
Guitarreada que
concluye con puñaladas
En la
noche del 5 de mayo pasado, Pedro López, Diego Sandoval y Richard Padilla rasgaban la
guitarra en la puerta de su casa, entre las calles Antonio Tejada y Juan Benigno Vela, en
la parroquia de San Sebastián, al sur de Quito. De acuerdo con la acusación particular
que presentaron en un Juzgado de lo Penal, a las 23:00, fueron agredidos, sin que medie
razón alguna-, por Francisco Ayabaca Buenaño. "Nos dijo que somos unos hijos de
puta, mal paridos, que somos buenos para nada, que ni siquiera sabemos entonar la guitarra
-dice la acusación- y que si no se la entregábamos procedería a matarnos".
Como se habrían negado a entregar la guitarra, Francisco Ayabaca, dice la acusación,
sacó de entre sus ropas un cuchillo. Pedro López recibió tres puñaladas, de acuerdo
con el examen de los peritos del Departamento Médico Legal de la Policía, en la región
frontal izquierda, en el pómulo izquierdo y en el brazo derecho.
A Diego Sandoval no le fue mejor, de acuerdo con el informe, recibió una puñalada en el
brazo izquierdo, y Richard Padilla presentaba cuatro heridas en el brazo izquierdo. Todos
fueron auxiliados por la Cruz Roja.
La acusación dice que luego de atacar con el puñal, Francisco Ayambaca se fugó del
sitio. Por estas razones solicitaron al juez que se levante el auto cabeza de proceso,
sindicando con prisión al agresor. Y exigían como indemnización, por daños y
perjuicios, la cantidad de 300 millones de sucres.
El 22 de mayo, el juez dictó el auto cabeza de proceso, porque la agresión constituye un
hecho punible y pesquisable de oficio, sindicando a Francisco Ayabaca sin prisión
preventiva. El 13 de junio, los acusadores insistieron en que se extienda la orden de
prisión en contra de Francisco Ayabaca, quien los apuñaló, según la acusación, sin
motivo alguno. El acusado todavía no rinde su testimonio indagatorio en el proceso. (JT).
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Detalles
de un crimen con las manos atadas
Todo fue fugaz. Joel
Francisco Merchán aparecía y desaparecía el día en el que ocurrió su asesinato. Su
vecino lo invitó a tomar unas cervezas. Con su primo intercambió algunas palabras, al
igual que con su hermano; habló con una mujer de la que no se sabe su nombre. Su esposa
lo vio detrás de su hija en el juramento de la bandera del colegio. Pero desde el
mediodía de ese 27 de febrero de este año nadie lo volvió a ver hasta que los hermanos
Agustín y Norma Zurita Ruano hallaron el cadáver con las manos atadas en la espalda en
el kilómetro 14 y medio de la vía a San Juan de Chiriboga, cerca de Chillogallo, al sur
de Quito. Estaba tendido a un costado de la carretera. Hallaron 35 000 sucres en el
bolsillo del pantalón café del cadáver, dos anillos de oro en sus dedos rígidos, un
reloj marca Titanium y una peinilla. Presentaba un orificio en la cabeza de 20 por 13
milímetros de diámetro, en donde estaba incrustada una bala que pesaba 8,44 gramos;
semiblindada, de plomo, calibre 38, que fue disparada a una distancia de 80 centímetros;
según el informe de los forenses y los exámenes del laboratorio de criminalística. No
tenía documentos de identidad y fue clasificado en la morgue como NN. Sus familiares
lograron identificarlo en ese lugar. Fue entonces cuando comenzaron las investigaciones.
Pero hasta el momento solo algunos hechos están claros. Un día antes del crimen, de
acuerdo con las declaraciones de testigos y sindicados que constan en el proceso que se
tramita en el Juzgado Décimo Tercero de lo Penal de Pichincha, a las 08:00, Joel habría
entregado a su esposa, Mayra Cajas, la cuenta de ahorros del Banco Rumiñahui para que
retire 100 000 sucres. A las 18:00, Joel habría recibido una llamada telefónica. Mayra
Cajas, asegura que unas personas querían que les tramite unos pasaportes, por lo que se
habrían citado para encontrarse el lunes 28 de febrero.
El 27 de febrero se despertaron temprano, porque ese día era el juramento a la bandera en
el colegio de una de sus hijas. A las 07:00 estaban desayunando.
