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Los
peligros del tráfico de identidades
La carencia de
documentos no solo
afecta la seguridad de las personas, sino que también puede conducirlas a situaciones
ilegales
En el hogar San Vicente
de Paúl, en el sector de La Recoleta, viven alrededor de 100 niños que llegaron por
diversos medios. Las religiosas que dirigen la institución manejan con cierta reserva la
información sobre los trámites de legalización de ingreso de esos niños al hogar. Ese
trámite es muy importante cuando se trata de niños cuya procedencia e identidad no es
clara.
La hermana Catalina Salgado, directora de la institución, dice que en 1999 se tramitaron
25 declaraciones de abandono en los tribunales de menores, con lo cual se pudo inscribir y
legalizar a esos niños, que de otra manera se hubieran quedado en la calle sin un
documento que los identificara.
Este trámite, comenta la directora, se realiza con la finalidad de que los procesos de
adopción se realicen dentro de los términos legales. Esas precauciones tienen
fundamento, puesto que, según una funcionaria de una institución de ayuda infantil, los
niños sin documentos pueden ser víctimas fáciles de ciertas redes ilegales de adopción
. Advierte la funcionaria que existe un gran número de agencias de adopción pendientes
de lo que pasa en los hogares, con el fin de aprovechar cualquier posibilidad de dar a un
niño en adopción.
Consultada al respecto, la hermana Salgado dice que los casos de adopción que salen de
ese hogar se tramitan directamente en el Departamento Técnico de Adopciones del
Ministerio de Bienestar Social, aunque admite que las agencias sí intervienen, pero solo
en los casos de difícil adopción, "especialmente cuando los niños son negros o
indios. Ventajosamente ese prejuicio ya está desapareciendo", comenta la religiosa.
En otro lado de la ciudad, en el albergue San Juan de Dios, en El Tejar, todos los días
se atiende a por lo menos 200 personas que llegan en busca de refugio y alimentación, de
las cuales 10% no tienen documentos y relatan que nunca fueron inscritos, según comenta
Isaid Díaz, trabajadora social de la institución.
Uno de los casos recurrentes en ese albergue es el de las madres que no pudieron acceder
al Bono Solidario, por no tener documentos, y tampoco pueden inscribir a sus hijos. La
institución ayuda a resolver algunos casos especialmente cuando existe la posibilidad de
que la persona pueda reinsertarse a algún trabajo, dice la trabajadora social.
Pero el problema de la falta de inscripción, no solo incrementa la vulnerabilidad de las
personas, sino que los puede conducir a una serie de situaciones ilegales. Por ejemplo,
hace varios meses, cuando estalló el escándalo de los futbolistas esmeraldeños cuyas
edades e identidades resultaron falsas, las investigaciones determinaron que ese fraude
fue posible porque en esa provincia existe un elevado número de personas que, al no haber
sido inscritos, pueden pedir en cualquier momento una inscripción tardía, con los datos
y las fechas que mejor les convengan.
En eso tiene mucho que ver la escasa capacidad del Registro Civil para rastrear esas
situaciones. Funcionarios del Centro de Cómputo de esa institución advierten que en las
zonas fronterizas se ha incrementado el número de inscripciones tardías, sin que exista
forma de garantizar que esas personas sean realmente ecuatorianas o que no hayan estado
inscritas antes con otro nombre y otra fecha de nacimiento, lo cual, según dicen, puede
servir para el tráfico de identidades. (GA)
Perdido y sin papeles en Turubamba
Los policías de la Brigada Barrial 8-B de Turubamba Alto lo encontraron vagando por la
calle Moro Moro de ese barrio del sur de Quito. Lo único que les dijo a los uniformados
fue que se llamaba Gabriel Zimbaña, que tenía 12 años, y que era de Ambato. Los
policías lo alimentaron durante varios días, con la ayuda de una vecina del barrio que
se ofreció a ayudarlo mientras buscaban a su familia.
Pero la búsqueda se prolongó sin resultados, hasta que los policías decidieron entregar
el niño al Hogar Juvenil Alberto Enríquez Gallo, en el sector de Chilibulo, el 20 de
mayo de 1998. Gabriel no tenía su partida de nacimiento, ni un certificado de estudios
que confirmaran que era quien decía que era.
