byn1.gif (1208 bytes)

  BLANCO Y NEGROonline.gif (751 bytes)

SÁBADO 8 DE JULIO 2000     

EL SECUESTRO DE CADA DÍA LOS QUE NEGOCIAN LAS VIDAS AJENAS LAS VOCES DEL SECUESTRO

• Se calcula que en ciudades como Quito y Guayaquil, se producen entre cinco y diez secuestros semanales. Los familiares de las víctimas no los denuncian

• Un agricultor y comerciante de Los Ríos fue liberado el nueve de junio, luego de 22 días de cautiverio. Los secuestradores exigían 300 000 dólares, pero fueron detenidos.
• Actualmente, en Colombia hay cerca de 3 500 personas secuestradas, de las cuales algo más de 2 000 han sido reportadas a las autoridades.

Un parricidio en Campo de Moha, con un leño

En diciembre de 1999, Jacinto Laurentino mató a su padre y con la ayuda de su hermano lo enterraron. Ellos explicaron sus razones

En la noche del 15 de mayo pasado, agentes de la Policía Judicial de Quevedo detuvieron a los hermanos Jacinto Laurentino Meza Montes y Hermógenes Agustín Meza Montes. Fueron trasladados a los calabozos del Comando del Servicio Rural Los Ríos. En ese sitio, aceptaron haber matado a su padre, Lizandro Meza Macías, en diciembre de 1999. Pronto, la noticia llegó a los canales de televisión y los acusados fueron presentados a la prensa, desenterrando el cadáver de su padre.

En la Policía declararon cómo cometieron el asesinato y cómo ocultaron y desaparecieron las pruebas que podían incriminarlos. Extractamos lo principal de los testimonios de cada uno, que consta en el proceso que se instauró en el Juzgado Vigésimo Segundo de lo Penal del Guayas-Empalme. Las aclaraciones que sean necesarias, constarán entre paréntesis. Por razones de claridad se han omitido ciertas expresiones propias del lenguaje verbal.

El primero, Jacinto Laurentino tiene 24 años, es soltero, católico y se dedica a actividades de jornalero: "Hace dos años llegue del recinto Juan Cobo a vivir en la casa de mi padre, que está en el recinto de Campo de Moha (jurisdicción del cantón El Empalme), en donde me dediqué a las labores agrícolas".

"Pronto me di cuenta de que mi papá tenía frecuentemente problemas con mi mamá. El 5 de diciembre de 1999, ellos discutieron, como él se encontraba borracho le alzó la mano pegándole una cachetada. Mi mamá también le pegó".

"En ese instante, me percaté de que mi papá tenía sometida a mi mamá y me metí a defenderla. Mi papá trató de coger un machete, pero yo le propiné un garrotazo en la espalda, luego procedí a darle otro garrotazo en la nuca. Cayó al suelo inconsciente en donde le metí una patada. Mi mamá se percató que mi papá se encontraba muerto; decidimos cavar un hueco a 20 metros de la casa y enterrar el cadáver".

Ese mismo día, declaró en las dependencias policiales Hermógenes Agustín Meza Montes. También es católico, de profesión jornalero y es el hermano menor: "El domingo 5 de diciembre me encontraba en mi casa con mi hermano Jacinto, mi madre, Merbita Montes y mi padre Lizardo Meza, quien ese día se encontraba borracho y peleaba con mi madre. La discusión se había calmado un poco. El se fue a la casa de un hermano mío, Eduardo Meza, y regresó una hora después, a las 19:00, para seguir insultando a mi madre, diciendo que la quería matar. Mi mamá gritaba: '¡Mijo, mijo, auxilio! ¡Me mata Lizardo!'. Mi hermano Jacinto se levantó".

"Yo escuchaba unos golpes, cuando me levante, me encontré con la sorpresa de que mi padre estaba tendido en el suelo, agonizante; murió enseguida. Lo bajamos de la casa y resolvimos enterrarlo cerca. Quedamos en que nadie diría nada de lo sucedido".

De las declaraciones se desprendía que Jacinto mató a su padre con un leño. La hermana, Fátima Meza, que presenció todo, comenzó a llorar. Los hermanos agarraron el cadáver y lo envolvieron en una sábana. Llevaron el cuerpo a 20 metros de la casa en donde cavaron la fosa. Todos prometieron guardar el secreto. Cuando los otros hermanos comenzaron a preguntar por Lizandro dijeron que se había ido a trabajar en otra parte.

