco a la
piladora Cruz María, propiedad de Víctor Hugo Idrovo, ubicada en el kilómetro uno y
medio de la vía Quevedo-Ventanas, un patrullero de la Policía de Los Ríos frustró sus
planes: eran las 13:30 del lunes anterior cuando 12 sujetos a bordo de una camioneta Mazda
gris, con placas GGZ-660, identificada con el logotipo de la compañía de hormigones
Rocafuerte, ingresaron a la piladora y, abruptamente, a la vivienda de los propietarios.
Ellos amenazaron con sus armas (metralletas y pistolas) a la esposa del dueño, Gloria
Miranda de Idrovo, a la hija, Olimpia Idrovo Miranda y a la empleada, Ercilia Echeverría,
quienes, asustadas, se dejaron atar las manos con unas cuerdas de nailon y se colocaron
boca abajo sobre el piso.
Inmediatamente procedieron a registrar el inmueble, acción que les tomó quince minutos.
Luego se enfundaron cerca de tres mil dólares, producto de las ventas del día, más
otros objetos de valor, para luego emprender la huida hacia el automotor. Pero no contaban
con que, a la salida de la piladora, los uniformados de un patrullero, que realizaban su
recorrido por la zona, se percataran del hecho: los asaltantes los recibieron con ráfagas
de metralleta y los policías respondieron en su defensa; se originó un enfrentamiento
armado que duró 20 minutos, mientras las víctimas del asalto miraban aterradas la
persecución.
La balacera terminó cerca de las 14:10, cuando siete integrantes del grupo de asaltantes
murieron en la acción de la escuadra policial, que no sufrió baja alguna.
Posteriormente, los uniformados iniciaron la búsqueda de los sujetos que alcanzaron a
escabullirse entre las balas, pero no lograron hallar el rastro de ninguno.
Y, mientras los uniformados se retiraban de la piladora, los moradores del lugar veían
atónitos los cuerpos ensangrentados de los ladrones en medio del sol de la tarde.
Los fallecidos fueron trasladados a la morgue de Ventanas (cantón de Los Ríos) para
realizar las identificaciones respectivas y, al día siguiente, fueron retirados por sus
familiares para llevarlos a Guayas, provincia a la que pertenecían.
El reporte policial revela que entre las evidencias encontradas en poder de los muertos
había una metralleta calibre nueve milímetros, una subametralladora, una minimetralleta
9 mm, un revólver calibre .38 de marca Smith Weisson, una recortada de cartucho niquelado
y tres alimentadoras, además de otros artículos: seis relojes de muñeca marcas Yambal,
Gussi, Cassio, Citizen y Seiko; cinco agendas de distintos colores, pulseras, un cerebro
de radio marca Pioneer, a más de la camioneta y los 2 761 dólares robados.
El coronel Víctor Hugo Morales Estrella, comandante de la Policía de Los Ríos, dice que
continuarán las investigaciones hasta dar con el paradero de los cinco prófugos y
determinar si el grupo opera sembrando el terror en las carreteras del país, así como
también si sus integrantes tienen historiales delictivos en la provincia. Mientras tanto,
el caso es tramitado por el Juzgado Sexto de lo Penal de Babahoyo, presidido por Leopoldo
García Pinos. (LMI)
Un abogado los retira
Un abogado contratado en Guayaquil fue el encargado de realizar todos los trámites
necesarios en el Juzgado Sexto de lo Penal de Babahoyo para retirar los cadáveres de los
sujetos que murieron en el operativo de la Policía, el pasado lunes: Washington Nicanor
Alvarado Fuentes, José Vicente López Párraga, Edwin Marcelo Pincay Cedeño, Geovanny
Arturo Rodríguez León, Geovanny Antonio Rodríguez León, Carlos Alberto Villafuerte
Noboa y Héctor Ecuador Pincay Zambrano.
Inmediatamente, el juez Leopoldo García Pinos ordenó el levantamiento de los cadáveres,
para llevarlos de regreso a la provincia del Guayas, su lugar natal.
Por su lado, el dueño de la piladora, Víctor Hugo Idrovo, no desea emitir comentario
alguno sobre lo ocurrido, según dijo a HOY la empleada de la vivienda, quien asegura que
las medidas de seguridad se han incrementado en el lugar desde el lunes anterior.
Luego del suceso, el nerviosismo aún persiste y las huellas del operativo están
presentes. Lo que ninguno de los habitantes del sector se explica todavía es cómo pudo
haberse producido el asalto estando la piladora a pocos metros de un destacamento de la
Policía y al mediodía. (LMI).
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El hombre que no esperó la soga para morir El 13 de febrero anterior alguien ingresó en la casa de Milton
Lagos, en Mindo, al noroccidente de Quito, y se llevó 100 dólares, 750 000 sucres, una
cámara fotográfica desechable, un par de gafas, un par de aretes y un quintal de arroz.
Cuando Lagos se despertó, recorrió toda la casa para entender qué había ocurrido,
hasta quehalló las huellas de unas botas de caucho en la parte posterior del terreno que
colinda con su casa.
Milton Lagos aseguró que siguió las huellas, que terminaban en la casa de Manuel Vera.
Preguntó por él a sus hermanas. No estaba. Luego lo buscó por el pueblo; le contaron
que el hombre a quien buscaba se había marchado a los Bancos. En la Tenencia Política
presentó la denuncia y solicitó la captura de Manuel Vera. El teniente político, José
Agustín Yaguachi, extendió la boleta que fue entregada a los policías rurales, quienes
acordaron detenerlo en la noche.
Al terminar la tarde, Milton Lagos llegó al Destacamento para acompañar a los policías
a la casa de Manuel Vera. Lo arrestaron a las 19:30. El detenido no dijo nada. Se limitó
a sacar de su cartera 100 dólares y un billete de 10 000 sucres para entregarlos al
denunciante, de acuerdo con el informe policial. A su hermana le indicó que el resto de
las cosas estaban escondidas debajo de un tanque viejo, que está en la parte trasera de
la casa.
Los policías lo llevaron al calabozo con todas las supuestas evidencias. Cumplido el
trabajo, el cabo Vicente Ojeda le pidió permiso al sargento Segundo Pillasagua para irse
a merendar. Los hermanos de Manuel Vera, que lo acompañaron hasta el calabozo, regresaron
a la casa de su madre, Teresita de Jesús, para decirle que tenían el encargo de llevar a
Manuel una soga, porque quería ahorcarse. "Mejor llévenle la merienda",
respondió.
Una hora después del arresto, llegó al calabozo Guillermo Vaca a visitar al detenido. En
el calabozo se percató de que el cuerpo de su amigo colgaba de una tela blanca atada a la
puerta de fierro.
Minutos después llegó el teniente político acompañado por el alemán Alexander Fink,
quien lo desató e intento darle masajes en el corazón, pero todo fue inútil. Manuel
decidió no esperar la soga y utilizó la camiseta que llevaba puesta para quitarse la
vida. (JT).
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