En ese momento Joel habría dicho a su esposa que pensaba invitar a almorzar a, Cristóbal
Avila, un compañero del Ejército, por lo que no podría estar con su hija en el
juramento a la bandera. Luego habría salido de la casa ubicada en Solanda, al sur de
Quito.
A las 08:15, Joel estuvo en la vivienda de su prima Luz Merchán Alvarez para pedirle que
fuera a visitar al familiar que se encuentra detenido en el penal García Moreno. Joel le
habría contado que pensaba abrir una agencia de viajes, por lo que estaba realizando
varios trámites y que incluso debía pagar a un abogado nueve millones de sucres. Veinte
minutos después, se marchó.
Una hora después, Joel se encontró con su hermano Fredy Merchán, cerca de su casa.
Fredy le dijo que salía a arreglar los papeles para la compra de una casa. Joel le contó
que debía realizar una diligencia urgente.
A las 10:00 Joel fue visto por su primo Fidelio González cerca del colegio de su hija.
Estaba conversando con una mujer. Cuando Fidelio lo saludó, la joven se habría
despedido. "Posiblemente va a trabajar en la agencia de viajes que estoy
formando", le había dicho Joel, quien luego cruzó el patio del colegio en donde se
desarrollaba el juramento a la bandera. Antes de que terminara la ceremonia levantó la
mano para despedirse de su esposa, a Fidelio le dijo que debía irse a San Roque para
encontrarse con un amigo.
Al parecer, Joel regresó a su casa y se duchó -su esposa encontró las pantuflas del
baño mojadas, cuando regresó de la ceremonia del juramento a las 12:30-. Al salir en
dirección al mercado Mayorista pasó por la vivienda de su vecino Marcelo Molina, que, en
ese momento, rasgaba la guitarra y bebía una cerveza. Evitó la invitación a beber
alegando que llevaba prisa porque debía encontrarse con un amigo. Desde ese momento nadie
lo volvió a ver, hasta que apareció muerto, con las manos atadas, en una zona
despoblada. El crimen ocurrió horas después. La Policía presentó un informe. Muchos
cabos están sueltos. (JT)
La búsqueda que termina en la morgue
Mayra Cajas regresó a su casa con sus hijas. Vio las sandalias de baño de su esposo
mojadas y la ropa, con la que lo había visto horas antes en el colegio, sobre la cama.
Antes de salir, se había mudado de ropa. Inmediatamente preparó el almuerzo. A las
14:00, la comida estaba lista, probablemente, justo a la hora en que mataron a Joel.
Mayra almorzó con sus hijas, porque Joel no llegaba con su amigo. En ese día habrían
llamado por teléfono Jorge Montenegro y Jorge Altamirano preguntando por Joel, debido a
que deseaban conversar con él sobre unos pasaportes.
Como Joel no llegaba, a las 17:00 Mayra se fue a la casa de su cuñado Fredy Merchán y la
esposa de este, Yolanda Molina. Nadie sabía dónde podía estar Joel. A las 18:00
regresó donde su cuñado. Les contó que estaba preocupada porque Joel no asomaba, a
pesar de que había quedado en regresar con un amigo para almorzar.
Mayra estaba preocupada porque Joel, según dijo, llevaba consigo 500 dólares. Convenció
a su cuñado para que la acompañara al hotel Reino de Quito, en donde se suponía debía
estar hospedado el amigo al que invitó a almorzar, Cristóbal Avila. Nadie se había
registrado con ese nombre.
Al día siguiente, cuando Mayra salió a comprar el pan y la leche para el desayuno, se
encontró con su primo Carlos Molina, con quien regresó a su casa para llamar a los
hospitales. Finalmente, decidieron acudir a la morgue. En una de las urnas estaba el
cadáver de Joel, con un orificio en la cabeza.
César Merchán, el hermano de Joel, presentó en el Juzgado una acusación particular y
pidió la detención, con fines investigativos, de Mayra Cajas y del primo Carlos Molina.
El acusador argumentó que son evidentes las contradicciones y el nerviosismo de la
cónyuge de su hermano en las investigaciones que realizó tanto la Policía, como la
Comandancia de la Fuerza Terrestre del Ejército.
El 1 de junio, el juez dictó el auto cabeza de proceso, sindicando sin orden de prisión
a la esposa de Joel y al primo de esta, Carlos Molina. Mayra Cajas protestó en un
escrito, por "los supuestos rebuscados" de su cuñado César Merchán.
"Solo espero que Dios nos ayude a identificar a los responsables -alegaba en el
escrito- para que el denunciante quede reconocido como un miserable farsante". (JT). |