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B L A N C O  Y  N E G R O 

Sábado, 24 de junio de 2000 

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El martes 13 de los traficantes

Ernesto Rodríguez, quien cumplía las funciones de comandante de la Policía Municipal, declaró que Milton Mina le pidió que consiguiera las municiones

El día clave para la desarticulación de la banda que abastecía a las FARC desde Guayaquil fue el martes 13 de junio. Y la operación principal duró menos de una hora.
A las 16h00, en Urdesa Central, Víctor Emilio Estrada y Bálsamos, los agentes que seguían la pista del ingreso de las municiones por el Puerto de Guayaquil detuvieron al Teniente Coronel (r) Ernesto Ramiro Rodríguez Valdivieso y Gian Paolo Vallaza Guerra, a bordo de un vehículo Mitsubishi, color negro, sin placas, de propiedad del ex militar, en cuya cajuela había 6 000 cartuchos calibre 7.62 marca Wolf. Encontraron también 4 000 dólares.
Media hora después, apresan a Milton Raúl Mina Bustos y al colombiano Héctor Zúñiga Cortés, en el interior de un Nissan Panthfinder de color verde, también sin placas, de propiedad del primero. Estaba aparcado en los bajos del hotel Doral, donde se hospedaba Zúñiga; y en el interior del carro descubrieron algunos cartuchos calibre 7.62 marca Wolf, iguales a los que tenían Rodríguez y Vallaza.
La investigación policial concluye en que la munición rusa era llevada desde Guayaquil a Colombia por vía terrestre para las FARC. Y que Milton Raúl Mina Bustos es una de las principales piezas de la operación, pues "por encargo de los abastecedores de munición para las FARC, tuvo la misión específica de adquirir ese material".
Mina fue inculpado por Ernesto Ramiro Rodríguez Valdivieso, ex oficial del Ejército ecuatoriano y, hasta el momento de su detención, comandante de la Policía Municipal de Guayaquil. Según Rodríguez, Mina le pidió que consiguiera munición calibre 7.62 y para ello contactó a Gian Paolo Vallaza Guerra, ex colaborador suyo en el equipo de seguridad de la Alcaldía, quien le ofreció 6 000 cartuchos a cambio de 3 780 dólares. Esos mismos cartuchos, Rodríguez se los ofreció a Mina por 5 800 dólares, (2 020 dólares de ganancia) dinero que este le entregó en las oficinas de la Policía Municipal. Mina, en paralelo, negociaba pertrechos con el colombiano Héctor Zúñiga Cortés, el cuarto implicado en este caso.
Los cartuchos, calibre 7.62, no son comerciales en el Ecuador, según expertos en armamentos que prefirieron el anonimato, por lo que, si se hizo una importación fraudulenta por el puerto de Guayaquil, como concluye la Policía, debía ser para clientes foráneos.
Pero, a la vez, quienes conocen de compra de armamento, consideran a las cantidades decomisadas como ínfimas en comparación con los requerimientos que pudiese tener una guerrilla como las FARC, y además a precios demasiado elevados. El DAS colombiano, no obstante, ha revelado extraoficialmente que se trataría de muestras de municiones negociadas previo al ingreso de grandes cantidades por el puerto de Guayaquil.
El martes 13 de junio, las detenciones del teniente coronel Rodríguez y de Vallaza, ocurrieron en la casa del segundo, cuando se efectuaba la entrega de las balas. El quinto involucrado en la venta de las municiones es José Alonso Ramírez, prófugo, de quien afirma Vallaza haberlas recibido para la reventa. Las seis cajas fueron ofrecidas por Alonso a Vallaza a 710 dólares por caja. Y Vallaza las ofreció al ex militar Rodríguez en 730.
De Alonso, la Policía dice que fue quien importó, suministro y comercializó la munición para las FARC. (GCG)

Los hombres claves de la red ilegal y sus conexiones

Varios integrantes de la banda de comercio clandestino de municiones hacia Colombia están prófugos pero, por las declaraciones de los que fueron apresados el 13 de junio en Guayaquil, se puede establecer que la red operaba desde hacía varios meses, dedicada a proveer no solo de armas y municiones, sino de víveres, botas, insignias, etc. a las guerrillas colombianas. De acuerdo con las investigaciones, los proyectiles decomisados probablemente solo servían de muestra, pues se habrían agotado en un día de combate. Al parecer, una de esas muestras logró salir de Guayaquil, antes de que los miembros de la banda fueran capturados, pues dos días después, en el control sur de la ciudad de Tulcán, la Policía incautó un cargamento de proyectiles de las mismas características, que habían sido embarcados el día anterior en el puerto. (GCG-GA)