A comienzos de mayo se acercó a la Policía Ramón Vicente Montes para denunciar que los hermanos Jacinto y Hermógenes Meza podían ser los responsables de un asesinato. La denuncia se confirmó.

La noche del crimen, el leño con el que Jacinto mató a su padre les sirvió para atizar el fuego. (JT)

Detenidos mientras bebían una cerveza

Cuando los agentes detuvieron a los hermanos Meza Montes, que no registraban antecedentes policiales, el 15 de mayo de 2000, les incautaron un bolso de color negro, en donde hallaron una pistola marca Precise, calibre 22, de color plateado, en mal estado. Estaban bebiendo unas cervezas en Quevedo.

Al día siguiente, la Policía envió el oficio 200-791-PJQ al juez vigésimo segundo de lo Penal del Guayas, Hugo Coronel Zapata, haciéndole conocer sobre las detenciones de quienes estarían implicados en el asesinato de Lizandro Meza Macías. En el documento solicitaban al juez que emita las boletas de captura para "realizar las investigaciones correspondientes".

Ese mismo día, el subjefe de la Policía Judicial de Quevedo recibió el oficio del Juzgado autorizando el inicio de las investigaciones. Los agentes, con el fiscal de turno, Antonio Zevallos Vera, se trasladaron con los detenidos al recinto de Campo de Moha, a la vivienda de la familia Meza Montes: una construcción de madera y caña guadua.

En ese sitio, los acusados indicaron donde se cavó la fosa en la que sepultaron a su padre, en una pequeña loma.

Ellos fueron los encargados de desenterrar el cadáver, que fue hallado a 1,5 metros de profundidad. El cuerpo estaba en estado de descomposición.

Estas diligencias se realizaron en presencia de los medios de comunicación. En la casa estaba la mamá de los detenidos, Merbita Montes, quien entregó a los agentes una varilla de hierro de dos pulgadas de espesor, con la que supuestamente uno de los detenidos golpeó a su padre.

El cadáver fue llevado a la morgue de El Empalme para practicar la autopsia y las evidencias a las oficinas de la Policía. El proceso continúa en El Empalme. Los hermanos reconocieron, en sus primeras declaraciones, haber cometido el crimen y haber enterrado a su padre para que todo quede en el olvido. (JT).

Una muerte con 40 tragos de tequila y...

Luego de preparar el desayuno, Rocío, empleada de la familia Hablich Avilés, fue a despertar, la mañana del domingo anterior, a John Cristian Maquilón, pero no reaccionaba... estaba muerto. Lo trasladaron a la clínica Kennedy, donde los médicos certificaron su muerte.

Es que la noche anterior él, pese a sus 17 años de edad, ganó un concurso en la discoteca Romanos, al norte de Guayaquil (avenida Francisco de Orellana): bebió de forma continua 40 vasos de licor (tequila y aguardiente). Los aplausos y gritos de los asistentes estimulaban a los participantes que, en la pista, trataban de lograr el primer lugar. El premio: un pase gratis a la discoteca por un año.

El miércoles, la discoteca fue clausurada por el intendente Pedro Cruz, con el argumento de que permitía el ingreso a menores de edad. El Comisario de Salud, Fernando Romero, puso otro sello de clausura para comprobar si expendían o no alcohol adulterado.

La Policía realizó la autopsia: la muerte se produjo por un edema agudo en el pulmón. Se tomaron muestras de sangre que fueron llevadas al Instituto de Higiene para realizar estudios toxicológicos, que ampliarán los resultados.

El juez Segundo de lo Penal del Guayas, Fernando Moreira, inició el martes pasado, luego de la denuncia de Johnny Maquilón (padre), el juicio en contra de autores, cómplices y encubridores y, además, ordenó que se inicien las investigaciones respectivas.

Una humilde vivienda que está ubicada en la V Etapa de la Alborada, al norte de la ciudad, era la residencia de John y su familia; parte de su infancia y adolescencia la vivió en Estados Unidos junto a sus padres, Marjorie y Johnny .

En 1997, retornaron a Guayaquil, cuando Jhon había cumplido 14 años.

"La familia se encuentra muy afectada, en especial su madre, quien está desconsolada; pasa varias horas en el cuarto de su hijo, no desea hablar con nadie", dice con una mezcla de tristeza e indignación María del Carmen Avilés, tía de John. El cursaba el sexto curso en El Liceo Cristiano y, sin embargo, el habitual concurso -aunque los dueños de Romanos dicen lo contrario- no le permitió graduarse ni aprovechar el premio, luego de beber los 40 vasos mortales de licor. (RSV).



Buzón SUBIR