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B L A N C O  Y  N E G R O 

Sábado, 24 de junio de 2000 

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Los hilos de una red vendedora de armas

En los últimos seis meses se realizaron varios decomisos de armas y
municiones. Algunos muestran claros indicios de que iban dirigidos a la guerrilla colombiana

En diciembre de 1999, la Policía antinarcóticos del Carchi allanó una vivienda en el sector El Capulí, en las afueras de Tulcán, y decomisó 31 320 cartuchos calibre 7.62 por 39mm y un fusil M16 de fabricación rusa.
El Capulí es uno de los sitios preferidos por los contrabandistas, por su cercanía con el río Carchi, que marca la frontera con Colombia. La vivienda pertenecía a una anciana, cuyo trabajo era prestar alojamiento para todo tipo de mercadería clandestina, y por eso no supo dar mayores pistas de los responsables.
Al respecto, la Policía ecuatoriana, entre Quito y la frontera con Colombia, no tiene mayores pistas de los traficantes clandestinos de armas y municiones hacia el vecino país. Al menos eso dicen varios oficiales e investigadores de la Policía Judicial (PJ) y de la Dirección Antinarcóticos, que dialogaron con BLANCO Y NEGRO y pidieron guardar su identidad.
Las dos ramas policiales a veces coordinan sus pesquisas y operativos, y otras las realizan de manera independiente, quizá por ello manejan datos que en varios casos no concuerdan, especialmente en lo relacionado con el material decomisado y los detenidos.
No obstante, en los últimos seis meses, entre la Policía Judicial y la de antinarcóticos realizaron varios operativos (ver cuadro), que revelan misteriosas operaciones de tráfico ilegal de armas y municiones.

Operativo en Mascarilla

Otro decomiso se produjo el 31 de marzo de 2000, en el control integrado de Mascarilla, en donde la PJ de Imbabura incautó un revólver calibre 22, una recortada calibre 410, un revólver Italy calibre 22, 502 tacos de dinamita Explocem 22,7H9, y 10 cajas de detonantes Famesa, de fabricación ecuatoriana. La mercancía viajaba en el depósito de equipajes de un bus interprovincial de la cooperativa San Cristóbal a nombre del pasajero Ricardo Vela, quien fue detenido y en su declaración dijo que utilizaba el material para la explotación de una cantera de piedra caliza en el cantón Bolívar. Vela no tenía permiso ni factura de compra, ante lo cual señaló que su proveedor era un ex capitán del Ejército, quien poseía un depósito de ese material en Ibarra. El ex militar se presentó y mostró un documento que lo acreditaba como comerciante no importador de explosivos, concedido por la Dirección de Logística de Material de Guerra del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. No se conocen más investigaciones al respecto.

Dinamita vía a San Lorenzo

El 5 de mayo de 2000, a la medianoche, la PJ de Imbabura detuvo un cargamento de 106 tacos de dinamita, 400 cápsulas detonantes y un rollo de cordón detonante, en la vía Ibarra-San Lorenzo. El material viajaba en un vehículo tipo mula conducido por Washington Llumiquinga y Víctor Gualán.
Los asustados conductores dijeron que la carga pertenecía a Franklin Perea, un comerciante de conchas de San Lorenzo, que vendía su producto en el mercado América, de Quito. Las investigaciones que siguieron revelaron que Perea había comprado los explosivos en una ferretería del centro de la ciudad, por medio de un amigo, Disney Quintero, quien contrató el traslado, mientras Perea esperaba en San Lorenzo. Los dos fueron detenidos el 11 de mayo en el mercado América mientras se dedicaban al comercio de conchas.
Según Perea, la carga iba a ser entregada a un colombiano llamado Félix Reninfo, quien le había pedido que le consiguiera los explosivos a cambio de una cantidad de conchas. Pero, después que los ecuatorianos cayeran presos, Reninfo no volvió a aparecer.
En sus declaraciones, Quintero dijo que había comprado la mercadería en la ferretería Sarita, ubicada en la Flores y Espejo. Cuando la Policía acudió al lugar, encontró que el dueño no poseía permiso para comerciar material explosivo, pues el que tenía había sido suspendido por 45 días por parte del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. En ese lugar se decomisaron 850 cartuchos calibre 16, dos rollos de mecha lenta y 20 000 cápsulas detonantes.

Un colombiano desconocido

El 23 de mayo de 2000, a la 01:10, en el control de Mascarilla, la PJ de Imbabura incautó dos revólveres calibre 38, una pistola marca Glock 9mm, 50 tacos de dinamita, tres cajas de fulminantes, 17 alimentadoras de fusil HK, seis cajas de granadas tipo limón, 50 paquetes de pentolita APD 450, y siete sacos de TNT de 25 kg.
La carga estaba en el interior del vehículo conducido por Carlos Cuásquer, quien relató que un desconocido con acento colombiano le ofreció cinco millones de sucres para que llevara las armas y explosivos hasta San Gabriel, en donde estaría otra persona esperándolo. Cuásquer se dedica al transporte de mercadería, y no hizo más preguntas, por lo que no supo dar mayores pistas a los investigadores.

