
Crimen con una
cuerda de naylon
Apenas
amaneció, el barrio de Las Peñas, ubicado en las afueras de Cuenca, se levantó
conmovido por una espeluznante noticia. Una joven de 31 años, llamada Elena María Silva
y su hijo de solo tres años de edad habían sido estrangulados en su propio domicilio. A
las pocas horas, la Policía Judicial detuvo a Edgar Fajardo Jaramillo, que luego se
confesó autor del asesinato.
En sus declaraciones, Fajardo admitió haber conocido a Elena Silva hace cuatro años y
reconoció que desde hace tres años llevaban relaciones, a escondidas del esposo de la
occisa. "Aprovechaban la ausencia de este para consumar sus instintos sexuales",
se atrevió a decir Luis Ordóñez, jefe de la Policía Judicial en el Azuay.
Según Fajardo, en la noche del 6 de junio de 2000 fue hasta el hogar de Elena Silva,
aprovechando que el esposo había salido a trabajar en un turno que tenía desde las 22:00
hasta las 06:00. Aparentemente, la pareja tuvo varias discusiones en el domicilio, luego
de lo cual se cometió el crimen. Fajardo utilizó una cuerda de naylon. Según la
Policía, la estranguló en el piso y luego la colocó sobre la cama. Con la misma cuerda
estranguló al menor en la cocina, según él, "para evitar que lo delatara".
Luego cogió un bolígrafo y escribió una leyenda en el abdomen de Elena. La escritura
sirvió a la Policía para iniciar las investigaciones y a las pocas horas dar con el
autor del crimen.
Mientras Fajardo permanece detenido en el Cárcel de Varones de Cuenca, la Policía cerró
el caso, que pasó a manos del juez primero de lo Penal, quien levantará el sumario
respectivo para determinar el grado de culpabilidad.
Aunque la Policía considera que este hecho es aislado en Cuenca, en las últimas semanas
de mayo también se han presentado otros asesinatos, como el de un taxista en las
inmediaciones de la Universidad de Cuenca. (RMT). |
Las
muertes tienen un nombre múltiple
BLANCO y NEGRO
conversó con ellos, en un pequeña celda del Centro de Detención Provisional, hace cerca
de un año. En ese entonces todos tenían un nombre definido: Cristian Rivera Malabe,
Alfredo y Benhur Franco Martínez, y los tres eran acusados de cuatro asesinatos cometidos
entre la noche del 20 de agosto y la madrugada del día siguiente, de 1999.
Ante la Policía declararon cómo se fueron agrupando; cómo los hermanos Franco Martínez
encontraron a Cristian Rivera en el 'Manhattan', un prostíbulo que está en la avenida 24
de Mayo, al centro de Quito. Que luego se habían marchado a una sala de billares donde
encontraron a Vicente Sánchez Mojarrango, conocido como el 'Mono', a 'Marco' y a
'Meteoro', que nunca fueron detenidos por la Policía.
Las declaraciones de los tres coincidieron en que de ese lugar salieron al 'Play Land
Park', al sur de Quito, en donde abordaron un taxi conducido por su primera víctima:
Agnello Delfín, que, según la autopsia, murió por una hemorragia aguda interna. Su
arteria aorta torácica y su pulmón izquierdo fueron destrozados por una bala. En la
celda, Benhur aseguró a BLANCO y NEGRO que el 'Mono' lo cogió del cuello y le dijo:
"Quieto que esto es un asalto. Marco le advirtió al 'Mono': pilas que va a sacar un
trueno, y le pegó un tiro" a Agnello Delfín.
En el carro se fueron al intercambiador de Carcelén, y luego se dirigieron en taxi a la
Plaza de Toros, donde había un concierto de Henry Fiol. No lograron entrar, porque les
faltaba plata, así que se fueron a la Calama. En ese sitio abordaron a su tercera
víctima: el taxista Milton Padilla, a quien mataron en un potrero, a un costado de la
calle Machala y la Occidental. Descargaron varias balas en su cuerpo. Una fracturó su
cráneo y varias destrozaron su pulmón, de donde se extrajo un proyectil. De ese
asesinato también responsabilizaron al 'Mono'.