Compraban pertrechos para dárselos a la 'guerrilla de los pobres'

Un sueldo de 2 500 000 sucres, más un porcentaje de las exportaciones, le hizo renunciar a su anterior ocupación, para trabajar como secretaria desde el primero de junio anterior, en la Compañía T&Z Corporation S.A., al norte de Guayaquil, propiedad de Raúl Mina Bustos, actualmente detenido.
Ingeniera comercial, de 29 años, Melina Ivonne Sinche González solicitó cotizaciones desde el primer día a los almacenes Venus y Pica: de 200 docenas de botas de caucho, 30 docenas de zapatos de lona, 20 de zapatillas de caucho y demás implementos.
"Todo eso es para las FARC-EP, una guerrilla que ayuda a los pobres de Ecuador. No es nada ilegal", asegura ella que le dijo Raúl Mina, quien, sin embargo, afirmó a los investigadores que desconocía la existencia del grupo armado.
En paralelo, desde el Hotel Doral, donde se hospedaban, los colombianos Hernando Echeverry, Héctor Zúñiga Cortez y su hermano Xavier se contactaban con Mina Bustos, a quien conocieron en la frontera colombo ecuatoriana, para que les proveyera de chifles, plátanos, atún, sardinas y demás alimentos.
Las FARC 'hace compras' al por mayor en Guayaquil desde 1997, según estableció BLANCO y NEGRO después de revisar los archivos de la Jefatura Antinarcóticos del Guayas. Y precisamente esta fue la ocasión más reciente, según esos investigadores.
El negocio, de acuerdo con el informe policial, estaba concretado el 11 de junio: a 120 dólares la tonelada de chifle, se acordó la venta de 16 250 kilos, que llegarían a Colombia vía terrestre.
Dos días después, Héctor Zúñiga (detenido) hizo un pedido de 650 cajas de plátano (a 6 300 pesos colombianos cada una). El 12 de junio Xavier Zúñiga y Echeverry regresaron a su país para precisar qué más necesitaban. Ellos tienen órdenes de prisión.
En Quito, la persona clave de Raúl Mina para transportar la mercadería a Tulcán y luego a Colombia era Edgar Solís, de acuerdo con la declaración de Melina Sinche, quien, también, contestaba las frecuentes llamadas del coronel Ernesto Rodríguez.
Ella ahora se lamenta. En su nuevo trabajo no pudo cobrar siquiera su primera quincena, pese a que consiguió, vía fax, todas las cotizaciones de los implementos para "la guerrilla que ayuda a los pobres". (APM)

La historia del comandante

Quiteño, de 49 años, el teniente coronel del Ejército en servicio pasivo Ernesto Ramiro Rodríguez Valdivieso aparece como uno de los principales implicados en la venta de municiones para la guerrilla colombiana y en la asociación ilícita para ese propósito, y también para comercializar los dinares iraquíes que fueron encontrados durante el operativo policial. Rodríguez Valdivieso era hasta el momento de su detención comandante de la Policía Municipal de la administración de León Febres Cordero, a quien había servido ya cuando fue presidente de la República. Entonces Rodríguez, como miembro de las Fuerzas Especiales, paracaidista, fue jefe de la Seguridad del mandatario en Guayaquil. Tras su retiro, actuó también como miembro de la seguridad privada de importantes empresarios locales. (GCG).

INVESTIGACION

Dinares, huellas de las FARC en el Ecuador
Un traficante de armas detenido en Guayaquil poseía dinares (moneda iraquí) que también circulan en la zona ocupada por la guerrilla en Colombia.

Los hilos de una red vendedora de armas
En los últimos seis meses se realizaron varios decomisos de armas y municiones. Algunos muestran claros indicios de que iban dirigidos a la guerrilla colombiana.

El martes 13 de los traficantes
Ernesto Rodríguez, quien cumplía las funciones de comandante de la Policía Municipal, declaró que Milton Mina le pidió que consiguiera las municiones.

CRONICA ROJA
roja2.gif (129 bytes) Los pasos de un proceso desde que se comete el delito.

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