Una trabajadora Social de la Defensa de Niños Internacional (DNI) comenzó la
investigación, con los escuetos datos del menor. Los dos viajaron a Ambato, al sector de
San José del Mirador, en donde una vecina reconoció a Gabriel y dio algunas pistas sobre
su historia. Según dijo, Gabriel vivía con sus padres y su hermana, pero un buen día la
madre los abandonó y el padre no encontró otro medio de disipar sus angustias que
castigando a los hijos. Al parecer él también se cansó de eso y decidió mudarse a
Quito, en donde no ha podido ser encontrado hasta la fecha.
En la escuela Secundino Egüez, en donde estudiaba Gabriel, no pudieron aclarar mejor su
situación, puesto que cuando el padre lo matriculó, no llevó la partida de nacimiento
por lo cual no conocían los nombres de la madre ni la verdadera identidad del niño,
quien, según declaración verbal del padre, había nacido el 18 de abril de 1986. La
directora de la escuela dijo que eran evidentes las intenciones del padre de abandonar al
menor, puesto que ya lo había hecho en otras ocasiones.
Las investigaciones de la trabajadora social, en las semanas siguientes tampoco lograron
aclarar nada más. Incluso se realizó un rastreo en la base de datos del Registro Civil,
y el nombre del niño no apareció por ningún lado, de lo que se concluye que nunca fue
inscrito, y que vivió en esas condiciones durante 12 años.
El caso entró al Tribunal Primero de Menores de Pichincha el 14 de diciembre de 1998,
para que comenzaran las investigaciones. Lo último que se supo fue que el 11 de enero de
2000 el caso paso a resolución en ese tribunal.
Durante las investigaciones, Gabriel comentó que sus padres siempre le dijeron que el no
era hijo suyo, y por eso lo maltrataban, hasta que un día decidió huir. Por eso lo
encontraron vagando en Quito. (GA)
Una historia hecha de retazos
La mujer que llevó a Estefanía Tipán al hogar de la Asociación Benéfica de Enfermos
Incurables (ABEI), no volvió a aparecer más por el lugar. Evidentemente, se trataba de
un caso de abandono, según lo calificó la trabajadora social de esa institución, puesto
que, según se comprobó después, la mujer dejó una dirección falsa para que nunca
pudieran encontrarla.
Estefanía padece de retardo mental, de acuerdo con un informe siquiátrico realizado en
la ABEI en abril de 1997, institución que la acogió en un principio, pero que luego la
trasladó, en junio de ese año, al Hogar Carlos Andrade Marín, del Ministerio de
Bienestar Social, en donde se conoció su historia, que tuvo que ser reconstruida con base
en indicios, en retazos, puesto que la niña, que tiene aproximadamente 12 años, no puede
dar información respecto de su familia.
La trabajadora social de DNI buscó a la mujer que abandonó a Estefanía, incluso en los
archivos del Tribunal Electoral, en donde estaba registrada la dirección que ella había
dejado, pero cuando llegó a la casa, nadie conocía a la mujer que buscaba.
Las investigaciones, en las que participaron también otras trabajadoras sociales,
señalan que la niña fue abandonada por su madre a los seis meses de nacida, que nadie
conoce la suerte de su padre y que recibió maltrato físico y emocional de parte de sus
abuelos, una pareja de alcohólicos.
Estefanía asiste actualmente a la Fundación Ponce Camacho en la cual recibe educación
especial y pronto ingresará a otro centro de estudios similares. Todas las gestiones
están a cargo del Hogar Carlos Andrade Marín, ya que hasta la fecha no han aparecido sus
familiares ni se han encontrado otras pistas para encontrarlos. Tampoco existen documentos
que garanticen cuál es su verdadera identidad.
El caso ingresó al Tribunal Tercero de Menores de Pichincha el 8 de diciembre de 1998, el
cual declara el estado de abandono de la niña el 12 de mayo de 2000, con el fin de que
pueda ser debidamente inscrita en el Registro Civil y legalizado su ingreso en el hogar de
protección. (GA). |
INVESTIGACION
Los ecuatorianos que 'no existen'
La entrada en vigencia del Bono Solidario, aceleró las inscripciones tardías de miles de
ecuatorianos que hasta entonces habían prescindido de un documento.
El trámite de los abandonados
A menudo los datos de las personas indocumentadas son confusos y contradictorios, según
se constató en el Proyecto Identidad de la DNI.
Los
peligros del tráfico de identidades
La carencia de documentos no solo afecta la seguridad de las personas, sino que también
puede conducirlas a situaciones ilegales. |