Después vino el crimen en el club de billares 'Géminis', a la altura de la calle Angel
Ludeña. Intentaron asaltar a los clientes de local, pero tuvieron que salir en
precipitada carrera asesinando a Orlando Osorio, que falleció por una hemorragia aguda
interna por laceración multiorgánica. El disparo, según los peritos, se realizó a
larga distancia. En el camino asesinaron a su cuarta víctima: Víctor Cahuasquí. La
autopsia determinó que la bala le destrozó el pulmón izquierdo y el corazón. Huyeron
hasta que Cristian y los hermanos Franco Martínez fueron arrestados en el barrio La Bota,
frente a un altar de la Virgen del Cisne.
La gente de Quito amaneció alarmada. Las radios fueron las primeras en difundir la
información. Las noticias iniciales de la prensa eran imprecisas. Se pensaba que los
cuatro crímenes tenían cuatro autores diferentes. El lunes 23 de agosto de 1999, la
Policía presentó en rueda de prensa a los tres detenidos e hizo una relación de los
hechos.
El caso pasó por cuatro juzgados, hasta que todos se concentraron en el Juzgado Segundo
de lo Penal de Pichincha, que abrió el autocabeza de proceso el 27 de agosto de 1999.
Desde entonces varias fueron las diligencias practicadas. La primera sorpresa fue que
Cristian Rivera Malabe, Alfredo y Benhur Franco Martínez tenían otras identidades. Eran
como los personajes de las novelas rusas que se confunden en una selva de nombres pero que
terminan siendo uno solo. Cristian Ribera Malabe también era Cristian Rivera Valdez y
Cristian Malabe Rivera; al igual que Benhur Patricio Franco Martínez también era Ian
Franco Mana Martínez y Juan Pablo Mana; mientras que Robin Alfredo Franco Martínez
también era Ronald Alexander Guerrero Martínez. Ya se cerró el sumario y se emitió un
dictamen acusatorio. (JT)
Silencio invade los pasillos de la cárcel
El primero en rendir el testimonio indagatorio fue Robin Franco Martínez: soltero,
secundaria, estudiante, domiciliado en El Recreo, católico, con número de cédula...
En esa ocasión desmintió todo lo que declaró en la Policía. "Después de lo que
pasó con el primer taxista yo le dije a Cristian que yo me quería abrir, entonces sacó
un revólver y me lo puso en la cabeza y me dijo: 'Fuera de matarte, sapo', luego vino
este 'man' del 'Mono' y me pegó una patada por atrás". Siguió hablando sobre la
trayectoria que tomaron: la Plaza de Toros, la Calama, otra carrera en taxi; Cristian le
aseguró que le pegó dos tiros en los pies al taxista. "Me dijo que esté tranquilo,
que no me saliera del 'parche' porque era muy desconfiado y ya tenía la mente
podrida".
En su declaración ante el secretario del Juzgado sostuvo que cuando abordaron el taxi de
su segunda víctima nunca salió del vehículo, ni cuando mataron a Milton Padilla, ni
cuando asesinaron a Osorio ni cuando dispararon en contra del guardia.
"Cuando ocurrió el choque nos quedamos un rato sentados, ninguna de las puertas se
abría, solo la de adelante, por ahí bajamos todos. Yo me quedé parado en una esquina
porque no sabía para dónde correr. Vino mi hermano y me dijo corre, entonces corrí.
Atrás vino Cristian y sonaban disparos. Mi hermano alzó las manos porque venía una
camioneta detrás de él. Yo solo vi que alguien se bajó del vehículo y le pegó un
tiro. Yo creí que lo habían matado y por eso me quedé parado, cuando quise correr
dispararon y ya no pude hacerlo". Aseguró que los llevaron a las 06:00 fueron
trasladados al Centro de Detención Provisional y que a las 11:00 los regresaron a las
oficinas de la Policía Judicial, en donde, asegura, fueron torurados.
Ese mismo día, a las 10:59, declaró Benhur Franco. Acusó a Cristian y a Víctor
Sánchez de ser los responsables de los crímenes. Cuando el fiscal acudió para tomar la
declaración al tercer detenido, dispuesta para el 3 de mayo pasado, no compareció.
"Pese a los insistentes llamados al interno Cristian Malabe Rivera o Cristian Rivera
Valdez o Cristian Rivera Malabe -decía la providencia- no ha comparecido". Ningún
interno respondió a esos nombres. (JT). |