El último envío a Colombia

El último decomiso ocurrió el 15 de junio, a las 03:30, cuando la Policía Antinarcóticos del Carchi descubrió 2 940 cartuchos calibre 7.62 de marca Wolf (la marca es estadounidense, pero se ha determinado que los proyectiles fueron fabricados en Rusia) entre el equipaje que transportaba un bus interprovincial de la cooperativa San Cristóbal, de Guayaquil a Tulcán.
La mercadería fue capturada en el control sur de Tulcán y, por versiones del conductor, pertenecía a un sujeto no identificado que abordó el bus en Guayaquil el día anterior, lo cual lleva a presumir que estaría vinculado con la banda que fue capturada dos días antes en esa misma ciudad.
Los investigadores aseguran que esos proyectiles cuestan un dólar en el mercado negro ecuatoriano, pero en Colombia podrían llegar a valer tres o cuatro. La mercadería iba camuflada en sacos de yute cuyo dueño abandonó el vehículo antes de llegar a su destino con la advertencia de que regresaría después, pero nunca lo hizo, con lo cual se frustró la posibilidad de su detención. (GA)

El puerto de Guayaquil está nuevamente en la mira

"Se ha llegado a conocer, por información reservada, que en Guayaquil se encuentra operando un grupo de ciudadanos ecuatorianos y colombianos dedicados al tráfico ilegal de armas y municiones, que serían ingresadas a través del Puerto de la ciudad".
En las 80 páginas del informe 281-JPAG-00, del 17 de junio anterior y elaborado por el teniente de Policía Mario Merino Jara, se encuentra la única conclusión sobre cómo llegaba el armamento al Puerto Marítimo de Guayaquil, que luego, vía terrestre, iba a manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo (FARC-EP).
Para sacar los 'puntitos' (así le llamaban a las municiones) de los contenedores, la figura clave habría sido el guayaquileño José Pascual Alonso Ramírez, quien está prófugo y tenía, desde 1995, contactos para burlar las seguridades de la Autoridad Portuaria de Guayaquil (APG) y la Corporación Aduanera Ecuatoriana (CAE), según fuentes policiales. Pero la investigación está virtualmente terminada y solo dependerá del juez de la causa, Vicente Sorroza, que se siga escarbando.
A pesar de tener el mejor sistema, comparado con el de Esmeraldas, Manta y Puerto Bolívar, la seguridad del Puerto de Guayaquil, de 90 hectáreas, nuevamente es cuestionada. El área externa es controlada por 114 guardias, cuatro superintendentes de Operaciones y 54 cámaras instaladas en 1999.
Con la operación policial 'Arsenal IV', realizada hace 11 días, solo se desarticuló parcialmente la red internacional de tráfico de armas en Ecuador, que, por las evidencias, tenía relación con la descubierta hace tres semanas por el DAS de Colombia y que impidió el ingreso de 50 000 fusiles rusos AKM, cohetes y bazucas en cantidades aún no especificadas, para la guerrilla.
El material que iba a ingresar, era suficiente para armar a todo el pie de fuerza de combate del Ejército colombiano que es de 50 000 hombres. Fue impedido por la operación 'Dios de la muerte' ejecutada coordinadamente por las Policías de Colombia, Israel y el Servicio Secreto de Estados Unidos.
Según la investigación de ese caso, los traficantes acordaron hacer envíos marítimos (cada entrega por 300 000 dólares) desde Europa hasta Guayaquil, para llevarlos a sus destinatarios, por vía terrestre, a través del puente fronterizo de Rumichaca, que une a las ciudades de Tulcán (Ecuador) e Ipiales (Colombia). (APM).

INVESTIGACION

Dinares, huellas de las FARC en el Ecuador
Un traficante de armas detenido en Guayaquil poseía dinares (moneda iraquí) que también circulan en la zona ocupada por la guerrilla en Colombia.

Los hilos de una red vendedora de armas
En los últimos seis meses se realizaron varios decomisos de armas y municiones. Algunos muestran claros indicios de que iban dirigidos a la guerrilla colombiana.

El martes 13 de los traficantes
Ernesto Rodríguez, quien cumplía las funciones de comandante de la Policía Municipal, declaró que Milton Mina le pidió que consiguiera las municiones.

CRONICA ROJA
roja2.gif (129 bytes) Los pasos de un proceso desde que se comete el delito.

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